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jueves, abril 06, 2017

Angel Faretta / Horacianas, 2
















III

No llega la nieve a la cima de Vesubio:
hay imposibles que nos han sido dados.
Tampoco la dócil ternera busca el pial
que la sujete porque no ha sido aún
Vaquilla. Así es el mundo –Delfina-,
nadie puede cambiarlo. Las horas
pasan, los días también; quedan
tan solo unas auroras donde Eros
hizo de las suyas. ¿Es demonio
o niño? Desde el padre Homero
preguntamos eso. Safo -la de las
trenzas color violeta- lo supo
y lo olvidó en medio del frenesí
por su joven amiga. Lo supo Catulo
a su Lesbia prendido -como abrojo
del campo argentino- a su tortura.
La pasión manda pero es fugaz;
atada al tiempo, y ni las flechas
del hijo de Venus pueden hacer
que se afirme y dure como el cielo
infinito y como en el mar las olas.


IV

En noches y en auroras, Delfina,
se cree ser un dios hijo del sol,
un Aquiles, el más heroico varón.
Pero el mito siempre paga, tenemos
una herida que no cura, despierta
y mata cuando estamos a la Gloria
uncidos. Allí creemos escapar,
ser inmortales, llorar de placer
sobre una boca, nuca o senos.
Es Venus y su hijo flechador
que juega siempre con nosotros:
somos balón, disco y jabalina
somos pateados, arrojados lejos,
sin embargo estamos siempre
al mismo lugar mortal unidos.

[inéditos]

Angel Faretta (Buenos Aires, 1953)

Foto: Faretta, 2016, por JA

jueves, marzo 02, 2017

Angel Faretta / Horacianas















I

No renueva el mar la corriente
que ha dejado atrás junto a la resaca.
Así la memoria, Romina, no hace más
que ordenar las cosas a su manera.
Somos hijos, nietos, biznietos ya
de ese navegar lejano. No sabemos,
salvo borrosos recuerdos, las sirtes
y sargazos que tuvieron que atravesar.
Ahora aquí varados en parte, en parte
afincados, buscamos el ancla o el lastre;
no sabemos. Unos viejos dioses arbitrarios
parecen jugar nuevamente con nosotros.
Ya no en la borra del café ni en el vuelo
de las aves, sus entrañas, ni dados
ni números babilónicos nos consuelan.
Hijos y nietos tal vez del olvido aciago
vemos a través de esta costa sin mar
el fulgor arcano; rumores y olas lejanas.
No es bueno entonces disputar aquello
que une. No son dados ni naipes marcados,
es el sitio que elegimos, o así creemos
en la bitácora de navegación. Silencio,
es de nuevo aurora, hay que izar velas.



II

Tántalo va el cántaro a la fuente
que al final se rompe. En el mito
un juego arcano de palabras oculto.
Así también –Delfina- en el tiempo
que pasa y no se detiene, como
las olas del mar que empuja el
viento inclemente. Solo uno
cree saber qué destino es el suyo
cuando éste termina. El hilo
del huso, se corta o se acaba.
No podemos enrollar el carretel
nuevamente. De igual modo
la corriente del mar cambia
a su antojo o al arbitrio divino.
De la nave al timón aferrados
creemos llevarla a su destino,
pero nada, es solo madera
la arboladura, y lo demás.
No quieras saber entonces
más de la cuenta. La quietud
es la única respuesta posible.
Algo de lujo en los platos
o en las copas es bienvenido.
Aún la rosa en su rosal florece
un corto tiempo y se marchita.
Pero antes adornó tu casa y mesa.

[inéditos]

Angel Faretta (Buenos Aires, 1953)

jueves, diciembre 15, 2016

Angel Faretta / Jules Laforgue y el domingo

Jules Laforgue
           

Con la puesta en marcha de la movilización total no solo se modifica todo lo referente a la vida privada, sino que hasta puede decirse que ésta misma es creada por la propia movilización total. “Ocio”, “descanso”, “intimidad”, “privacidad” –ésta muchas veces opuesta en dudosa batalla con la primera-, así como también conceptos como “pasatiempo”, “diversión”, “recreo”. Ni hablar de “fiesta”, la que es sometida a toda serie de desfiguraciones, tanto tornándola feriado patrio o cívico obligatorios, sino vaciando lenta o drásticamente su contenido religioso.

 Todo ello lleva a lo que podríamos denominar aquí desfiguración del día domingo. En vez de día celebratorio, se vuelve día de escape hacia la diversión. Se lo dota vicariamente de toda serie de elementos flotantes y fantasmales atinentes al descanso pero también al sueño, es vuelto a un tiempo locus amoenus, isla particular donde refugiarse e imán o catalizador donde se funden confusa y apuradamente todas las cosas que se oponen, o que niegan momentáneamente a la constante movilización total puesta en marcha.

