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lunes, julio 29, 2024

Alberto Girri / De "Juegos alegóricos", 3




26/1/91

   De acuerdo, Musil,
            el mundo es Cacania, tu hombre
sin atributos su ciudadano ejemplo,
de suciedad irracional alimentándose,

   pero qué dirías
si quisiera descansar de su papel,
apartarse en diáfanos lugares de montaña,
y lo que enfrenta, escépticamente considerado,
es desalentador, ningún alivio de sí,
suma de fealdades por hirsutas,
verrugosas laderas,
             y no obstante, de súbito,
un como sosiego original, sus percepciones
abriéndose tras las fatigas de escalar,
             irresistible entonces algo
que en torno del viajero flota, inasible,
desde la mudez de las rocas manando
lo que el paisaje atesora,

              lo vedado a tus páginas, Musil,
lo elemental como salud de eternidad,
el flujo de la vida desnuda, ajena
a toda identidad, atributos,
               indemne a que tú descompongas,
y examines en prescindencia, detrás de tu vidrio.

Alberto Girri (Buenos Aires, 1919-1991), "Juegos alegóricos", 1991, Obra poética VI, Corregidor, Buenos Aires, 1992

Girri según David Viñas en Calibán, 3 de noviembre de 2020
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Foto: Arriba: Alberto Girri por Sara Facio. Abajo: documentos personales y foto de Alberto Girri en la Biblioteca Nacional argentina. Guillermo Rodríguez Adami/ Clarín


jueves, octubre 12, 2023

Alberto Girri / De "Playa sola", 8



El endemoniado

Antes que tú y yo y todos nosotros hubiéramos nacido
muchas generaciones antes de verme y vernos en delirio,
el que me guía estaba ya dispuesto a rodear la tierra
sin importarle la lluvia de miseria
con que llenaría los espacios del hombre.

Su ansia de fieles, libre pero no magnánima,
lo obligó a cambiar de presencia.
A veces conjuró con el olvidado camarada
imagen de la perdida juventud que tanto duele.
A veces con el juramento repentino, porque sí, contra el júbilo,
o con la risa del lobo mordiendo la lámpara nocturna
para adelantarse al sueño y entregarlo a la rapiña,
de pintadas historias que cuelgan en los muros,
donde el pecado derrota a los fuertes,
y el arquero hermoso, buscado por las vírgenes,
desecha la gracia.

Desde que lo recibí
una lenta guerra amenaza mi alma.
Sin desearlo, más allá del poder del justo,
me fortalece ver cómo los demás edifican,
chocan, hasta dejarse ganar por la soledad del cansancio.
Me fortalece saberlos limpios, confiados a esa idea de una muerte
precursora de la divulgada paz eterna,
la paz que se gana con lágrimas,
la que se gana sirviéndome.
Y luego vuelvo la cabeza,
a sus leyes ostentosas del pan y del vino,
leyes del acto y prohibición del acto,
condenando a emplear en duro incendio
viejas fórmulas de arrepentidos por temor.

En este libre cruce del alba,
no necesito aplacar a nadie.
El rey es mi cuerpo,
el único.

Alberto Girri (Buenos Aires, 1919 - 1991), "Playa sola", 1946, Obra poética I, Ediciones Corregidor, Buenos Aires, 1977
También puede leerse en Factor Serpiente/Facebook

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miércoles, junio 07, 2023

Alberto Girri / El tigre




El bostezo, el paseo circular,
el prisionero, la majestad,
como la más implacable de las formas.

Diríase que combina en su derrota
la reflexión de la mente
con la mirada de sus antecesores,
pero contemplándolo
nuestra curiosidad es una derrota mayor
porque no somos lo que aquéllos vieron,
los excéntricos solitarios y duros
lanzados por visiones
a completar entre las fieras un mensaje:
          Jeremías y el tigre,
          Elías y el tigre,
          Amos y el tigre,
          los comprometidos
          a dar con el seno de las cosas.

Es que hace siglos
firmamos una improbable paz,
la selva fue arrasada, hecha yermo,
y ya no precisamos del tigre;
y el hedor de su carne, el agua turbia,
el brillo mustio de la piel,
aceleran su decepción, su muerte,
en tanto se pregunta, nos pregunta,
qué será de nosotros que aceptamos
depender de una verdad
y no adivinamos en su jaula,
permanentemente,
al Hombre colgado de las rejas.

