Mostrando las entradas con la etiqueta Bruno Di Benedetto. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Bruno Di Benedetto. Mostrar todas las entradas

miércoles, noviembre 29, 2023

Bruno Di Benedetto / Un cuchillo



Lunes, y amanece.
Un mal sueño me despierta.
Hago pis.
Hago mate.
La artrosis no duele demasiado.
Salgo al patio.
Riego cada una de las plantitas.
Las acaricio hoja por hoja.
Hago otro mate.
Pienso.
Pienso.
Hago pis otra vez.
No me falles, próstata.
Tengo todo un día por delante.
Tengo muchas decisiones que tomar.
Elijo afilar mi cuchillo.
Cabo de madera y marfil.
Piedra, quince grados de inclinación,
la mecánica de la herida.
Piedra gruesa.
Piedra fina.
Lija al agua del seiscientos.
Lija al agua del dos mil.
No puedo parar
Quince grados
Ida y vuelta
Ida, ida, ida
Quince grados
La mecánica del brillo.
Lo que mata brilla
Me refleja
Refleja el día, el sol, las plantitas, mi boca.
Amo tanto a este cuchillo,
su docilidad de fierro
su forma de reptil
sus quince grados antes de la eternidad 
corta carne
corta un pelo en el aire
corta el aire y la respiración
quince grados
ida y vuelta
ida, ida, ida sin vuelta 
el brillo
el tajo
el espejo del mundo

[inédito]

Bruno Di Benedetto (Avellaneda, Argentina, 1955)


---

jueves, diciembre 01, 2016

La lira argentina. ¿cómo suena?, 43


Bruno Di Benedetto

En la (ya no tan) pequeña orquesta involuntaria de la poesía argentina suenan liras y matracas, y también zampoñas, clavicémbalos, monocordios, gritos, gaitas, maracas y mucho silbato de vigilante y de referí; hay siringas, violines de lata, oboes y triángulos, bandoneones, cajas, pifilkas, latas y botellas, guitarras solitarias, bajos profundos, agudos inaudibles. A menudo domina la sección de los bombos y los autobombos, cuando hay excesiva preocupación por sostener el propio compás; mucha blanca, poca redonda, las negras un poco desteñidas, mucho corcho y poca corchea, tímidas fusas, vertiginosas semifusas y, para mi gusto, muy pocos silencios.
Pero en esos silencios se escucha el canto de un pájaro siempre por nacer.
En definitiva: no me molesta el batifondo. Hay días en que se disfruta. Lo que me preocupa es cierta musiquita resignada (en el ahorro de riesgos, en los temas, en el lenguaje, en la búsqueda de los límites: un sonsonete tal vez pariente de cierto fallido decreto que daba la historia por finalizada) que parece imponerse de a ratos largos, como si quisiéramos condenarnos a hacer nada más que toc toc con una piedra y dos palitos, mientras ahí nomás sigue esperando esa infinita riqueza abandonada.



Bruno Di Benedetto (Avellaneda, provincia de Buenos Aires, 1955). Reside en Puerto Madryn, Chubut, desde 1979. Es docente y capacitador del programa Provincial de Lectura del Chubut. Aficiones: sobrevivir,  leer de todo, escribir lo que puede, escuchar y hacer música y, en lo posible, hacer absolutamente nada salvo mirar una ventana, a veces cerrada.
Ha publicado: Vengan juntos  (relatos, 2004) y los poemarios  Palabra irregular (1987), Complicidad de los náufragos (1988), Dormir es un oficio inseguro  (2003), Country  (2009), Crónicas de muertes dudosas  (2011), Nada  (2014), Crítica de la espera  (2015) y Cámara de niebla  (2015).

lunes, septiembre 21, 2015

Bruno Di Benedetto / Tres poemas














Agujero negro

Esa boca que devora el centro de la galaxia
pero deja el borde azucarado para después
no es una boca: del agujero sólo se puede decir
lo que el agujero no es. No es boca ni dice,
o lo que dice es palabra negra, pura implosión.
Quién otro sino este dios cabeza de alfiler
puede doblar así el espacio, plegar sin crujido
todos su vapores y metales, volverlo pañuelo
paloma y conejo en su galera de una sola vía,
moridero o esencia del arte de la desaparición.


Teoría de cuerdas

En el sótano de la luz cantan las costureras locas la canción
de lo que existe y no se ve: cosen y cantan; y lo que se ve
es papel de molde prendido al mirar por un alfilerazo cruel:
las puntadas se sienten en el revés del ojo, y no hay espejo
que diga la verdad: el traje siempre te quedará grande.
Lo carnoso de la vigilia nos ensordece: llamamos música
esto que el sueño sopla por el hueco profundo de su hueso,
y silencio al llamado de las sirenas de la fábrica de lo que hay:
esas obreritas que retuercen el espacio en diez dimensiones
(como pañuelo de llorar) y de cada mal paso hacen un mundo.


Cámara de niebla 

Lo que no se ve deja un trazo en lo que no te deja ver; el tajo
en la niebla le arranca el parche negro al infinito: ojo de agua
donde borbotea la sed de saber un poco más, pista de vapor o
catarata: la ceguera cántase su mejor tango en esta jaula gris.
Cada dos por cuatro lo imposible te pega de canto; la poesía
manda cruel en el papel, arde la urgencia de ponerle palabras
a eso que no existe pero nos hace existir: una mano invisible
que escribe en el agua la historia del agua. El universo feroz
sopla su canción de nada y deja el tendal: la mirada se cuelga
de su cuerda de luz, broche de oro en el justo punto de rocío.

Nota: Una cámara de niebla es un entorno cerrado que contiene vapor de agua
superenfriado y supersaturado, utilizado para detectar partículas de radiación ionizante.