Su silencio recuerda, por su ausencia, la presencia sonora y constante de la vida fabril y de la producción industrial del resto de la semana. Ese mismo silencio se vuelve más pesadamente silencioso en el suburbio o extramuros, en el barrio que pasa a ser más un topos poético e imaginario, que un lugar preciso de habitación y de catastro. Es “el” o son los sitios -mejor dicho- diseminados a lo largo de la ciudad, pero generalmente en sus orillas y extramuros, donde el silencio y la ausencia de la percutida actividad industrial se oye y hasta se “vive” más.

Puesto que el “centro”, más que un lugar geográfico de orden e irradiación, se vuelve paralelamente lugar de caos, confusión e indiferenciación durante ese mismo día de cese de actividad industrial. Claro que aquí “en el centro” se la reemplaza por una sonora actividad de “diversión”.

 Así que barrio comienza a volverse lugar epónimo, tanto como lugar donde se percibe esa pausa en la actividad fabril, como y también la misma distancia sonora del bullicio de la diversión masiva y obligatoria desarrollada en el “centro”.

Así el compósitum domingo-centro-multitud será eje imaginario privilegiado de la poética surgida con la modernidad, aunque su mentor y acuñador –Baudelaire- viera todo esto –siguiendo al Poe de “El hombre de la multitud”- pero no pudiera en su poética crear una retórica, una métrica, ni un vocabulario adecuados que reflejara en su poesía tal novedosa situación. Será algo después con Jules Laforgue que se conseguirá de consuno una articulación entre lo que se descubre como visión y lo que se poetiza como vate.

 El domingo ya es bajo continuo en la obra poética de Laforgue, aunque si nos fijamos con detenimiento en todos los diversos poemas que escribiera  bajo ese título, tan solo uno responde en su despliegue a tener como diégesis al día domingo como tal. Más bien en su poética “dimanche” y “dimanches” son estados de ánimo, cifras y categorías humorales y mojones de una determina propensión melancólica que poco antes Baudelaire caracterizara como spleen.

Claro que también Laforgue tiene sus poemas titulados “Spleen” así como el propio concepto aparece en otros –“El invierno que viene”- como emblema y signatura anímica de determinada tendencia emocional-intelectual. Tal dualidad por otro lado es una más de las que rodean y cercan al estado anímico llamado spleen.

¿Qué es entonces esta nueva divisoria de aguas anímica acuñada por Laforgue donde “dimanche” no aparece como día sino como estado de ánimo que se separa o continúa por otros medios al spleen baudelairiano?

 Digamos que el “dimanche” es en la simbólica de Laforgue lo que el argot  es a su retórica y económica. Si este poeta es quien finalmente da la nota mayor y percute el bemol que hace definitivamente distintivas a la poética de la modernidad, lo consigue doblemente tanto al reconfigurar las imágenes que forman una simbólica, como la retórica y la métrica –si es que éstas no forman partes de la primera- forman una paralela y adecuada económica expresiva.
De allí que el dichoso verso libre –pero con rima- de Laforgue se consigue por una misma necesidad económica.

Si modernité es fluidez, discontinuidad, laxitud, movilismo permanente, Laforgue buscará con el vers libre volver hasta visiblemente gráfico ese mismo carácter discontinuo de la física de la vida urbana característica de esa modernidad. Por cierto será ese movilismo y laxismo permanente el que acuñará la quietud del “dimanche”, así como del propio “quartier” y de la “banlieu”, del barrio y del extramuros y su figura emblemática será el Pierrot. Ser lunar por excelencia vestido de blanco y negro, y que a diferencia de Arlequín que vive la parte diurna y feliz del carnaval,  Pierrot es quien vive su parte oscura y su melancólico fin de fiesta lunar.

Angel Faretta (Buenos Aires, 1953), La traducción de la melancolía. La poética del tango argentino como forma lírica de la modernidad. (Inédito)

