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sábado, abril 19, 2025

Alberto Muñoz /Ayer estuve en el Carrefour hablando con un espectro




Ayer estuve en el Carrefour hablando con un espectro. Había vivido 
por años en situación de calle y la ola polar se lo había llevado. 
Caminaba por los pasillos del Gulag Carrefour guardándose en los 
bolsillos latas y chocolates.
De no haber sido un buen hombre no se hubiera ofrecido a guardarme 
en su bolsa la botellita de fernet, el queso y el pastrón. 
Conversábamos sobre política. 
El de seguridad del supermercado se aproximó a la góndola donde 
conversábamos comiendo turrones. 
Devolví el queso, el pastrón y el fernet. Me dejaron salir del Gulag; 
me perdonaron, tuvieron piedad de mí.
En la escalinata, con un frío mortal, me esperaba el espectro con 
dos panes robados. Hablemos de política. 

Alberto Muñoz (Buenos Aires, 1951), Obras sanitarias, Ediciones en Danza, 2022
Foto: s/d


viernes, noviembre 11, 2022

Alberto Muñoz / De "Obras sanitarias"




Alexandra Andreyevna Assier

Papá me contó a mis seis años que Alexandra, la madre de 
Tchaikovsky, se había suicidado tomando un vaso de agua 
contaminada. Los médicos, para intentar salvarla, la metieron en 
una tina con agua hirviendo. 
Imaginaba su cuerpo amoratado, flotando entre la densa niebla del 
baño. 
La peste rusa, el cólera, se llevaba las vidas de los ilustres y de los 
comunes. 
Veía el cuerpo de la madre llagado, deshaciéndose, soltando sus 
pedacitos. 
Le pregunté a papá si el alma también hervía.


Creo en los fantasmas que hablan en criollo

Creo en los fantasmas que hablan en criollo, no en los escoceses, 
que revuelven la comida negra de sus mentes fosfóricas, pidiendo 
camisolas para sus gaitas, escarpines para sus críos. 
Los fantasmas son remordimientos.
Los nuestros son guardianes, no se afeitan, se hacen llamar Peñaloza 
o Peralta; son entrerrianos que galopan en caballos de madera, 
rojos, con los ojos saltones. 
La realidad los pudre en los embarcaderos; flotan en el Paraná entre 
bidones y comadrejas muertas.
Tienen que aceptar estos sátrapas que uno no se los quiere encontrar 
en el ropero, o sentados al piano tocando chacareras.
Que sientan los bárbaros criollos que para la Real Academia 
Española, “fantasma” quiere decir: muertito familiar.


Anoche me visitó el fantasma de Trotski

Anoche me visitó el fantasma de Trotski o una adherencia sin 
rodillas.
–Sólo los viejos amores me han llenado los ojos de lágrimas, no 
he llorado lo suficiente en mi juventud, ¿has leído a Raimundo 
Sabunde?
–No...
–¿Montaigne?
–No...
–¿De quién has oído hablar?
–De Leonard Cohen...
–¿Derramaste lágrimas con él?
–No.
–¿Con quién derramaste lágrimas?
–Con una compañera de aula...
–¿Morías por esa criatura?
–¡Más que eso!...
–Renacías...
–Sí.
–Deberías llorar por esa revolución.

Alberto Muñoz (Buenos Aires, 1951)

Obras sanitarias
,
Ediciones en Danza,
Buenos Aires, 2022











lunes, enero 25, 2021

Cófreces & Muñoz / De "Poéticas del agua"


















El río es un cementerio móvil

El río es un cementerio móvil.
Se lleva las cruces, las carretillas
y las ropas
de los pobres.

Los que se van por agua
llegan lejos:
los ojos cerrados
para que lo visto
no se moje.


La isla es marrana

La isla es marrana.
Te come la soledad,
te caza de las patas en la noche,
y te cuelga boca abajo.

No hay relojes,
entonces
las horas entran y salen
por cualquier lado.
Capaz te patean el culo
y no te das cuenta.
Las ramas húmedas
no encienden así nomás.
El fuego te demora

Celso Caragatto (Resistencia, Argentina-1906-Arroyo Durazno, Argentina, 1941), El cementerio móvil

*


III
Canto

Escribí tu nombre en la fachada de la Santa María Gloriosa del Frari.
Tu nombre que es María y tu fémina
que en los días del cordero es gloriosa.
Lo hice para que supieras que a partir de la piedra blanca de Istria
has entrado en la penumbra gótica.
Ha sido tu amado Franco quien ha decidido
que en los promontorios rosados de la oscuridad
tu nombre guíe a los infelices


IX
Espectros

No he llorado la primera juventud
porque no he sido joven nunca.
Los gondoleros somos espectros,
de noche nos ven como cañas delgadas
tocando con una vara la herida de Neptuno,
y de día como vendedores de golosinas ácidas.
Las adolescentes dichosas reciben nuestros piropos,
como si en el fondo de la niebla
se los dijera Poe.

