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lunes, marzo 01, 2021

Antonella Anedda / Táuridas






















Cuando desde la mañana nos rendimos al calor
esperando la noche
con los camiones de limpieza que lavan las calles
y el asfalto que humea de vapor,
cuando la vida no es una trama
sino un balbuceo de digresiones,
aflora en el letargo una imagen de agua
entrevista en el campo entre helechos y ortigas,
tensa como una sábana con broches de ramas
y un fondo de piedras verde-hielo.
De golpe entonces esa tregua consuela
hasta a los escépticos como nosotros, como cuando un invierno
asomados por casualidad a un balcón hemos visto
el enjambre de las Táuridas hendir de pronto el cielo oscuro.

Antonella Anedda (Roma, 1958), Historiae, Einaudi, Turín, 2018
Versión de Jorge Aulicino



Tauridi

Quando fin dal mattino ci si arrende al caldo
aspettando la notte
con le pompe che lavano le strade
e l'asfalto fuma di vapore,
quando la vita non è un intreccio
ma un balbettio di digressioni
affiora dal torpore l'immagine di un'acqua
intravista in campagna tra le felci e le ortiche,
tesa come un lenzuolo con mollette di rami
e un catino di sassi verde-gelo.
Di colpo allora quella tregua consola
anche noi scettici, come quando un inverno
affacciandosi per caso ad un balcone abbiamo visto
lo sciame delle Tauridi fendere a sorpresa il cielo buio.

viernes, febrero 26, 2021

Antonella Anedda / Mujer que escribe


















Es el hambre que le abre la garganta,
una cucharada de consonantes,
una espátula de hueso sobre el paladar.
En esos momentos se transforma
entre el borde de la mesa y el armario
el cuerpo se come a sí mismo en el reflejo.
Alrededor giran los murciélagos
un chillido ciego que se une
a su golpeteo de uñas sobre el teclado.

Se cierran los ojos
la habitación se descompone.
Entonces descubre de dónde viene el terror.
Del clavo en el tronco del árbol de ayer
del hongo reventado de noche
de un enorme marrón.

Antonella Anedda (Roma, 1958), Dal balcone del corpo, Mondadori, Milán, 2007, Vía Emma Gunst
Versión de Jorge Aulicino


Foto: Maledetti Poeti/Facebook, 13 de febrero de 2021

Donna che scrive

È la fame che le apre la gola:
un cucchiaio di consonanti,
una spatola di osso sul palato.
In quelle ore si trasforma
dalla sponda del tavolo all’armadio
il corpo mangia se stesso nel riflesso.
Intorno ruotano i pipistrelli
uno stridere cieco che si unisce
al suo battere di unghie sopra i tasti.

Se chiude gli occhi
la stanza si scompone.
Allora scopre da dove viene il terrore.
Dal chiodo dentro il tronco dell’albero di ieri
dal fungo esploso di notte
di un enorme marrone.

miércoles, agosto 12, 2020

Antonella Anedda / De "El catálogo de la alegría"


















Silencio nocturno. Cuando nos levantamos en la oscuridad estival
y los árboles se quedan sin viento más allá de la puerta abierta.
Cuando los cuartos respiran lento y el mar se une a los geranios. Rojo y
                                                                  /cobalto y de nuevo rojo
en las luces del puerto
en los transbordadores que parpadean y esperan.
Silencio matutino. Una calidad de los pasos sobre el empedrado
de las voces. Es el sonido de las persianas metálicas
que se levantan sobre las tiendas intactas; una señal de paz
el anuncio del shofar en el día.
Sol silencioso sobre las cubiertas, sobre los pisos
sobre las tazas del desayuno y el esmalte de la bandeja.
Sí. No lo bastante bendecido en cada despertar silencioso y vivo
no todavía enfermo no todavía esclavo.



Adorar (las imágenes).
la belleza de los huertos y de los bosques
una silla apoyada en la pared y el vaho de las hayas
Echando una mirada a los balcones donde un mantel ondea
por un instante parece
que se mete en el corazón
colmándolo de azul, aplacándolo
con su rumor en el viento.
Y adorar los cuadros que los seres humanos han pintado, los mundos
                                                                                       /sin viento
que respiran tranquilos en los museos
esas tempestades sin espuma, aquella sangre sin grito
y los animales mil veces benditos parados junto a los troncos.
Asnos y conejos, charcos en los que cintila el cielo
pastores que adoran junto a su rebaño
con las espaldas estriadas de lluvia y luz verde.
hemos existido de veras frente a esos colores
en un tiempo perfecto, la gran tela de entonces, pintada con amor
plena de azul y púrpura, de bosques, de plegarias...

(*)

... tela que todavía dura, pero no pintada, tejida
cardada con cuidado y ahora de nuevo
tal vez, lista para el color.


 (* con un tono más bajo)

Antonella Anedda (Roma, 1958), "El catálogo de la alegría", 2003, Antología, traducción de Jorge Aulicino, Hilos Editora, Buenos Aires, 2014               




Silenzio notturno. Quando ci si alza nel buio estivo
e gli alberi restano senza vento oltre la porta spalancata.
Quando le stanze respirano piano e il mare si unisce ai gerani. Rosso e
                                                                      /cobalto e ancora rosso
nei fari del porto
nei traghetti che sfavillano e aspettano.
Silenzio mattutino. Una qualità dei passi sul selciato
delle voci. E’ il suono delle saracinesche
che si sollevano sui negozi intatti: un segnale di pace
l’annuncio dello shofar nel giorno.
Sole silenzioso sulle coperte, sui pavimenti
sulle tazze della colazione e lo smalto del vassoio.
Sì. Non benedetto abbastanza ogni risveglio silenzioso e vivo
non ancora malato non ancora schiavo


Adorare (le immagini).
la bellezza degli orti e dei boschi
una sedia appoggiata alla parete e il vapore dei faggi
Gettando lo sguardo sui balconi dove una tovaglia ondeggia
per un attimo sembra
ci si metta sul cuore
colmandolo di azzurro, placandolo
col suo tonfo nel vento.
E adorare i quadri che gli esseri umani hanno dipinto, i mondi senza
                                                                                             /vento
che respirano quieti nei musei
quelle tempeste senza schiume, quel sangue senza grido
e le bestie mille volte benedette ferme vicino ai tronchi.
Asini e conigli, pozzanghere dentro cui scintilla il cielo
pastori che adorano vicino al loro gregge
con i dorsi striati di pioggia e luce verde.
siamo esistiti davvero davanti a quei colori
in un tempo perfetto, la grande tela di allora, dipinta con amore
piena di azzurro e porpora, di boschi, di preghiere…

(*)

… tela che ancora dura, soltanto non dipinta, tessuta
cardata con cautela e ora di nuovo
forse, pronta per il colore.