jueves, octubre 20, 2016

Angel Faretta / Los padres capadocios















Los padres capadocios supieron del mal
aún encerrados en ese claustro familiar.
Lo supieron los tres, Basilio, el mayor,
y los dos Gregorios: el de Nisa
y el nacianceno, que se confunden.
Eran tres entonces, y crearon la hipóstasis,
es decir el concepto de la propia Trinidad;
tres manifestaciones de una misma ousía.
Los tres trabajaban en ese rincón de Capadocia,
entonces la Hélade y también entonces Roma.
Tras de Orígenes y los de Alejandría,
vieron que la filosofía pagana era griega,
como también ellos lo eran.
Y solo basta entender una cosa:
que son métodos: en griego,
precisamente caminos,
antes de llegar a la meta, la revelación.
¿Y por qué habrían de desdeñarse
los pasos previos de esa senda
que llevan a la meta?  El Amor son
esos pasos ¿Y si Eros fuera una máscara
tan solo que lleva por su fuerza motriz
hasta el banquete del pan y del vino?
Desdeñar lo anterior y decirle pagano
es simplemente desentenderse del tema,
echarlo a un costado, negarlo de facto.
El amor es niño y tal lo representan
y el camino no más que la vida
y la vida no es más que meta.
¿Qué es la ousía vuelven los tres
a preguntarse en el mismo griego
que Aristóteles en su biblioteca
¿O fue en las campañas de Alejandro?
¿Qué es esa substancia única y sola
de las que todas las demás vienen
y también de las que devienen?
Es un alfa, también un aleph, ya que los tres
también son hábiles en la lengua de Moisés.
 ¿Qué es?
 Se dicen, esa cosa única e inalterable.
No pueden decirla, sólida, palpable.
Buscan en su estudio noche y día
temen que sea necedad o manía
lo que los lleva a esa insistencia
de descubrir, nombrar la esencia
permanente de todas las cosas:
la luna, las alas de las mariposas,
el vino, la sal, el hambre, la sed;
de todo o casi todo, menos del café,
que no ha llegado hasta allí y tardará
en llegar. Pero sí de todo lo demás.
Basilio –dicen- es la acción, Gregorio
al que llaman nacianceno, el orador,
y a Gregorio de Nisa dicen pensador
¿En los tres hermanos también se da
entonces esa misma cualidad?
¿Son Basilio y los dos Gregorios faces
de una misma ousía permanente, hacen
cada uno una labor porque cada uno
representa el valor de un número?
¿O es esto sólo una fantasmagoría
el arrojar el número a una mayoría
donde se pierde su razón de ser?
Ser aquí es también el saber
que cada cifra no es ningún azar,
que cada cosa, sea par o impar,
representa a otras en el Cielo.
¿Pero no será eso resabio pagano?
y no el estricto pensar cristiano?
Los acecha esta duda a toda hora,
cuando oran, cuando yacen, cuando
comen higos, miel y pasas, y tanto
de noche como en pleno mediodía
temen que el demonio meridiano sea
el que los induzca a esta sofistería.


¿Qué es el mal? Dice Basilio
y ya al decirlo lo digo mal
-se dice-
Porque el mal no es, es
por no serlo, del ser el revés
tan solo.
Es un modo del decaer del bien,
una forma del desconocer,
porque mal es ignorancia.
No es entonces substancia
sino privación de la misma
en el bien el mal atisba
en el mal el bien presente está
siempre, aunque morboso;
mal es bien disminuido.
Así el enfermo alicaído
sufre la fiebre o el deseo
que tal vez son lo mismo.
Ambos miran al abismo,
ambos habitan en el lecho
o como vampiros del techo
cuelgan y acechan a toda hora.
Para llegar al mal no hay demora.
-Basilio con el cálamo apunta-
que el mal solo trasunta
la ausencia del bien.
Que mal no es
sino el dejar de ser.
¿Ser al revés?
Es una forma de decirlo


En el Ponto junto al Iris,
río que ven desde la ventana.
Allí un día, otoñal y gris,
Gregorio el mayor desde la cama
imagina todo aquello que lo desvela.
Lo ve en figuras, cifras y teoremas.
Mira eso sobre el muro y las penas
se diluyen con la sombra de la tarde.
Fue en Cesarea ¿o fue en Sardes?
Que atisbó lo que ahora ve,
calcado pleno sobre la pared
la figura de un dragón, un trasgo,
un ánfora o copa de líquido amargo
que le ofrece de beber esa silueta
al muro de su estancia adosado
¿Será posible una llaga a su costado?
Gregorio el mayor al mal figurado,
pueda llevarlo a temibles cálculos
de números y de letras y opúsculos
que lee a escondidas de su hermano,
el otro Gregorio que sabe más humano
de lo que se sabe él mismo. El mal
es esa otra cosa, tan sutil y corporal
a un tiempo, que sigue en movimiento
y sin embargo parece tomar asiento
en el vientre, la boca, y en el abajo
que muele, rumia, trabaja a destajo

[inédito]

Angel Faretta (Buenos Aires, 1953)

N. del A.
Basilio el Grande (330-379)
Gregorio de Nisa (332-395) hermano del anterior.
Gregorio Nacianceno (329-389)

martes, junio 21, 2016

Angel Faretta / Saturno en Puerta de Hierro










No dejaré que me castren,
lo haré yo antes,
ni que lleguen a mi Olimpo
custodiado por caniches.
Lo haré con la hoz sin el martillo,
con el cuchillo sin el gaucho
y el filo de mi voz repetida
una y mil veces y que dice
dos cosas al mismo tiempo.
Tengo que vivir todavía,
para ello me multiplicaré en copias,
consignas y videos -que es “yo veo”
en los Vedas. Serán todos parias
de mis órdenes duales.
En mi jardín de Epicuro complutense
sobreviviré a todo, a todo,
aún a mi propia leyenda.
La sangre joven, la carne fresca
es el mejor alimento para este dios ocioso
que tiene los dientes de un león herbívoro;
pero si no se come es excitante
verlo hacer a los demás.
La sangre derramada, la carne,
que desgarran jóvenes colmillos
nunca ahítos y que deben pedir más
y más carne en la parrilla sacrificial.
Soy el dios ocioso en puerta de hierro
cerrado a cal y canto al afuera,
sea historia, influencia, noticia.
No sé si volveré,
menos si seré millones,
Sí que dejaré una mancha imborrable
En el alma de todos mis hijos.

