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sábado, diciembre 21, 2019

W. H. Auden / Rimbaud
















Las noches, los puentes ferroviarios, el cielo tormentoso.
Sus horribles compañeros no lo sabían;
Pero en aquel niño la mentira del retórico
Reventó como una tubería: el frío había hecho un poeta.

Tragos que le pagaba su débil y lírico amigo
Sus sentidos sistemáticamente trastornados,
A todo habitual disparate pusieron fin;
Hasta que lo alejaron de la lira y la fragilidad.

El verso era una enfermedad propia del oído;
La honestidad no bastaba; aquello parecía
El infierno de la infancia; debía intentarlo de nuevo.

Ahora, galopando a través de África, soñaba
con un nuevo yo, un hijo, un ingeniero,
cuya verdad resultara aceptable para los mentirosos.

W. H. Auden (York, Inglaterra, 1907-Viena, 1973), Selected Poems by the Author, Penguin Books, Harmondsworth, Middlesex, 1964
Versión de Jonio González

Poetry Foundation - Otra Iglesia Es Imposible - UNAM - Hablar de Poesía - Ignoria -- Eterna Cadencia


RIMBAUD

The nights, the railway-arches, the bad sky,
His horrible companions did not know it;
But in that child the rhetorician’s lie
Burst like a pipe: the cold had made a poet.

Drinks bought him by his weak and lyric friend
His five wits systematically deranged,
To all accustomed nonsense put an end;
Till he from lyre and weakness was estranged.

Verse was a special illness of the ear;
Integrity was not enough; that seemed
The hell of childhood: he must try again.

Now, galloping through Africa, he dreamed
Of a new self, a son, an engineer,
His truth acceptable to lying men.
---

lunes, septiembre 09, 2019

W. H. Auden / Blues de la Muralla Romana















Sobre el brezo sopla el viento húmedo,
tengo piojos en la túnica y un catarro de nariz.

La lluvia cae del cielo tamborileando,
soy un soldado de la Muralla, no sé por qué.

La niebla se arrastra sobre la dura y gris piedra,
mi chica está en Tungria; duermo solo.

Aulus anda merodeando su casa,
no me gusta su conducta, no me gusta su cara.

Piso es un cristiano, venera a un pez;
si de su voluntad dependiese, no existirían los besos.

Ella me dio un anillo pero lo perdí a los dados;
quiero a mi chica y quiero mi paga.

Cuando sea un veterano con un solo ojo
no haré otra cosa que mirar el cielo.

W. H. Auden (York, Inglaterra, 1907-Viena, 1973), Collected Short Poems, Faber & Faber, Nueva York, 1966
Versión de Jonio González

Nota del Traductor
En 1937 Auden recibió en encargo de la BBC (a través de su amigo John Pudney, productor de la emisora), de escribir un texto para un programa en torno a la Muralla Romana. Entre septiembre y octubre de ese año, Auden trabajó en la sinopsis y Benjamin Britten en la música (contra la opinión de muchos ejecutivos de la emisora, que consideraban a Britten demasiado joven e inexperto). El programa fue emitido el 25 de noviembre de 1937 en un espacio de la BBC para la región noreste de Inglaterra. Auden nunca publicó el texto completo, pero reescribió la canción "Over the heather the wet wind blows" ("Sobre el brezo sopla el viento húmedo") con el título "Roman Wall Blues" y publicó la versión en su libro Another Time (Random House, Nueva York, 1940). Tras su muerte, entre sus papeles se descubrieron tres estrofas de una canción titulada "Song of the Legions". Para más información al respecto, véase Plays and Other Dramatic Writings by W. H. Auden, Edward Mendelson, ed., Princeton University Press, Nueva Jersey, 2019. (J. G.)

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Ñ
Otra Iglesia Es Imposible

Foto: W. H. Auden, 1967, © Cecil Beaton Studio Archive, Sotheby's London/National Portrait Gallery UK

lunes, mayo 27, 2019

W. H. Auden / De "Horae Canonicae"















Immolatus Vicerit

1. Prima

Simultánea, tan silenciosa,
espontánea, tan repentinamente
como en la vanagloria del alba los benignos
portales del cuerpo se abren de par en par
a su mundo del más allá, los portales de la mente,
el portal del cuerno y el portal del marfil,
se abren y se cierran, instantáneamente
controlan el desordenado trastorno nocturno
de su rebelde fronda, repulsiva,
malévola y de menor cuantía,
carente de derechos, viuda y huérfana
por causa de un error histórico:
convocado desde las sombras para convertirme en un ser sensible,
desde la ausencia para exhibirme,
sin nombre ni historia me despierto
entre mi cuerpo y el día.

Sagrado este momento, con pleno derecho,
mientras, con completa obediencia
al lacónico clamor de la luz, próximo
como una sábana, cercano como una pared,
exterior como el aporte pétreo de una montaña,
el mundo está presente, en derredor,
y sé que soy, que estoy aquí, no solo
sino con un mundo y me alborozo
sin frustraciones, pues la voluntad aún debe reclamar
este brazo adyacente como el mío,
la memoria aún nombrarme, reanudar
su rutina de elogio y culpa,
y sonriéndome está este instante, mientras
el día todavía sigue intacto, y yo
soy el Adán sin pecar de los comienzos,
el Adán aún previo a todo acto.

Respiro, y eso, por supuesto, es desear,
sin importar qué, es ser sensato,
es ser diferente, morir, y el precio,
sin importar cómo, es el Paraíso,
perdido, por supuesto, y yo que debo una muerte:
el voraz arrecife, el mar calmo,
los planos techos de la aldea pesquera
aún dormida en su barranco,
aunque frescos y soleados ya, no son amigos
sino cosas al alcance de la mano, y esta carne dispuesta
no es igual y honesta, sino mi cómplice ahora,
mi futura asesina, y mi nombre
representa mi parte histórica de responsabilidad
por una mentirosa ciudad que se hizo sola,
temeroso de nuestra tarea en la vida, de la muerte
que el día que llega habrá de reclamar.

                                                                        1949

W. H. Auden (York, Inglaterra, 1907-Viena, 1973), Los Estados Unidos, y después. Poesía selecta 1939-1973, selección y traducción de Rolando Costa Picazo, Ediciones Activo Puente, Buenos Aires, 2009

Nota del Administrador
El plan de este poema de Auden es claro: sigue el orden de las horas canónicas de oración, fundado a su vez en el horario romano: Prima, seis de la mañana; Tercia, 9 de la mañana; Sexta, mediodía; Nonas las tres de la tarde; Vísperas, las seis; Completas las 9 de la noche y Laudes las tres de la mañana. Si, como se interpreta habitualmente, las siete horas aluden al desarrollo de la Creación, en la primera parte la voz del texto es la de Adán. La interpretación canónica del poema, por así decirlo, incluye también, y básicamente, la idea de las horas previas a la muerte de Cristo. Este motivo está ya presente en el comienzo, no solo porque el pecado originario fue lavado con el Sacrificio, sino porque la voz que suponemos de Adán lo alude. Pero nada impide imaginar que el despertar del personaje del primer poema es el de cualquier ser humano y, por lo tanto, que es Auden el que habla de su despertar al mundo, cada mañana.

Vladivostok
The New York Review of Books
Arbor
Letras Libres
El País
A Media Voz
Otra Iglesia Es Imposible

Foto: National Post/Cecil Beaton/Condé Nast via Getty Images


PRIME

Simultaneously, as soundlessly,
Spontaneously, suddenly
As, at the vaunt of the dawn, the kind
Gates of the body fly open
To its world beyond, the gates of the mind,
The horn gate and the ivory gate
Swing to, swing shut, instantaneously
Quell the nocturnal rummage
Of its rebellious fronde, ill-favored,
Ill-natured and second-rate,
Disenfranchised, widowed and orphaned
By an historical mistake:
Recalled from the shades to be a seeing being,
From absence to be on display,
Without a name or history I wake
Between my body and the day.


Holy this moment, wholly in the right,
As, in complete obedience
To the light's laconic outcry, next
As a sheet, near as a wall,
Out there as a mountain's poise of stone,
The world is present, about,
And I know that I am, here, not alone
But with a world and rejoice
Unvexed, for the will has still to claim
This adjacent arm as my own,
The memory to name me, resume
Its routine of praise and blame
And smiling to me is this instant while
Still the day is intact, and I
The Adam sinless in our beginning,
Adam still previous to any act.


