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martes, diciembre 19, 2017

Aldo Oliva / De "Ese general Belgrano"

















Movimiento: La desobediencia debida 

Tal vez algunos, que se decían
solidarios de la Revolución,
marcaron mi ruta, como
un plural designio de este diagrama
de corpúsculos que mi ser asumió.

Así, ¿nada sabían de sus
asechanzas de poder, que, en el vértigo
demencial de mi itinerario,
era un orden y no una orden de
las fantasías del Poder? A eso obedecí.
La Revolución que, algunos pensamos
fundaría una Patria, fue iluminándose
de la furia (a veces tácita) de
tenebrosas contraposiciones.

¿Cuál, de los polos, entonces,
obedecer?
De ahí que la desobediencia,
una vez discernido el sentido
de la lucha,
esté cerniendo la certeza
de la fuerza troncal del sector,
que en múltiple unicidad,
y aún sin saberlo, impulsan los
Pueblos.

De ahí: reverdecer o asumir la muerte.
De ahí, la creación de un poema
que lo escriba y lo diga.
De ahí la historia de un poema
sin historia. De ahí la grandeza
de los que abdicaron de la Grandeza.

Aldo Oliva (Rosario, Argentina, 1927-2000), "Ese general Belgrano y otros poemas", 2000, Poesía completa, Editorial Municipal de Rosario, Rosario, 2003

miércoles, noviembre 09, 2016

Aldo Oliva / Raíz














Ni el aguaribay de sensible verde,
ni la cálida idea de la fraternidad,
ni las estrellas del alcohol
que encienden las estrellas,
ni el lujoso perfume
que arrecia en la derrota
del que se afanó en lo real,
soñó, lució, naufragó,
se afanó en lo real,
ni el número posible
que desnude el mundo
son Tú, tu verdad
de semilla durísima que liga
a esta tierra de sangre,
niebla, sueño,
mi mano...
Oh, tú, rostro del alba
más allá del alba.

Aldo Oliva (Rosario, Argentina, 1927-2000), "De fascinatione", 1997
Foto: s/d

Poesía completa,
Editorial Municipal de Rosario, Argentina,
segunda edición, 2016







viernes, junio 24, 2016

Aldo Oliva / Utopía














Vamos, arráncate ese rencor
que hace existir el trémulo eco
de tu voz; déjalo florecer
en las foliaciones de otra
furia: esa posible ondulación
donde module la incidencia
que emerge de la ávida dulzura
que estremece la esencialidad
de tus manos: ésa, la insumisa,
virtual y real, que armó tu cuerpo
e imaginó tu espíritu.
              Desde el balcón
aspiro la sombra, casi sagrada,
de otra sombra: algo que fue; pero que,
semental, en una incontinencia
de altura que, a veces, suponemos alma,
transfiguró la tiniebla en una
tenuidad donde poder,
era trama sutil que, locamente,
arrastramos a las configuraciones
del endulcamiento incierto del futuro.

Aldo Oliva (Rosario, Argentina, 1927-2000), "Poemas 1998-2000", Poesía completa, Editorial Municipal de Rosario, 2003

Foto: Oliva, 1993, por Claudia del Río, en la tapa de la obra citada

martes, mayo 17, 2016

Aldo Oliva / La caza de la mosca en vuelo













Hidrógeno 1000 Oxígeno.
Y la explosión del ójido
pautante que dibujó la mano.

Ese es el ojo. Ese, que mira
la palabra "e fa tremare
de chiaritate l'are".

¿La "dulce voz en cuya oreja suena"?
Esa es la oreja, un ojo
ebúrneo, originario, melancólico,
ciego, clarividente:
como la mano que ahora dibujó
la pautada explosión
del silencioxi dado.

¿Asertar es el certero
toque en el blanco,
o su deflagración,
blanquísima,
mascaramagma de la tiniebla?

MEMENTO MORI.

Vuela, vuela la mosca, sin embargo;
punto negro, desazón;
línea negra, desaforada,
exangüe,
del simétrico esplín del corazón.

¿Sonreiría la mosca,
al morir, si amara,
si supiera lo efímero?

Vuela la mosca, sin embargo,
y entenebrece la palabra.

Mano desaforada,
letreando en la tiniebla,
ahora tiemblas y temes
la fosa luminosa
de un sesgo de certeza.

En la luz, por ella, mueres.