Bruno Di Benedetto (Avellaneda, Argentina,1955; vive en Puerto Madryn, Argentina), Cámara de niebla, Del Valle Bajo Editora, Viedma, 2015

---
Foto: Facebook

miércoles, julio 22, 2015

Bruno Di Benedetto / Razón áurea













La belleza es una mala costumbre del infinito: esa vanidad
del caos mirándose a sí mismo como se miran los espejos:
lo que deslumbra es el reverbero entre dos nadas. La razón
es una coartada de oro, pero igual nos condenan a la pena
mayor: la espiral de los caracoles es la distancia más larga
entre morir y morir. El universo no es una caja de música,
pero igual esconde su resorte en la sombra: no hay pájaro
que le dé cuerda al mundo. O no es un pájaro. La sucesión
de los números es irracional, pero no salvaje: un latiguillo
mantiene el orden en esa fila de irse derechito al más allá.

(inédito)

Bruno Di Benedetto (Avellaneda, Argentina,1955; vive en Puerto Madryn, Argentina)

---
Foto: Bruno Di Benedetto en FB

martes, abril 07, 2015

Bruno Di Benedetto / Aquiles no alcanza a esa maldita tortuga













La falla no está en el talón ni
en la flecha que muerde
dos veces el mismo río:
somos griegos que se vuelven chinos,
pero el acertijo no cambia:
cuatro patas, dos patas,
la tercera
nos crece de noche: caballos
de patas improbables, rellenos
de alpiste,
decí, decí.
Troya gira
como una calesita que arderá
por los siglos de los siglos.

Bruno Di Benedetto (Avellaneda, Argentina,1955; vive en Puerto Madryn, Argentina), Cine de trasnoche, inédito

---
Foto: Bruno Di Benedetto FB

martes, noviembre 26, 2013

Bruno Di Benedetto / Don Corleone acaricia a un gato






















la voz
estrangulada
por la falta de uso civil

una mano planta
canarios muertos
en la boca de los que cantan

y otra mano
sube a contrapelo
por el espinazo de la nada:

ay de mí,
cabeza de caballo
perdida
entre sábanas de seda.


Bruno Di Bendetto (Avellaneda, 1955; vive en Puerto Madryn desde 1979), Cine de trasnoche, inédito

viernes, septiembre 20, 2013

Bruno Di Benedetto / Perro anda-luz

Un navajazo de la oscuridad lo vuelve perro anda-luz: el ojo no sabe bajar las escaleras de su propio edificio. Ládrale al abismo, pero ni oler puede la escala de cromo que llévanos a morder el hueso de la certidumbre: el ojo, cachorro, no suelta la teta que lo envenena, se atraganta de la materia que lo niega, pide más, ladra a contraluz, hace fiestas a la nada, aúlla de hambre el inútil: la nada es perra vieja que no da de mamar. El ojo fuerza su esfínter y pónese a torear hormigas y manos muertas: muerde sólo lo conocido. Ojo mamón, perro que engorda en la tranquera.

Bruno Di Benedetto (Avellaneda, 1955; vive en Puerto Madryn desde 1979). De Materia oscura, inédito


miércoles, septiembre 11, 2013

Bruno Di Benedetto / De "Crónicas de muertes dudosas"

Cayetano Murature
Trelew, Chubut, 14 de enero de 1944

Cayetano Murature
albañil jubilado
siciliano de profesión
está mirando los tomates que se achicharran
en esas plantitas
crucificadas dulcemente
sobre andamios de caña
y paja brava.

Con apenas dos dedos acaricia
la piel triste de un tomate.
Con los mismos apenas dos dedos
se toca las mejillas:
triste la piel, arrugada,
curtida de sal,
como si el Mediterráneo se hubiera evaporado
de un soplido de Dios,
desnudando los tristes acantilados
de Sicilia y de Cerdeña.

Triste la piel,
tristes los tomates.
A Cayetano Murature las sequías de la piel
no le molestan
pero las arrugas de los tomates lo enfurecen.
Dos meses sin lluvia.

Allá lejos
el río se ha vuelto un barro chirle.
De la canilla caen
de tanto en tanto
dos gotas
como para probar que el agua existe.

Cayetano le da vueltas a la cruz
y se agacha hasta el pico para mirar
y ver
cómo una gota le apaga el pucho
y otra le entra en el ojo:
-Porca miseria -dice Cayetano Murature-, porca yuvia,
porca caniya e la puta que lo parió al Duce.

Cayetano Murature le tira una patada al cañito oxidado
y le erra
y le da al aire
entonces
tremendo patadón,
con tan mala suerte
que el aire se raja en un zigzag celestial.

Cayetano ve cómo la rajadura se va para arriba,
cómo la atmósfera se parte en dos
hasta las nubes.

Mira a un costado,
mira al otro.
Cayetano Murature mira.
Y piensa.
Y mira otra vez
la rajadura del aire.

Toca con un dedo.
Piensa.
Toca con otro dedo.
Piensa.
Calza un pie.
Piensa otro poco.

Y después
sonríe
feroz.

Cayetano Murature
se dejó un par de cosas
allá abajo:
unos anteojos de carey
una cajita de rapé
vencido
una mandolina
que trajo de Ragusa.
Nada más.

Dicen algunos
que Cayetano Murature
se murió.

Dicen otros
que se fue trepando
por el aire hecho de vidrio.

Que se fue.

Y que todavía le anda peleando la lluvia al cielo.

Bruno Di Benedetto (Avellaneda, 1955 -vive en Puerto Madryn desde 1979-), Crónicas de muertes dudosas, Ediciones en Danza, Buenos Aires, 2011