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lunes, agosto 09, 2021

Alejandro Nicotra / Poemas a Manchita



MUSA MENOR

                        a Manchita, su gata
 
Casi como una luna, pero ligera
(con su mancha en el lomo
y su cola de sombra):
    
así juegas tu rayuela en el patio,
desde una eterna infancia,
que reconozco.

          *

Miramos la noche
(hay una bienvenida y hay un adiós)
desde el umbral, propicio

a esa avenida enorme de tinieblas y luces
─que nos tienta, te digo.

          *

Sí, tu tenue reclamo en la mañana.
A las puertas del cuarto,
o el despertar, que abren

a ya no sé qué espacios,
desde donde me llamas.

           *

Arcano:
eso es, cazadora,
lo que me traes,

viva tu presa oscura
en el brillo del ojo.

[En De una palabra a otra (2004-2008),  Ediciones del Copista, Col. “Fénix”, Córdoba, 2008]


A MANCHITA, EN EL JARDÍN

El sopor de las diez de la mañana
entrecierra tu ojo:
                     se apaga el verde,
el amarillo –y,
dentro de ti, incauta,
se hace la noche.

          *

¿Pensar, o no, entrever, un día
como éste de octubre
pero sin ti?

¿Con mi ojo extraviado
a través de su luz?

¿Perdiéndose aún más
en lo más claro?

¿Ahora, cuando juegas, gata niña,
en la lumbre, virginal,
del jardín?


ESTELAS
                    a Manchita

Esta piedra de cuarzo en el jardín,
sobre lecho de tierra
y alrededores verdes,
                            se parece a la luna
niña de esta mañana.
Y se parece a ti, por su blancura,
en tu noche, bajo ella.

               *

La poesía, como el ángel
de Rilke, no distingue
entre vivos y muertos:
                                     así,
aún te habla, en esta noche,
tal como si estuvieras, dormitando,
cerca del fuego.
(Y dice que mi mano, en su verdad,
te acaricia.)

[En Última cita, inédito]

Alejandro Nicotra (Sampacho, Argentina, 1931)
Envío de Pablo Anadón


sábado, octubre 19, 2019

Alejandro Nicotra / Alta montaña

















Allá en el fondo,
como una madre o una muerte,
la montaña nevada;
y a su lado,
las hojas nuevas de los árboles, labios
de balbuceo y aleluya...

Sube,
hablando a solas,
despidiéndose.

*

A trechos, la nieve;
y el árbol ciego,
su rebaño de piedras:

y la huella del rayo
en la hierba quemada:

aquí abre sus brazos
sin más súplica que la sola agonía
o como si quisiera el corazón
ofrecerse a un puñal con un grito:

en el lugar de las revelaciones,
en las cimas,
bajo un cielo que no entrega ni un buitre.

Alejandro Nicotra (Sampacho, Argentina, 1931), "Desnuda musa" (1982-1988), La tarea a cumplir, Editorial Brujas, Córdoba, Argentina, 2014

lunes, mayo 22, 2017

Alejandro Nicotra / Las avenidas
















Las avenidas
silenciosas bajo los árboles y la luz de mercurio,
a las tres de la madrugada,
extienden el espacio de un poema
donde los pies monótonos
van midiendo la quietud y el cansancio.

Despiertas por tus pasos,
quizá te evoquen las imágenes del amor
en el susurro de las hojas
o en la cabellera más alta de la noche,
inclinada, a esa hora, hacia el reposo o el sueño.

O quizá sólo muestren
el desierto de asfalto,
con lámparas que alumbran el vacío
y árboles desterrados a su nada.

Las avenidas
igual se tienden a lo lejos,
más allá de tu casa,
hacia los límites de la ciudad, en donde
comienza el sitio de las sombras.

 *

Ciudades,
avenidas perdidas en la madrugada
─luces frías, desiertos, árboles cabeceantes─,
avenidas
donde unos pasos buscan, vagamente,
un cuarto en que dormir la soledad.

(Frente al café,
la plaza vela sus espacios
y alguien sale a la noche
sin otro rumbo que el azar de las calles,
dédalo de todos y de nadie.)