Estéril como soy,
tendré una larga descendencia
que guiaré, como el ogro del cuento,
hasta los desolladeros; llevados
por mi voz ronca de tanto grito póstumo.
En los extramuros,
en el limes de la civis
se levantan los desolladeros.
Una cruenta fiesta se prepara,
seré su severo arcángel exterminador.
¡Ay, ya no de los vencidos
sino de los convencidos!
Los he criado como sacrificadores
y serán los sacrificados en el altar.
No sacerdotes sino primicias,
las pingües carnes homéricas
vueltas casi núbiles presas
alimentadas con la avena
del progreso y el afrecho
de las vanguardias.

(inédito)


Ángel Faretta (Buenos Aires, 1953)
Foto: Ángel Faretta en FB

martes, mayo 03, 2016

Angel Faretta / Capricho










Esperando ahí, siempre en el rincón,
como un pariente pobre, casi paria
que pide no ser visto; pasar inadvertido.
Luchando por su vida en diccionarios
y en informes académicos; solo,
pero nunca final. Más aún, avisando
que el final llega; pero quiere decir
una o dos palabras más. Como orador
tímido o que se ha apartado del libreto.
Dependiendo siempre de un primero;
buscando su conjunción adversativa;
su “pero” que le franquee la puerta.
Orando por largas enumeraciones.
Lo motean de signo, pausa, siempre
doble; nunca puede ser esto o aquello.
Dos cosas; carga su doble geminiano
como una mochila o giba; imposible
de evitar ese peso, esa compañía
que lo hace indeseable en discursos
y en reportajes. Ni hablar en poesía
donde parece haberse disuelto
en un caos de regurgitaciones.
Así ya feo, olvidado, con pena,
se siente el punto y coma.

Angel Faretta (Buenos Aires, 1953), Donde hay una adivinanza, inédito
Foto: Angel Faretta en FB

jueves, enero 14, 2016

Ángel Faretta / Donatello parmi les fauves










Este libro brillante sofoca
la cristalina fuente donde la flor
se ahoga fuera del tratado botánico;
este libro brillante sofoca
la sordidez del estío que a todos
proclama y seduce con sus formas
opacas que conducen al almanaque;
este libro brillante sofoca
la necedad y necesidad del recién nacido
a la vida entre los escombros de la anterior
y las ocres ilustraciones de la anatomía;
este libro brillante sofoca
la oración del simple, del dócil y del necio
que ahuyenta los mismos demonios
de sus ancestros en los bosques
elevando túmulos y hogueras, satisfechos
con la sola proclama de la flama
trepando tremebunda hacia los cielos;
este libro brillante sofoca
a la loca decencia del cobarde
que escruta sus entrañas con predicciones
numerales y con códigos genéticos
tapando con las manos el estruendo
de la sangre, del trémulo
sonar de sus vísceras
que repiten su inalterable destino
desechando a manos llenas la forma anterior,
la pretérita e inédita clave del fracaso
de perpetuarse en modelo civil;
este libro brillante sofoca
la tenue conversación de interiores,
la lumbre, el vino, la dicha
de una amistad que anclara en los muelles
en la movible ciudad, un paisaje imaginario
con sus sapos y sus jardines armoniosos,
su fronda oscura o marchita,
la hosca dependencia del deseo ajeno,
la tórrida claridad del mediodía romano
y la necesaria simetría de la humedad porteña,
tendidas una y otra sobre el interminable mar
que no se resigna a situarse sobre un mapa
de singulares caracteres en escala
que este libro brillante sofoca.

Ángel Faretta (Buenos Aires, 1953), Cuestiones bizantinas (inédito)


Donatello parmi les fauves (Donatello entre las fieras) fue el epíteto despectivo que el crítico Louis Vauxcelles lanzara al visitar la primera muestra (1905) de un grupo de pintores -André Derain, Vlaminck, el primer Matisse, et al-, cuando viera a dos de las pinturas allí expuestas y en medio de ella, una escultura de Albert Marque de estilo neo renacentista. Como suele suceder desde el barroco, los jóvenes pintores  -a los que luego se uniría Georges Roualt- tomaron el término despectivo en polémico, y fueron conocidos a partir de allí, como les fauves. [N, del A.]

viernes, junio 19, 2015

Angel Faretta / El jardín de los viejos










El jardín de los viejos está cerca de tu casa.
Cuando salís para dar un paseo o a hacer compras
los ves sin mirar, detrás de la reja, en ese jardín
todo de piedra y con casas y molinos con gnomos.
No detenés el paso, tampoco lo acelerás como
quien huye. En la marcha entrevés caras grises,
huesos frágiles, pieles resecas, muecas rígidas
en todas las facciones y, más allá, alguien
disfrazado -y no muy bien- de enfermero.
El jardín de los viejos está muy cerca de tu casa.
Fue antes una casa donde entraste tan sólo una vez.
Recordás ahora al matrimonio anciano con ese acento
italiano que no pudiste relacionar -tal vez el Friuli-,
así como el papel multicolor, sedoso, en las paredes.
Esta es o fue una casa que quisiste comprar alguna vez
y que al ver los laberintos y los molinos del jardín,
hechos con un material que parece cartón o yeso,
recordaste que habían aparecido -escultor y casa-
en un suplemento cultural como cosa curiosa.
Ahora quedan tan solo dos de esas artesanías,
han destruido las demás para ganar espacio.
Ahora pasás casi a diario cuando vas por el pan,
cuando te acercás a la librería o das un paseo.
Es ahora el jardín de los viejos y está cerca de tu casa.