Aldo Oliva (Rosario, Argentina, 1927-2000), "De fascinatione", 1997, Poesía completa, Editorial Municipal de Rosario, 2003

Foto: s/d

miércoles, septiembre 25, 2013

Aldo Oliva / Dos poemas



* Pie de página

Sé que soy hijo de un aire pisoteado,
de un barro levantisco,
del borramiento
de númenes sombríos.
En el cuenco ofertorio
que mi nacer forjó
y llamaron mi mano,
un pétalo -que ahora
de nácar sueño-,
larga, gozosamente,
-una críptica
agitación evanescente-
marchitó
el aroma surgente
de su icor.
            Ausencia
geminal, que mis hijos,
surtiendo, colmarán
de barro pisoteado,
de aire levantisco:
conmovida,
irradiante corola
de ávida fragancia;
solidaria, alta cabriola;
tenacidad de ternura;
fintas solapadas de honda
insurgencia.
Un cosmos, en la palabra,
de la mutación floral,
que irrumpa.
Fisura,
lírica punción
en la entraña perpetrada
de la opacidad del ser.


Mazuleina

Dies irae -la leyenda
del tiempo en la memoria-
grabó la estampa de azúcares agriados:
la caída del azor desbañado
sobre el columbario;
la aspersión de las péñolas,
azoradas, desde lo alto;
el vano vuelo mustio, erosionando
por solapados gránulos de azufre.

Pero un gesto de gracia
giró el caleidoscopio:
lapislázuli, en ojos ofertorios;
tierna, temeraria entereza
cribando la violencia del mar,
para surcarlo.

Y así, derivando en la cresta
alucinada de las olas,
se tramó la insurgencia
del hálito floral de acariciantes
zalameas de azaleas,
tácitas renuencias,
en la sima,
de aquel naufragio azul,
en que se hundió esta mano.

Aldo Oliva (Rosario, 1927-2000), "De fascinatione", 1997, Poesía completa, Editorial Municipal de Rosario, Rosario, 2003

Foto: De la tapa de este libro

miércoles, septiembre 26, 2012

Aldo Oliva / Parábola




Parábola

Este lobo translúcido, este
lánguido andante de un ansia extinguida
no podrá ocultar el matorral
incierto,
la solapada corriente del dolor
donde, sin saberlo, deambula;
no busca el placer sino el ensueño
de existir, a ras del piso, arrastrado
por el alcohólico comezón de la angustia.

Sonríe, a veces, a la altura, sin embargo;
como abarcando un círculo de airado ópalo;
cúmulos temibles de cernidas
olas de fuego, berceuse vertida en pizzicatto,
tremando en la sima de la niñez.

Fueron entonces los momentos,
en que, exhibiendo su cuchillo,
lo hundió en las junturas de las piedras
de algunas coquetas callecitas;
amasó un cosmos de la tierra fascinada
en el prodigio del principio: con saliva
y orina fue creando la invención del amor.

Y quedó solo.

Aldo Oliva (Rosario, 1927-2000), "Ese general Belgrano y otros poemas", 2000, Poesía completa, Editorial Municipal de Rosario, Rosario, 2003

Ilustración: Venezia d'oro, 1961, Lucio Fontana

viernes, abril 29, 2011

Aldo Oliva / "Visajes"





Postales de M.I.
"Visajes"

Sueño: miro tu soñar;
centellea el poema


Una franja
pizarra y negra
(con dejos claros
aún indiscernibles)
¿puede ser el croma
extensivo de la tierra,
oferente,
del dulcísimo amor?

La negrura del principio,
sin embargo, ¡cuidado!
abre la turbia
claridad de la arena
en la inquieta
ondulación de sueño
y médano.

Finísimos,
y casi muertos,
lejanos
(aunque el ojo los inyecte
a la inmediatez
del corazón),
tronquillos
(también en negritud)
suscitan el despojo
del sueño que está en mí,
siendo tú misma.
¿Por qué no puede la palabra,
sino por la tensión de fango y oro
(un miserable ocre),
no poder todo?

Una ausencia, cromática,
inasible visible,
persona,
en la orilla celeste,
¿quién eres
sino mujer
en la infinita distancia
de esta letra voraz
que te ama y te alza?

Aldo Oliva (Rosario, 1927-2000), "De fascinatione", 1997, Poesía completa, Editorial Municipal de Rosario, Rosario, 2003

Ilustración: Porte, Jean Dubuffet

domingo, julio 18, 2010

Aldo Oliva / En la ruina de los arsenales...




Las mujeres se acercan al violeta

En las ruinas de los arsenales progresa la palabra.

Tu canto es el lúcido olvido de la muerte,
Viejo Pájaro; la otra forma
del penúltimo acto muerto en tu corazón.

