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sábado, septiembre 03, 2022

Adam Zagajewski / Vaporetto



En el bolsillo de la cazadora encuentras
un pasaje azul para el vaporetto
(il biglietto, non cedibile). 

El billete azul, poco mayor
que un sello de la República de Togo,
te promete un cambio, un viaje. 

Se derrite la laca en el recuerdo,
se deshiela la almendra de la nieve alpina.
Ahora puede empezar la expedición. 

Estás en Texas, en la tierra llana,
entre los robles eternamente verdes,
que no recuerdan nada. 

Por canales estrechos navegarás
con zalemas, a contracorriente;
y hallarás glaciares y grisura. 

El billete reza: corsa semplice,
pero no menciona el desierto,
la monotonía del gravoso mar, 

el deseo, el aduanero malicioso,
que no te espera sólo a ti,
islas de indiferencia y de cenizas. 

Navegarás largamente. Quizás llegues
allí donde descansa el erizo de Venecia,
agua, encajes y oro. 

Quizás llegues allí donde se alzan
las rojas torres de Venecia, torres fieles,
agujas de un compás perdido en el océano.

Adam Zagajewski (Lvov, actual Ucrania, 1945-Cracovia, Polonia, 2021), Poemas escogidos, Pre-Textos, Valencia, 2005
Versión de Elzbieta Bortkiewicz

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miércoles, abril 21, 2021

Adam Zagajewski / Dos poemas

















Mirlo

Se sentó un mirlo en la antena de tv,
cantaba una dulce canción de jazz.
¿A quién dices adiós? ¿Qué lloras?
A los que ya no están, contestó el mirlo, 
me despido del día (de sus ojos y párpados),
lloro a una chica que ha vivido en Tracia,
no la pudiste conocer.
Me apena el mimbre que mata la escarcha,
lloro porque todo perece y cambia
y regresa, pero nunca es igual,
En mi pequeña garganta apenas caben
tristeza y desconsuelo, alegría y orgullo,
por esta radical metamorfosis.
Veo avanzar la comitiva fúnebre,
allí, igual cada día, al filo del horizonte.
Van todos, los observo y me despido.
Veo sables, sombreros, pañuelos, pies descalzos, 
cañones, sangre y tinta. Avanzan lentos,
desaparecen en la niebla de la orilla, por la derecha.
De ellos, de ti y de la luz me despido,
y saludo a la noche, porque a la noche sirvo,
a las negras sedas, a las negras fuerzas.


Robespierre ante el espejo

Tengo los labios finos, la nariz afilada.
Mi cara encierra algo de asceta.
Mi mirada puede ser dura
e inflexible.
Sin duda me describirán así
los que historien la gran revolución:
"Despiadado, inflexible, ambicioso."
Ni siquiera yo mismo puedo saber quién soy,
pero ahora, al amanecer, en junio,
en el pueblo, ante el espejo rosado
por la salida del sol,
advierto una sonrisa en mi cara
y una benevolencia
que suele acompañar a la ternura
y a la debilidad.
En la mejilla izquierda llevo una nube negra.

Adam Zagajewski (Lvov, actual Ucrania, 1945-Cracovia, Polonia, 2021), Tierra del fuego, Acantilado, Madrid, 2017 
Traducción de Xavier Farrè

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domingo, abril 18, 2021

Adam Zagajewski / Dos poemas
















Oda a la suavidad

Los amaneceres son ciegos como gatitos.
Las uñas crecen confiadamente, aún
saben qué tocarán. Suaves
son los sueños y la ternura como niebla
suspendida sobre nosotros, igual que la campana de Segismundo
antes que el frío la abrazase.

Poemas escogidos, Pre-Textos, Valencia, 2005
Traducción de Elzbieta Bortkiewicz


Tierra del Fuego

Tú, que ves nuestras casas por la noche
y las finas paredes de nuestras conciencias,
tú, que oyes el zumbido de las máquinas
de coser de nuestras conversaciones,
sálvame, arráncame de este sueño,
de esta amnesia.