Angel Faretta (Buenos Aires, 1953), Propio laberinto, inédito

Foto: Angel Faretta en FB

jueves, enero 08, 2015

Angel Faretta / Sueño con Murena









…totalmente loco en el sueño.
Sentado en una suerte de jardín en ruinas,
ruinas de lo que fuera un parque
umbroso y de mucho arraigo.
Sentado en un banco de piedra.
Habla solo y alguien me dice
como fondo coral que está loco.
Con la lógica errátil del sueño
camino junto a él que está vestido
con los restos de un traje.
Cruzamos una enramada
y al llegar a un puente
tendido sobre un foso
no muy profundo,
veo que las maderas que lo forman
están podridas, hechas pedazos;
él cruza, cae, yo me detengo
y retomo mi camino.
Ahí el sueño se hace otra cosa
y se funde a otra dimensión
o, tal vez, a otra necesidad onírica.

Angel Faretta (Buenos Aires, 1953), Donde hay una adivinanza, inédito

Foto: Angel Faretta en FB

domingo, abril 06, 2014

Angel Faretta / Lontana III


               










        a Diego Bentivegna

Soñé por años que viajaba hasta vos.
El sueño era inquietante, una pesadilla;
perdía el avión o me perdía
en un lugar desierto y en un páramo;
luego no era reconocido al llegar.
Mutaban los actores y partiquinos
cumpliendo diversos roles oníricos;
a veces hacían muecas y befas
al recién llegado que era yo.
Todo se fundía y encadenaba
en un palimpsesto de pesadilla;
luego no podía ni articular
una sola palabra. Prego, ciao.
Nada salía de mi boca y garganta;
me quedaba mudo, estulto,
me mareaba en ese desierto
de neblina que no podía ser Italia.
Todo salía mal. El visado.
¿Pero por qué visado? decía
 ese yo de sueño y niebla.
Salía mal, me trababa, mudo,
carente de voz y de voto
a quien dirigirme. Fiumicino
era el Sahara con médanos
que caían a pique hacia un mar
furioso que no podía ser el mío.
¿Mío? Digo, el que fuiste a buscar
y que ahora no encontrabas.
Eran olas de escayola chocando
contra un farallón de cine.
El desierto se hacía una selva,
abigarrado bosque hiperbóreo.
No podía ser mi llanura y colina
Pero ¿eran esas tales las mías?
Donde estoy, me dije todavía
y creí, lo juro, decirlo en italiano.
¿Qué busco acá? ¿El vino, Dante
Capri, Horacio o el Campari?
Daba vueltas en la cama
y la cama era la nave
que me llevaba sobre las olas
de ese mar de escayola.
Sabía que dormía y sabía
que durmiendo estaba allá.
Al despertar no tenía una rosa;
solo un puñado de tierra
entre las manos.
La tierra olía a rosas.

Angel Faretta (Buenos Aires, 1953), inédito

viernes, octubre 04, 2013

Angel Faretta / Cosmogonía breve

Primero vi el mundo, solo y puro,
luego su sombra, y en un muro
vi también la puerta
que permanece abierta.
Ambas cosas olvidé después,
la puerta se cerró y entonces
el mundo no fue más que sueño
falto de telón, color y empeño;
llevó a hartarme fastidiosamente
llegando a creer inevitablemente
que era el absurdo culpable.
Más aún: esposo y madre
de todo aquello que brotaba
frutando de una raíz muy mala.
Fui entonces al otro lado,
detrás del muro y el encalado,
a ver si la puerta
continuaba abierta
o estaba definitivamente cerrada
cambiando mi destino en esa nada
que parece la vida cuando el mundo todo
rotundo se esfuma, ahogándose en lodo.
La puerta no se había cerrado, pero sólo
una estrecha franja permanecía abierta;
su exigua luz de estrella muerta
semejante a la vieja puerta.