 (* con un tono più basso)

lunes, marzo 28, 2016

Antonella Anedda / Entre el antes y el después. Incidente















El puente se cerró girando entre las luces
y de pronto el don fue el detalle:
la forma oval de las flores
en la rama del árbol de Judas
esto, un instante antes que el volante
nos arrojara sobre el tronco en los márgenes del bosque.

Todo quedó intacto pleno de color:
lila y cobalto y un marrón repujado de gris
pero incapaz de socorrer
como un recuerdo usual. El viento
sin origen ni olor. La colina
un cono desnudo como el Calvario.

Soñé con nosotros dos en un pasado próximo, ardiente.
Luego, de manera más desenfocada -en una cuesta de la memoria:
el viaje, el sexo: dos espectros lentos en sus vestidos-
Me moví con el pensamiento -difícil decir cómo-
mientras no muy distante el mundo continuaba.
De golpe el dolor tomó nombres distintos
de los eventos naturales, como: "huracán islandés"
o "fohn de medianoche".
Hasta el frío que nos batía las muñecas
antes del reventón pareció digno
de una larguísima plegaria.
Podríamos estar de rodillas -tal vez para siempre-
ante el techo de pizarra:
y aquella piedra y la ventana amarillo-ocre,
un oro de los mayas en el atardecer...

Podríamos estar...

la condición del verbo desapareció devorada por el estruendo.
Vi las pocas nubes detenidas en las vetas.

Estás andando, me dije, ya estás leyendo hacia atrás.

Antonella Anedda (Roma, 1958), "Dal balcone del corpo", 2007, Antología, traducción de Jorge Aulicino, Hilos Editora, Buenos Aires, 2014

Foto: s/d

Tra il prima e il poi. Incidente
  
Il ponte si chiuse ruotando tra le luci
e subito il dono fu il dettaglio:
la forma ovale dei fiori
sul ramo dell’albero di Giuda 
questo un attimo prima che il volante
ci spingesse sul tronco ai margini del bosco.

Tutto rimase intatto colmo di colore: 
lillà e cobalto e un marrone sbalzato di grigio
solo incapace di soccorrere
come un ricordo usuale. Il vento
senza origine e odore. La collina 
un cono nudo come il Calvario.

Sognai noi due dentro un passato prossimo, bruciante.
Poi, in modo più sfocato –  in un pendio della memoria:
il viaggio, il sesso: due spettri lenti dentro i vestiti –
Mi spostai col pensiero - difficile dire come - 
mentre poco distante il mondo continuava.
Di colpo il dolore prese nomi diversi
di eventi naturali come: “uragano islandese” 
o, “fhonn di mezzanotte”.
Perfino il freddo che ci batteva i polsi
prima dello schianto sembrò degno 
di una lunghissima preghiera.
Ci saremmo genuflessi- forse per sempre – 
davanti al tetto di ardesia:
a quella  pietra  e alla finestra giallo-ocra,
un oro dei Maya nel tramonto…

Ci saremmo…

la condizione del  verbo sparì inghiottita nel clangore.
Vidi le poche nubi ferme nelle vene.

Stai andando, mi dissi, stai già leggendo all’indietro.

miércoles, diciembre 10, 2014

Antonella Anedda / Amor y cuervo



He visto un cuervo bajar
sobre un escalón de la escalera:
ha sido un milagro de negritud luciente
un largo escrito sobre el blanco de la piedra.
La entera bajada –mía y del cuervo– sabía a abedul y miel.
Nuestros cuerpos –el del cuervo y el mío– eran esbeltos y viejos.
     –Mirándolo moverse noté
     cuán ofuscado estaba el negro
algunas manchas y el andar incierto. También mis piernas, aquí y allá
               /manchadas por la edad y el sol,
eran un signo como para él ese ciego andar a los saltitos.
Sin embargo los dos en amor amábamos: él sus pocas plumas brillantes, yo
             /un residuo de gracia:
el ahusarse de las piernas hacia los pies y los pies ligeramente contraídos
frágiles (como los suyos) con garras carmesí.
Ahora volamos, él hacia el cielo y yo hacia la tierra
allá abajo de la escalera que me espera:
un limbo aún sin color, pero con musgo y piedras
un continente inexplorado.

Es un bien que vacila.

El cielo llama al cuervo.
La piedra hace crujir bajo mis pasos una orquesta de grava.
Devora partes de mí. Roe los talones

Antonella Anedda (Roma, 1958), "Dal balcone del corpo", 2007, Antologia, selección, traducción y prólogo de Jorge Aulicino, Hilos Editora, Buenos Aires, 2014

Foto: RAI

Amore e corvo

Ho visto un corvo abbassarsi
su uno dei gradini della scala:
è stato un miracolo di nerità lucente
un lungo inchiostro sul bianco della pietra.
L’intera discesa –mia e del corvo– sapeva di betulla e miele.
I nostri corpi –del corvo e mio– erano svelti e vecchi.
     –Guardandolo muoversi mi accorsi
     di quanto il nero fosse offuscato
di qualche macchia e di come l’andatura fosse
incerta. Anche le mie gambe, qua e là macchiate dall’età e dal sole
erano un segno come per lui quel cieco saltellare.
Eppure entrambi in amore amavamo: lui le poche lucide piume
io un residuo di grazia:
l’affusolarsi delle gambe fino ai piedi e i piedi leggermente contratti
fragili (come i suoi) con artigli cremisi.
Ora voliamo lui verso il cielo e io verso la terra
laggiù sotto la scala che mi aspetta:
un lembo ancora senza colore, ma con muschio e pietre
un continente inesplorato.

E’ un bene che vacilla.

Il cielo chiude il corvo.
La pietra mi scricchiola sui passi un’orchestra di ghiaia.
Inghiotte parti di me. Rode i talloni.

sábado, septiembre 27, 2014

Antonella Anedda / De "Dal balcone del corpo"





Aniversario II

Hace veinte años era inquieta
como un pájaro capturado
pero el matrimonio reveló
en su quietud un vacío
donde el mundo piensa mirarte vivir
y en cambio tú te balanceas sobre un asta invisible.