¿Por qué es la infancia, ¡oh, tesoros de aluminio,
oh, susurro de plomo, amenazante y bello,
la única fuente, la única añoranza!?
La vejez, posterior a la edad madura, ¿por qué
es un camino inacabable,
amarillo como si fuera el Sáhara?

Sabes muy bien que algunos días
incluso el deseo se vuelve seco,
y los labios al rezar se endurecen.

A veces la moneda del sol se vuelve mate
y la vida empequeñece hasta tal punto
que podría caber
en los guantes azules de una gitana 
que predice el pasado
de hasta siete generaciones.
 
Y es entonces cuando en un pueblo
del sur un charlatán
decide destruirte, a ti,
y a mí y a sí mismo.

Tú, que ves el blanco de nuestros ojos,
tú, que te escondes igual que un pinzón
en los serbales,
y en las cálidas medias de las nubes
como un halcón,
abre las repletas cajas de cantos,
abre la sangre que late en las aortas
de animales y piedras,
enciende las farolas en los negros jardines.
 
Innombrable, invisible, silencioso,
libérame de la anestesia,
llévame a la Tierra del Fuego,
llévame allí, donde los ríos
fluyen verticalmente, verticalmente fluyen
ríos horizontales.

Tierra del fuego, Acantilado, Madrid, 2017 
Traducción de Xavier Farrè

Adam Zagajewski (Lvov, actual Ucrania, 1945-Cracovia, Polonia, 2021)


Foto: Adam Zagajewski delante de su casa en Cracovia, 2017 Lisbeth Salas/El País

viernes, diciembre 27, 2019

Adam Zagajewski / Bertolt Brecht en la eternidad















Tu tumba se encuentra en el centro de Berlín
en ese cementerio esnob, filosófico
donde no se entierra a cualquiera,

donde descansan Hegel y Fichte como anclas herrumbrosas
(sus veleros se hunden en los abismos de los manuales).

Tus equivocaciones extravagantes, tu adoración a la doctrina
están de lado como un hacha y una lanza en las tumbas del neolítico,
igual de útiles, igual de necesarias.

Elegiste la Alemania Oriental pero por si acaso
conservaste también el pasaporte austríaco.

Fuiste un revolucionario precavido - ¿puede un oxímoron
salvar el mundo?

Escribiste el poema "A los por nacer" - también querías que el futuro
cediera a tu persuasión. Pero el futuro ya había pasado.

Esos por nacer ahora dan vueltas indiferentes entre las tumbas,
como en un museo los turistas
que miran principalmente las leyendas
debajo de los cuadros.

Es abril, un día soleado, frío, las negras sombras se agarran
a las tumbas como si los agentes secretos resultaran ser inmortales.

Adam Zagajewski (Lvov, actual Ucrania, 1945-Cracovia, Polonia, 20121), Asimetría, Acantilado, Barcelona, 2017
Traducción de Xavier Farré
Envío de Jonio González

Otra Iglesia Es Imposible - A Media Voz - Círculo de Poesía
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Foto: El Cultural
act. 2021

jueves, octubre 19, 2017

Adam Zagajewski / Referéndum














En Ucrania se celebró un referéndum
sobre la independencia.
Caía la niebla sobre París, los meteorólogos
predijeron un día fresco y nublado.
Sentía ira contra mí, contra mi
estrecha y atada vida.
El Sena se asfixiaba en el amarradero.
Las librerías mostraban
una nueva edición de Schopenhauer:
"Douleurs du monde".
Los parisinos vagaban por la ciudad
escondidos en cálidos abrigos loden.
La niebla entraba en la boca, en los pulmones,
como si el aire llorara
y explicara algo de sí mismo, del frío al amanecer,
de cuán larga es la noche
y de cómo las estrellas aparecen sin piedad.
Iba en autobús en dirección a la Bastilla,
destruida doscientos años atrás,
intentaba leer algunos poemas,
pero no entendía nada.
Lo que venga será invisible
y ligero.
Lo que existe, vacila entre la ironía
y el temor.
Lo que perdure será azul como el ojo
de una guillotina.