I draw breath; this is of course to wish
No matter what, to be wise,
To be different, to die and the cost,
No matter how, is Paradise
Lost of course and myself owing a death:
The eager ridge, the steady sea,
The flat roofs of the fishing village
Still asleep in its bunny,
Though as fresh and sunny still are not friends
But things to hand, this ready flesh
No honest equal, but my accomplice now
My assassin to be, and my name
Stands for my historical share of care
For a lying self-made city,
Afraid of our living task, the dying
Which the coming day will ask.

                                                        1949

lunes, marzo 05, 2018

W. H. Auden / Ya el secreto salió a la luz














Ya el secreto salió a la luz
como es forzoso que suceda,
maduro el chisme que divierte
al amigo que tienes cerca;
sobre manteles y en la plaza
las lenguas se van de la lengua;
que las apariencias engañan
y nunca hay humo sin hoguera.

Detrás del cuerpo en el estanque,
detrás del fantasma en los hoyos,
detrás de la dama que baila
y el hombre que bebe a lo loco,
bajo la mueca de cansancio,
la migraña y los ojos rojos
hay historias que no se cuentan,
no todo lo que brilla es oro.

Para la clara voz que canta
desde la tapia del convento,
el perfume de los arbustos,
los cuadros con escenas de recreo,
el croquet en verano,
el saludo, la tos, el beso,
hay siempre una clave privada,
hay siempre un secreto perverso.

[1936]

W. H. Auden (York, Inglaterra, 1907-Viena, 1973), por Jordi Doce, Perros en la Playa, 29 de septiembre de 2016

Nota del Traductor
Hace unos años el responsable de una revista cultural madrileña me llamó para solicitarme la traducción de un célebre poema de Auden. El poema, en realidad una canción, se titula "At last the secret is out" y forma parte, junto con "Funeral Blues" y otras piezas, de las "Twelve Songs" (Doce canciones) que Auden compuso en 1936. Entre nosotros el poema es muy conocido porque Jaime Gil de Biedma lo tradujo al español para la edición definitiva de Las personas del verbo. Eso fue justamente lo que razoné al atender la llamada: ya existe la versión de Gil de Biedma, ¿por qué no recurrís a ella? Mi interlocutor hizo como que no me había oído. Quizá pensó en problemas de derechos, en agentes y herederos espinosos. El caso es que el encargo se mantuvo.

Cuando alguien te muestra su confianza hasta ese punto lo mejor es no hacerse de rogar y proceder con rapidez. Pero antes releí la traducción de Gil de Biedma y la comparé con el original. Me llevé una sorpresa. Bien es verdad que el autor de Moralidades dice que la suya es una versión "en romance": tres estrofas de ocho octosílabos cada una, con rima asonante en los versos pares. Pero es más que eso, pues lo que hace Gil de Biedma es traducir culturalmente la escena del poema de Auden, ese mundo británico del club de golf y salones de té y setos de boj, a la España de su tiempo, con su café de plaza y su juego de naipes y hasta un monasterio con la correspondiente tapia. Alguna decisión es más difícil de entender: por ejemplo, traducir still waters run deep, que es algo así como "la procesión va por dentro", por el refrán "que la cabra tira al monte", que tampoco –diría– se justifica en el contexto del poema.

En mi caso he preferido optar por el eneasílabo, aunque manteniendo la rima del original en forma de asonancia en los versos pares: ea en la primera estrofa, oo en la segunda, y eo en la tercera.

Enfocarte
Revista Ñ
El Cultural
National Post

At Last The Secret Is Out 

At last the secret is out,
as it always must come in the end,
the delicius story is ripe to tell
to tell to the intimate friend;
over the tea-cups and into the square
the tongues has its desire;
still waters run deep, my dear,
there's never smoke without fire.

Behind the corpse in the reservoir,
behind the ghost on the links,
behind the lady who dances
and the man who madly drinks,
under the look of fatigue
the attack of migraine and the sigh
there is always another story,
there is more than meets the eye.

For the clear voice suddently singing,
high up in the convent wall,
the scent of the elder bushes,
the sporting prints in the hall,
the croquet matches in summer,
the handshake, the cough, the kiss,
there is always a wicked secret,
a private reason for this. 

-Poem Hunter
https://www.poemhunter.com/poem/at-last-the-secret-is-out-2/

miércoles, julio 12, 2017

W. H. Auden / Si pudiera contarte
















El Tiempo no dirá nada pero yo te lo dije
El Tiempo solo sabe el precio que tenemos que pagar;
Si pudiera contarte te lo diría.

Si debemos llorar cuando los payasos hacen su show,
Si debemos tropezar cuando los músicos tocan,
El Tiempo no dirá nada pero yo te lo dije.

No hay presagios para ser dichos, aunque,
Porque te amo más de lo que puedo decir,
Si pudiera contarte te lo diría.

Los vientos deben venir de alguna parte cuando soplan,
Debe haber una razón, un porqué las hojas decaen;
El Tiempo no dirá nada pero yo te lo dije.

Tal vez las rosas de verdad quieren crecer,
La visión tiene la intención seria de quedarse;
Si pudiera contarte te lo diría.

Supongamos que los leones se levantan y se van,
Y los arroyos y los soldados huyen;
¿No dirá nada el Tiempo pero yo igual te lo dije?
Si pudiera contarte te lo diría.

W. H. Auden (York, Inglaterra, 1907-Viena, 1973), Collected poems, Random House, Nueva York, 1945
Versión de Noelia Torres

Información y poemas de W. H. Auden en Auden Society


If I Could Tell You

Time will say nothing but I told you so 
Time only knows the price we have to pay; 
If I could tell you I would let you know. 

If we should weep when clowns put on their show, 
If we should stumble when musicians play, 
Time will say nothing but I told you so. 

There are no fortunes to be told, although, 
Because I love you more than I can say, 
If I could tell you I would let you know. 

The winds must come from somewhere when they blow, 
There must be reason why the leaves decay; 
Time will say nothing but I told you so. 

Perhaps the roses really want to grow, 
The vision seriously intends to stay; 
If I could tell you I would let you know. 

Suppose the lions all get up and go, 
And the brooks and soldiers run away; 
Will Time say nothing but I told you so? 
If I could tell you I would let you know.

https://www.poemhunter.com/best-poems/wh-auden/if-i-could-tell-you-2/

jueves, marzo 30, 2017

W.H. Auden / Colegiales















Aquí se encuentran todos los cautiverios;
celdas que son como las de verdad,
pero diferentes de los prisioneros tal cual los conocemos,
que se sienten ultrajados o languidecen o se resignan sutilmente
o sólo anhelan irse.

Pues disienten tan poco, casi contentos
de representar la pantomima del perro: una lamida y una carrera;
los barrotes del amor son tan fuertes, sus conspiraciones
frágiles como juramentos de borrachos.

Por cierto que su esquivez es difícil de vigilar:
los condenados ven sólo los falaces ángeles de una visión;
tan poco esfuerzo se esconde detrás de sus sonrisas,
y la bestia de la vocación tiene miedo.

Pero observadlos, oh, contraponed a nuestra estatura y edad
la casi neutra, la levemente desmañada perfección;
porque el sexo está allí, el cordón roto del zapato está roto,
el sueño del profesor no es verdadero.

Sin embargo, la tiranía es bien fácil.
¿Es la indecorosa palabra
garabateada en la fuente toda la rebelión?
¿Son las tormentas de lágrimas derramadas en un rincón
las semillas de la nueva vida?