En un tiempo la vida era severa, en blanco y negro
-como las fotos de los objetos que tomaba
Después lentamente comenzaron a aflorar los colores:
al comienzo, sinopias, luego más decididos y ahora densos
capaces de arrojar sangre a quien los mira.
La casa de enfrente, por ejemplo,
observada en todas sus variaciones de luz, es mi obra maestra.

¿Soy yo la que a la mañana me pongo la ropa preparada la noche
      anterior?
¿Esa tela apenas arrugada sobre la madera de la silla?
Tú no existes, dice la llama que en algún lugar del pecho
ha comenzado a murmurar mientras se agita.
Qué importa, dice el río, lamiéndome los zapatos con su fango.
Slp hacen los remolinos a los lejos.
Como sábanas de los sueños de amor... ¿qué soy?
Parejas, cuchicheando. Al alba, entre los arbustos.
Veo mi cuerpo: ahora libera chispas
capaces de iluminarme el camino.

Envejeciendo me lleno de imágenes.
Antes, el alma rechazaba las formas
turbada, amasaba el sexo con el alimento.
El blanco y el negro servían para poner orden en el exceso
hasta que entre las grietas he comenzado de nuevo a amar.
He separado el sexo del alimento, el alimento de los cuadros
y silenciosamente las imágenes me han recompensado:
me venían al encuentro como espejo de los fondos
pero también con la nitidez de las faltas.
Sin sombras: cosas que debían ser vistas.
Historias de las que no hay que apartar los ojos.

Hace falta un tiempo para el inventario.
Incluido el crimen latente en nosotros.
Basta un detalle para que me visiten los delitos
como la (verdadera) historia de los hombres
que violentaron y mataron por aquí indiferentes
a ese ruido de ramas, ese partirse de leños
que no impidieron a la sangre tocar las hojas
y a los gritos elevarse entre la alondras.

No somos lo que nos gusta creer.
Fingimos finalmente hasta que se nos desliza la vida.
También yo, todavía.
¿Quién dice que de verdad me procrearon,
que no me encerrarán, como ayer a la desconocida, en un ataúd de pino
cuando mi catálogo está apenas en el comienzo?
sobre el margen de una era con el útero vacío
para siempre un antro donde no entrarán
sino agua y algas, finalmente.
Es el tiempo de la carcajada en el desierto
cuando en lugar de la belleza
está el movimiento del cuerpo que se nutre zapando
las papas y las coliflores en la huerta.
...
Allá entre las plantas estaba aquel chico
al que habrá llevado la madre
luego desaparecido en algún instituto.

La ausencia abre la garganta hasta el pecho,
es una de las tantas coronas de espinas
que vuelan al acaso sobre las frentes de los seres humanos.

El chico se ha perdido
y no estoy en condiciones de encontrarlo.
Hoy es mi aniversario de matrimonio
"todavía joven", dicen, pero en realidad vieja:
en un tiempo las mujeres de mi edad descansaban
mientras la vida...
La vida se refleja aquí, en el riachuelo.
La cara del chico toma cuerpo
como la luna contra el horizonte de cartón
de cuando me casaba y el amor...

¿Dónde estaba el amor? ¿En qué se convirtió durante todos esos años?
¿Se había desmenuzado en mil recuerdos distintos que se entrechocan como
     vajilla?
¿Había dejado caer su cuerpo? ¿Sus esquirlas centelleaban todavía?

El espejo está vacío,
¿pero todo está de veras muerto o comienza lentamente a florecer?:
un huevo, un zumbido, el canto de una rana
la salamandra que avanza cautamente a lo largo del muro,
mientras un hombre entra limpiándose los zapatos en el felpudo
y el café rebosa destilando su negrura
para bendecirme, hoy.

Antonella Anedda (Roma, 1958), "Dal balcone del corpo", 2007, Antologia, selección, traducción y prólogo de Jorge Aulicino, Hilos Editora, Buenos Aires, 2014

Foto: USI Università della Svizzera italiana/YouTube


Anniversario II 

Venti anni fa ero inquieta
come un uccello catturato
ma il matrimonio si è rivelato
nella sua quiete un vuoto
dove il mondo pensa di guardarti vivere
e invece tu dondoli su di un’asta invisibile.

Un tempo la vita era severa, in bianco e in nero
- come le foto degli oggetti che scattavo
Poi  lentamente sono affiorati i colori:
all’inizio sinopie, poi più decisi e ora densi
capaci di dare sangue a chi li guarda.
La casa di fronte per esempio
osservata in ogni variazione di luce è il mio capolavoro. 

Sono io che al mattino metto i vestiti preparati la sera prima?
Quelle stoffe appena increspate sul legno della sedia?
Tu non esisti, dice la fiamma che in una parte del petto
ha cominciato crollando a mormorare.
Che importa, dice  il fiume lambendomi le scarpe col  fango
Slp fanno i gorghi al largo.
Come lenzuola dei sogni d’amore…che sono? 
Coppie, bisbiglianti. All’alba, tra i cespugli.
Vedo il mio corpo: adesso sprigiona faville
capaci di rischiararmi il cammino. 
Invecchiando mi riempio di immagini.
Prima l’anima scacciava le forme 
turbata le impastava al sesso, al cibo.
Il bianco e nero, servivano a mettere ordine al troppo
finché tra le fessure ho ricominciato a amare. 
Ho diviso il sesso dal cibo, il cibo dai quadri 
e quietamente le immagini mi hanno ricompensato:
mi venivano incontro con lo specchio degli sfondi
ma anche con il nitore delle colpe. 
Senza ombre: cose che dovevano essere viste.
Storie da cui non distogliere gli occhi.

Ci vorrebbe un tempo per elencare.  
Anche il crimine latente in noi. 
Basta un dettaglio perché mi visitino i delitti
come la (vera) storia degli uomini
che violentarono e uccisero qui intorno incuranti
dei tonfi dei rami, di quel troncarsi di legni
che non impedirono al sangue di toccare le foglie 
e alle urla di salire tra le allodole.

Non siamo quello che ci piace credere.
Fingiamo fino all’ultimo finché ci scorre la vita.
Anche io, ancora.
Chi dice che davvero mi generarono, 
che mi chiuderanno come ieri la sconosciuta in una bara di pino 
quando il mio catalogare è appena all’inizio?
sul ciglio di un’era con l’utero vuoto
per sempre un antro dove non entreranno
che acqua e alga, finalmente. 
E’ il tempo della risata nel deserto 
quando al  posto della bellezza
c’è il moto del corpo che nutre zappando
le patate e i cavolfiori nell’orto. 

