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jueves, diciembre 30, 2021

Alberto Szpunberg / De "La academia de Piatock", 3




Reb Arieh Leib Ben Naftule repasa El capital

Ahora me doy cuenta de que todo es como el movimiento del ojo en la lectura:
cuando se cierra a las letras, se abre a las palabras,
cuando se cierra a las palabras, se abre a la evidencia,
como un río que sólo permanece en tanto fluye:
al dar vuelta la página, el sentido de la escritura comienza:
no hay más victoria que los nuevos frentes que se abren,
no hay más respuesta que una nueva pregunta.

Alberto Szpunberg (Buenos Aires, 1940-Barcelona, España, 2020), La academia de Piatock, Fundación Editorial el Perro y la Rana, Caracas, 2008


jueves, julio 21, 2016

Alberto Szpunberg / Adivinanza del mirlo




                                                                 
                                                                            A Flavia

Ni siquiera la palabra mirlo puede ser el silbido del mirlo,
ni siquiera la belleza, entre escombros, decirlo: mirlo,
no sólo esa cadencia en el balanceo de las ramas,
sino el silencio al oído que anida en el mirlo
para que el silbido sea solamente mirlo:
es el temblor de las sílabas únicas en los labios,
la claridad del aire como si sus alas me rozaran.

Alberto Szpunberg (Buenos Aires, 1940-Barcelona, España, 2020)

Foto: Nuestra Gente

El nombre revelado,
Ediciones en Danza,
Buenos Aires, 2016









act. 11.2020

miércoles, abril 20, 2016

Alberto Szpunberg / De "La academia de Piatock", 2















Reb Arieh Ben Naftule repasa el Libro de la Guerra

Ahora me doy cuenta de que ninguna palabra
es igual a sí misma,
aun en el mismo instante de cualquier pronunciamiento:
por eso, hecho fuerte en la cima de los siete cielos,
la estrategia del Señor es el silencio
y su táctica, un nombre impronunciable,
pero quien marcha al frente con los siete cielos
sobre sus hombros,
¿qué otra trinchera puede cavar que no sea la memoria?


Rabí Iójanan, el zapatero, da en el clavo

Seamos sensatos:
ya no se trata de sellar el agujero de la suela
sino de enmendar la huella
que va dejando sobre la nieve un hombre descalzo.

Alberto Szpunberg (Buenos Aires, 1940-Barcelona, España, 2020), La academia de Piatock, Fundación El Perro y la Rana, Caracas, Venezuela, 2008
Envío deJonio González

Foto: Vallejo & Co.

Actualizado: nov. 2020

lunes, diciembre 30, 2013

Alberto Szpunberg / De "Sol de noche"



XIV

Aunque ya sabes que nunca se vuelve, vuelve a casa,
acepta la pequeña mentira como un guiño,
antes de que el invierno te sorprenda
bajo un árbol de ramas despojadas:
acá se acaba el bosque,
el que creció en tus sueños
aun antes de que tus manos rozaran la corteza:
la llanura que se extiende ante tus ojos
como un mar envuelto en luminosa niebla
no tiene por qué ser el desemparo
que se abraza a tus huesos:
todo ha sido un juego de niños,
donde las reglas eran
inocentes trampas consentidas.

XIX

De todos modos, creer para crecer y crear:
ya distinguimos los chingolos de los gorriones
y sabemos que el pasaje Bollini sólo dura dos cuadras,
pero, aún así, nos acompaña.

Truena sordamente, como si desde arriba nos hablaran,
y aunque es confuso entender lo que nos dicen
-siempre es confuso lo que los de arriba nos dicen-,
¿alcanzaremos a ver tanta belleza desde alguna ventana?
¿hay una puerta para entrar al mundo?
¿un balbuceo?
¿una palabra?

No sé:
perdí el papel donde tenía la dirección exacta.

