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jueves, noviembre 16, 2017

Alfonso Gatto / Las cosas
















Un día golpearán en cada casa,
quien vive ya es culpable de tener
su vida a solas. Cuando baja oscura
la noche, uno se queda tras los vidrios
aguardando que llegue el vasto absurdo
de la quietud. Está en las mismas cosas
de siempre, siempre en su lugar, la nueva
mirada pétrea: la desierta esquina
pone a salvo al que huye o bien lo embate
de cara al pelotón. Parece un vano
delirio este creer aún en las cosas.

Alfonso Gatto (Salerno, Italia, 1909 – Orbetello, Italia, 1976), Giornale di due inverni (1943-44 e 1964-65), Mondadori, Milán, 1972
Versión de Pablo Anadón

Otra Iglesia Es ImposibleDizionario Biografico Treccani - Italian Poetry - PoeticusEl Trabajo de las Horas

Foto: Revista Quimera s/d

LE COSE

Un giorno busseranno ad ogni casa, 
chi vive è già colpevole d’avere 
la sua vita segreta. Scende il buio 
della notte, si resta dietro ai vetri 
ad aspettare come giunge il vasto 
assurdo della quiete. È nelle cose 
di sempre ferme al loro posto il nuovo 
sguardo impietrito: l’angolo deserto 
mette in salvo il fuggiasco o per lo scarto 
gli affaccia la sua muta. Sembra un vano 
delirio questo credere alle cose.

miércoles, abril 09, 2014

Alfonso Gatto / Una madre que duerme

















Una madre que duerme
llueve en dulzura dentro de sí,
como una gruta,
y en el fondo de la luz tiene a su niño.
Una madre que duerme
duerme al abrigo ardiente de una fiera
que la mira, mansa.
Es una noche dulce
en las pupilas
de su onda quieta.

Alfonso Gatto (Salerno, Italia, 1909– Orbetello, Italia, 1976), La forza degli occhi, Mondadori, 1954
Versión de Jorge Aulicino


Una madre che dorme

Una madre che dorme
piove in dolcezza dentro di sé
come una grotta
e in fondo al lume ha il suo bambino.
Una madre che dorme
dorme al panneggio ardente d'una fiera
che la guarda mansueta.
È una dolce sera
in mezzo alle pupille
della sua onda quieta.

Foto: La Voce

lunes, marzo 10, 2014

Alfonso Gatto / Casi un recuerdo




Encontrarnos por azar nos pareció
en la hora olvidada.
Era la estación amarilla en el verde.
Un ciclista, extraviado el camino,
bebía recuerdos en el fondo de los ojos.
Pero todo es eterno para quien pasa,
hasta el nombre oído alguna vez.

Alfonso Gatto (Salerno, 1909–Orbetello, 1976), La forza degli occhi, Mondadori, 1954
Versión de Jorge Aulicino


Quasi un ricordo

Incontrarci per caso ci parve
nell'ora dimenticata.
Fu la stazione gialla nel verde.
Un ciclista perduta la via
beveva ricordi in fondo agli occhi.
Ma tutto è eterno per chi passa,
anche il nome udito una volta.

Foto: Unico s/d

miércoles, octubre 20, 2010

Alfonso Gatto / Tres poemas




Invierno en Roma

Los chicos que piensan en los ojos
tienen el invierno, el largo invierno. Solos,
se apoyan en las rodillas para ver
en la mirada iluminarse el sol.
Más allá de ellos, en el cielo, las chicas
en los hilos luminosos de la lluvia
se tocan los cabellos, caminan solas,
riendo con los labios agrietados.
Han pasado con los siglos palabras
de amor y de piedad, pero las chicas
apretando el chalcito, caminan solas
solas en el cielo y en la lluvia. El techo
gotea sobre los pajaros desde el alero.


Hostería flegrea *

¡Qué constante de nada a la nada absorta
la luz en el polvo! La puerta
al verde oscila, la imprevista llama
del soplo es breve.