Là  tra le piante c’era quel bambino 
al quale avrebbero portato via la madre
poi scomparso in qualche istituto.

L’assenza apre la gola fino al petto,
è una delle tante corone di spine
che volano a caso sulle fronti degli esseri umani. 

 Il bambino si è perso 
io non sono in grado di trovarlo.
Oggi è il mio anniversario di matrimonio
“ancora giovane”, dicono ma in realtà vecchia: 
un tempo le donne della mia età  riposavano
mentre la vita…
La vita si specchia qui nel rigagnolo. 
La faccia del bambino si concretizza
come la luna contro l’orizzonte di cartone 
di quando mi sposavo e l’amore… 

Dov’era l’amore? In cosa si era tramutato durante tutti quegli anni? 
Si era sminuzzato in mille ricordi diversi che cozzano come stoviglie? 
Aveva lasciato cadere il suo corpo? Le sue scaglie baluginavano ancora?

Lo specchio è vuoto 
ma tutto è davvero morto o inizia piano a fiorire?: 
un uovo, un ronzio, il canto di un rana 
il geco che avanza cautamente  lungo il muro, 
mentre un uomo entra pulendosi le scarpe sul tappeto 
e il caffè trabocca stillando  il suo nero 
fino a benedirmi, oggi.

viernes, julio 18, 2014

Antonella Anedda / De "Notti di pace occidentale", 4



II

No quería nombres para muertos desconocidos
y sin embargo quería que existieran
quería que una lengua anónima
–la mía–
hablase de muchos muertos anónimos.
Lo que llamamos paz
trae sólo el breve alivio de la tregua.
Si el nombre es alcanzarse a sí mismo,
ninguno de estos muertos ha alcanzado su destino.
No hay más que lugares, los de una isla
desde donde escrutar el Continente
–el oriente– sus guerras
el polvo que arrojan para confundir
el veredicto: no estamos salvados
no salvamos
sino con un coraje oblicuo
con un gesto
de mínima luz.

Antonella Anedda (Roma, 1958), "Nohes de paz occidental", 1999,
Antología, traducción de Jorge Aulicino,
Hilos Editora, Buenos Aires, 2014

II

Non volevo nomi per morti sconosciuti
eppure volevo che esistessero
volevo che una lingua anonima
–la mia–
parlasse di molte morti anonime.
Ciò che chiamiamo pace
ha solo il breve sollievo della tregua.
Se nome è anche raggiungere se stessi
nessuno di questi morti ha raggiunto il suo destino.
Non ci sonno che luoghi, quelli di un’isola
da cui scrutare il Continente
–l’oriente– le sue guerre
la polvere che gettano a confondere
il verdetto: noi non siamo salvi
noi non salviamo
se non con un coraggio obliquo
con un gesto
di minima luce.

martes, febrero 18, 2014

Antonella Anedda / De "Residenze invernali"



Residencias invernales
(Fragmento)

I

Nuestras almas deberían dormir
como duermen los cuerpos sutiles
estar entre sábanas como una hoja
los cabellos detrás de las orejas
las orejas abiertas
capaces de escuchar. Carne
afilada y frágil, cava
en la oscuridad del cuarto. Hueso leve.
Así la membrana sostiene
la pluma en la espalda del ángel.

Transparentes son las orejas de los enfermos
del mismo color que los vidrios
y así igualmente oyen
el balanceo de los lechos
movidos por los brazos de los vivos.
A las cuatro, los días feriados
terminan las visitas. Lentas
las frentes se vuelven hacia las paredes.
En los corredores vacíos se enciende una paz de acuario.
Luces azules altas y bajas
sobre el dintel de las puertas
sobre el borde de los escalones.

Luces nocturnas.
Los enfermos duermen unos
cerca de los otros acostados
en camas iguales.
Solo es distinto el modo
de doblar las rodillas
si es que pueden
doblar las rodillas, distinta
la onda de sus cobertores.
Pocos llegan a levantarse sobre la espalda
como en las enfermedades caseras
y cada cama tiene grandes ruedas de metal dentado
muelles que de golpe
doblan el colchón
o de golpe lo levantan.
La cama chirría, se aplaca.

Luces de Navidad.
La sala es una llanura con imperceptibles túmulos.
Con qué silenciosas reverencias se encuentran los pensamientos de los
muertos.

Luces de invierno.
En la sala de los enfermeros brilla el papel plateado
el olor del vino flota en el aire.
Si los vivos acercaran el rostro a los vidrios empañados
si estirasen apenas las lenguas
el vapor les sabría a vino.
Un momento antes de la muerte
la noche gira como una llave.
Qué misteriosas señales hacen las lámparas a los moribundos,
cuántas sombras dejan los cuerpos.

Las diez. Sobre el mantel un conejo puesto de costado
papas hervidas, espárragos a la cacerola.
En la habitación reina una solemne miseria.

Los vivos se llaman como desde barcas lejanas.

Antonella Anedda (Roma, 1958), Residenze invernali, Crocetti, Milán, 1992
Versión de Jorge Aulicino

Foto: Bloodaxe Books


I

Le nostre anime dovrebbero dormire
come dormono i corpi sottili
stare tra le lenzuola come un foglio
i capelli dietro le orecchie
le orecchie aperte
capaci di ascoltare. Carne
appuntita e fragile, cava
nel buio della stanza. Osso lieve.
Così la membrana stringe
la piuma alla spalla dell’angelo.

Trasparenti sono le orecchie dei malati
dello stesso colore dei vetri
eppure ugualmente sentono
il rullio dei letti
spostati dalle braccia dei vivi.
Alle quattro, nei giorni di festa
hanno fine le visite. Lente
le fronti si voltano verso le pareti.
Nei corridoi vuoti scende una pace d’acquario.
Luci azzurre in alto e in basso
sulla cima delle porte
sul bordo degli scalini.

Luci notturne.
I malati dormono gli uni
vicini agli altri posati
su letti uguali.
Solo diverso è il modo
di piegare le ginocchia
se le ginocchia
possono piegare, diversa
l’onda delle loro coperte.
Pochi riescono ad alzarsi sulla schiena
come nelle malattie di casa
e ogni letto ha grandi ruote di metallo dentato
molle che di scatto
serrano il materasso
o di colpo lo innalzano.
Il letto stride, si placa.

Luci di Natale.
La corsia è una pianura con impercettibili tumuli.
Con quali silenziosi inchini s’incontrano i pensieri dei
morti.