Angel Faretta (Buenos Aires, 1953), Propio laberinto, inédito

sábado, junio 08, 2013

Poemas elegidos, Faretta (eludimos el número inconveniente)


Angel Faretta
(Buenos Aires, 1953)

Oscuridad, de Silvina Ocampo
En la lírica moderna el yo, o una proyección particular y vicaria del yo, se separa, eleva o rebaja para ser una suerte de cámara móvil que describirá aquello que la otra mitad sufre o padece -difícilmente goza. Y si lo hace es para reflejar especularmente tanto lo efímero de ese goce como, tras la huida del placer, el regreso doloroso -nóstos álgos- a lo trágico cotidiano. Porque es eso lo que ha sucedido con lo trágico y la tragedia, se han vuelto cotidianos, diarios. Por eso el cine y la poética del tango y el regreso de la representación melodramática.
Una voz se separa de lo que la otra voz padece. Este padecimiento puede ser también lo que la voz primera recuerda -i. e. líricamente- de lo sucedido a esa segunda voz que está en un pasado de relación especular con ese presente lírico. Si ello es así, este poema de Silvina Ocampo leído en mi in illo tempore particular y vuelto a releer con los años, cumple todas las condiciones antes dichas. También con el empleo, desvío o transformación lírica de los objetos seriales y maquinales producidos ad nauseam en la ciudad moderna industrial.
¿Qué fermentos y leudantes dieron a mi propia poesía? Lo dejo para los tenaces pero benevolentes lectores críticos.


Oscuridad

Tal vez nadie te ame como te amé aquel día.
No yo misma. Qué oscuro estaba el aposento.
En la dicha que fue también padecimiento
tu clandestinidad era, en tinieblas, mía.

Las cortinas metálicas y las ruedas que giran,
el confuso rumor de ascensores, los cables,
en el viento afilado las escalas variables,
los gritos ambulantes, con voces que se estiran,

no anunciaban que afuera persistieran las cosas
como siempre: las tiendas, la gente, los carruajes,
los letreros políticos, las miserias, los viajes,
los portafolios rotos, los zapatos, las rosas.

Y para recordarte, sin querer, en mi olvido
compuse este catálogo de sonidos diversos
ahora descifrables, antes vagos, dispersos,
que paulatinamente adquirieron sentido,

rostros, mitos y luego complejas vestiduras,
rituales perfecciones, edificios de frente,
en esa luz que a veces aun sin amor consiente
como la eternidad a elaborar figuras.

Silvina Ocampo (Buenos Aires, 1903-1993)

miércoles, octubre 17, 2012

Angel Faretta / Lontana II




Lontana II

      a Rafael Cippolini

Mi Italia no es la tuya
compañero o correligionario.
No.
Mi Italia es otra
en parte deseo
en parte sueño.

Mi Italia está hecha
de traducciones
de escolia y nota bene
a esas traducciones.

Es una Italia
en parte dialectal
en parte florentina,
en parte romana,
en parte bizantina.

Tiene diversas caras
y una sola faz,
es guerra y paz,
falta de medios para el pasaje
o de oportunidad histórica
para el exilio o el raje,
digo esto en argentino,
tal vez más cristalino
que mi italiano hablado
o leído.

No, mi Italia no es la tuya,
güelfo o gibelino
es de un argentino
para quien Italia
no es una patria
o geografía
sino una idea.

Angel Faretta (Buenos Aires, 1953), inédito

Ilustración: Paesaggio umbro, 1940, Carlo Carrà

viernes, abril 13, 2012

Angel Faretta / Rito de pasaje






Rito de pasaje
                   
               a Jorge Aulicino

Aquel año mi padre no podó la parra,
ese pedazo de Italia en nuestro patio,
como siempre lo hizo todos los años
y así desde que yo podía recordar.
Era para agosto, para santa María.
Esa vez tuvo que llamar a un vecino
que lo hizo con estolidez y apuro
en cobrar la plata que se le pagó.
Mi padre tenía casi noventa años,
poco después, una noche, se murió.
Nunca podé la parra, vendí la casa,
luego de muchos años, acá estoy
en el otro extremo de esta ciudad
cada vez más confusa y me temo
que ajena. Por más de diez años
soñé que volvía todas las noches
a la casa paterna, clandestinamente.
Con lógica onírica conservaba la llave
de la puerta. Claro que ahora era
todo un intruso, me colaba allí,
me deslizaba primero por el jardín,
luego por pasillos y por recovecos
pero nunca volví a ver la parra:
el patio del fondo me estaba vedado
ahora también en sueños. De pronto
debía huir de allí. Los nuevos dueños
llegaban súbitamente. Era ya mañana,
tenía que escapar y estar de nuevo
acá, para despertar en esta otra casa.
Luego el desasosiego me acompañaba
el resto del día. Una sensación extraña
la de ser extraño y la de extrañar
mi propia y vieja casa paterna.
Como digo, esto se repitió por años,
diez al menos. Luego salió un libro
y enseguida otro. Cesó ese sueño.
Ahora de mis libros soy el dueño.
Otra casa, ésta a fuerzas de palabras
edificada y alzada también con otras
ansias e ilusiones. La parra, la viña,
el árbol total y el propio eje vertical
siguen creciendo en mí, en la sangre,
corre en las venas y las arterias letradas
de cada palabra que escribo, como éstas.