Adam Zagajewski (Lvov, actual Ucrania, 1945-Cracovia, Polonia, 2021), Tierra del fuego, Acantilado, Barcelona, 2004
Trad. de Xavier Farré
Envío de Jonio González
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act.2021

martes, agosto 15, 2017

Adam Zagajewski / Schopenhauer está llorando













Sí, se trata del mismo Schopenhauer (1788-1860),
el autor de “El mundo como voluntad y representación”,
descubridor de los progresos
de la naturaleza y la música de las esferas. Alguien lo llamará
después educador. No ha pasado nada,
porque nada pasa, sólo cierto
chiquillo, un mocoso, con un cierto parecido
con cierta mujer a la que conoció en su juventud,
la juventud no existe -le sonrió
sin necesidad-, siendo como es
un agente de la naturaleza.
Septiembre -es diferente-
ya no abre los corazones, sólo la tierra
despacio se endurece.
Vuelve a su casa, se encierra
con llave, delante de su criado.
Con cuánta suavidad
trabaja la cerradura, seguro que forma parte
de una conspiración. Está llorando.
El menudo cuerpo del gran filósofo,
séptimo continente, tiembla.
Su chaleco. Su cuello almidonado.
Sus amarillentas mejillas. Su redingote marrón.
Todas estas cosas prescindibles tiemblan,
como si sobre Frankfurt ya estuviesen cayendo
las bombas. Tiembla su soledad, densa,
delgada como un lienzo holandés.

Adam Zagajewski (Lvov, actual Ucrania, 1945-Cracovia, 2021), Ángel Enrique Díaz-Pintado, Las ideas estéticas de Adam Zagajewski y sus fuentes clásicas, tesis doctoral, Universidad de Granada, Facultad de Filosofía y Letras, Departamento de Filología Griega y Filología Eslava, 2012

Traducción del polaco: Ángel Enrique Díaz-Pintado
Envío de Jonio González
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act. 2021

viernes, septiembre 26, 2014

Adam Zagajewski / Dos poemas












El cine Potencia

La pantalla del cine Potencia podía acoger
cualquier película y cualquier imagen;
los indios se encontraban aquí como en casa,
pero los héroes soviéticos
tampoco podían quejarse.
Al acabar la sesión se hacía un silencio
tan profundo que la policía se inquietaba.
Pero por la tarde la ciudad dormía con la boca
abierta, como un niño en el cochecito.
Al atardecer a veces se levantaba viento
y en el crepúsculo la tormenta centelleaba
con un resplandor irreal, violeta.
A medianoche en el límpido cielo
volvía la frágil luna.
Parece que algunos domingos
Dios estaba cerca.


En la belleza ajena

Sólo en la belleza ajena
hay consuelo, en la música
ajena y en los poemas ajenos.
Sólo en los otros hay salvación,
aunque la soledad sepa como
el opio. No son el infierno los otros,
si se los ve por la mañana, cuando
limpia tienen la frente, lavada por los sueños.
Por eso pienso mucho qué
palabra emplear, «él» o «tú». Cada «él»
es una traición a cierto «tú», mas,
a cambio, en un poema ajeno fiel
aguarda un sereno diálogo.

Adam Zagajewski (Lvov, actual Ucrania, 1945), Ángel Enríquez Díaz-Pintado,  Las ideas estéticas de Adam Zagajewsk y sus fuentes clásicas, tesis doctoral, Universidad de Granada,  Facultad de Filosofía y Letras, Departamento de Filología Griega y Filología Eslava, 2012

Traducción del polaco: Ángel Enríquez Díaz-Pintado
Envío de Jonio González