Mira fijo el búho
la envidia de la vida,
el despreocupado que bebe
en el emparrado azul en su lava
y al sereno de la muerte invita.


El Dios pobre

El Dios pobre en el ala de la noche
al impetuoso grito alzaba el rostro,
al pensamiento remoto que lo llama.
Y sonriendo creyéndose sutil
sin rumor con su paso igual
en la dulzura de ser creía.
Parecía de sí mismo enamorado, bueno,
por amar con palabras que las manos
acompañan largamente, las palabras
comunes que no parecen nunca dichas.
Pobre Dios de los pobres de Milán.

Alfonso Gatto (Salerno, 1909–Orbetello, 1976), Osteria flegrea, Mondadori, Milán, 1962
Versiones de Jorge Aulicino

* De Campi Flegrei, zona de origen volcánico al noroeste de Nápoles (N. del Ad.)


Inverno a Roma

I bambini che pensano negli occhi
hanno l' inverno, il lungo inverno. Soli
s' appoggiano ai ginocchi per vedere
dentro lo sguardo illuminarsi il sole.
Di là da sé, nel cielo, le bambine
ai fili luminosi della pioggia
si toccano i capelli, vanno sole
ridendo con le labbra screpolate.
Son passate nei secoli parole
d' amore e di pietà, ma le bambine
stringendo lo scialletto vanno sole
sole nel cielo e nella pioggia. Il tetto
gocciola sugli uccelli della gronda.


Osteria Flegrea

Come assidua di nulla al nulla assorta
la luce della polvere! La porta
al verde oscilla, l' improvvisa vampa
del soffio è breve.

Fissa il gufo
l' invidia della vita,
l' immemore che beve
nella pergola azzurra del suo tufo
ed al sereno della morte invita.


Il Dio povero

Il Dio povero all’ala della sera
al rapinoso grido alzava il volto,
al pensiero remoto che lo chiama.
E sorridendo a credersi sottile
senza rumore col suo passo eguale
alla dolcezza d’essere credeva.
Parve a se stesso innamorato, buono,
da amare con parole che le mani
accompagnano a lungo, le parole
comuni che non sembrano mai dette.
Povero Dio dei poveri a Milano.


Imagen: Océano, 1911, Piet Mondrian

martes, octubre 12, 2010

Alfonso Gatto / Amor de la vida




Amor de la vida

Veo los grandes árboles de la noche
que elevan los cielos de los bulevares,
las carrozas de Roma que a las tumbas
de la antigua Via Appia llevan la luna.

Todo de nosotros largo tiempo tuvo la muerte.
Largo el camino fue por la noche,
de miradas a cada casa, y más allá el cielo,
en las luces ascendentes de los campanarios
¿a los nombres azules de los carteles,
el corazón nunca más responderá?

¡Oh, entre las ramas goteantes de casas y cielo
el cielo de los bulevares,
cielo claro de golondrinas!

Oh noche humana de nosotros absortos
hombres cansados hombres buenos,
nuestro dulce hablar
en el mundo sin miedo.

Volverá volverá,
en un salto el corazón
despierto
¿tendrá palabras?
¿Llamará a las cosas, las luces, los vivos?

¿Los muertos, los vencidos, quién los despertará?

Alfonso Gatto (Salerno, 1909–Orbetello, 1976)
Versión de Jorge Aulicino


Amore della vita

Io vedo i grandi alberi della sera
che innalzano i cieli dei boulevards,
le carrozze di Roma che alle tombe
dell' Appia antica portano la luna.

Tutto di noi gran tempo ebbe la morte.
Pure, lunga la via fu alla sera
di sguardi ad ogni casa, e oltre il cielo
alle luci sorgenti ai campanili
ai nomi azzurri delle insegne, il cuore
mai più risponderà?

Oh, tra i rami grondanti di case e cielo
il cielo dei boulevards
cielo chiaro di rondini!

O sera umana di noi raccolti
uomini stanchi uomini buoni,
il nostro dolce parlare
nel mondo senza paura.

Tornerà tornerà,
d' un balzo il cuore
desto
avrà parole?
Chiamerà le cose, le luci, i vivi?