W. H. Auden (York, Inglaterra, 1907-Viena, 1973), Alberto Girri, Versiones, Corregidor, Buenos Aires, 1974

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miércoles, julio 24, 2013

Poemas elegidos, 78


Alejandro Jorge
(Lobos, 1981)

Balada para un funeral, de W. H. Auden
Conocí este poema de Auden en el 2005, en el taller de Cecilia Pavón, y no puedo separarlo de esa experiencia. No sólo este poema sino varios de los textos que ahí leímos y las personas que nos encontramos hicieron que mi escritura y mi vida sean distintas para siempre, mejores.
Lo que me cautivó de este poema fue la forma elegida para expresar esa que es la mayor desazón que puede sentir una persona: el alejamiento del ser amado. Me atraían la osadía, la libertad y lo sagrado. La osadía, de rechazar al mundo y las cosas más bellas que puede ofrecernos, a causa del vacío que nos provoca la desaparición de ese sentido que el amor le da a nuestras vidas; la postulación de ese amor como fin último de las cosas, sin el cual nada merece vivirse ya que lo colmaba todo. La libertad que el poeta se otorga para poder desmantelar el mundo, como una escenografía que está a su alcance y puede manipular a su antojo, tal como si todo se tratara de lo que es, simples construcciones. Y lo sagrado, expresado en un funeral, uno de los pocos rituales que aún conservamos, y que permiten darle a la vida marcas que puedan conformarla, aunque siempre así, en consonancia con aquello que se nos escapa.


Balada para un funeral *

Detengan todos los relojes, desconectá el teléfono.
Dale un buen hueso al perro para que no ladre.
Silencien los pianos y al sonido sordo de ese tamborileo
Saquen el féretro, dejen entrar a los deudos.

Que los aviones den vueltas arriba y se lamenten
Garabateando en el cielo el mensaje Él ha Muerto,
Pongan cintas negras en los cuellos blancos de las palomas,
Dejen que el policía de tránsito use guantes de lana negros.

Él era mi Norte, mi Sur, mi Este y Oeste,
Mi semana de trabajo y mi domingo para descansar
Mi tarde, mi medianoche, mi charla, mi canción,
Yo creí que el amor duraba para siempre, me equivoqué.

Ya no deseo las estrellas; apáguenlas todas,
Empaquen la luna y desmantelen el sol.
Vacíen los océanos y acaben con los bosques;
Porque desde ahora nada puede llegar a buen puerto.


* Versión libérrima: Valeria Meiller

W. H. Auden (York, 1907-Viena, 1973)
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Foto: Alejandro Jorge en FB

lunes, marzo 04, 2013

W. H. Auden / En memoria de Sigmund Freud



En memoria de Sigmund Freud
(muerto en sept. de 1939)

Cuando haya demasiados que lamentar,
cuando el dolor se haya hecho público y se haya expuesto
a la crítica de toda una época
la fragilidad de nuestra conciencia y de nuestra angustia,

¿de quiénes hablaremos? Pues todos los días mueren
entre nosotros los que nos hacían bien,
los que sabían que nunca era bastante, pero
tenían la esperanza de mejorar algo las cosas con sólo vivir.

Así era este médico: aún a los ochenta quería
pensar en nuestra vida, a cuya turbulencia
tantos jóvenes y plausibles futuros
con la amenaza o la adulación exigen obediencia,

pero no pudo ser: cerró los ojos
ante esta última imagen, común a todos,
de problemas como parientes reunidos,
intrigados y celosos por nuestra agonía.

Pues a su alrededor, hasta el mismo fin, perduraban
aquéllos que él había estudiado, la fauna de la noche
y las sombras que todavía aguardaban para entrar
en el brillante círculo de su reconocimiento

acudieron a alguna otra parte con su desencanto cuando él,
un judío importante muerto en el exilio,
fue arrancado del interés de su vida
para volver a la tierra en Londres.

Sólo el Odio fue feliz, pues esperaba aumentar
ahora sus pacientes y su sórdida clientela,
que cree poder curarse matando
y cubriendo de cenizas el jardín.

Ellos siguen vivos, pero en un mundo que él cambió
sólo con mirar hacia atrás sin falsos pesares;
todo lo que hacía era recordar
con memoria de viejo y honestidad de niño.

No fue para nada ingenioso: simplemente le dijo
al infeliz Presente que recitara el Pasado
como una lección de poesía, hasta que tarde
o temprano titubeara en un verso en donde

hacía mucho comenzaron las acusaciones,
y de repente sabría quién lo había juzgado,
conocería la riqueza o necedad de su vida,
y perdonaría y sería más humilde,

capaz de enfrentar el Futuro como amigo,
sin un vestuario de excusas, sin
una máscara fija de rectitud ni un
molesto gesto, familiar en exceso.

No es de extrañarse que las antiguas culturas de la vanidad
previeran en su técnica de agitación
la caída de príncipes, el derrumbe de
sus lucrativos patrones de frustración:

si él tenía éxito, pues, la Vida Generalizada
se tornaría imposible, el monolito
del Estado se quebraría, y se impediría
la cooperación de los vengadores.

Por supuesto que invocaron a Dios, pero él siguió su camino
hacia abajo entre los condenados, como Dante, hacia abajo
hasta la hedionda fosa donde los lastimados
llevan la fea vida de los rechazados,

y nos mostró que el mal no es, como pensábamos,
los hechos que hay que castigar, sino nuestra falta de fe,
nuestro modo deshonesto de negar
y la concupiscencia del opresor.

Si algunos rastros de la aristocrática pose,
el rigor paternal, del que desconfiaba, aún
persistían en su expresión y en sus rasgos,
se trataba de una coloración protectora

para quien viviera tanto tiempo entre enemigos:
si muchas veces se equivocó, e inclusive fue un tanto absurdo,
para nosotros ya no es más una persona,
sino todo un clima de opinión

bajo el cual conducimos nuestras vidas diferentes:
como el tiempo, sólo puede ser un obstáculo o una ayuda;
los orgullosos pueden seguir siendo orgullosos, pero lo encontrarán
un poco más difícil; el tirano intenta

llevarse bien con él, pero no lo quiere demasiado:
tranquilo, él circunda todos nuestros hábitos de crecimiento
y se extiende, hasta que los cansados, inclusive
en el ducado más remoto y miserable,

han sentido el cambio en los huesos, y se han alegrado,
hasta que el niño, infeliz en su pequeño Estado,
un fogón donde la libertad se excluye,
una colmena cuya miel es el miedo y la preocupación,

se siente más tranquilo ahora, de alguna manera confiado en escapar,
mientras que, esparcidos por el pasto de nuestra indiferencia,
tantos objetos, largo tiempo olvidados,
revelados por su brillo, que no se desanima nunca,

nos son devueltos y otra vez son preciosos;
juegos que creíamos que había que abandonar al crecer,
ruiditos de los cuales no nos atrevíamos a reírnos,
o las caras que hacíamos cuando nadie miraba.

Pero él quiere mucho más para nosotros. Ser libre
muchas veces es sentirse solo. Él quería unir
las desiguales mitades fracturadas
por nuestro bien intencionado sentido de justicia,

restituir al más grande la voluntad y el ingenio
que posee el más chico, pero que sólo puede usar
para áridas disputas; quería devolverle al
hijo la riqueza del sentimiento materno;

pero sobre todo quería que recordáramos
sentir entusiasmo por la noche,
no sólo por el sentido de asombro
que tiene que ofrecernos, sino también

porque necesita de nuestro cariño. Con grandes ojos tristes,
sus entrañables criaturas miran hacia arriba y
en silencio nos ruegan que les pidamos que nos sigan:
son exiliadas que anhelan el futuro

que está en nuestro poder; ellas también se alegrarían
si se les permitiera servir al esclarecimiento, igual que él,
inclusive soportar nuestro grito de "Judas",
como lo hizo él, como deben soportarlo todos los que le sirven.

Nuestra voz racional calla. Sobre su tumba,
la casa del Impulso llora por el bienamado;
triste está Eros, constructor de ciudades,
y desolada la anárquica Afrodita.

                                        Noviembre de 1939


W. H. Auden (York, 1907- Viena, 1973), Los Estados Unidos, y después. Poesía selecta 1939-1973, selección y traducción de Rolando Costa Picazo, Ediciones Activo Puente, Buenos Aires, 2009


In Memory of Sigmund Freud
(d. sept. 1939)
 
When there are so many we shall have to mourn,
when grief has been made so public, and exposed
     to the critique of a whole epoch
   the frailty of our conscience and anguish,

of whom shall we speak? For every day they die
among us, those who were doing us some good,
     who knew it was never enough but
   hoped to improve a little by living.