Luci d’inverno.
Nella sala degli infermieri luccicano carte di stagnola
l’odore del vino sale nell’aria.
Se i vivi accostassero il viso ai vetri appannati
se allungassero appena le lingue
il vapore saprebbe di vino.
C’è un attimo prima della morte
la notte gira come una chiave.
Quali misteriosi cenni fanno i lampioni ai moribondi,
quante ombre lasciano i corpi.

Le dieci. Sulla tovaglia un coniglio rovesciato di fianco
patate bollite, asparagi passati in casseruola.
Nella stanza regna una solenne miseria.

I vivi si chiamano come da barche lontane.


sábado, septiembre 14, 2013

Antonella Anedda / De "Tres estaciones"














I

Arroja tu pan sobre la superficie del agua, lo reencontrarás en los días: no reencontraremos el alimento ni la recompensa, no la ligereza sino el hacha pesada de la bendición.

El que pierde tiene la espalda liberada para poner el mundo sobre sí. Ningún bagaje, para mejor arrastrar el hierro y la madera de un carro y para que sobre la espalda se apilen el aire, la lluvia, la multiplicidad, el desorden de las cosas. No es la resignación terrena sino la fuerza apacible de Cristo que en el huerto de Getsamaní responde a los soldados: sí, soy yo; la pobreza de la roca, del paño fúnebre vaciado por el peso de los pecados humanos.

Giotto ha visto todo esto en la Renuncia a los haberes de Asís. Francisco está desnudo, pero alrededor de su privación, sobre el ángulo recto de su cuerpo arrodillado, todo pesa: la arquitectura, el escudo del cielo, las vestiduras; todo se adensa, como si la ciudad con sus cuidados, sus ganancias, sus utilidades, no esperase sino su gesto.

Tal vez la santidad es volverse burro: ser la burra que siente sobre sus flancos la espina de los olivos, en la fatiga de la mañana, bajo el gran cuerpo de Dios, en el gran zócalo de Jerusalén.


Antonella Anedda (Roma, 1958), Tre stazioni, LietoColle, Faloppio, 2007
Versión de Jorge Aulicino

Foto: Spreaker


I

Getta il tuo pane sulla superficie dell'acqua, lo ritroverai nei giorni: non ritroveremo il cibo, né la ricompensa, non la leggerezza ma la scure pesante della bendizione.

Chi perde ha la schiena sgrombra per prendere su di sé il mondo. Nessun bagaglio per trascinare meglio il ferro e il legno di un carro, per lasciare che sul dorso si accatastino l'aria e la pioggia, la molteplicità, il disordine delle cose. Non è la rassegnazione terrena ma la forza mite di Cristo che nel Getzemani rispondi ai soldati: sì, sono io; la povertà della roccia, del telo funebre vuoto per il peso dei peccati umani.

Giotto ha visto tutto questo nella Rinuncia degli averi di Assisi. Francesco è nudo ma intorno alla sua privazione, nell'angolo retto del suo corpo inginocchiato tutto pesa: le archietture, lo scudo del cielo, le vesti; tutto infittisce come si la città con le sue cure, i suoi guadagni, il suo utile, non attendessero che il suo gesto.

Forse la santità è farsi asini: essere l'asina che sente sui fianchi la spina degli ulivi, nella fatica del mattino, sotto il grande corpo di Dio, nel grande zoccolo de Gerusalemme. 

sábado, enero 19, 2013

Antonella Anedda / De "Salva con nome", 3






Noche 21.00-07.00

Poco nuboso

Gregal *


De golpe, en el sueño el espacio era una piedra.
Pensaba, aquí ninguno ha nacido, ninguno ha muerto.
El viento era sin ráfagas.
El lobo no tenía hocico.
Los nombres no coincidían con las cosas,
y tampoco con los cuerpos.
Había pasos y sombras sobre la grava del patio.
A todos, a ti, a mí, al mundo,
nos habían quitado la espina del tormento.

Antonella Anedda (Roma, 1958), Salva con nome, Mondadori, Milán, 2012
Versión de Jorge Aulicino

* Viento noreste. En el original, se reproducen los clásicos iconos del servicio meteorológico para nubosidad y dirección del viento, sobre las leyendas "poco nuboso" y "gregal"


Notte 21.00-07.00

poco nuvoloso

Grecale

Di colpo nel sogno lo spazio era una pietra.
Pensavo, qui nessuno è nato, nessuno è morto.
Il vento senza folate
il lupo non aveva muso.
I nomi non coincidevano più con le cose
e neppure i corpi.
Erano passi e ombre sulla ghiaia del cortile.
A tutti, a te, a me, al mondo,
avevano tolto la spina del tormento.

Ilustración: The Steamer Odin II, 1927, Lyonel Feininger

sábado, diciembre 08, 2012

Antonella Anedda / De "Salva con nome", 2




Guardar como
 *

Sin nombre. Sartiglia

En Oristano, en la costa occidental de Cerdeña, más allá de la cual sólo está España, el martes de Carnaval se mantiene uno de los ritos más antiguos de la isla: Sa Sartiglia **. Un hombre llamado "su Componidori" *** es vestido por tres mujeres que le ponen sobre el rostro una máscara de madera sin ninguna característica: lisa, blanca y andrógina. Es una máscara que anula la identidad individual y no tiene expresión. Al menos hasta hace muy poco tiempo, el nombre mismo de la persona que asumía el rol del Componidori era secreto. El Componidori por lo tanto no tiene sexo, no tiene edad, no tiene nombre. Su misión es guiar a los caballeros de su grupo, de su gremio, todos asimismo enmascarados, en una carrera que tiene como meta ensartar con la lanza una estrella, en español sartiglia, suspendida con un hilo sutil. Se lo viste en el más completo silencio. Cuando está listo, el cuerpo del Componidori no puede tocar más la tierra. Sube al caballo directamente desde una mesa que es casi un altar llamado "sa mesida". Desde ese momento no deberá poner pie en tierra. Para no caer, para combatir el miedo y la impotencia, confiará solo en la fuerza de sus piernas. Vivirá en un sueño convertido en todos los hombres y mujeres que ha sido y cuyos nombres se confunden hasta perderse.

Antonella Anedda (Roma, 1958), Salva con nome, Mondadori, Milán, 2012
Versión de Jorge Aulicino

Notas de traducción
* En el original, salva con nome, literalmente: guarda con nombre; que en el lenguaje del sistema operativo Windows equivale al "save as", generalmente traducido al castellano "guardar como". La fórmula en italiano visiblemente tiene mayor relación con el poema
** Sa Sartiglia: dialectal sardo. Del castellano "sortija", donde "sa" equivale al artículo castellano "la". (La dominación de Aragón sobre la isla se extendió desde 1297 a 1516)
*** Su componidori: dialectal sardo. Del castellano "el componedor".