Ciudades,
edificios de ventanas dormidas
y puertas apagadas,
avenidas en las que lleva el viento
los fantasmas del polvo pálido del asfalto.

(En las luces del centro
unas máscaras últimas ríen y se abrazan,
ronda la policía,
los semáforos guiñan ─rojo ─verde,
y unos papeles huyen
con su noticia indescifrada.)

*

Tal vez,
una ventana sobre un río,
con las luces de la ciudad en el agua,
o las avenidas
en las noches de marzo o de noviembre
(cuando algo comienza o algo termina),
lugares que lleves por el tiempo
y que, tal vez, pudiesen entregar a la página
lo que en ellos quería ser,
destino.

(Lo que fue y no sabrás nunca del todo,
inclinado sobre sus figuras
como sobre el poema que escribes,
en deriva hacia el alba.)

Sí, lugares que lleves por el tiempo,
ciudades como páginas
que nadie ha de leer,
avenidas nocturnas de marzo o de noviembre,
cuando algo comienza o
algo termina.

[Nueva versión, inédita]

Alejandro Nicotra (Sampacho, Córdoba, Argentina, 1931), Puertas apagadas, Ediciones La Ventana, Rosario, 1976

Envío de Pablo Anadón

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Foto: Alejandro Nicotra en El Trabajo de las Horas

miércoles, septiembre 24, 2014

Alejandro Nicotra / Tres poemas











Árboles

"¿Ya son, los árboles, invernales?"
La pregunta regresa,
con más razón ahora.

Como de otros labios,
la escucha el hombre;
sin sonido, parecida a algún pájaro
lejos, sobre las cumbres.

Son invernales.

Los árboles en el alba,
tras el reflejo de una oblicua luna
que aún se despide...

[de Hogueras de San Juan, 1989-1993]


Marina

El grito de la gaviota,
en la medianoche de invierno,
eriza la atención
sonámbula,

                    y el ojo ve
de súbito, su hora: acantilado, espina.
(Y sombra,

en la memoria -que te pierde, como
un mar sus islas.)

[de Cuaderno abierto, 1994-2000]


Antes de la tormenta

La tormenta,
                     que avanza
y ha cubierto ya el ángulo
del sur:
            pero los árboles,
sus hermanas menores del jardín,
            las cazuelas con agua,
no mueven ni siquiera una hoja, una onda:

Yo atiendo a esa quietud, como a un asunto
                personal.

[de De una palabra a otra, 2006-2008]

Alejandro Nicotra (Sampacho, Córdoba, Argentina,1931), La tarea a cumplir, selección y prólogo de Ricardo Herrera, Editorial Brujas, Córdoba, Argentina, 2014

viernes, julio 25, 2014

Alejandro Nicotra / Sobre el alcohol y los poemas no escritos












Sobre el alcohol y los poemas no escritos
-dices- cayó uno, y los otros
caerán también, si no han caído aún
con los ojos quemados por la soledad,
todos seremos destruidos
y no sé si algún verso
valdrá, como pensábamos, estas muertes.

Alejandro Nicotra (Sampacho, Córdoba, 1931), La tarea a cumplir, selección y prólogo de Ricardo H. Herrera, Editorial Brujas, Córdoba, 2014

lunes, febrero 09, 2009

Alejandro Nicotra / Lugar de reunión















El hombre que ahora escribe,
con mano que se cierne mortal,
escribe para los ojos de su muerte.

Busca un lugar de reunión.

Árboles desaparecidos y futuros,
las fuentes que no cesan, circulares,
tus ojos y su boca:

¿hay una plaza
sin nombre, a donde dan todos los
días?

Busca un lugar de reunión,
escribe para los ojos de su muerte.

Alejandro Nicotra (Sampacho, Córdoba, 1931),

Lugar de reunión. Obra poética 1967-2000
, Ediciones del Copista, Córdoba, 2004

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Foto: Alejandro Nicotra en Las afinidades electivas. Las elecciones afectivas, Argentina