Nos duele, en el parque
la inquietud de los mirones es desigual,
hay quien se disculpa
por su pasiva ceguera,
quien se ofende con el tigre
por haber sido cruel,
quien se olvida yendo
tras el grito amistoso de los monos.

Alberto Girri (Buenos Aires, 1919 - 1991), "La penitencia y el mérito", 1957, Obra poética I, Ediciones Corregidor, Buenos Aires, 1977

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Foto: Altazor

miércoles, diciembre 21, 2022

Alberto Girri / De "En la letra, ambigua selva", 2




Relaciones con gemas

Experimentalmente, por obsesiva
compulsión de lapidarios
sujetos a revelarlas, tallar
las sagas que atesoran, ancestrales
desarrollos del cristal bajo presiones
inimaginables, calor, petrificantes hielos,
volúmenes de tizas y carbones
recalando en armoniosos cosmos
de perfección, durabilidad.

Presas en coronas, engastadas
para la historia, inmunes
a si las hace desfilar
ensartando colecciones de lamentos,
escasos actos virtuosos,
          o como seguros con que el avaro
contrarresta la avaricia de los pobres.

Frívolamente, desde el hueco
homenaje del oficio de rimar
"diamantes" con "mutantes",
          y la alegría
y obstinación de los que anhelan
una dieta especial y habitual de luz
          y fantasiosos
que combinan majestad y augurios,
mezclan los excesos del orfebre
con credulidades activas, sin tregua,
y donde la malaquita, color
para descifrar lenguajes irracionales,
es puesta junto a la esmeralda, jardín, verde
resplandor de sombra verde,
         y el zafiro, ala de insecto,
convive con el lapislázuli, tono
que induce a contemplación devota.
Multiplicad de pasados,
nostalgias de Paraísos,
angélicas perpetuidades,
         tantas son
las provocaciones que suscitan
cuantas las de considerar un mirlo
(trece, enumeró Wallace Stevens,
frecuentador de mirlos),
aunque las gemas no silben, no griten
y su dureza y pureza atraigan por alusiones
y nunca alcancen, como el mirlo,
a fraguar una unidad con el hombre y la mujer.


El sentido más que la belleza de las manzanas

Perennes cosechas
cubren los suelos,
y por remoto, vigente hábito,
comparable al de pelar un uva,
         los dientes no dejan de morderlas,
sólo que excesivas mudanzas
acontecieron desde las bíblicas manzanas
que al enfermo de amor curaban,
desde la manzana de Newton,
y la que Cézanne lustró
y eternizó para asombrar
con que la íntima realidad de las manzanas
no cuelga de ningún árbol, no cabe
en la escrupulosidad naturalista,
         y los que todavía
se consagran a pintar manzanas,
a demostrar con manzanas
irrefutables leyes físicas,
son envueltos en sarcasmos,
         y quienes las comían
libremente, confiados
en que una manzana por noche
aleja de males,
soportan pesadillas, despiertan
sobresaltados, temblando,
se provocan úlceras,
malsanas obesidades,
alergias y depresiones,
                       tal como se suele dar
en el comportamiento de animales en cautiverio.

Alberto Girri (Buenos Aires, 1919-1991), "En la letra, ambigua selva", 1972, Obra poética II, Corregidor, Buenos Aires, 1978

domingo, febrero 20, 2022

Alberto Girri / Gatos




Hoy, domingo,
deponen su ferocidad,
su mando
de orejas erguidas,
su arcaica brujería,
y optan por echarse
a inspeccionar nuestro descanso,
la labor de clasificación,
rotulado, encasillamiento,
de nuestras pequeñas construcciones,
y acaso el displicente ronroneo
es un perdón,
un acorde
de la música del instinto.

A media tarde
dejamos de interesarles,
enmudecen,
y con envidiable solidaridad
corren hacia sus iguales,
la abeja que revolotea en el jardín,
la hoja cayendo en espiral
sin sentido aparente:
velos rojizos
y dorados lustres vegetales
cuelgan de sus zarpas.

Estirados en el sillón,
mirando esos enigmáticos juegos,
nuestras sensaciones se aclaran,
se hacen más claras 
que los dictados del cerebro.
No, no los llamaremos,
la interrupción les disgustaría.