Salva con nome
Senza nome. Sartiglia

A Oristano, sulla costa occidentale della Sardegna oltre la quale c’è solo la Spagna, il martedì di Carnevale si tiene uno dei riti più antichi dell’isola: Sa Sartiglia. Un uomo chiamato “su Componidori” viene vestito da tre donne che gli applicano sul viso una maschera di legno senza nessuna caratteristica: liscia, bianca e androgina. È una maschera che annulla l’identità del singolo e non ha espressione. Almeno fino a pochissimo tempo fa, lo stesso nome della persona che avrebbe rivestito il ruolo del Componidori era segreto. Il Componidori dunque non ha sesso, non ha età, non ha nome. Il suo compito è guidare i cavalieri del suo gruppo, del suo gremio, tutti ugualmente mascherati in una corsa che ha come fine quello di infilzare con la lancia una stella, in spagnolo sartiglia, sospesa a un filo sottile. La vestizione si svolge nel più assoluto silenzio. Una volta finita, il corpo del Componidori non può più toccare terra. Sale a cavallo direttamente da un tavolo che è quasi un altare chiamato “sa mesida”. Da quel momento non dovrà più mettere piede a terra. Per non cadere, per combattere la paura e l’impotenza, farà affidamento solo sulla forza delle gambe. Vivrà come in sogno diventando tutti gli uomini e le donne che è stato e i cui nomi si confondono fino a essere perduti.


Ilustracion: Visage sur fond vert, 1951, Henri Matisse

miércoles, octubre 24, 2012

Antonella Anedda / ¿El miedo nos hace más fuertes?



Coro
¿El miedo nos hace más fuertes?

Somos mortales mortalmente aterrorizados
temblamos como zorros y perros,
nos volvemos la jauría de nosotros mismos
Basta un sueño errado
y la luz roe donde no hay reparo.
Derrapamos entre los objetos esperando que sean verdaderos.
Apretamos los párpados intentando dormir en pleno día
diciendo: aqui, y pensando allá
ofreciendo sacrificios mientras desplazamos muebles
y tronchamos con las tijeras los geranios.
A la noche alargamos las mesas para los húespedes
y con la madera comenzamos a marchitarnos.
Ponemos con cuidado las servilletas y desde el lino se elevan los demonios.
Volviendo la cabeza aquí, pensamos: allá,
como sucede en verdad a todo perseguido.
Abrimos ventanas de par en par con la excusa del humo. El viento huele a basura
pero es una tregua. El propio viento en la belleza es una ruina.
La sabiduría nos confunde como cera.
Respiramos con dificultad.
Nos quedamos inmóviles
la sangre se acelera entre la nuca y la espalda
nos volvemos serpientes
que se limpian entrelazándose.


Antonella Anedda (Roma, 1958), Salva con nome, Mondadori, Milán, 2012, en Terres de femmes
Versión de Jorge Aulicino

Coro
La paura ci rende più forti ?

Siamo mortali mortalmente spaventati
tremiamo come volpi e cani
diventando la muta di noi stessi
Basta un sogno sbagliato
e la luce rode dove non c'è riparo.
Sbandiamo tra gli oggetti sperando siano veri.
Stringiamo gli occhi provando a dormire in pieno giorno
dicendo: qui e pensando là
offrendo sacrifici mentre spostiamo mobili
e tronchiamo con le forbici i gerani.
La sera allunghiamo i tavoli per gli ospiti
e dal legno cominciamo ad appassire.
Posiamo con cura i tovaglioli e dal lino si sollevano demoni.
Voltando la testa qui, pensiamo: là
come succede davvero a ogni inseguito.
Spalanchiamo finestre con la scusa del fumo. Il vento sa d’immondizia
ma è una tregua. Lo stesso vento nella bellezza è una rovina.
La saggezza ci confonde come cera.
Stentiamo a respirare.
Restiamo immobili
il sangue scatta tra la nuca e la schiena
torniamo serpi
ci puliamo intrecciandoci.

Ilustración: Gli ospiti dimenticati, 1930, Alberto Savinio

lunes, agosto 13, 2012

Antonella Anedda / De "Notti di pace occidentale", 3




Cómo pesa la ausencia, cómo nos nutre de frialdad
cómo nos empuja hacia abajo -lentamente-
hacia un lugar del cuerpo sin luz:
una habitación un tiempo de refugio
hora detenida en el tiempo de la historia.
Fría -amor- es esta calma indivisa, fría
la barrera de las colinas. Nada es lejano
sólo el aire empozado en la oscuridad de la garganta
tu tiempo distinto, veloz
-más veloz- altísimo
que trascurriendo me oscurece.

Es justo. Debo -para vadear por la tierra restante-
ser ese hueso breve
que cae sobre la arena
el mínimo sonido de vida
el tintineo de serpiente
que huyendo -sola- se sostiene.


Antonella Anedda (Roma, 1958), Notti di pace occidentale, Donzelli, Roma, 2001
Versión de Jorge Aulicino

Come pesa l'assenza come con fredezza ci nutre
come ci spinge in basso -lentamente-
in un luogo di corpo senza luce:
una stanza un tempo di rifugio
ora ferma nel freddo della storia.
Fredda -amore- è questa quiete indivisa, fredda
la barriera dei colli. Nulla è lontano
solo l'aria affossata nel buio della gola
il tuo tempo diverso, veloce
-più veloce- altissimo
che correndo mi oscura.

Così è giusto. Devo -per varcare la terra che rimane-
essere l'osso breve
quello che cade sulla sabbia
il suono minimo di vita
lo scampanio di serpe
che fuggendo -da sola- si sostiene.

Ilustración: Concetto spaziale. Attesa, 1964-65, Lucio Fontana

jueves, agosto 02, 2012

Antonella Anedda / De "Notti di pace occidentale", 2








                       Irgendwo in Rußland ist meine Seele.
                                                          Gertrud Kolmar

En algún lugar de Rusia existe mi alma
si se llama alma
esta escucha del cuerpo a pleno: voz - y libros
libros parecidos a hierros entre las piedras de un monte
metales sobre los que posar los pies lentamente.
Entonces no solo papel - imágenes:
estepa, trineo, cencerros
pero en aquel salir del cuerpo de la infancia
colores netos como nunca ocurre desde niños
no un dios sino una huella en las cosas
como si a cada forma pudiésemos quitarle su sello.