Angel Faretta (Buenos Aires, 1953), inédito

Ilustración: La stanza, 1965, Carlo Carrà

miércoles, enero 04, 2012

Angel Faretta / Ocasión


Ocasión


Hay una foto de Montale
en la que no sé que tiene
sobre su mano.
Parece sostener un pequeño
pájaro de papel
o alguna cosa similar.
Está junto a un radiador
en un pequeño interior,
las estrías del calefactor,
y un pequeño cuadro
detrás de él.
Viste una camisa a rayas
tal vez una robe o un pijama,
algo para estar en casa;
se adivinan unas pantuflas
o esas zapatillas de fieltro
como las que mi padre
usaba en los últimos años.

Angel Faretta (Buenos Aires, 1953), Cuestiones bizantinas, inédito. Diario de Poesía n° 83, 2011
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Foto: Eugenio Montale (1896-1981) s/d

domingo, mayo 01, 2011

Angel Faretta / Agrícola con interrogantes





Agrícola con interrogantes

a Mirta Rosenberg

Una lechuza remplaza a la madre, es sabido;
Se tiende frente a la cuna
Ofreciendo su pecho:
Blanco plumón de mal augurio;
Una lechuza sin embargo,
Deja estelas de conformidad
A la leyenda que hace de ella
Un ave de presa convertida
A una domesticidad augural.
Emblema que se posa sobre el hombro
Aún el de mármol más vetusto,
Clave de Minerva,
Usos y costumbre de lustral período,
Se tiende en su lecho:
Que ella misma se fabrica
Con hierbas secas de aulaga y esparto.
Huye del sol, sombra indecisa,
Se junta a la sombra de un peral
O de un enebro; dulce conjura
De quien sabe acechar su vuelo
Entre un nocturno cielo de imprecisas,
Suaves canciones apenas entonadas,
Dichas, entonces, entre el abandono de medianoche;
Tersa estela de peregrinos llamados,
Calma quieta de estelar medida
Que mece, como una madre de ornitológica belleza,
Una cuna, latido de ébano embadurnado,
Un matiz lechoso, un barniz,
Que en sus garras desafía al tiempo y a la noche;
Una madre cordial y sustituta,
Rima fácil para prostituta.

Angel Faretta (Buenos Aires, 1953), Cuestiones bizantinas, inédito


Ilustración: Palas, 1898, Gustav Klimt

miércoles, abril 13, 2011

Angel Faretta / Navidad



Navidad 2010

Igualmente volvés a nacer
Y el pesebre es ahora el mundo
Tan lleno de estiércol y mugre.
¿Vendrán los magos de Oriente
O estarán más que desorientados
Frente a este enorme emporio
Y no un imperio al que oponer
Otra ley o mejorar la anterior?
Igualmente volvés a nacer
Por estas fechas invernales
Que aquí son vernales
Y hasta nos cuesta sentir
Desde este lado del mundo
Lo que habrá sido esa noche.
Buscar un refugio en vano,
Posadas y casas de hospedaje
Hasta que marido y mujer,
Dieran con este henil tibio.
El asno puesto a la izquierda
Pero el buey a su derecha
Recordando que ambas fases
Vuelven a estar presentes
Esa noche, tan fría allí
Y aquí tórrida y estrepitosa
Entre colgajos colorinches
Y petardos multicolores
Donde volvés a nacer.
No importa el gordo barbón
Vestido de rojo como la puta
De Babilonia y sus llamados
A comprar tantos cachivaches.
Aún en medio de todo eso
De esa mugre barata y bastarda
Volvés de nuevo a nacer.

Angel Faretta (Buenos Aires, 1953), inédito

Ilustración: Imagen del Nacimiento con el profeta Isaías señalando la estrella, catacumba de Santa Priscila, Roma, c. fines del siglo II

lunes, enero 24, 2011

Angel Faretta / Libero arbitrio



De libero arbitrio

Mi amor como una marioneta
que escapa y tira de las cuerdas,
buscando huir y estar de vuelta
de aquello que lo lleva, tensas

sobre un abismo sólo limitado,
cuatro costados estrecho tinglado,
los roles otorgados, mecanismo
actuado y dirigido por el mismo

director de escena y guionista,
titiritero y muñeco que salta
a un tiempo y a otro marca

el pie, la escena, da la pista
del nombre del autor que, finalmente,
es El -¿o Él?- mismo, como siempre.


