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lunes, enero 20, 2025

Bertolt Brecht / Tres poemas



Epístola sobre el suicidio

Matarse uno mismo
es un asunto trivial.
Se puede charlar de eso con la lavandera.
Discutir con un amigo los pros y los contras.
Un convencido patetismo, que emocione,
debería evitarse.
Aunque tampoco es preciso que esto sea dogma en absoluto.
Pero me parece mejor
un poco de trampa, como de costumbre:
 Que ya está uno harto de mudarse de ropa; o mejor aún:
Que la mujer le ha sido infiel a uno
(esto convence a los que se admiran de tales cosas
y no es demasiado grandioso).
En todo caso
no debería parecer
que uno se ha dado
demasiada importancia.


Nacido después

Lo confieso: yo
no tengo esperanza.
Los ciegos hablan de una salida.
Yo veo.
Cuando se agotan los errores,
queda, como última compañía,
sentada frente a nosotros, la Nada.


Epístola

Puede llegar alguien de Ulm y matarme.
Entonces palidece un día en el aire,
el temblor de unas briznas de hierba que observé en otro tiempo
se detiene ahora al fin.
Un hombre que era amigo mío y murió
ya no tiene a nadie que sepa cómo era.
Mi humo de tabaco,
que ha subido mientras tanto a través de millones de cielos,
pierde su fe en Dios
y sigue subiendo.

Bertolt Brecht (Augsburgo, Alemania, 1898 - Berlín, Alemania, 1956), "Poesías juveniles (1914-1926)", Poesías, selección y traducción de José María Valverde [1973], Ediciones de la Banda Oriental, Montevideo, 2017

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Foto: Retrato juvenil de Bertolt Brecht Roger Viollet/ Getty Images

miércoles, febrero 14, 2024

Bertolt Brecht / Moritat de Mackie Navaja




Y el tiburón tiene dientes
Y te los muestra en su cara
MacHeath tiene navaja
Pero no suele mostrarla.

(...)

Es un domingo claro,
Y hay un muerto en la playa,
Alguien dio vuelta en la esquina,
Lo llaman Mackie Navaja.

Schmul Meier desapareció
Y muchos hombres de plata, 
Mackie tiene su dinero, 
Pero no le prueban nada.

Y Jenny Tower fue encontrada
Con un cuchillo en la garganta,
Por el muelle camina Mackie
Que no sabe nada de nada.

Y el gran incendio en el Soho:
Siete niños, un anciano.
En la multitud Mackie mira,
No preguntes, no sabe nada.

Y una viuda menor de edad
Que no hace falta nombrarla,
Se despertó y fue violada,
Mackie dime ¿cuánto te pagan?

[1928]

Bertolt Brecht (Augsburgo, Alemania, 1898 - Berlín, 1956), Die Dreigroschenoper (La ópera de tres centavos), Universidad Masaryk, República Checa
Versión de Jorge Aulicino sobre traducción literal de Hans Weber

N. del Ad.: Esta canción, con música de Kurt Weill, fue estrenada en 1928. Formó parte al año siguiente de La ópera de tres centavos, también de Weill y Brecht. La ópera del mendigo, del inglés John Gay (1728), imaginó al apuesto salteador MacHeath, basado en un criminal real llamado Jack Sheppard, ejecutado por aquellos años. Para Brecht, Mackie es un vulgar ladrón, extorsionador y asesino. El moritat era el tipo de balada medieval alemana que trataba sobre asesinatos, asesinos y ahorcamientos. El moritat de Mackie se convirtió en un standard de jazz que interpretaron desde Louis Armstrong hasta Los Iracundos, pasando por Frank Sinatra, con distintos arreglos y variaciones en la letra. 

Poemas y canciones de Bertolt Brecht en Otra Iglesia Es Imposible


Die Moritat von Mackie Messer

Und der Haifisch, der hat Zähne,
Und die trägt er im Gesicht,
Und MacHeath, der hat ein Messer,
Doch das Messer sieht man nicht.

(...)

An 'nem schönen blauen Sonntag
Liegt ein toter Mann am Strand.
Und ein Mensch geht um die Ecke,
Den man Mackie Messer nennt

Und Schmul Meier bleibt verschwunden
Und so mancher reiche Mann,
Und sein Geld hat Mackie Messer
Dem man nichts beweisen kann.