Tal vez el alma no existe, pero existen sus lugares
la distancia: verstas a recorrer en sentido opuesto
una lengua capaz de decir lo que oprime
sonido, frontalidad, selváticas raíces
aliento de llanura
tanto aliento -por la estrechez de una isla
y en el lugar de las rimas
el ritmo de un pensamiento
jamás oído
inaudito
como es siempre buscar concisión en la altura.

Antonella Anedda (Roma, 1958), Notti di pace occidentale, Donzelli, Roma, 2001
Versión de Jorge Aulicino



                                Irgendwo in Rußland ist meine Seele.
                                                               Gertrud Kolmar

In qualche luoco in Russia esiste la mia anima
se anima si chiama
questo ascolto del corpo a gola tesa: voce - e libri
libri simili a ferri tra le pietre di un monte
metalli su cui posare i piedi lentamente.
Dunque non solo carta - immagini:
steppa, slitta, sonagliera
ma in quell'uscire del corpo dall'infanzia
colori netti come mai accade da bambini
non un dio ma un'orma nelle cose
come se a ogni forma potessimo levare il suo sigillo.

Forse l'anima non esiste ma esistono i suoi luoghi
la distanza: verstre da percorrere a ritroso
una lingua capace di dire ciò che preme
suono, frontalità, selvatiche radici
respiro di pianure
sì respiro - per lo stretto di un'isola
e al posto delle rime
il ritmo di un pensiero
mai udito
inaudito
como sempre è cercare concisione nell'altezza.

Ilustración: Vasos y botellas, 1948, Giorgio Morandi

viernes, julio 20, 2012

Antonella Anedda / De "Notti di pace occidentale"



                                a Ida Porena

Por la noche que cae muy tarde
por el cielo que revela las crestas:
el monte en la arena, la ciudad despojada
en el calor gris del verano
por este miedo
debido solo a la luz
al cobre de la olla, a la comida que descenderá por el pecho.

Hará falta entender qué enseña la pena
pues basta un gesto para evitar
el escalofrío que cada día apartamos
no sabiendo si anuncia
o si oprime el aliento de otras vidas.

Desde la cocina, como en las noches nevadas,
deberemos seguir cada claridad
detenernos donde se adensa
para tejer el grumo donde nos esfumamos sin rostro
donde hasta quien nos amaba
-justamente- retrocede.

Antonella Anedda (Roma, 1958), Notti di pace occidentale, Donzelli, Roma, 2001
Versión de Jorge Aulicino

                             a Ida Porena

Per la notte che cade troppo tardi
per il cielo che rivela i crinali:
il monte nella sabbia, la città disadorna
nel grigio calore dell'estate
per questa paura
dovuta solo alla luce
al rame della pentola, al cibo que scenderà nel petto.

Occorrerà capire cosa insegni la pena
che basta un gesto a scansare
il brivido che ogni giorno posiamo di lato
non sapendo se annunci
o stringa il respiro di altre vite.

Dalla cucina, come nelle notti di neve,
dovremo seguire ogni chiarore
fermarci dove si addensa 
fino a tessere il grumo dove svaniamo senza un volto
dove perfino chi ci amava
-giustamente- indietreggia.

Ilustración: Paisaje nocturno, 1907, Piet Mondrian

domingo, junio 10, 2012

Antonella Anedda / Mujer joven




15.

  La muchacha está muerta. Vivía entre los romanos del desierto. Ha estado allá abajo y ha llegado aquí. El tiempo la ha desmembrado, el retrato la ha preservado.
  Cuando alzan el velo, el rostro es único, distinto -como cada retrato. El cuerpo, en cambio, momificado, es breve, indistinguible de aquellos de los gatos de los faraones conservados en un ala secundaria del Louvre.


Soluciones, 15. Retratos de El Fayum, Mujer joven (siglo II d.C.) *

Antonella Anedda (Roma, 1958), "Ritagliare", La vita dei detagli, Donzelli Editore, Roma, 2009
Versión de Jorge Aulicino

* los llamados "retratos de El Fayum", por el oasis de El Fayum donde se encontraron en mayor cantidad, son las tablas pintadas con los rostros de los difuntos momificados en la que era ya, por entonces, la provincia de Egipto del Imperio Romano


15.

  La ragazza è morta. Viveva tra i romani del deserto. È stata laggiù, è arrivata qui. Il tempo l'ha scomposta, il ritratto l'ha risparmiata.
  Quando sollevano la garza il viso è unico, diverso - come ogni ritratto. Il corpo invece, mummificato, è breve, indistinguibile da quello dei gatti dei faraoni conservati in un'ala secondaria del Louvre.


Soluzioni, 15. Ritratti di Fayum, Giovane donna (II sec. d.C.)


Ilustración: Mujer joven (detalle), siglo II, anónimo, reproducido aproximadamente como en el libro de Anedda

martes, mayo 29, 2012

Antonella Anedda / Cabezas cortadas




30.

    (Es el mismo autor *). ¿De quién son estos ojos, de quién estas cabezas cortadas?
    Un terror detallado.  Mete la mirada en las imágenes como meterías la mano en un pellejo descosido.

    Hormiguea, pero es una boca abierta de par en par.
    Parece temblar, pero no puede, está muerta.

    Anticipa una bolsa de Burri y el trapo con el que un enfermero de la ambulancia ayer ha taponado la sangre de un hombre en un accidente.


* Amaba tanto los detalles que pintó un cuadro hecho solo de particularidades, un grumo de puños, una nada.


[En otra página] Soluciones, 30: Théodore Géricault, Cabezas cortadas, 1818.

Antonella Anedda (Roma, 1958), "Ritagliare", La vita dei detagli, Donzelli Editore, Roma, 2009
Versión de Jorge Aulicino

Nota: El Burri aludido es seguramente el pintor Alberto Burri (Città di Castello, 1915-Niza, 1995), que utilizó a partir de 1950 las técnicas de collage, ensamblaje e incorporación de materiales diversos a las telas, desde chapas y alquitrán hasta bolsas de arpillera y pedazos de papel quemado.

Ilustración: Detalle de Cabezas cortadas, o Cabezas de ajusticiados, de Géricault, más o menos como se reproduce en el libro de Anedda.

30.

    (È lo stesso autore *). Di chi sono questi occhi, de chi queste teste mozzate?
    Un terrore dettagliato. Infila lo sguardo nell'immagine come infileresti la mano in una pelliccia scucita.