Angel Faretta (Buenos Aires, 1953), inédito

Ilustración: Carnaval del Arlequín, 1925, Joan Miró

domingo, diciembre 05, 2010

Angel Faretta / Tango




Tango

Eras el último tren de la última estación,
Para salir de allí
Y te perdí.
Eras el último remedio, la última medicación
Para curar allí
Y te perdí.
Eras la última puerta más o menos abierta
Para salir de esa habitación desierta
Que estaba allí
Y te perdí.
Eras el primer eslabón temprano
Para encadenar mi vida de tu mano
Sentada allí
Y te perdí.
Eras la última escena de un famoso film,
-Tal vez demasiado- donde te dejaba ir
Con otro a tu lado sentado allí
Y te perdí.
Eras del último piso la amplia terraza
Dispuesta para que el sol tomara
tirado allí,
Y te perdí.
Fuiste todo eso y no supiste o no quisiste
Aceptar. Como un rol secundario no quiere
Tomar la actriz principal del reparto.
Yo que estaba tempranamente harto
De mi propio rol,
Te deseé como al gol
Desea el delantero frenético frente al arco,
Como el marine en la playa el desembarco
Como el ciempiés llegar quiere a la meta
Más allá de su centenaria tracción concreta.
Te deseé hasta como el monje desea la impotencia
Que lo vuelva casto y sin demasiada ciencia
Y como el melodrama busca alcanzar la pasión,
Es que -sabés- fuiste todo, el roce, la emoción,
La reina de la colmena y la diligente obrera
Que fabrica su miel a destajo
Y eras hasta el mismo zángano en la colmena.
Pero te fuiste sin decir adiós y abajo
Se fue toda mi fantasía
De hacerte por siempre mía.
Para peor te tuve en esos instantes
Que son ahora detalles infragantes
Pululando en los pasillos mentales
Donde te aparecés en tales y cuales
Cuando no hago más que recordarte:
Es que lo eras todo, el medio y la parte.



Eras como la guinda en la copa Melba
Y la claridad vernal en mi isla desierta.
Estabas allí,
Y te perdí.
Eras la fantasía hecha realidad carnal,
Vestida o desnuda en peso y cantidad,
Puesta allí
Y te perdí.
Eras la Patagonia para el conquistador,
El cero y el infinito para el cuestor,
La galerna dejada atrás por el marino
Y tema para el poema al que no me animo
Todo eso eras, sí,
Y te perdí.
No había otra, eras perfecta,
Para el geómetra la línea recta
Y para el ansia sedienta
La despensa abierta.
Siempre allí,
Y te perdí.
Te busqué después en otras mujeres, damas
niñas, mozas, adolescentes y hasta en ancianas,
pero ninguna era como vos,
Del caballo la coz
Y del ciervo la cornamenta
Del prado en flor olor a menta
Y de todo cuerpo humano creado
El torso, el rostro y el todo anhelado.
Siempre ahí,
Y te perdí.
Mirá vos qué cosa
Lo de la mariposa
Como un ejemplo de gracia
De lo poco que dura el ansia
Era nada más que la verdad.
Siempre nos pierde la ansiedad
Ante lo perfecto en forma humana
La piel, las nalgas, la carne lozana.
Serás ahora, quién lo sabrá,
Ama de casa, madre o quizá
Vieja, fea, quizás hasta tuerta,
O una carroña en la tierra muerta
Se han escrito miles de canciones
Sobre estas venganzas y rencores
Pero no aquí,
Donde, en estos versos, no te perdí.


Angel Faretta (Buenos Aires, 1953), inédito


Ilustración: La sombra como un río, 1998, Carlos Gorriarena

martes, agosto 03, 2010

Angel Faretta / Dos poemas




Lontana

“I ricordi, un inutile
infinito”
Ungaretti

Tú no sabes de Italia
Alguna otra cosa
Que llamarla
O nombrarla.
Apenas escuchas voces
Que la reclaman
Por ti
O para ti.
En vano de alguna de ellas
Transcurre su grito
En moderado silencio;
En vetas preciosas
Se esparce por la tarde.
Al tramonto
Se lo llama
-entre nosotros-
atardecer.


Contraria suerte

“Frappés au flanc tous deux pour
un double mystere”

Gerard de Nerval

Estoy apurado en otro lado
Dice quien se sienta
En esta mesa y en la otra
Bebiendo en la una
Y extrañando a la remota.
Las paredes de esta casa,
Esta tarde, este sillón, el té,
La mesa, la flor cercana
Que en el balcón dicta
Primavera temprana
Eso no está en el presente tuyo,
Es un puente para estar en el futuro.
Así no descansa quien cansa al otro.

Si yo bajo esta escalera
O dibujo esas nubes tersas,
Es siempre en otro tablero
Dispuesto de antemano
En otra sala y otra casa.
Si esta mano toca este lugar
La otra se adelanta en replicar
Tocando el extremo opuesto
Que se dilata hacia el rincón
Oscuro y en penumbras
Donde mi padre espera
Por toda la otra eternidad
Más doméstica y epicena.

Siendo yo el que sale
Y siendo el que entra
A la misma pieza y mira
Por la misma ventana
No es en todo caso
El mismo que ahora siente
El deseo de marcharse,
Irse afuera, caminar,
Estrechar otras manos
Y oír otras voces,
Entrar en otro patio,
Pisar otro empedrado
Mirar la magnolia
En su maceta roja
Que permanece en otro
Patio que fue y es el mío.

Si ahora digo adiós,
Asiento lentamente
E inclino la cabeza
Con delicada humildad
Y muy serenamente,
Es que estoy pidiendo permiso
En otra entrada,
Un umbral en penumbras
Que me recibe y me despide.


Angel Faretta (Buenos Aires, 1953), inéditos

Ilustración: Piccolo porto al tramonto, siglo XIX, Vittorio Avondo