Alberto Girri (Buenos Aires, 1919-1991), "La condición necesaria", 1960, Obra poética I, Corregidor, Buenos Aires, 1977; "Antología mínima", Diario de Poesía, n° 18, otoño 1991

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Foto: UNAB

jueves, noviembre 19, 2020

Alberto Girri / Dos poemas

























Cuando la idea del yo se aleja

De lo que va adelante
y de lo que sigue atrás,
de lo que dura y de lo que cae,
me deshago,
abandonado quedo
del fuerte soplo,
del suave viento,
y quieto, las espaldas
vueltas las manos hacia arriba,
apoyo en el suelo,
corazón
abjurando de armas, faltas,
de oraciones donde borrar las faltas,
blando organismo, entidad
que ignora cómo decir: "Yo soy",
y en la que enfermedad y muerte,
vejez y nacimiento,
ya no encontrarán lugar,
como no lo encontraría el tigre
para meter su garra,
el rinoceronte el cuerno,
la espada su filo.

Antes hacía, ahora comprendo.

El ojo, 1963
 

Poesía de observación

En los viejos de Yeats,
asistiendo a un acumularse
de experiencia e historia
que impreca con doctos
y respetables harapos,
informes ruinas eruditas,
la sagrada Bizancio
como urbe hostil a viejos,
y el persistente rencor
hacia la vida, que agravia
por acabar siempre pagando
con moneda de desgracia,
soledad, separación,
y la fácil, trivial conjetura,
de que la indignidad de la vejez
fue más llevadera
en siglos distantes.

Y cuando,
vanamente, por las plazas,
quisiéramos reconocerlos
entre el anónimo, ininterrumpido
tremolar en los bancos,
      no nos parecen de Yeats
esos ancianos que nada
comentarían si Catulo pasara por allí, 
mientras balbucean sus crueles
datos, para encuestas:
                       "¿De qué sirvo ahora? Mis hijos
apenas si vienen a verme una vez al año.
¿De qué sirve un viejo?"

Poesía de observación, 1973

Alberto Girri (Buenos Aires, 1919-1991), Obra poética II y III, Corregidor, Buenos Aires, 1978 y 1980

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Ilustración: Alberto Girri por Hermenegildo Sábat, c.1998 Archivo del Administrador

viernes, octubre 16, 2020

Alberto Girri / De "Playa sola", 7



















A Thomas de Quincey

Para hablarte,
no quiero saber nada de tu amado Lactancio,
ni de la indulgencia servil de tu leyenda,
ni de la droga que piensa,
ni de tu seria abominación del veneno.
Esta es mi confesión preliminar.

Thomas de Quincey,
tú, el imaginador para quien el amor era una clepsidra rota,
tú, que hacías gestos de burla
y mirabas a los hombres como planetas extraviados,
ven hoy a recorrer mi colección de máscaras, sabor del espejo,
albergue de la tregua cotidiana.
Ven, acuéstate en un propicio cielo de pizarra,
hombre-dios buscando el ansioso, húmedo caer de las palomas
sobre un arrabal de niñas hambrientas. 
Tirso, tirso y frente enriquecida de gas,
toda vergüenza es inhumana y para anunciarte
marcharon por la noche las infinitas caballerías del desvelo.
Ven, dame el puro equilibrio de tu mundo
nunca rebajado a comparar la muerte con la ambigüedad del sueño.

Tirso del pensamiento,
me rescataste del cielo y yo te lo agradezco.
Ríe entonces de lo que el orden y el nivel te hubieran
   reservado:
"Yo era célebre y admirado,
ahora me comen los gusanos"

Thomas de Quincey.

Alberto Girri (Buenos Aires, 1919-1991), "Playa sola" (1946), Obra poética I, Corregidor, Buenos Aires, 1977

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Foto: Alberto Girri por Tito La Penna, 1985 Otra Iglesia Es Imposible

martes, junio 23, 2020

Alberto Girri / De "Quien habla no está muerto", 6


Comida con música

El azulino vapor,
ramificándose por la mesa,
contoneos, fragantes elipses,

el entrañable reverberar,
conduciendo las retinas a la fuente,
a hermanarlas con los punzantes alientos,

el chasquido de comensales,
agradeciendo que comer
sea sobrevivir,

el invocar a los cielos, lenguas
alabándolos por haber sido hechas,
para hundirse como azadas, envolver lo revuelto.