Such was this doctor: still at eighty he wished
to think of our life from whose unruliness
     so many plausible young futures
   with threats or flattery ask obedience,

but his wish was denied him: he closed his eyes
upon that last picture, common to us all,
     of problems like relatives gathered
   puzzled and jealous about our dying. 

For about him till the very end were still
those he had studied, the fauna of the night,
     and shades that still waited to enter
   the bright circle of his recognition

turned elsewhere with their disappointment as he
was taken away from his life interest
     to go back to the earth in London,
   an important Jew who died in exile.

Only Hate was happy, hoping to augment
his practice now, and his dingy clientele
     who think they can be cured by killing
   and covering the garden with ashes.

They are still alive, but in a world he changed
simply by looking back with no false regrets;
     all he did was to remember
   like the old and be honest like children.

He wasn't clever at all: he merely told
the unhappy Present to recite the Past
     like a poetry lesson till sooner
   or later it faltered at the line where

long ago the accusations had begun,
and suddenly knew by whom it had been judged,
     how rich life had been and how silly,
   and was life-forgiven and more humble,

able to approach the Future as a friend
without a wardrobe of excuses, without
     a set mask of rectitude or an 
   embarrassing over-familiar gesture.

No wonder the ancient cultures of conceit
in his technique of unsettlement foresaw
     the fall of princes, the collapse of
   their lucrative patterns of frustration:

if he succeeded, why, the Generalised Life
would become impossible, the monolith
     of State be broken and prevented
   the co-operation of avengers.

Of course they called on God, but he went his way
down among the lost people like Dante, down
     to the stinking fosse where the injured
   lead the ugly life of the rejected,

and showed us what evil is, not, as we thought,
deeds that must be punished, but our lack of faith,
     our dishonest mood of denial,
   the concupiscence of the oppressor.

If some traces of the autocratic pose,
the paternal strictness he distrusted, still
     clung to his utterance and features,
   it was a protective coloration

for one who'd lived among enemies so long:
if often he was wrong and, at times, absurd,
     to us he is no more a person
   now but a whole climate of opinion

under whom we conduct our different lives:
Like weather he can only hinder or help,
     the proud can still be proud but find it
   a little harder, the tyrant tries to

make do with him but doesn't care for him much:
he quietly surrounds all our habits of growth
     and extends, till the tired in even
   the remotest miserable duchy

have felt the change in their bones and are cheered
till the child, unlucky in his little State,
     some hearth where freedom is excluded,
   a hive whose honey is fear and worry,

feels calmer now and somehow assured of escape,
while, as they lie in the grass of our neglect, 
     so many long-forgotten objects
   revealed by his undiscouraged shining

are returned to us and made precious again;
games we had thought we must drop as we grew up,
     little noises we dared not laugh at,
   faces we made when no one was looking.

But he wishes us more than this. To be free
is often to be lonely. He would unite
     the unequal moieties fractured
   by our own well-meaning sense of justice,

would restore to the larger the wit and will 
the smaller possesses but can only use
     for arid disputes, would give back to
   the son the mother's richness of feeling:

but he would have us remember most of all 
to be enthusiastic over the night,
     not only for the sense of wonder
   it alone has to offer, but also

because it needs our love. With large sad eyes
its delectable creatures look up and beg
     us dumbly to ask them to follow:
   they are exiles who long for the future

that lives in our power, they too would rejoice
if allowed to serve enlightenment like him,
     even to bear our cry of 'Judas', 
   as he did and all must bear who serve it.

One rational voice is dumb. Over his grave
the household of Impulse mourns one dearly loved:
     sad is Eros, builder of cities,
   and weeping anarchic Aphrodite.
                                             
                                                  November 1939

---
Ilustración: Composition in Black, 1946, Alexander Calder

lunes, diciembre 31, 2012

W. H. Auden / De "Acción de gracias por un hábitat"



VI. La geografía de la casa

                    (para Christopher Isherwood)

Sentados después del desayuno
en esta cabaña de azulejos blancos
que los árabes llaman la casa adonde
todos van,
hasta los melancólicos
victorean a la Sra.
Naturaleza por los placeres
primordiales que confiere.

El sexo es sólo un sueño para
los de setenta y más años,
aunque un gozo propuesto has-
ta que empezamos a afeitarnos:
el deleite de la boca depende de
la virtud de la cocinera, pero
esto otro es algo que Ella garantiza desde
la cuna a la tumba.

Una vez que los levantan de la pelela,
los niños oyen de sus madres
las primeras palabras
imparciales de mundanal elogio:
por ende, empezar la mañana
con una satisfactoria
deposición siempre es un buen presagio
en los días adultos.

La revelación le vino a
Lutero en un retrete
(lugares donde se han resuelto palabras cruzadas).
Rodin no era ningún tonto
cuando modeló su Pensador:
meditando en profundo,
acuclillado en la postura
de un hombre en el inodoro.

Todas las Artes provienen
de este acto original del hacer
particular del artista:
los hacedores se pasan la vida
luchando con el medio
de su elección para producir un
des-narcisado, perdurable, excremento.

Freud no inventó al
avaro constipado:
los bancos tienen buzones
construidos en su fachada
con la leyenda Para depósitos nocturnos;
las acciones son firmes o líquidas,
las divisas de las naciones,
duras o blandas.

Madre global, mantiene nuestros
intestinos de compasión
abiertos toda nuestra vida,
púrganos también la mente:
concédenos un fin amable,
y no una segunda infancia,
petulante, de débiles esfínteres,
en un hotel barato.

Manténnos en nuestra posición:
cuando nos volvamos materialistas,
cuando parezcamos a punto
de dedicarnos al Pensamiento Superior,
envíanos alguna imagen que nos baje
los humos, como la dolorida ex-
-presión de un Profeta
Principal que corre apurado.

(La ortodoxia debería
bendecir los sanitarios modernos:
Swift y San Agustín
vivieron en siglos
cuando el hedor de las cloacas
siempre en la nariz
constituía un fuerte punto de debate
para los maniqueos.)

Mente y cuerpo llevan
diferentes horarios:
sólo con nuestra matinal
visita aquí podremos dejar atrás
los muertos intereses de ayer,
y enfrentar con todo nuestro coraje
lo que habrá de venir ahora.

                                      ? Septiembre 1963

W. H. Auden (York, 1907- Viena, 1973), "Acción de gracias por un hábitat", Los Estados Unidos, y después. Poesía selecta 1939-1973, selección y traducción de Rolando Costa Picazo, Ediciones Activo Puente, Buenos Aires, 2009


VI. The Geography of the House

     (for Christopher Isherwood)

Seated after breakfast
In this white-tiled cabin
Arabs call the House where
Everybody goes,
Even melancholics
Raise a cheer to Mrs.
Nature for the primal
Pleasure She bestows.

Sex is but a dream to
Seventy-and-over,
But a joy proposed un-
-til we start to shave:
Mouth-delight depends on
Virtue in the cook, but
This She guarantees from
Cradle unto grave.

Lifted off the potty,
Infants from their mothers
Hear their first impartial
Words of worldly praise:
Hence, to start the morning
With a satisfactory
Dump is a good omen
All our adult days.

Revelation came to
Luther in a privy
(Crosswords have been solved there)
Rodin was no fool
When he cast his Thinker,
Cogitating deeply,
Crouched in the position
Of a man at stool.

All the arts derive from
This ur-act of making,
Private to the artist:
Makers' lives are spent
Striving in their chosen
Medium to produce a
De-narcissus-ized en-
During excrement.

Freud did not invent the
Constipated miser:
Banks have letter boxes
Built in their façade
Marked For Night Deposits,
Stocks are firm or liquid,
Currencies of nations
Either soft or hard.

Global Mother, keep our
Bowels of compassion
Open through our lifetime,
Purge our minds as well:
Grant us a king ending,
Not a second childhood,
Petulant, weak-sphinctered,
In a cheap hotel.

Keep us in our station:
When we get pound-notish,
When we seem about to
Take up Higher Thought,
Send us some deflating
Image like the pained ex-
-pression on a Major
Prophet taken short.

(Orthodoxy ought to
Bless our modern plumbing:
Swift and St. Augustine
Lived in centuries
When a stench of sewage
Ever in the nostrils
Made a strong debating
Point for Manichees.)