Franco Conigliaro (Treviso, Italia, 1982), Paraíso perdido

Cófreces & Muñoz
Poéticas del agua,
Ediciones en Danza,
Buenos Aires, 2021








lunes, julio 20, 2020

Alberto Muñoz / De "La peste"

















I

Vuelvo del hospital. No sé a quién he visto.
Llueve y es hora de terminar con el aire. Los enfermeros son silvestres
y llevan en sus bandejas bujías para la noche y cánulas.
Sólo el amor puede salvarte, madre mía.
Pero yo debo quitar de mis oídos esa majestad de leche que regalan a los gatos en los pasillos del hospital.
Alguien grita desde una ventana que hay un buque que los lleva.


III

Ya no es necesario escuchar las aventuras del infectólogo Chan. Alguien debería callarlo, como los viejos editores silenciaron en su momento a Verne. En cualquier momento veremos emerger del fondo del Río de la Plata un pulpo de goma y el Dr. Chan explicará ante las cámaras que ha mutado el virus.


XII

Somos promiscuos. Nos gustan los boleros. Cómo hacer para que no duela, cómo hacer para que duela. Tenemos juguetes rabiosos. Lencería. Cremas. Lociones.
Compramos una muñeca finlandesa que dice: “Al corro del higo chumbo, al higo chumbo, higo chumbo, a las cinco de la mañana”. Y cuando la gozamos por atrás canta: “Porque Tuyo es el reino”.
No podemos pedir más; pero estamos tristes. La peste nos ha entristecido. Somos dos putos tristes; nosotros, que nos queremos tanto…


XVI

Los grandes amantes regresan de las zarzas, dominan el estío; huyen de la fotosfera en el áspero rostro de las playas y los insectos antiguos. Así son las películas ahora, no dejamos de ver ninguna de amor y de venganza. Lloramos en el sofá, no parecemos más nosotros.

Alberto Muñoz (Buenos Aires, 1951)

Eduardo Mileo, Alberto Muñoz, Javier Cófreces, 
La peste
Ediciones en Danza,
Buenos Aires, 2020









martes, agosto 07, 2018

Alberto Muñoz / Tres poemas















Mi padre está sentado al borde de mi cama

Mi padre está sentado al borde de mi cama, quizás para aliviarme de la fiebre. Está desnudo, blanco y desnudo.
-Tu madre anduvo por aquí?
-No, hace mucho tiempo que no la veo…
-Pensé que quizás, como estás enfermo…la estoy buscando.
-Puede que ande por el campo…
-Estuve por Trenque Lauquen, Tres Lomas…no anda por ahí.
-Quizás no quiera encontrarse con vos…
-Bah, aquí se olvida todo, no hay resquemores, no queda nada de lo vivido. Te voy a pedir un favor, el último, podes escribirme en la espalda con un marcador grueso: TE ESTOY BUSCANDO AMELIA


Como aquél que, regresando de un viaje largo en ómnibus, advierte 

Como aquél que, regresando de un viaje largo en ómnibus, advierte: que el cuello de su camisa está raído, que el chofer cabecea, que afuera hay relámpagos en el cielo insumiso; que las medias son hipotéticas y los pies noches frías leyendo a Turgueniev. Que su mujer lo ha dejado de amar hace demasiado tiempo, que en la última manifestación perdió los anteojos, que el hígado está graso, que de un oído escucha un folclore raro; que por debajo de los párpados proyectan películas de Bergman.

Como aquél que, regresando de un viaje largo en ómnibus, advierte: que su mejor amigo se hizo comer por un escualo cuando paseaba en catamarán a su familia; que el chofer cabecea; que su celular quedó en Rosario entre las nalgas de una hoguera senegalesa.