I morti, i vinti, chi li desterà?


club.it
 
Foto: Poesía, di Luigia Sorrentino RAI News enero 6 2020

lunes, octubre 11, 2010

Alfonso Gatto / El caprimulgo




El caprimulgo

Volverá siempre la ironía serena
del sortilegio sobre tus corolas,
flor deshecha.
Y tú que vuelas y lloras
chillando, con tus grandes ojos oscuros,
oh caprimulgo de plumaje muelle,
lo oscuro siempre engullirá la noche
de las mariposas negras, las lustrosas
cucarachas ante las que el hombre misero
obliga a las manos y los ojos a respetarlas,
humanas por la piedad en sí.
Por la escalera de los infiernos desciende
el consenso perenne, la ordenada
congregación de las víctimas celebrantes.

Oh medida del hombre, en sí mismo pintado,
constreñido más allá de la muerte -momia a salvo
tras la pantalla de las manos-
a no tener más límites; abstraída
está la fuerza latente, la oruga
insomne de la materia que nos esboza y sigue.
Un fenómeno oscuro el devenir
el énfasis sordo que en sus palabras
ya no cree, pero jura. Aún desciende
esta escalera de los negros infiernos y el informe
que pide un sentido, manía de figuras.

Alfonso Gatto (Salerno, 1909–Orbetello, 1976)
Versión de Jorge Aulicino


Il Caprimulgo

Tornerà sempre l' ironia serena
del sortilegio sulle tue corolle,
fiore disfatto.
E tu che voli e piangi
stridendo coi tuoi grandi occhi oscuri,
o caprimulgo dalle piume molli,
il buio sempre ingoierà la notte
delle farfalle nere, le lucenti
blatte in cui l' uomo misero rattrae
le mani e gli occhi a rispettarle,
umane della pietà per sé.
Per la scala degli inferi discende
il consenso perenne, l' ordinata
congrega delle vittime plaudenti.

O misura dell' uomo in sé dipinto
costretto oltre la morte, mummia salva
a schermo delle mani,
a non aver più limiti, distratta
è la forza latente, il bruco insonne
della materia che ci traccia e insegue.
Un fenomeno oscuro il divenire
l' enfasi sorda che alle sue parole
non crede più, ma giura. Ancora scende
questa scala degli inferi e l' informe
che chiede un senso smania di figure.

club.it

Foto: Gatto, en el anuncio de un homenaje en el convento fransciscano de la Santísima Trinidad, en Baronissi, Salerno, 2006

sábado, mayo 15, 2010

Alfonso Gatto / Un poema




Setiembre en Venecia

Tienen colores de navíos muertos
en una alba lejana esas palomas
que se han quedado en la gran plaza solas.
Y el olor agrio de la marejada,
allá, donde verdea bajo el cielo y los vidrios
del temporal una isla de luz,
se queda aquí como un fulgor de toldos
y de iglesias que incrustan en los mármoles
los fríos aguaceros del otoño.

Gema de luto y de blancura eterna,
bajo su voz que ya es un sueño lejano
ésta que pareció ciudad de plumas.
Tal la desnuda en el rumor del mar
la nevada de silencios azules.

(de Poesie)

Alfonso Gatto (Salerno, 1909-Orbetello, 1976), Horacio Armani, Poetas italianos del siglo XX, Ediciones Librería Fausto, Buenos Aires, 1973

Settembre a Venezia
Hanno il colori delle navi morte / in un'alba lontana quei colombi / rimasti soli sulla grande piazza. / E l'agro odore della mareggiata, / di là dove verdeggia al cielo e ai vetri / del temporale un'isola di luce, / qui resta come un barbaglio di tende / e di chiese che incrostano sui marmi / le fredde acquate dell'autunno. // Gemma di lutto e di bianchezza eterna / alla sua voce ormai lontano è un sogno / questa che parve una città di plume. / Così la splogia nel suono del mare / la nevicata dei silenzi azzurri.


Foto: Bibliomanie s/d