Mind and Body run on
Different timetables:
Not until our morning
Visit here can we
Leave the dead concerns of
Yesterday behind us,
Face with all our courage
What is now to be. 

                 ? September 1963

---
Ilustración: Rousse (también llamado Toilet), 1889, Henri de Tolouse-Lautrec

domingo, abril 15, 2012

W. H. Auden / Historia policial



Pues ¿quién alguna vez carece totalmente de paisaje,
la serpenteante calle de la aldea, la casa entre los árboles,
todo próximo a la iglesia, o si no la sombría casa en la ciudad,
la que tiene columnas corintias, o
el diminuto apartamento del obrero: de todos modos
un hogar, el centro donde suceden las tres o cuatro cosas
que pueden sucederle a un hombre? Sí,
¿quién no puede trazar el mapa de su vida, sombrear
la pequeña estación donde encuentra a sus amores
y se despide continuamente, y marcar el lugar
donde descubrió por primera vez el cuerpo de su felicidad?

¿Un vagabundo desconocido? ¿Un hombre rico? Siempre un enigma
con un pasado sepultado, pero cuando aflora la verdad,
la verdad acerca de nuestra felicidad,
cuánto resulta deberse al chantaje y a los amoríos.

El resto es lo tradicional. Todo según los planes:
la enemistad entre el sentido común local
y esa exasperante, brillante intuición
que siempre está, por azar, al alcance de la mano;
todo según los planes, tanto las mentiras como la confesión,
hasta la excitante cacería final, y la matanza.

Pero en la última página la duda permanece:
el veredicto, ¿fue justo? Los nervios del juez,
esa pista, la protesta desde el patíbulo,
y nuestra sonrisa... pues sí...
Pero el tiempo siempre es asesinado. Alguien debe pagar
nuestra pérdida de la felicidad, o la felicidad misma.

W. H. Auden (Londres, 1907-Viena, 1973), Rolando Costa Picazo, Los primeros años, "Poemas 1936-1939", Grupo Editor Latinoamericano, Buenos Aires, 1994


Detective Story

For who is ever quite without his landscape, 
The straggling village street, the house in trees, 
All near the church, or else the gloomy town house, 
The one with the Corinthian pillars, or 
The tiny workmanlike flat: in any case 
A home, the centre where the three or four things 
That happen to a man do happen? Yes, 
Who cannot draw the map of his life, shade in 
The little station where he meets his loves 
And says good-bye continually, and mark the spot 
Where the body of his happiness was first discovered? 

An unknown tramp? A rich man? An enigma always 
And with a buried pastbut when the truth, 
The truth about our happiness comes out 
How much it owed to blackmail and philandering. 

The rest's traditional. All goes to plan: 
The feud between the local common sense 
And that exasperating brilliant intuition 
That's always on the spot by chance before us; 
All goes to plan, both lying and confession, 
Down to the thrilling final chase, the kill. 

Yet on the last page just a lingering doubt: 
That verdict, was it just? The judge's nerves, 
That clue, that protestation from the gallows, 
And our own smile . . . why yes . . . 
But time is always killed. Someone must pay for 
Our loss of happiness, our happiness itself.

---
Ilustración: L'assasin menacé, 1927, René Magritte

miércoles, abril 11, 2012

W. H. Auden / Nunca habrá paz






Aunque el clima benigno y claro
vuelva a sonreír en el condado de tu estima
y regresen sus colores, la tormenta te ha cambiado:
   nunca olvidarás la oscuridad
que enturbia tu esperanza, el vendaval
   que profetiza tu caída.

   Tienes que vivir con tu conocimiento.
Detrás, más allá, fuera de ti, hay otros,
viviendo soledades sin luna que tú no conoces,
   pero ellos sí te conocen a ti,
seres de género y de número desconocido:
   y tú no les gustas.

   ¿Qué les has hecho?
¿Nada? Nada no es una respuesta:
llegarás a creer (¿cómo puedes evitarlo?)
   que sí lo hiciste, que les hiciste algo;
te encontrarás deseando hacerles reír,
   y anhelarás su amistad.

   Nunca habrá paz.
Por lo tanto, pelea con todo tu coraje
y con todas las artimañas descorteses que conozcas,
   y ten bien claro esto:
su causa, si la tenían, ya no les importa;
   odian por odiar.

W. H. Auden (Londres, 1907- Viena, 1973), Parad los relojes y otros poemas, selección y traducción de Javier Calvo, Mondadori, Madrid, 1999


There will be no Peace

Though mild clear weather
Smile again on the shore of your esteem
And its colours come back, the storm has changed you:
You will not forget, ever,
The darkness blotting out hope, the gale
Prophesying your downfall.

You must live with your knowledge.
Way back, beyond, outside of you are others,
In moonless absences you never heard of,
Who have certainly heard of you,
Beings of unknown number and gender:
And they do not like you.

What have you done to them?
Nothing? Nothing is not an answer:
You will come to believe - how can you help it? -
That you did, you did do something;
You will find yourself wishing you could make them laugh,
You will long for their friendship.

There will be no peace.
Fight back, then, with such courage as you have
And every unchivalrous dodge you know of,
Clear on your conscience on this:
Their cause, if they had one, is no thing to them now;
They hate for hate's sake.

(Collected Poems, Faber and Faber, Londres, 1994)

---
Ilustración: Homme à l'épée, 1969, Pablo Picasso

viernes, diciembre 23, 2011

W. H. Auden / España, 1937



España, 1937

Ayer todo el pasado. El lenguaje de la medida
extendiéndose hacia China a lo largo de las rutas comerciales; la difusión
del ábaco y el dolmen;
ayer el sombrío cálculo en los climas soleados.

Ayer la evaluación del seguro con naipes,
la adivinación por agua; ayer la invención
de ruedas y relojes, la doma de
caballos. Ayer el bullicioso mundo de los navegantes.

Ayer la abolición de hadas y gigantes,
la fortaleza como un águila inmóvil oteando el valle,
la capilla construida en el bosque;
ayer el tallado de ángeles y alarmantes gárgolas.

El juicio de herejes entre las columnas de piedra;
ayer las disputas teológicas en las tabernas
y la cura milagrosa en la fuente;
ayer el Sabbath de las brujas; pero hoy la lucha.

Ayer la instalación de dínamos y turbinas,
la construcción de ferrocarriles en el desierto colonial;
ayer la lectura clásica
sobre el origen de la humanidad. Pero hoy la lucha.

Ayer la creencia en el valor absoluto de Grecia,
la caída del telón sobre la muerte de un héroe;
ayer la oración a la puesta del sol
y la adoración de los locos. Pero hoy la lucha.

Mientras el poeta susurra, aterrorizado entre los pinos,
o donde la catarata abundante canta compacta, o perpendicular
en el acantilado al lado de la torre inclinada:
‘Oh, mi visión. Oh, envíame la suerte del marinero’.

Y el investigador escruta a través de sus instrumentos
las inhumanas provincias, el bacilo viril
o el enorme Júpiter terminado:
‘Pero la vida de mis amigos. Indago. Indago.’

Y los pobres en sus refugios sin calor, dejando caer las hojas
del periódico de la tarde: ‘Nuestro día es nuestra pérdida. O atestigua
Historia —la operadora, la
organizadora, Tiempo —el refrescante río’.

Y las naciones combinan cada grito, invocando la vida
que da forma al estómago individual y ordena
el terror nocturno privado.
‘¿Acaso no encontraste la ciudad estado del aprovechado,

erigiste los vastos imperios militares del tiburón
y del tigre, estableciste el resuelto canto del petirrojo?
Intercede, oh desciende como una paloma o
un papá furioso o un ingeniero acomodaticio, pero desciende.’

Y la vida, si responde, responde desde el corazón
y los ojos y los pulmones, desde los negocios y las plazas de la ciudad:
‘Oh, no, no soy el que muda;
no hoy; no para ti. Para ti, soy el

hombre del sí, el compañero de bar, el que es burlado con facilidad;
soy lo que sea que tú hagas. Soy tu promesa de ser
bueno, tu historia graciosa.
Soy tu portavoz de negocios. Soy tu matrimonio.

‘¿Cuál es tu propuesta? ¿Construir la ciudad justa? Lo haré.
Estoy de acuerdo. ¿O es el pacto de suicidio, la muerte
romántica? Muy bien, acepto, porque
soy tu elección, tu decisión. Sí, yo soy España’.

