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lunes, diciembre 13, 2021

Alicia Genovese / De "Oro en la lejanía"



Las migrantes

Un sonido invasor 
como una sierra en el vecindario,
una sombra negra que tapa
la luz del mediodía,
un enjambre de abejas 
irreconocibles
en ese delirio de bacantes.
Zumba el jardín sin inocencia
en la nube amenazante 
que busca dirección.
Migran, dejan
la colmena improvisada,
el hueco 
en lo alto del muro
que fue su asentamiento, 
dejan el revoloteo en la lantana,
el murmullo alrededor 
de las rosas.  
Ni las lluvias intensas,
ni la humareda
de hojas secas
lograron ahuyentarlas,
solo plegaban sus alas
indiferentes y callaban.
Adónde irán ahora 
en superpoblación; 
en esa furia sonora
¿qué intuyen?
¿Cuál es la ruta de la seda,
el hogar para la miel?
No es Ceuta, no son las Balcanes,
no es la frontera de Tijuana
esta orilla.
¿Adónde iremos abejas
en la destemplanza?
¿Cuál será la vía 
que otorgue un presente,
el rumbo que evite otro error?
Yo tampoco sé prever, nunca supe
si el hueco ofrecido era suficiente.
Subiría a ese remolino
subiría a ese cielo
y que los ojos facetados, 
avizores me traigan 
el oro de la lejanía. 


Muelle contiguo

Un muchacho en el muelle contiguo
se desviste; un jean, 
una camisa de trabajo.
Se zambulle triunfante en el río 
como si desde mucho antes
hubiese planeado hacerlo.
La luz cae y él forma 
figuras de tai chi en el agua.
Un ala de garza, una grulla quizás
y vuelve a sumergirse;
una coreografía de vuelos
que habrá ideado
en medio del cansancio,
del brumoso embotamiento.
Sube la escalera del muelle empapado
y como un biguá 
extiende los brazos para secarse.
Solo, agradecido,
entre esos últimos rayos del día
que espejean sobre el agua.

Alicia Genovese (Lomas de Zamora, Argentina, 1953)

Oro en la lejanía
,
Gog y Magog,
Buenos Aires, 2021










Foto: Alicia Genovese por Silvia Castro Alicia Genovese/Facebook

jueves, octubre 04, 2018

Alicia Genovese / Las cosas perdidas















¿Cuál es el lugar donde las cosas
se pierden?
Guardé un cutter en una caja,
pero olvidé la forma de la caja;
desde su cueva me estará mirando
dar vueltas al buscarlo. Oh cutter!
Yo estoy en una cueva también
y por arriba pasan mastodontes,
inexplicables deseos,
reptiles viscosos del tamaño
de una habitación. Estoy en el lugar
donde las cosas
se pierden;
escasos desplazamientos
y la señal comunicativa
reducida al mínimo.
Esto es negro, esto
blanco, me digo
y la clasificación tranquiliza
como lo que cabe
ordenado en una maleta.
Lo necesario, lo actual
y en uso; solo lo suficiente
para un viaje,
digamos un repliegue.
Esto negro y esto blanco,
pero en las gamas intermedias
el no saber. El universo
no es tan escueto,
brilla en los descartes,
respira en la descolocación.
Estoy descolocada y viajo
hacia el fondo de una caverna,
ahí la especie conjuraba
bramidos de bisontes.
Ir, volver
no es el mismo camino.
Abrir, cerrar
¿dónde estará la llave?
la dulzura abre
la violencia cierra.
Esta flor de cactus
tuvo abierta la desmesura
de su única noche
y apagada ahora
arrincona su agua.
Cuevas, casas, cajas,
estoy en el lugar
donde las cosas
se pierden.

Alicia Genovese (Lomas de Zamora, Argentina, 1953)

La línea del desierto,
Gog y Magog,
Buenos Aires, 2018









Ref.:
La Nación
Clarín
Página 12
Eterna Cadencia

Foto: FB

domingo, diciembre 20, 2015

Alicia Genovese / Dos poemas










Tormenta tropical

El ventilador de techo
gira ruidoso en medio
de la tormenta tropical;
cada relámpago lanza
una espada de luz
que se deshace contra la pared.