El oratorio de Haendel,
servido al unísono con las lentejas,
como aderezo complementario,
                                                plato
de emergencia, tranquilizador
recurso por si inopinadamente
se despiertan más apetitos, hambre
canina a ser hartada entonces
con comida en otra longitud de onda.

Alberto Girri (Buenos Aires, 1919-1991), "Quien habla no está muerto", 1975, Obra poética III, Ediciones Corregidor, Buenos Aires, 1980

Otra Iglesia Es Imposible - DardanelosA Media Voz - El Placard - Analecta Literaria - De Sibilas y Pitias - Javier Barreiro - Diario de Poesía - Universidad Complutense de Madrid - Hablar de Poesía - La Nación - Clarín, 1 - Clarín, 2 - Eterna Cadencia - Palabra Virtual (audio) - Los 7 Locos/YouTube
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Foto: Alberto Girri, Buenos Aires, 1988 Luis Barreiro

jueves, septiembre 05, 2019

Alberto Girri / De "Playa sola", 6

























Ascensión de Alva

A menudo,
como marfil caliente y obligado,
camino y manoteo en un mar esencialmente pretérito
cuya población son flores gastadas
que yo atrapo.
Entonces (fastidioso entonces),
hay pedazos de vida sin mayor solemnidad,
y arrodillados como barcos náufragos
me visitan suaves parturientas.
Entonces te veo,
te veo, Alva, color de aceituna,
aún eres el hebreo por parte de madre,
existes realmente,
orgulloso de tu rol histriónico: Fedra, Volpone.
Orgulloso,
porque tu madre apenas hablaba español,
y comía bombones de violetas, y a los quince años
pintó una gitana.
Te veo,
quieren perforar esa dejadez constituida
que es muy tuya,
lejana como tu reclinatorio.

En cuanto a mí, tú sabes que soy distinto,
cultivo lo paulatino, lo que no tiene defensa,
acodado en las ciudades y adorando
el pelo salobre de cualquier muro.
Entre puentes de nervios,
trapos, hollín, la porfiada pereza,
y bastante silencio.

Alberto Girri (Buenos Aires, 1919-1991), "Playa sola" (1946), Obra poética I, Corregidor, Buenos Aires, 1977

Analecta Literaria - A Media Voz - Eterna Cadencia - Lo que se Escribe - Universidad Complutense de Madrid - El Placard - La Nación - Clarín - Palabra Virtual (audio) - Otra Iglesia Es Imposible
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Foto: Alberto Girri por Sara Facio s/f

martes, septiembre 03, 2019

Alberto Girri / De "Homenaje a W. C. Williams", 4




S. S. describe a un melancólico

Lo cataloga como torpe y lento,
uno que tiende
a exagerar su lentitud, torpeza,
y no obstante dueño de sombrío
poder de atracción saturnina,
el encanto
de los que denotan arrastrar
grandes fervores, sólo que brumosos,
añorados,
la singularidad
de que en él tiempo y espacio
obran como corriente única, cauce
sosteniéndolo de presente a futuro
por el ancho espacio con desvíos,
vueltas en redondo, intersecciones.

Pero qué si agregara
que la melancolía bien puede
transformarse en hedonismo;
qué de esquivar
los ojos cuando lo miran a los ojos,
hacer una diversión, placentero
confundir a quienes lo aborden,
socarrones contagios
de sus expectativas
colmadas de ansiedad.

Pero qué, todavía.
Que acaso su hedonismo encierre
una sutil maniobra de acercamiento,
¡todos terminando por compartir
la mesa de los melancólicos,
todos melancólicos!

Pero qué,
¿la melancolía como misericordia?

Alberto Girri (Buenos Aires, 1919-1991), "Homenaje a W. C. Williams", 1981, Obra Poética IV, Ediciones Corregidor, Buenos Aires, 1984
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Ilustración: Melancolía, 1895, Edvard Munch

miércoles, julio 05, 2017

Alberto Girri / De "Playa sola", 5


















La fuente

Esta tarde con su estricto abandono
la fuente
es un viejo soldado melancólico.
El aire impera, impera la voluntad del polen
y leones alimonados
acechan la carne dormida de la hiedra.
Desplomada en silencio,
entre un coro verde de cazadores de moscas
vuelven los pobres Narcisos
y montan guardia.