Muchos lo han escuchado en penínsulas remotas,
en planicies adormecidas, en las aberrantes islas del pescador,
o el corrompido corazón de la ciudad,
han escuchado y emigrado como gaviotas o las semillas de una flor.

Se aferraron como pájaros a los largos expresos que se tambalean
a través de las tierras injustas, a través de la noche,  a través del túnel alpino;
flotaron sobre los océanos;
caminaron los desfiladeros. Todos entregaron sus vidas.

En esa árida plaza, ese fragmento extirpado de la caliente
África, soldada tan crudamente a la Europa creativa;
en la meseta tallada por ríos,
nuestros pensamientos tienen cuerpos; las formas amenazantes de nuestra fiebre

son precisas y vivas. Porque los miedos que nos hicieron reaccionar
ante la publicidad de medicinas y el folleto de los cruceros invernales
se han convertido en  batallones invasores;
y nuestros rostros, la cara institucional, la cadena comercial, la ruina

están proyectando su ambición como el pelotón de fusilamiento y la bomba.
Madrid es el corazón. Nuestros momentos de ternura florecen
como la ambulancia y el saco de arena;
nuestras horas de amistad en un ejército popular.

Mañana, quizás el futuro. La investigación sobre el agotamiento
y la cruzada de los empaquetadores; la exploración gradual de todos los
octavos de radiación;
mañana el agrandamiento de la conciencia por dieta y respiración.

Mañana el redescubrimiento del amor romántico,
la fotografía de cuervos; todo la diversión bajo
la sombra dominante de la libertad;
mañana la hora del maestro de ceremonia  y el músico,

el hermoso bramido del coro debajo de la cúpula;
mañana el intercambio de consejos sobre la cría de terriers,
la entusiasta elección de presidentes
por la repentina arboleda de manos. Pero hoy la lucha.

Mañana para los jóvenes poetas explotando como bombas,
las caminatas por el lago, las semanas de perfecta comunión;
mañana las carreras de bicicleta
a través de los suburbios en las tardes de verano. Pero hoy la lucha.

Hoy el incremento deliberado de las posibilidades de muerte,
la aceptación consciente de la culpa en el asesinato necesario;
hoy el consumo de poderes
en el chato efímero panfleto y la aburrida asamblea.

Hoy los consuelos improvisados: el cigarrillo compartido,
los naipes en el granero con luz de vela, y el concierto estridente,
los chistes masculinos; hoy el
abrazo a tientas e insatisfactorio antes de herir.

Las estrellas están muertas. Los animales no aparecerán.
Nos quedamos solos con nuestro día, y el tiempo es corto, y
la historia puede decir ¡ay!
a los derrotados, pero no puede ayudar ni perdonar.

W. H. Auden (York, 1907- Viena, 1973)
Versión  de Silvia Camerotto

Spain, 1937
Yesterday all the past. The language of size /Spreading to China along the trade-routes; the diffusion  /Of the counting-frame and the cromlech; /Yesterday the shadow-reckoning in the sunny climates.//Yesterday the assessment of insurance by cards, /The divination of water; yesterday the invention  /Of cartwheels and clocks, the taming of /Horses. Yesterday the bustling world of the navigators. //Yesterday the abolition of fairies and giants, /The fortress like a motionless eagle eyeing the valley,  /The chapel built in the forest; /Yesterday the carving of angels and alarming gargoyles.  //The trial of heretics among the columns of stone;  /Yesterday the theological feuds in the taverns /And the miraculous cure at the fountain; /Yesterday the Sabbath of witches; but to-day the struggle. //Yesterday the installation of dynamos and turbines,  /The construction of railways in the colonial desert; /Yesterday the classic lecture /On the origin of Mankind. But to-day the struggle. //Yesterday the belief in the absolute value of Greece,  /The fall of the curtain upon the death of a hero; /Yesterday the prayer to the sunset /And the adoration of madmen. But to-day the struggle //As the poet whispers, startled among the pines,  /Or where the loose waterfall sings compact, or upright /On the crag by the leaning tower: /'0 my vision. 0 send me the luck of the sailor.' //And the investigator peers through his instruments  /At the inhuman provinces, the virile bacillus /Or enormous Jupiter finished: /'But the lives of my friends. I inquire. I inquire.'  //And the poor in their fireless lodgings, dropping the sheets  /Of the evening paper: 'Our day is our loss. 0 show us /History the operator, the  /Organizer, Time the refreshing river.' //And the nations combine each cry, invoking the life  /That shapes the individual belly and orders /The private nocturnal terror: /'Did you not found the city state of the sponge,' //'Raise the vast military empires of the shark  /And the tiger, establish the robin's plucky canton? /Intervene, 0 descend as a dove or  /A furious papa or a mild engineer, but descend.' //And the life, if it answers at all, replies from the heart  /And the eyes and the lungs, from the shops and squares of the city: /'0 no, I am not the mover;  /Not to-day; not to you. To you, I'm the //'Yes-man, the bar-companion, the easily-duped;  /I am whatever you do. I am your vow to be /Good, your humorous story.  /I am your business voice. I am your marriage. //'What's your proposal? To build the just city? I will.  /I agree. Or is it the suicide pact, the romantic /Death? Very well, I accept, for  /I am your choice, your decision. Yes, I am Spain.' //Many have heard it on remote peninsulas,  /On sleepy plains, in the aberrant fisherman's islands /Or the corrupt heart of the city, /Have heard and migrated like gulls or the seeds of a flower. //They clung like birds to the long expresses that lurch  /Through the unjust lands, through the night, through the alpine tunnel; /They floated over the oceans;  /They walked the passes. All presented their lives.//On that arid square, that fragment nipped off from hot  /Africa, soldered so crudely to inventive Europe; /On that tableland scored by rivers, /Our thoughts have bodies; the menacing shapes of our fever //Are precise and alive. For the fears which made us respond  /To the medicine ad, and the brochure of winter cruises /Have become invading battalions; /And our faces, the institute-face, the chain-store, the ruin //Are projecting their greed as the firing squad and the bomb.  /Madrid is the heart. Our moments of tenderness blossom /As the ambulance and the sandbag;  /Our hours of friendship into a people's army. //To-morrow, perhaps the future. The research on fatigue  /And the movement of packers; the gradual exploring of all the /Octaves of radiation; /To-morrow the enlarging of consciousness by diet and breathing. //To-morrow the rediscovery of romantic love, /The photographing of ravens; all the fun under  /Liberty's masterful shadow; /To-morrow the hour of the pageant-master and the musician. //The beautiful roar of the chorus under the dome; /To-morrow the exchanging of tips on the breeding of terriers,  /The eager election of chairmen /By the sudden forest of hands. But to-day the struggle. //To-morrow for the young poets exploding like bombs, /The walks by the lake, the weeks of perfect communion;  /To-morrow the bicycle races /Through the suburbs on summer evenings. But to-day the struggle. //Today the deliberate increase in the chances of death, /The conscious acceptance of guilt in the necessary murder;  /To-day the expending of powers /On the flat ephemeral pamphlet and the boring meeting. //To-day the makeshift consolations: the shared cigarette, /The cards in the candle-lit barn, and the scraping concert,  /The masculine jokes; to-day the /Fumbled and unsatisfactory embrace before hurting. //The stars are dead. The animals will not look. /We are left alone with our day, and the time is short, and  /History to the defeated /May say alas but cannot help or pardon.