    Brulica ma è una bocca spalancata.
    Sembra tremare ma non può, è morta.

    Anticipa un sacco di Burri e il panno con cui un infermiere dell'ambulanza ieri ha tamponato il sangue di un uomo in un incidente. 



* Amava tanto i dettagli che dipinse un quadro fatto di soli particolare, un grumo di pugni, un niente

[En otra página] Soluzioni, 30: Théodore Géricault, Teste mozzate, 1818.

sábado, febrero 11, 2012

Antonella Anedda / Dos poemas



IV

Corría hacia un refugio, se protegía la cabeza.
Pertenecía a una imagen cansada
no distinta a la de una mujer cualquiera
que la lluvia sorprende.

No quería yo hablar de la guerra
sino de la tregua
meditar sobre el espacio y sobre los detalles
la mano que prueba el muro, la vela por un instante encendida
y -afuera- las hojas refulgentes.
Incluso de un recinto con espinas confusas y otras espinas
espinas de tierra que queman los talones.

Esto es que se extiende el peso del antes
y el precipitarse del después:
a esto llamo tregua
medida que da medida al espanto
metro que no protege.

Cercano a tregua es tránsito
de un lugar ir a otro lugar
sin una meta verdadera
sin que nada de ese modo pueda llamarse viaje
distracción de rostros
mientras bate la llluvia.

La tregua, como el tren, necesita la llanura
un sueño de horizonte
con árboles que se elevan al cielo
únicas lanzas, solitarios centinelas.

de Notti di pace occidentale, Donzelli, Roma, 1999


Una noche de invierno en la ciudad

Ahora ha dejado de llover. Desde la ventana el mundo es en gotas:
un rostro sin nariz, ojos, labios. Sólo esas diminutas lágrimas
sobre las casas y los árboles. Una en particular destella
donde alguien llora en su sillón,
cincunspecto, firme solo incierto si la casa se parece
a aquellas que habitó en el pasado y confunde.

No es de nostalgia que llora, sino por el peso entero
de la lluvia, como si él fuese el techo
que aguanta y se descascara.
Como si el edificio entero, hinchado de agua y piedra,
revelara una ofensa.

Una criatura puede afligirse por esto, pasar la noche en vela
o repetir en el sueño la desolación. Ser en un despeñadero.
Permanecer allí en la tierra, bajo la lluvia que llega.

de Il catalogo della gioia, Donzelli, Roma, 2003

Antonella Anedda (Roma, 1958), en Poetry International
Versiones de Jorge Aulicino


IV

Correva verso un rifugio, si proteggeva la testa. 
Apparteneva a un’immagine stanca
non diversa da una donna qualsiasi
che la pioggia sorprende.

Non volevo dire della guerra
ma della tregua
meditare sullo spazio e dunque sui dettagli
la mano che saggia il muro, la candela per un attimo accesa 
e – fuori – le fulgide foglie. 
Ancora un recinto con spine confuse ad altre spine
spine di terra che bruciano i talloni. 

Ciò che si stende il peso del prima
e il precipitare del poi: 
questo io chiamo tregua
misura che rende misura lo spavento
metro che non protegge. 

Vicino a tregua è transito
da un luogo andare a un altro luogo
senza una vera meta
senza che nulla di quel moto possa chiamarsi viaggio
distrazione di volti
mentre batte la pioggia. 

Alla tregua come al treno occorre la pianura
un sogno di orizzonte
con alberi levati verso il cielo
uniche lance, sentinelle sole.


Una sera d'inverno in città

Ora ha smesso di piovere. Dalla finestra il mondo è a gocce: 
un viso senza naso, occhi, labbra. Solo queste minute lacrime
sugli alberi e le case. Una in particolare si rischiara
dove qualcuno piange sulla sua poltrona
composto, fermo solo incerto se la casa somigli 
a quelle che abitò in passato e che confonde. 

Non è di nostalgia che piange, ma per il peso intero 
della pioggia, come se lui fosse il tetto 
che sopporta e si scrosta. 
Come se l’intero palazzo, gonfio di acqua e  pietra
rivelasse un’offesa. 

Una creatura può crucciarsi per questo, passare sveglia la notte
o replicare nel sogno la desolazione. Essere in un burrone. 
Stare lì tra la terra, nella pioggia che viene.

Ilustración: Pluie à Etretat, 1884, Claude Monet

viernes, junio 19, 2009

Antonella Anedda / Poema



Música

No son nobles las cosas que nombro con poesía:
están debajo del paladar, atentas, conscientes sólo del calor,
ignorando la lengua.
Se escuchan, oyen el movimiento, la onda de un eco,
que lleva rojas letras, destinos y un remolino de voces
perdidas -como siempre- en lo que es sombrío y profundo.
Digo luego otra vez: árboles, o mejor, plátanos,
atraídos por el agua y aferrados a la superficie de las piedras.
Esto sí que es difícil: cantar lentamente su milagro,
ese peso de luz, esa sombra
que se cruza con el viento y se expande en el olor del prado.
Todo es un cuerpo donde el alma llega con restraso
pero resplandece el otoño en los rincones y la palabra se forma
con su ritmo justo: en grumos, en vacío,
a saltos, dentro de los siglos.
Y no es la música lo que nombras sino un ruido de vajilla, de granizo
/que castiga las paredes.

Antonella Anedda (Roma, 1958), de Il catalogo della gioia, 2003
Viaggio in Italia. Ocho poetas italianos contemporáneos, traducción de Diego Bentivegna, ediciones Sigamos Enamoradas, Buenos Aires, 2009

Musica
No son nobili le cose che nomino in poesia: / stanno sotto il palato, attente, coscienti solo del caldo / ignare della lingua. / Se ascoltano, sentono il moto, l'onda di un 'eco / che porta rosse lettere, destini, e un turbine di voce / smarrite -como sempre- in ciò che è cupo e cavo. / Dunque di nuovo dico: alberi -anzi- platani /attirati dall'acqua e sostenutti ai bordi dalle pietre. / Questo sì è difficile: cantarne piano il miracolo / quel peso nella luce, quell' ombra /che s' incrocia col tempo e divampa sull' odore del prato. / Tutto è corpo che l' anima raggiunge con ritardo / ma sfolgora l'autunno in cantuccio e la paralola si forma / con il ritmo che deve: a grummi, a vuoti /a scatti dentro i secoli. / E non è la muscia che dici, ma un rombo di stoviglie, di grandine che batte contro i muri.


Foto: Antonella Anedda bassanonet