Jenny Towler ward gefunden
Mit 'nem Messer in der Brust,
Und am Kai geht Mackie Messer,
Der von allem nichts gewußt.

Und das grosse Feuer in Soho:
Sieben Kinder und ein Greis -
In der Menge Mackie Messer, den
Man nicht fragt, und der nichts weiss.

Und die minderjährige Witwe,
Deren Namen jeder weiß,
Wachte auf und war geschändet,
Mackie welches war dein Preis?

Refrain
Und die einen sind im Dunkeln,
Und die anderen sind im Licht,
Doch man sieht nur die im Lichte,
Die im Dunklen sieht man nicht.

Doch man sieht nur die im Lichte.
Die im Dunklen sieht man nicht.

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Foto: Bertolt Brecht, primeros años Bettmann/Getty Images

miércoles, abril 05, 2023

Bertolt Brecht / Dos poemas



Lo que queda de los viejos tiempos 

La luna, por ejemplo, todavía asoma 
por las noches encima de los edificios nuevos
(de todos los objetos de cobre 
ella es el más inservible). Ya 
las madres cuentan historias de unos animales 
que tiraban de los carros, llamados caballos, 
que por supuesto no figuran con su nombre 
en las comunicaciones intercontinentales: 
las grandes antenas nuevas 
ya no transmiten noticias 
de los viejos tiempos.  


Las pipas de fumar

Al salir corriendo para la frontera, dejé los libros 
en manos de mis amigos y renuncié a la poesía 
pero me traje las pipas, vulnerando 
la regla básica del refugiado: ¡No guardes nada! 

Los libros no dicen mucho al que ahora 
espera a esa gentuza que ya se acerca a capturarlo. 
La petaca y las viejas pipas 
pueden hacer más por él.

Bertolt Brecht (Augsburgo, Alemania, 1898 - Berlín, Alemania, 1956), Poemas del lugar y la circunstancia, Pre-Textos, Valencia, 2003
Selección y traducción de José Muñoz Millanes
Envío de Jonio González


Foto: Bertolt Brecht durante una reunión del Consejo Mundial de la Paz, Berlín Oriental, 1954 Ullstein Bild / Getty Images

sábado, mayo 07, 2022

Bertolt Brecht / De "Poemas y canciones", 4



Las muletas

Durante siete años no pude dar un paso. 
Cuando fui al gran médico,
me preguntó: "¿Por qué llevas muletas?"
Y yo le dije: "Porque estoy tullido".
"No es extraño", me dijo.
"Prueba a caminar. Son esos trastos 
los que te impiden andar.
¡Anda, atrévete, arrástrate a cuatro patas!"
Riendo como un monstruo,
me quitó mis hermosas muletas,
las rompió en mis espaldas y, sin dejar de reír, 
las arrojó al fuego.
Ahora estoy curado. Ando. 
Me curó una carcajada.
Tan sólo a veces, cuando veo palos, 
camino algo peor por unas horas.


Cuatro invitaciones a un hombre 
llegadas desde distintos sitios 
en tiempos distintos

1
Ésta es tu casa.
Puedes poner aquí tus cosas. 
Coloca los muebles a tu gusto. 
Pide lo que necesites.
Ahí está la llave. Quédate aquí.

Éste es el aposento para todos nosotros. 
Para ti hay un cuarto con una cama. 
Puedes echarnos una mano en los campos. 
Tendrás tu propio plato.
Quédate con nosotros.

3
Aquí puedes dormir.
La cama aún está fresca, 
sólo la ocupó un hombre. 
Si eres delicado,
enjuaga la cuchara de estaño en ese cubo 
y quedará como nueva.
Quédate confiado con nosotros.

4
Éste es el cuarto.
Date prisa; si quieres, puedes quedarte 
toda la noche, pero se paga aparte.
Yo no te molestaré
y, además, no estoy enferma.
Aquí estás tan a salvo como en cualquier otro sitio. 
Puedes quedarte aquí, por lo tanto.
                                                                            (1926, del Libro de lectura para los
                                                                                        habitantes de las ciudades)



Canción de los poetas líricos
(Cuando, en el primer tercio del siglo xx, 
no se pagaba ya nada por las poesías.)