Es la fuente, y su tiempo,
las infinitas generaciones de escarabajos,
las cumplidas efemérides del amor,
nombres veloces, veloces gentilezas registradas.

(Malamente impresa en la base
la calle oriental cambia la vida
y sería irreverencia no pensar en hashish y sociedades secretas).

Alberto Girri (Buenos Aires, 1919-1991), "Playa sola" (1946), Obra poética I, Corregidor, Buenos Aires, 1977
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Ilustración: Alberto Girri por Sábat © Herederos de Hemenegildo Sábat

jueves, mayo 25, 2017

Alberto Girri / De "Tramas de conflictos", 3



















El hecho de ser tal

1

Uno en lo que es,
         lo que es, rasgos
que se le dan por alusiones,
medias palabras, matices del sentimiento.

2

Como ser uno su casa,
legítimo dueño,
            y ser los huéspedes
que se van alojando, tumultuosos,
aplicados a confundirnos,
suplantarnos,
             y desvanes
donde uno guarda sobras.

3

Una entidad que al exhibirse
a si misma insinúa el rostro
de su esencia, efluvio
que acabará por volar,
         y un arte, el de en uno
todos,
     uno, el que separa
la arena y recoge el oro,
     uno, el atento
al seducir de las flores,
excitarse de las hierbas.

4

El hecho de lo exclusivo
en lo que sea,
              y por instinto,
como agua que corre, flotar de nubes,
como planea el milano,
salta el pez, como ríe el cuervo.

Alberto Girri (Buenos Aires, 1919-1991), Tramas de conflictos, Sudamericana, Buenos Aires, 1988
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jueves, mayo 04, 2017

Alberto Girri / De "Tramas de conflictos", 2


















Subliminales

             Por relampagueos
tus anhelos de simultaneidad,
infructuosos,
             que cuando velas
durmiendo te duermas velando,
             cuando vayas
del sol a la sombra vayas
de la sombra al sol,
              cuando contemplas
una acacia lo hagas
señalando las moreras,

y también urgencias
que no cumples, sólo rozas,
               esa de concertar pactos
sin embustes, sortilegios,
constantes como el mar, montes,
               y esa en que además
de aflicción, tu transcurrir desasido
-entre la nada previa a ti,
y la final, dispersadora-
te pides acumules esperanza,
               y que desde
tu vecindad oprimente, de siseos,
gruñidos, crujir de camas, puertas,
del madero atravesado
que te quedará por toda puerta,
               ganes en improvisa conversión,
pases a una súbita luz,
salvadora intemperie.

               Tramas
de conciencia, bajo su umbral,
que muerden sin nunca abandonar
cada fracción de litigio mientras
no se arriman a la siguiente.

Alberto Girri (Buenos Aires, 1919-1991), Trama de conflictos, Editorial Sudamericana, Buenos Aires, 1988
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Foto: s/d

sábado, diciembre 31, 2016

Alberto Girri / De "Quien habla no está muerto", 5















Aflojar las tensiones

Labor
que se centra en la boca,
                        de ordinario
en el labio superior latiendo descontrolado,
y al que habrá que aquietar, con intensidad
pensar en dormirlo, tornarle
casi imperceptible la transpiración,
                                   anular
su autonomía para absorciones, balbuceos,
desoyendo protestas, mandatos,
                             díscolo.


Dado este paso, lo demás
se avendrá con mansedumbre,
                        a los párpados
no les urge apelar a la mano para distenderse,
cerrados o abiertos,
                   y la lengua se suelta, puede
reconocer la base de la nariz
sin perturbarla,
               y la nariz, meditativa,
logrado el alivio de que el peso
de la frente ahora sea de aire.