En la atropellada el viento
desestabiliza las aspas
barre la habitación desaforado
como el viraje
que te deja dando tumbos
frente a la crueldad fuera de cálculo.

Los containers se vuelcan
las raíces se destripan
la arboleda se dobla y aúlla;
el paisaje, esa belleza que te sembró
de horas absortas,
se desarma en sacudidas;
estalla en chaparrones
la pesadez del calor.

Pero el agua es la calma
el goterío
la serenidad de la constancia,
un torrente de bautizo
donde tendrás que morder
el grano de sal que te ha tocado

lluvia,
alegría perpendicular.



Objetivas azaleas

Las azaleas se reabren
silenciosas y salvajes.

La lluvia torrencial
no ha podido convencerlas
de lo adverso y lo definitivo.

Sus campánulas
bajo el sol tibio se despegan,
repatriadas a su forma.

Ya no hay desarmonía,
no hubo
devastación.

Alicia Genovese (Lomas de Zamora, Argentina, 1953)

La contingencia,
Gog y Magog,
Buenos Aires, 2015








miércoles, diciembre 04, 2013

Alicia Genovese / De "Aguas"












Thales imaginó la tierra
como un plato flotando
sobre el océano
y dijo que todas las cosas,
agua en su origen,
estaban llenas de dioses.
“Animadas” interpretó luego
la hermeneútica,
pero él lo decía
mientras frotaba
un trozo de ámbar
y briznas de pasto
se le adherían sin explicación;
mientras apoyaba un imán
contra el metal
de una armadura
y la piedra se detenía
como sus ojos atentos;
mientras alcanzaba
la altura de Keops
midiendo en la arena
la sombra proyectada.
Causas, ese más allá,
perseguía Thales,
en su universo
atravesado por ríos
y oscuridad
de dioses enérgicos.
Causas,
cuando el Delta del Nilo
hacía brotar en las mareas
los papiros, el loto,
y el sol de Mileto
caía desarmado
sobre el mar Egeo.
Anaxímenes propuso el aire
y Heráclito el fuego,
pero el agua
fue para Thales el principio,
la omnipresencia ordenadora.
Un ojo de agua
se abría en todas
y en cada una de las cosas
hasta volverlas físicas
y maleables.
Ningún filósofo aún
había separado el agua
de la idea del agua,
ni existían
mundos paralelos,
ni especulaciones
que el agua
no pudiese atravesar.

Alicia Genovese (Lomas de Zamora, Argentina, 1953)

Aguas,
Ediciones del Dock,
Buenos Aires, 2013






lunes, febrero 18, 2008

Alicia Genovese / Un volantazo pavloviano














La conductora

El auto coleó descontrolado
en la vía rápida;
en la curva conocida
a más de 100
el volantazo pavloviano
esquivó las rejas,
la ligustrina
y se clavó, entre una y otra
como en boxes;
daños mínimos
y dos gomas desinflándose

La conductora abrió la puerta
y bajó al lento
mundo del césped
Siguió la serpiente
de los neumáticos
en el asfalto,
sus obsesiones calcadas
en la huella de caucho,
y la muerte se le incrustó
en el estómago
como un volante

Vio lo cerca que está
lo que está a distancia
y el breve espacio
de maniobra
Recogió las tazas,
un trozo de retrovisor,
disuelta la golosina
de la velocidad;
deformadas las llantas
por la ley de Newton,
la inercia, la tristeza
que no puede saltearse
Recibió a los ángeles
en medio del tránsito urbano

Una nube blanca le atravesó
de lado a lado las sienes
y una respiración asmática
la curaba
cuando el paseador de perros
se acercó corriendo, preguntó
y la miró con ojos grandes:
caminaba
con movimientos normales
alrededor de sí.

Alicia Genovese (Lomas de Zamora, Argentina, Argentina, 1953)

La hybris,
Bajo la Luna,
Buenos Aires, 2007










actualizado ago 2020