Esto que vais a leer está en verso. 
Lo digo porque acaso no sabéis ya lo que es un verso ni un poeta. 
En verdad, no os portasteis muy bien con nosotros.

¿No habéis notado nada? ¿Nada tenéis que preguntar? 
¿No observasteis que nadie publicaba ya versos?
¿Y sabéis la razón? Os la voy a decir: 
Antes, los versos se leían y pagaban.

Nadie paga ya nada por la poesía.
Por eso hoy no se escribe. Los poetas preguntan: 
"¿Quién la lee?" Mas también se preguntan: 
     "¿Quién la paga?"
Si no pagan, no escriben. A tal situación los habéis reducido.
Pero ¿por qué?, se pregunta el poeta. ¿Qué falta he cometido? 
¿No hice siempre lo que me exigían los que me pagaban? 
¿Acaso no he cumplido mis promesas?
Y oigo decir a los que pintan cuadros

que ya no se compra ninguno. Y los cuadros también 
fueron siempre aduladores; hoy yacen en el desván... 
¿Qué tenéis contra nosotros? ¿Por qué no queréis pagar? 
Leemos que os hacéis cada día más ricos...

¿Acaso no os cantamos, cuando teníamos
el estómago lleno, todo lo que disfrutabais en la tierra? 
Así lo disfrutabais otra vez: la carne de vuestras mujeres, 
la melancolía del otoño, el arroyo, sus aguas bajo la luna...

Y el dulzor de vuestras frutas. El rumor de la hoja al caer. 
Y de nuevo la carne de vuestras mujeres. Y lo invisible 
sobre vosotros. Y hasta el recuerdo del polvo
en que os habéis de transformar al final.

Pero no es sólo esto lo que pagabais gustosos. Lo que 
     escribíamos
sobre aquellos que no se sientan como vosotros en sillas de oro, 
también nos lo pagabais siempre. ¡Cuántas lágrimas 
     enjugamos!
¡Cuántas veces consolamos a quienes vosotros heríais!
Mucho hemos trabajado para vosotros. jamás nos negamos. 
Siempre nos sometimos. Lo más que decíamos era "¡Pagadlo!" 
¡Cuántos crímenes hemos cometido así por vosotros! 
     ¡Cuántos crímenes!
¡Y siempre nos conformábamos con las sobras de 
     vuestra comida!

Ay, ante vuestros carros hundidos en sangre y porquería 
nosotros siempre uncimos nuestras grandes palabras. 
A vuestro corral de matanzas le llamamos "campo 
     del honor",
y "hermanos de labios largos" a vuestros cañones.

En los papeles que pedían impuestos para vosotros 
hemos pintado los cuadros más maravillosos.
Y declamando nuestros cantos ardientes 
siempre os volvieron a pagar los impuestos.

Hemos estudiado y mezclado las palabras como drogas, 
aplicando tan sólo las mejores, las más fuertes. 
Quienes las tomaron de nosotros, se las tragaron,
y se entregaron a vuestras manos como corderos.

A vosotros os hemos comparado sólo con aquello que 
     os placía.
En general, con los que fueron también celebrados 
     injustamente
por quienes les calificaban de mecenas sin tener nada 
     caliente en el estómago.
Y furiosamente perseguimos a vuestros enemigos con 
     poesías como puñales.

¿Por qué, de pronto, dejáis de visitar nuestros mercados? 
¡No tardéis tanto en comer! ¡Se nos enfrían las sobras! 
¿Por qué no nos hacéis más encargos? ¿Ni un cuadro? 
     ¿Ni una loa siquiera?
¿Es que os creéis agradables tal como sois?

¡Tened cuidado! ¡No podéis prescindir de nosotros! 
Ojalá supiéramos cómo atraer
vuestra mirada hacia nosotros!
Creednos, señores: hoy seríamos más baratos.
Pero no podemos regalarles nuestros cuadros y versos.

Cuando empecé a escribir esto que leéis -¿lo estáis 
     leyendo?-
me propuse que todos los versos rimaran.
Pero el trabajo me parecía excesivo, lo confieso a disgusto, 
y pensé: ¿Quién me lo pagará? Decidí dejarlo.