Y bastará,
          supuesto que la operación
tenga el carácter de una gimnasia
en donde cada rasgo consigue recobrar
su tono virgen, en armonía con el resto
y sin dejar de verse fielmente a sí mismo,
                  o que deba ser acreditada
como particular recurso, deleite,
que los ociosos se inventan
para jugar con sus rostros, recreándose
en modelar sus partes como naturalezas muertas.
                  ¿A qué indagarlo?, nunca
averiguaríamos por qué vínculo, airado, carente de razón,
las fatigas de la boca, ojo,
nariz, comisuras, superciliares,
son ecos del modo como la realidad
satura la mente, la va provocando
para que la persiga, trate de expulsarla.

Alberto Girri (Buenos Aires, 1919-1991), "Quien habla no está muerto", 1975, Obra poética III, Ediciones Corregidor, Buenos Aires, 1980
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Foto: Alberto Girri por Tito La Penna (detalle), 1985

martes, diciembre 27, 2016

Alberto Girri / De "Quien habla no está muerto", 4


















Quien habla no está muerto

Un curioso se interesa por la frase,
                              literalmente
vertida del alemán, un verso.
                             La aparta, la despliega
sobre la mesa, bien manifiesta, intuyendo
al margen de su obviedad el ánimo
de sustentar lo que se quiera
en cualquier circunstancia, aseverar
monólogos o diálogos,
desmentirlos;
            fácil de ser memorizada
como tersa y metálica variante
del bíblico "Tienen boca pero no hablan".

No le dura casi. De improviso
es como golpeado, despertado,
la vecindad de otra lectura
previniéndole que no existen
verdades objetivas,
                    y que si así no fuera
¿cómo legitimarlas, a través de qué?;

        y su inicial devoción, sumisión
a la frase, se tambalea,
vacila hasta desleírse,
escudriñándola de nuevo, extrañado,
como un inquisidor, ensombrecido,
recriminándole no haberle hecho entender
que su certeza, irrefutable en lo exterior,
tiene descorazonadores límites
          (no,
"Quien habla no está muerto",
           sino
"Quien habla probablemente no está muerto");

          y desazonado, indispuesto
consigo mismo, a sí mismo
puesto bajo la acusación
de quimérico, crédulo,
                     de culpable ligereza
en entregarse a deducir
que lo evidente es verdadero.

Alberto Girri (Buenos Aires, 1919-1991), "Quien habla no está muerto", 1975, Obra poética III, Ediciones Corregidor, Buenos Aires, 1980
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Foto: Alberto Girri por Tito La Penna, 1985

sábado, diciembre 03, 2016

Alberto Girri / De "Elegías italianas", 5

















Di lo que tuve

Di lo que tuve,
me despreocupé
del drama cotidiano
de la emoción,
un solitario
afanándose en la perspectiva
y sus bases matemáticas,
construcciones en la luz y sombra
y problemas de atmósfera
resueltos con grises,
el universo
entendido como cálculo
y crispación,
espacio
y aliento sin ternura,
una gélida masa
donde me entregaba
a los refinamientos del modelado,
a los monótonos pretextos
de escenas bíblicas
y homenajes a déspotas,
Resurrecciones,
y potentes caballos
fijos sobre Ponte Milvio,
y escudos
protegidos por la cruz,
amuletos del sueño
y de la revelación de Constantino.

Qué juicio
provocaré en lejanos sucesores
que distorsionan el desnudo
quiero ignorarlo,
nada conseguiría borrar
la sumisión de mis coetáneos,
el brindis
por Piero della Francesca,
monarca
en la ciencia de la pintura.

Alberto Girri (Buenos Aires, 1919-1991), "Elegías italianas" (1962), Obra poética I, Corregidor, Buenos Aires, 1977
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Foto: Pájaro de Fuego n° 16, junio de 1979 Wikimedia Commons

viernes, octubre 28, 2016

Alberto Girri / De "Lo propio, lo de todos", 2


Lírica

Lo no previsto,
lo que con nombre de sarcasmo:
           novísima luna de miel,
arrastras por dentro,
        y que afuera, juzgado y aislado
desde ciencias del comportamiento,
merecería rótulo más cierto,
                   el de novísima
erotización del vínculo,
transparente caso, muy sabido
de acuerdo con estadísticas,
noticias sueltas, cuadros personales,
                  y que tan por sorpresa
como se instaló se revertirá,
una tardía
exaltación que en la casi penumbra,
receptáculo de los desposados,
toca a pagar, te toca
corresponder con el recelo de que acaso
no transcurriera sino en ti,
                   y ella intacta, lo femenino
examinándote, sobrepasándote
a fuerza de no conocer altibajos,
            la femenina complacencia
de resistirse a transformaciones
de alta tensión y débil intensidad
en baja tensión y gran intensidad.