---
Foto: Angulo bombardeado del sector noroeste del Alcázar de Toledo, 1936, Colección Vincent Doherty

viernes, diciembre 16, 2011

W. H. Auden / Adiós al Mezzogiorno



Adiós al Mezzogiorno
(para Carlo Izzo)

Desde el gótico norte, pálidos hijos
de una cultura de papas, cerveza o whisky,
cargados de culpa, nos comportamos como nuestros padres y venimos
al sur, a un otraparte soleado

de viñedos, barroco, la bella figura,
a estos femeninos pueblos donde los hombres
son machos y hermanos no entrenados en la despiadada
batalla verbal tal cual se enseña

en las rectorías protestantes en lluviosas
tardes de domingo, ya no como sucios
bárbaros en busca de oro, ni como acaparadores
ansiosos por los Viejos Maestros, aunque para rapiñar

de todos modos, algunos porque creen que el amore
es mejor en el sur y más barato
(lo que es dudoso), otros convencidos de que exponerse
a un sol más fuerte es fatal para los gérmenes

(lo que decididamente es falso), y otros, como yo,
en la mediana edad esperando extraer de lo
que no somos lo que podríamos ser, una cuestión
que el sur nunca se plantea. Quizás

una lengua en que Néstor y Apemantus,
Don Octavio y Don Giovanni hacen
brotar sonidos igualmente bellos no esté equipada
para formularla, o quizá con este calor

resulte tonta: el mito del Camino Abierto
que pasa junto al portal del huerto y hace señas
a los tres hermanos, uno por vez, para que traspongan las colinas
y se aventuren lejos, sea la invención

de un clima donde es un placer caminar
y el paisaje es menos poblado
que éste. Aun así, a nosotros nos parece muy raro
no ver nunca a un único hijo ensimismado
en un juego inventado por él, ni a un par de amigos
divirtiéndose en su jerga privada,
ni alguien que solo se pasea
sin desear nada, si bien sí extraña

a nuestros oídos que a un gato se llame Gato y a los perros
Lupo, Nerón o Bobby. La forma en que comen
hace que nos avergoncemos: sentimos envidia por un pueblo
de naturaleza tan frugal que no les cuesta

ningún esfuerzo dejar de engullir vorazmente. Sin embargo (si
leo bien los rostros después de diez años)
no tienen salvación. Los griegos llaman al Sol
"El que castiga desde lejos", y desde aquí, donde

las sombras tienen borde de puñal, y el mar es azul todos los días,
vero lo que querían decir: su ojo imperturbable
y ultrajante ríe y desprecia toda noción
de cambio o huída, y un silencioso
ex volcán, sin ríos ni pájaros,
se hace eco de esa risa. Esta podría ser la razón
de por qué les quitan los silenciadores a sus Vespas,
suben la radio al máximo del volumen,

y un santo pequeñísimo puede esperar que los cohetes (el ruido
como contramagia, una forma de sacarle
la lengua a las Tres Hermanas: "Podemos ser mortales,
pero aún estamos aquí") les hagan ansiar

las proximidades; en calles atestadas
de carne humana, su alma se siente inmune
a toda amenaza metafísica. Nos escandalizamos.
pero necesitamos escandalizarnos: aceptar el espacio, reconocer

que las superficies no necesitan ser superficiales
ni los gestos vulgares, no son cosas que
puedan enseñarse cerca del rumor del agua corriente,
de la vista de una nube. Como discípulos
no somos malos, pero pésimos como maestros: Goethe,
que llevaba el compás de los hexámetros homéricos
sobre el hombro de una romana, es
(ojalá fuera otro) la figura
de nuestra estampa: sin duda la trataba bien,
pero uno debería fijarse límites, y no llamar
a la Helena engendrada en aquella ocasión,
a esa reina de su Segundo Walpurgisnacht,

su bebé: entre quienes quieren hacer de su vida
un Bildungsroman y aquéllos para quienes la vida
significa "ser visible ahora", hay un abismo
que los abrazos no pueden trasponer. Si intentamos

"convertirnos en sureños", nos echamos a perder en seguida, nos volvemos
fláccidos, lascivos de una manera sucia, y
olvidamos pagar nuestras cuentas: que nadie haya oído
que ellos hacen una promesa solemne o se convierten al yoga
es un consuelo. En cualquier caso, a pesar de todo
el saqueo espiritual que efectuamos,
no les hacemos daños, y eso nos da derecho, creo,
a un pequeño grito de A piacere,

no a dos. Irme debo, pero me voy agradecido (inclusive
a cierto Monte) e invocando
mis sagrados nombres meridianos: Vico, Verga,
Pirandello, Bernini, Bellini,

para que bendigan a esta región, sus vendimias, y a quienes
le llaman hogar: si bien no siempre se puede
recordar con precisión por qué se ha sido feliz,
no hay forma de olvidar que uno lo fue.

                                Septiembre de 1958

W. H. Auden (York, 1907- Viena, 1973), Los Estados Unidos, y después. Poesía selecta 1939-1973, selección y traducción de Rolando Costa Picazo, Ediciones Activo Puente, Buenos Aires, 2009


Good-Bye to the Mezzogiorno
(for Carlo Izzo)

Out of a gothic North, the pallid children
Of a potato, beer-or-whisky
Guilt culture, we behave like our fathers and come
Southward into a sunburnt otherwhere


Of vineyards, baroque, la bella figura,
To these feminine townships where men
Are males, and siblings untrained in a ruthless
Verbal in-fighting as it is taught


In Protestant rectories upon drizzling
Suunday afternoons no more as unwashed
Barbarians out for gold, nor as profiteers
Hot for Old Masters, but for plunder


Nevertheless some believing amore
Is better down South and much cheaper
(Which is doubtful), some persuaded exposure
To strong sunlight is lethal to germs


(Which is patently false) and others, like me,
In middle-age hoping to twig from
What we are not what we might be next, a question
The South seems never to raise. Perhaps


A tongue in which Nestor and Apemantus,
Don Ottavio and Don Giovanni make
Equally beautiful sounds is unequipped
To frame it, or perhaps in this heat


It is nonsense: the Myth of an Open Road
Which runs past the orchard gate and beckons
Three brothers in turn to set out over the hills
And far away, is an invention


Of a climate where it is a pleasure to walk
And a landscape less populated
Than this one. Even so, to us it looks very odd
Never to see an only child engrossed


In a game it has made up, a pair of friends
Making fun in a private lingo,
Or a body sauntering by himself who is not
Wanting, even as it perplexes


Our ears when cats are called Cat and dogs either
Lupo, Nero or Bobby. Their dining
Puts us to shame: we can only envy a people
So frugal by nature it costs them


No effort not to guzzle and swill Yet (if I
Read their faces rightly after ten years)
They are without hope. The Greeks used to call the Sun
He-who-smites-from-afar, and from here, where


Shadows are dagger-edged, the daily ocean blue,
I can see what they meant: his unwinking
Outrageous eye laughs to scorn any notion
Of change or escape, and a silent


Ex-volcano, without a stream or a bird,
Echoes that laugh. This could be a reason
Why they take the silencers off their Vespas,
Turn their radios up to full volume,


And a minim saint can expect rocket’s noise
As a counter-magic, a way of saying
Book to the Three Sisters: “Mortal we may be,
But we are still here!” might cause them to hanker


After proximities – in streets packed solid
With human flesh, their souls feel immune
To all metaphysical threats. We are rather shocked,
But we need shocking: to accept space, to own


That surfaces need not be superficial
Nor gestures vulgar, cannot really
Be taught within earshot of running water
Or in sight of a cloud. As pupils


We are not bad, but hopeless as tutors: Goethe,
Tapping homeric hexameters
On the shoulder-blade of a Roman girl, is
(I wish it were someone else) the figure


Of all our stamp: no doubt he treated her well,
But one would draw the line at calling
The Helena begotten on that occasion,
Queen of his Second Walpurgisnacht,


Her baby: between those who mean by a life a
Bildungsroman and those to whom living
Means to-be-visible-now, there yawns a gulf
Embraces cannot bridge. If we try


To go southern, we spoil in no time, we grow
Flabby, dingily lecherous, and
Forget to pay bills: that no one has heard of them
Taking the Pledge or turning to Yoga


Is a comforting thought in that case, for all
The spiritual loot we tuck away,
We do them no harm – and entitles us, I think
To one little scream at A piacere,


Not two. Go I must, but I go grateful (even
To a certain Monte) and invoking
My sacred meridian names, Vico, Verga,
Pirandello, Bernini, Bellini,


To bless this region, its vendages, and those
Who call it home: though one cannot always
Remember exactly who one has been happy,
There is no forgetting that one was.
                        September 1958

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Ilustración: Ragazza alla finestra, 1893, Plinio Nomellini 

martes, diciembre 13, 2011

W. H. Auden / En homenaje a la piedra caliza




En homenaje a la piedra caliza

Si forma el único paisaje que nosotros, seres inconstantes,
consistentemente añoramos, esto se debe en gran parte
a que de disuelve en el agua. Fíjate en estas cuestas redondeadas
con su fragancia a tomillo en la superficie y, debajo,
un sistema secreto de cavernas y conductos; oye los manantiales
que con una risa ahogada brotan por doquier,
cada uno con su estanque privado para sus peces, o que tallan
su propia pequeña barranca, cuyos acantilados entretienen
a la mariposa y al lagarto; examina esta región
de breves distancias y lugares concretos;
¿qué otro lugar podría parecerse más a Madre, qué mejor entorno
para su hijo, el galanteador varón que holgazanea,
recostado contra una roca bajo el sol, sin dudar nunca
de que, a pesar de sus defectos, es amado, y que sus actos son sólo
extensiones de su habilidad para cautivar? Desde el afloramiento erosionado
hasta el templo en la cima, desde las surgentes aguas hasta
las conspicuas fuentes, desde el salvaje hasta el formal viñedo
hay pasos ingeniosos, aunque cortos, que un niño deseoso
de recibir más atención que sus hermanos puede fácilmente dar, ya sea
complaciendo o fastidiando.