                                                                                            (1931)

Bertolt Brecht, (Augsburgo, Alemania, 1898-Berlín, 1956), "De 1926 a1933", Poemas y canciones, Alianza Editorial, Madrid, 1975
Versiones de Jesús López Pacheco y Vicente Romano


Foto: Bertolt Brecht testificando ante el Comité de Asuntos Antiamericanos de la Cámara de Representantes de los Estados Unidos, 1947 Leonard Mccombe/LIFE/Getty Images

sábado, octubre 09, 2021

Bertolt Brecht / Tres poemas juveniles



(Notable)

Es notable, sin embargo, cómo hasta los más grandes pasan
y no queda más que polvo. ¡Como la hierba!
(Y es raro que haya algo tan espantoso e inexplicado como esto).
En Altötting, por ejemplo, se ve a Tilly, el mariscal católico, en su ataúd,
sólo por dos marcos de entrada para adultos, embalsamado bajo cristal
(encima dice "No tocar a Tilly").
Y el del castillo me dijo, allí delante del ataúd,
y no tenía motivos para engañarme,
y sin duda era verdad:
Hace pocos años el señor general todavía tenía pelo.
Cosas así le vuelven a dar a uno siempre, sencillamente, una punzada.


(No, si yo no digo nada contra Alejandro)

Tamerlán, oigo decir, se tomó el trabajo de conquistar la tierra.
Yo no le entiendo:
con un poco de aguardiente se olvida la tierra.
No, si yo no digo nada contra Alejandro.
Lo que pasa es que
he visto gentes en quienes
era muy notable,
sumamente digno de vuestra admiración,
el que vivieran,
de un modo o de otro.
Los grandes hombres segregan demasiado sudor.
En todo eso veo sólo la prueba
de que no supieron estar solos
y fumar
y beber
y esas cosas.
Y deben ser demasiado míseros
para que les pudiera bastar
estar junto a una mujer.


De Libro de lectura para habitantes de  ciudades 

1

Sepárate de tus compañeros en la estación,
sal de mañana por la ciudad, con la chaqueta bien abrochada,
búscate alojamiento, y si llama tu compañero:
¡no abras, oh, no abras la puerta,
sino borra tus huellas!

Si encuentras a tus padres, en la ciudad de Hamburgo o donde sea,
pasa de largo ante ellos como un extraño, dobla la esquina, no los reconozcas,
échate el sombrero por la cara, el que ellos te regalaron,
¡no enseñes, oh, no enseñes la cara,
sino borra tus huellas!

¡Come la carne que haya! ¡No ahorres!
Entra en cualquier casa cuando llueva y siéntate en cualquier silla que haya
pero ¡no te quedes sentado! ¡Y no olvides tu sombrero!
Te digo:
¡Borra tus huellas!

Cualquier cosa que digas, no la digas dos veces:
si encuentras en otro tu pensamiento, niégalo.
Al que no ha puesto su firma, al que no dejó atrás su foto
al que no estuvo presente, al que no dijo nada,
¿cómo lo van a agarrar?
¡Borra tus huellas!

Cuídate, cuando pienses que vas a morir,
de que no quede en pie una lápida para denunciar dónde yaces
con una clara inscripción que te señale
y el año de tu muerte, que te delate.
Una vez más:
¡Borra tus huellas!

(Esto me enseñaron)

Bertolt Brecht, (Augsburgo, Alemania, 1898-Berlín, 1956), "Poesías juveniles (1914-1926)", Poesías, selección y traducción de José María Valverde, 1973, Ediciones de la Banda Oriental, Montevideo, 2017

* Escrito en 1926 y 1927, fue publicado en 1930 (N. del Ad.)

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Foto: Bertolt Brecht, París, 1937 Fred Stein/Getty Images


De la "Advertencia preliminar" de estas Poesías

La ley sobre derechos de autor que rige en Uruguay, aprobada en 1937, contiene importantes restricciones a la circulación y el acceso ciudadano a las obras culturales y carece de excepciones para la educación, las bibliotecas, las obras huérfanas, el derecho a la cita y la parodia (entre muchas otras excepciones que serían necesarias para un correcto equilibrio entre el derecho del autor a la propiedad intelectual y el derecho ciudadano de acceso a la cultura).
No obstante, una de las pocas excepciones que contiene es la que se activa en este caso y es la que afortunadamente hace posible publicar esta valiosa obra. Esta fue, en efecto, la interpretación de los miembros del equipo de Creative Commons Uruguay: 