Alberto Girri (Buenos Aires, 1919-1991), "Lo propio, lo de todos", Obra poética IV, Ediciones Corregidor, Buenos Aires, 1984

Envío de Daniel Gigena

jueves, diciembre 17, 2015

Alberto Girri / Cuál













Cúal
con certeza
es
la palabra sacrificial,
o sea la que enriquece,
cuál
la cósmica, inicial y final,
cuál
la enterrada, presa,
codiciado veneno de las lenguas,
cuál
la que es fórmula,
no se nos revela
al absorberlas
y decantarlas
pasando como por cribas
sus asociaciones, el vario
rumor de sus desarrollos,
energías y límites.

Nunca conseguiríamos
llegar a la médula,
atrapar
qué significó, exactamente,
Dante con amor,
qué quiso Sócrates con areté.

Alberto Girri (Buenos Aires, 1919-1991), Poesía argentina contemporánea - 50° Aniversario, compilado por Lidia Vinciguerra, Antonio Requeni, Fernando Sánchez Zinny, Fundación Argentina para la Poesía, Buenos Aires, 2015
---
Foto: Alberto Girri en el programa de televisión Los Siete Locos YouTube

sábado, febrero 21, 2015

Alberto Girri / De "Elegías italianas", 4

















Sperlonga

es
una corrupción del latín spelunca,
significa cueva, caverna,
cavidad natural
entre el mar y la montaña,
refugio
de los que traían y llevaban
las guerras, la política,
las religiones extrañas,
las intrigas por celos,
el oprobio
de arrastrar una figura
alta en exceso, un rostro
manchado rabiosamente.

Estaba allí, en la entrada,
como un estandarte,
y a la luz de la luna
lo miré en sus ojos
olvidándome del lado negro
de Suetonio,
y comprendí
que no era un muerto que volvía,
sino un destino, su parte
en el drama del mundo condenado,
y mi corazón oyó
la voz quejosa del chacal
hablándole a las rocas, el eco
de veinte centurias:
"El enigma
no soy yo, Tiberio, tercer César,
autoridad legítima y universal
y padre infeliz, asesino
del hijo y del adoptivo,
es la tumba
que increpa desde el Este,
abierta por Pilatos, mi vicario,
abierta todavía".

Ay, siquiera con un ademán
debí retenerlo,
pero no me moví, amanecía
sobre Sperlonga, la memoria
recomenzaba su fluir
devorando a los sobrevivientes,
y quise ocultarme del tiempo,
de la tenacidad del arqueólogo
que chapotea,
que arranca a las verdes aguas
la cabeza barbada de Ulises,
pedazos de Ganimedes,
y dormité
hasta encontrar en sueños
el fondo de la gruta,
una toga fosforescente,
una inscripción
no descifrada por los buzos.
AVE CRUX SANCTA.

Alberto Girri (Buenos Aires, 1919-1991), Elegías italianas, Editorial Sur, Buenos Aires, 1962

lunes, junio 23, 2014

Alberto Girri / De "Existenciales", 8


























La máscara

Dirigido a una máscara,
tu deseo parece temor,

       aunque, puesto que te sonríe
mientras le reprochas ligereza,
sobresaltos del corazón,

       qué más daría
considerarla tu enemiga
si lo que muestras es
también máscara,
                               lo hostil, un reverso
del que efectivamente eres,

       ¿cómo rehuirle
el juego, provocarte
pueriles compensaciones,
                                el amor como chispa
de incendiar llanuras,
       como limosna, mutua
asistencia para encontrarnos
en la orilla no enferma de lo que somos,
la sigilosa?

       Que así la enfrentes,
un equiparar de cuanto debajo escondes
con lo que en ella te excita;
       repudiarla
sería agregar a tu desvalimiento otro,
volcar escarcha sobre la nieve.

Alberto Girri (Buenos Aires, 1919-1991), "Poemas con poemas", Existenciales, Sudamericana, Buenos Aires, 1986
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Foto: Alberto Girri por Sara Facio. Sin fecha