Como aquél que, regresando, advierte: que el cárter pierde aceite y el chofer inclina peligrosamente la cabeza hacia la ventanilla izquierda; que la luz que viene de frente es el botón de nácar del corpiño de la senegalesa, que su mujer lo ha dejado de amar hace demasiado tiempo, que perdió el hígado; que uno de los relámpagos acaba de arrancarle la cabeza al chofer, y que el ómnibus dando tumbos en la autopista remonta vuelo buscando, buscando, por el aire buscando, la boca del escualo.


Creo en los fantasmas que hablan en castellano

Creo en los fantasmas que hablan castellano no en los otros, escoceses, irlandeses, que abren la comida negra de sus mentes fosfóricas pidiendo camisolas de frisa, escarpines para sus críos. Guay de temerle a las cosas que vuelan por el aire! o a las ventanas que en su servidumbre se dejan abrir y cerrar con violencia!
Los fantasmas son domingos desmoronados, guardianes que no se afeitan, remordimientos.

Conviene ante la presencia de un fantasma hacerse el muertito, levantar un polvo overo, y aparecerse como un diccionario de la Real Academia. Que sientan los invasores que no se les teme a las palabras! que fantasma en castellano, quiere decir: muerto familiar.

Alberto Muñoz (Buenos Aires, 1951), Tres noches y dos huéspedes (editará En Danza)

El Otro,Festival de Poesía de Buenos Aires,El Infinito Viajar

domingo, enero 26, 2014

Alberto Muñoz / Kapelusz













Un pedazo de la historia argentina
quedó prendido al cuenco de tu mano
cuando quitaste del río
la tremenda pampa del agua.

Yo no sé, al igual que tantos
que intentaron medir el sueño
con varas y sistemas,
qué habrá de cierto en el fondo de los ríos,
pero allí,
como en el uso del ámbar y la estrella,
se habla de lo oscuro,
del abúlico tenor de la desgracia,
de perros y maestras.

Se dice que en el lecho de los ríos
de la plata
duermen, esperando que la muerte los reflote,
algas con voz de hombre,
peces con risa de niña,
trozos de buques del Edén.

¡Dios mío cuándo levantarás del río
el cuenco lleno!

 de Terra balestra, 1985

Alberto Muñoz (Buenos Aires, 1951), La luz contra el centeno, Ediciones Continente, Buenos Aires, 2013
en Poesía Argentina

sábado, diciembre 11, 2010

Alberto Muñoz, de "El naturalista"






Mirar a un pato a la aguada

Más allá del untuoso plumaje, de sus membranas interdigitales, de los humedales, el ánade real es más fácil de pintar. No pierde ni corrrige la estampa al caminar. Tiene, como todo nadador, el universo habitable en dos medios: agua y teoría.
Sobre una hoja canson blanca puede dibujarse con pincel fino. Aguada para el plumaje, como hacen los orientales. No requiere paisaje ni animal contiguo. Una luna a los lejos puede ayudar, en la medida en que se la pinte no mayor que su ojo.


Mirar a un gato encerrado

Simplemente para verificar la eficacia de la frase "aquí hay gato encerrado" encerré un gato. La llave del candado la guardé en un cajoncito de la cómoda y me desentendí del experimento durante 24 horas. Al día siguiente, fresco, sin ambages, procedí a comprobar lo que desde un principio suponía: en la habitación no había ningún gato; la literalidad resulta hueca; se promueve esa expresión porque el misterio es lo único que no aburre en la vida.


Alberto Muñoz (Buenos Aires, 1951), El naturalista, Ediciones en Danza, Buenos Aires, 2010


Ilustración: Ilustración para la tapa del libro: "El Naturalista" de Alberto Muñoz. Horacio Gerpe

martes, enero 06, 2009

La filosofía llamaba mi atención...


Lucha libre

¡Difícil a los hombres es entrar
en contienda con los más poderosos!

Píndaro, Nemea X. A Teeo de Argos, vencedor en la lucha.



La filosofía llamaba mi atención pero más mi padre
que era luchador.

Los días de lluvia no entrenábamos.

El entrenador era jorobado como Kierkegaard y en su voz
recaía la fuerza del pasado.
En el vapor las duchas lo vi una vez besándose con el
dueño del bufete.

La lucha era libre y para todos.

Había que tener un cuerpo un carnet de adversario y en el mejor de los casos, una vida completamente distinta.

Alberto Muñoz (Buenos Aires, 1951), El levantador de pesas and other poems, Ediciones en Danza, Buenos Aires, 2008

Foto: Muñoz, en Alternativa Teatral