Según la Ley n° 9.739 del 17 de diciembre de 1937:
1) La obra de Brecht ingresa al dominio público el 1º de enero de 2007 
al cumplirse cincuenta años del fallecimiento de dicho autor, hecho que 
sucede en el año 1956 (artículo 14, inciso 1 y artículo 17, inciso 3).
2) La obra inédita de Valverde también se encuentra en dominio público 
desde el 1º de enero de 2007, porque nuestra Ley prevé que si una obra «no 
fuere publicada, representada, ejecutada o exhibida dentro de los diez años a 
contar de la fecha del fallecimiento del autor, caerá en el dominio público» 
(art. 14, inc. 5). Valverde fallece en el año 1996, siendo sus herederos mayores 
de edad al momento del fallecimiento (art. 14, inc. 6 y art. 17, inc. 3).
Por encontrarse tanto la obra original como su traducción (inédita) en dominio 
público, es posible publicar y difundir libremente esta valiosa selección 
haciéndola accesible al público.

martes, septiembre 21, 2021

Bertolt Brecht / De "Poemas y canciones", 3



Carbón para Mike

Me han contado que en Ohio, 
a comienzos del siglo,
vivía en Bidwell una mujer,
Mary McCoy, viuda de un guardavía 
llamado Mike McCoy, en plena miseria.

Pero cada noche, desde los trenes ensordecedores de la 
          Wheeling Railroad,
los guardafrenos arrojaban un trozo de carbón 
por encima de la tapia del huerto de patatas 
gritando al pasar con voz ronca:
"¡Para Mike!"

Y cada noche, cuando el trozo de carbón para Mike 
golpeaba en la pared posterior de la chabola,
la vieja se levantaba, se ponía,
soñolienta, la falda, y guardaba el trozo de carbón, 
regalo de los guardafrenos a Mike, muerto
pero no olvidado.

Se levantaba tan temprano y ocultaba 
sus regalos a los ojos de la gente,
para que los guardafrenos no tuvieran dificultades 
con la Wheeling Railroad.

Este poema está dedicado a los compañeros 
          del guardafrenos McCoy
(muerto por tener los pulmones demasiado débiles 
en los trenes carboneros de Ohio)
en señal de solidaridad.

                                                                                   (1926)

Bertolt Brecht, (Augsburgo, Alemania, 1898-Berlín, 1956), "De 1926 a1933", Poemas y canciones, Alianza Editorial, Madrid, 1975
Versiones de Jesús López Pacheco y Vicente Romano

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Foto: Retrato de Bertolt Brecht, Bibliothèque Nationale, París, sin fecha Universal Images Group/Getty Images

lunes, septiembre 20, 2021

Bertolt Brecht / De "Poemas y canciones", 2



1940

Mi hijo pequeño me pregunta: ¿Tengo que aprender matemáticas?
¿Para qué?, quisiera contestarle. De que dos pedazos de pan son más que uno
ya te darás cuenta.
Mi hijo pequeño me pregunta: ¿Tengo que aprender francés?
¿Para qué?, quisiera contestarle. Esa nación se hunde.
Señálate la boca y la tripa con la mano, que ya te entenderán.
Mi hijo pequeño me pregunta: ¿Tengo que aprender historia?
¿Para qué?, quisiera contestarle. Aprende a esconder la cabeza en la tierra
y acaso te salves.

¡Sí, aprende matemáticas, le digo,
aprende francés, aprende historia!

Bertolt Brecht, (Augsburgo, Alemania, 1898-Berlín, 1956), "Poesía escritas durante el exilio (1933-1947)", Poemas y canciones, Alianza Editorial, Madrid, 1975
Versiones de Jesús López Pacheco y Vicente Romano

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Foto: Bertolt Brecht, París, 1954 Roger Viollet/Getty Images

sábado, septiembre 04, 2010

Bertolt Brecht / De "Historias del señor Keuner"

La más sabia de todas las sabidurías reside en la actitud

Un profesor de filosofía acudió a la casa del señor Keuner para mostrarle su saber. Pasado un rato, el señor Keuner le dijo: –Estás sentado de una manera incómoda, hablas incómodamente, piensas incómodamente. Encrespado, el profesor de filosofía respondió: –No se refería a mí lo que yo quería saber, sino al contenido de lo que estaba diciendo. No tiene ningún sentido -dijo el señor Keuner–. Andas con torpeza y no he visto que tus pasos te condujeran a ninguna parte. Hablas de manera oscura y tu conversación no ha arrojado ninguna luz. Basta ver tu actitud para perder las ganas de conocer tu objetivo.