Cada palabra funda una derrota y dos duros dilemas
que no son ella: el diestro vasallaje floral
llamando a duelo en la memoria,
la incierta destrucción del vacío por el fuego concreto.

Hagan juego. Una ficha, un pétalo absoluto de la sangre
al rescate instantáneo
del secreto sabor definitivo
grávido entre dos riberas.

Pero nunca hay certeza. La exhumación nocturna del oriente
-esa ira- socava grises tierras
de espesa y lenta vida donde sólo un presunto
desenlace de ventanas al sol
celebra la aventura más acá de la curva
tiniebla de los vientres.

A cada consagración su fiebre. Ardías en qué ciénagas
de ilusorias corolas lustrales, en qué asidua
y dulce opacidad del clima de otra carne,
en qué absorción violeta?
Salta, salta, te digo -hay una Mano allá-
de la roca del despojamiento.

Aldo Oliva (Rosario, 1927-2000), "De fascinatione", 1997, Poesía completa, Editorial Municipal de Rosario, Rosario, 2003

Ilustración: Puesta de sol en Etretat, 1883, Claude Monet

martes, septiembre 01, 2009

Aldo Oliva / Dos poemas


Rasgo fugaz

Lo que está debajo de la línea
urdida en la invención geológica,
violentamente quebrada en
inmensas aguas y dislocadas masas
de tierra es una magnitud
que se eleva como un cielo
de terrorífico misterio:
real como un sueño,
futura como la infinitud,
como la generación del
más remoto, insondable principio.

Pero un tablón de andamio,
cayendo con su obrero
o, tal vez, una azalea,
pisoteada por la torpeza (o la furia)
de un buen hombre,
abre la sospecha de que la
conjetura de un límite se ha derrumbado,
de que la línea se ha borrado,
de que son sólo espanto y exaltación,
de que la muerte y el saber son,
apenas, un ensayo de vida.


Fresno

Arrodíllate, Fresno: serás ejecutado;
profusas, humildes ramínculas,
tajeadas cortecitas, apagada flor,
retorcido recato
vedan tu médula corrupta
y sabotea lo natural la justicia.
Ya lo cantaban los azahares desde el alba:
“muerte a quien no da vigor
al amo de la renta sometida.
Te enmascaras Fresno, y simulas
tejerte en la bondad de las horas
que pasan; tienes astucia.
Pero la exhibición productiva
te arrasará. Lo simple caducará”.
¿Mienten, cantando, los azahares
desde el alba?

Aldo Oliva (Rosario, 1927-2000), Poesía completa, Editorial Municipal de Rosario, 2003

Foto: Oliva, 1993, por Claudia del Río, op. cit.

De Oliva en este blog: Fábula barrial: primavera

viernes, octubre 03, 2008

Aldo Oliva / Fábula barrial















Fábula barrial: primavera

Un hombre joven (EL PIANTAO
lo llamaban en el barrio),
matarife en un pulcro frigorífico del sur,
cayó en el hábito de soñar, en
los atardeceres de los perturbados equinoccios,
que tenía relaciones carnales con equívocas
flores que hubieran desertado de
consabidos bellos jardínes (a quienes
el consideraba impúdicos
antros de clausura).

Los pétalos acariciantes lo amaron,
entonces; era un roce fluido como la brisa
que aleatoriamente se desliza en esta zona.
La violencia de la penetración sexual
fue abolida; sólo la perduración de
una tibieza epidérmica lo elevaba
de su fervor encelado, de su
cruenta tarea, de su abusivo fumar.

Las constelaciones fueron ignoradas.
La Cruz del Sur fue mera resonancia
de palabras; el viraje ritual, en el
sortilegio que octubre emana
de esplendor floral y su lenta extinción
lo instalaron en el círculo de la magia
obsesiva de lo Unico.

Cuando fue acusado por el Sindicato
de los Republicanos Anestesiados
y por la Asociación
Progresista de la Argentina Machista
(APAM), fue condenado a ser
recluido entre las rejas de un poema:
ominoso ostracismo del que no se vuelve.

Pero, en prisión, forjó el sentido
de su muerte; la procreación
de la danza de imágenes en
la emersión fulgente de la niñez,
en la explosión florida, y de sus contemporáneos,
los agitados, pálidos seres;
en la altiva petalización de los actos;
en la insurgencia del óvulo del limo,
levemente violenta, de la historia,
donde somos todos en lo Unico.

Aldo Oliva (Rosario, 1927-2000),"Ese general Belgrano y otros poemas", 2000, Poesía completa, Editorial Municipal de Rosario, 2003

Foto: s/d