Alberto Szpunberg (Buenos Aires, 1940-Barcelona, España, 2020), "Sol de noche", 2008, Cuando solo la muerte es pasajera, obra reunida, Editorial Entropía, Buenos Aires, 2013

act. 11. 2020

martes, febrero 01, 2011

Alberto Szpunberg / De "La academia de Piatock"


















LOS MIEMBROS DE LA ACADEMIA OBSERVAN EL
MILAGRO DE LA COPA


–Levanto la copa para la bendición del vino y, a la altura
de los ojos, allí donde llega cualquier mirada, incluso
la mía, apoyo la copa en el aire y abro la mano, como
quien da o saluda o se cubre del sol, y es evidente que,
antes de estrellarse, la copa permanece en el aire
sostenida por sus propios destellos...

– Pero es todo muy fugaz para que una fragilidad que finalmente
se estrella sea un milagro...

– Sé de una copa que, sin que nadie la levante, entre el
último suspiro del viernes y el primer suspiro del
sábado, titila sola en el aire y nadie sabe si es la primera
estrella o un simple pestañeo o una chispa perdida o una
luciérnaga entre muchas, y hasta los 36 justos se llenan
de dudas, pero son las mismas dudas las que hacen más
justos a los justos y santifican el sábado...

– Pero la copa que cae finalmente se rompe y el sábado, en
cambio, continúa...

– También un corazón se rompe, pero el final de un milagro
es parte del milagro y nadie, ni la escoba más feroz, ni la
limpieza más étnica, ni la contradicción más antagónica,
nadie puede hacer a un lado la última astilla de cristal si
también ella, aun pequeña e insignificante, desnuda los
colores de la luz y reverbera y resplandece...

– Pero si lo peor, Él no lo quiera, ocurre en el preciso
instante de la bendición del vino, también se pierde el
vino...

– Siempre algo del vino se esparce y huele en el aire, pero
quién puede hacer a un lado la última gota si también en
ella se refleja y tiembla la primera estrella, sin olvidar
jamás que, al fin y al cabo, la verdadera bendición del
vino es el trago y el descanso...

– ¡Salud y R.S.!

– Por los siglos de los siglos, amén…


EL OBRERO DEL VIDRIO ANALIZA LAS
CONDICIONES OBJETIVAS DEL MILAGRO
DE LA COPA


¿De qué milagro me hablan si soy yo quien carga todo el
desierto sobre mis hombros y luego vuelco su arena en
el crisol y recojo el líquido ardiente en el molde y le doy
la forma de mi sed y pulo su hueco como el vacío de mi

hambre y aún sangra en la palma de mis manos
el recuerdo de la astilla más pequeña?

¿De qué milagro me hablan si cada vez que toco la realidad
hasta el aire es áspero y mis caricias siempre dejan
huellas y hasta a veces, sin querer, hacen daño?

¿De qué milagro de la copa me hablan, si es una maniobra
más de la fábrica de vidrios y cristales Glasserman Hnos.,
cuyas acciones suben o bajan según me hundo o emerjo,
pero siempre con el desierto a cuestas, con esa trans-
parencia en los ojos, esa redención, ese espejismo
que hiere y se aleja, siempre se aleja?

Alberto Szpunberg (Buenos Aires, 1940-Barcelona, España, 2020), La academia de Piatock, Fundación Editorial El Perro y La Rana, Caracas, 2008. Edición elecrónica

Foto: Agencia de Noticias/Ciencias de la Comunicación/Universidad de Buenos Aires

act. 11 2020

lunes, mayo 05, 2008

Alberto Szpunberg / Su fuego en la tibieza





Todo el poder nace de un sueño y de la punta de una flecha
y entre página y página cabe toda la espesura del mundo:
los caballos cruzan los ríos y los montes como si fueran
/capítulos de un libro
y en medio del combate se abre camino un suave prado
donde el otoño, más allá de los hombres caídos,
más allá de los aceros mellados, empalidece delicadamente
/el pasto
y ruboriza de amor las mejillas:
todas las ramas del bosque se unen para albergar
/esta pasión,
todos los arroyos espejan la luz para que llegue
/hasta el fondo:
entre los árboles aún está el niño que expropia y se enamora
/y se desangra
y una lluvia de flechas asegura la victoria, implacable
/como el tiempo,
más terca que la bota que ahora patea el estante.

Alberto Szpunberg (Buenos Aires, 1940-Barcelona, España, 2020) Su fuego en la tibieza, Alcalá de Henares, 1980

Reportaje a Szpunberg en Desde el aula.

act. 11.2020