La antigüedad

Al contemplar un cuadro "constructivista" del pintor Lundström que representaba unos cántaros, dijo el señor Keuner: -Un cuadro de la Antigüedad, de una época de barbarie. En aquella edad remota los hombres no sabían distinguir las cosas; ni lo redondo les parecía romo ni puntiagudo lo agudo. Los pintores tuvieron que recomponer de nuevo las cosas y mostrar a su clientela objetos distintos, unívocos y precisos, hasta tal extremo reinaba lo confuso, vago y equívoco. Era tanto su afán por encontrar un hombre insobornable en aquellos tiempos, que estaban dispuestos a vitorear al primer loco que encontraran a su paso, con tal de que no quisiera poner precio a su locura. El trabajo se repartía entre muchos, como ya puede verse en este cuadro. Los que determinaban las formas de las cosas no se preocupaban por su función. En este cántaro no se puede verter agua. Debieron existir en aquellos tiempos muchos hombres que sólo eran considerados como objetos de uso. ¡Bárbara edad la Antigüedad!
Pero el señor K. fue advertido de que aquel cuadro era, en realidad, una obra de arte contemporánea.
-Sí, sí, ya sé –dijo el señor K.-. De la Antigüedad.

Bertolt Brecht (Augsburgo, 1898-Berlín, 1956), Historias del señor Keuner, traducción de Eduardo Subirats, Barral Editores, Barcelona, 1974
---
Ilustración: Hombre sentado, 1915, Egon Schiele

lunes, agosto 04, 2008

Bertolt Brecht / De "Poemas y canciones"




















De Catón de guerra alemán:


EN EL MURO HABIAN ESCRITO CON TIZA

queremos la guerra.
Quien lo escribió
ya ha caído.

LOS TÉCNICOS ESTÁN

inclinados sobre las mesas de dibujo:
una cifra equivocada, y las ciudades del enemigo
se salvarán de la destrucción.

DE LAS BIBLIOTECAS

salen los asesinos.
Estrechando contra sí a los niños,
las madres vigilan el cielo con terror
a que aparezcan en él los descubrimientos de los sabios.

EL FÜHRER OS DIRÁ: LA GUERRA

dura cuatro semanas. Cuando llegue el otoño
estaréis de vuelta. Pero
vendrá el otoño y pasará,
vendrá de nuevo y pasará muchas veces, y vosotros
no estaréis de vuelta.
El pintor de brocha gorda * os dirá: las máquinas
lo harán todo por vosotros. Sólo unos pocos
tendrán que morir. Pero
moriréis a cientos de miles, nunca
se habrá visto morir a tantos hombres.
Cuando me digan que estáis en el Cabo Norte,
y en Italia y en el Transvaal, sabré
dónde encontrar un día vuestras tumbas.

                                                                           (1937-38)

* Probable alusión a Adolfo Hitler, su pasado de aspirante a pintor. (N. del Ad.)


El cambio de rueda

Estoy sentado al borde la carretera,
el conductor cambia la rueda.
No me gusta el lugar de donde vengo.
No me gusta el lugar adonde voy.
¿Por qué miro el cambio de rueda
con impaciencia?
                                                         (1953)


Satisfacciones

La primera mirada por la ventana al despertarse
el viejo libro vuelto a encontrar
rostros entusiasmados
nieve, el cambio de las estaciones
el periódico
el perro
la dialéctica
ducharse, nadar
música antigua,
zapatos cómodos
comprender
música nueva
escribir, plantar
viajar
cantar
ser amable.
                                                                      (1956)

Bertolt Brecht (Augsburgo, Alemania, 1898-Berlín, 1956), 
"Poesía escritas durante el exilio (1933-1947)" y "Último período (1947-1956)", Poemas y canciones, Alianza Editorial. Versión de Jesús López Pacheco sobre traducción directa del alemán de Vicente Romano. Madrid, 1975
---
Foto: Bertolt Brecht, Berlín, 1927 Zander y Labisch/Getty Images