Observa, entonces, la pandilla de rivales que suben y bajan
por los empinados pasajes de piedra en grupos de dos o tres, a veces
tomados del brazo, pero nunca, gracias a Dios, marcando el paso;
o que se demoran en el lado umbrío de una plaza al mediodía, entregados
a la voluble charla; se conocen demasiado bien para pensar
que pueda haber secretos importantes, incapaces
de concebir un dios cuyos berrinches sean morales
y no puedan ser apaciguados por una frase feliz
o el buen sexo: porque acostumbrados a la piedra que responde,
nunca tuvieron que cubrirse el rosto con un velo, ni temieron
a un cráter cuya flameante furia no pudiera aplacarse;
ajustados a las necesidades locales de los valles
donde todo puede tocarse o alcanzarse a pie,
sus ojos jamás han contemplado el espacio infinito
a través del enrejado del peine de un nómada; habiendo nacido afortunados,
sus piernas nunca tropezaron con los hongos
e insectos de la jungla, las formas y vidas monstruosas
con las que nos gusta creer que nada compartimos.
Por eso, cuando uno de ellos se echa a perder, la forma en que le
   trabaja la mente
sigue siendo comprensible: convertirse en alcahuete,
traficar en joyas falsas o arruinar una buena voz de tenor
para lograr efectos que hagan que el teatro se venga abajo podría
   pasarle a cualquiera de nosotros,
excepto a los mejores o a los peores...

                                      Es por eso, supongo,
que ni los mejores ni los peores se quedaron aquí mucho tiempo,
   sino que buscaron
suelos inmoderados donde la belleza no fuera tan externa,
la luz menos pública, y el significado de la vida
algo más que una exclamación afeminada. "¡Ven!" exclamaron los
   desiertos de granito,
"¡Cuán evasivo es tu humor, cuán accidental
tu más amable beso, cuán permanente la muerte!". (Los futuros santos
se escabulleron, suspirando.) "¡Ven!" ronronearon las arcillas y las gravas,
"En nuestras llanuras hay lugar para que se entrenen los ejércitos: ríos
que esperan ser domesticados y esclavos que aguardan para
   construirte un sepulcro
en gran estilo: blanda como la tierra es la humanidad y ambas
necesitan ser alteradas". (Los administrativos Césares se levantaron y
se fueron, danto un portazo.) Pero los verdaderamente temerarios
   fueron llamados
por una voz más vieja y fría, el susurro oceánico:
"Yo soy la soledad que no pide ni promete nada;
así habré de hacerlos libres. El amor no existe;
solo existen las diversas envidias, todas lamentables".

Estaban en los cierto, mi querido, todas esas voces estaban en lo cierto.
Y aún lo están; esta tierra no es el hogar dulce que parece,
ni es su paz la histórica calma de un sitio
donde algo quedó decidido de una vez por todas: una provincia
atrasada y desmantelada, conectada
con el bullicioso gran mundo por un túnel, con una cierta
sórdida atracción, ¿es eso todo lo que queda? No exactamente:
tiene un deber mundano que, a pesar de sí misma
no descuida, pero pone en duda
todo lo que las Grandes Potencias dan por sentado; perturba
   nuestros derechos. El poeta,
admirado por su hábito honesto de llamar
sol al sol, y a su mente Enigma, siente desazón
ante estas estatuas de mármol que tan obviamente dudan
de su antimitológico mito; y estos pilluelos
que acosan al científico por la columnata azulejada
con tan vivaces ofertas, reprochan su interés por los aspectos
más remotos de la Naturaleza: yo, también, siento el reproche,
como tú bien sabes,
y cuánto sabes. No perdamos tiempo, que no nos atrapen,
no nos quedemos atrás, y, ¡por favor! no nos parezcamos
a las bestias que se repiten, o algo como el agua
o la piedra, cuyo comportamiento puede predecirse: tal
es nuestra liturgia, cuyo mayor consuelo es la música
que puede hacerse en cualquier parte, es invisible,
y no tiene olor. En la medida que debemos considerar
la muerte como un hecho, sin duda estamos en lo cierto.
Pero si hay perdón para los pecados, si los cuerpos se levantan de la muerte,
estas modificaciones en la materia en
atletas inocentes y gesticulantes fuentes,
hechos solo para el placer, dicen algo más:
a los benditos no les importará el ángulo del que se los mire,
pues nada tienen que ocultar. Querido, yo no sé nada de
una ni otra cosa, pero cuando intento imaginar un amor perfecto
o la vida que vendrá, lo que oigo es el murmullo
de corrientes subterráneas; lo que veo, un paisaje de piedra caliza.

                                                                                   Mayo de 1948

W. H. Auden (York, 1907- Viena, 1973), Los Estados Unidos, y después. Poesía selecta 1939-1973, selección y traducción de Rolando Costa Picazo, Ediciones Activo Puente, Buenos Aires, 2009


In Praise of Limestone

If it form the one landscape that we, the inconstant ones,
     Are consistently homesick for, this is chiefly
Because it dissolves in water. Mark these rounded slopes
     With their surface fragrance of thyme and, beneath,
A secret system of caves and conduits; hear the springs
     That spurt out everywhere with a chuckle,
Each filling a private pool for its fish and carving
     Its own little ravine whose cliffs entertain
The butterfly and the lizard; examine this region
     Of short distances and definite places:
What could be more like Mother or a fitter background
     For her son, the flirtatious male who lounges
Against a rock in the sunlight, never doubting
     That for all his faults he is loved; whose works are but
Extensions of his power to charm? From weathered outcrop
     To hill-top temple, from appearing waters to
Conspicuous fountains, from a wild to a formal vineyard,
     Are ingenious but short steps that a child's wish
To receive more attention than his brothers, whether
     By pleasing or teasing, can easily take.

Watch, then, the band of rivals as they climb up and down
     Their steep stone gennels in twos and threes, at times
Arm in arm, but never, thank God, in step; or engaged
     On the shady side of a square at midday in
Voluble discourse, knowing each other too well to think
     There are any important secrets, unable
To conceive a god whose temper-tantrums are moral
     And not to be pacified by a clever line
Or a good lay: for accustomed to a stone that responds,
     They have never had to veil their faces in awe
Of a crater whose blazing fury could not be fixed;
     Adjusted to the local needs of valleys
Where everything can be touched or reached by walking,
     Their eyes have never looked into infinite space
Through the lattice-work of a nomad's comb; born lucky,
     Their legs have never encountered the fungi
And insects of the jungle, the monstrous forms and lives
     With which we have nothing, we like to hope, in common.
So, when one of them goes to the bad, the way his mind works
     Remains incomprehensible: to become a pimp
Or deal in fake jewellery or ruin a fine tenor voice
     For effects that bring down the house, could happen to all
But the best and the worst of us...
                                             
                                             That is why, I suppose,
     The best and worst never stayed here long but sought
Immoderate soils where the beauty was not so external,
     The light less public and the meaning of life
Something more than a mad camp. 'Come!' cried the granite wastes,
     "How evasive is your humour, how accidental
Your kindest kiss, how permanent is death." (Saints-to-be
     Slipped away sighing.) "Come!" purred the clays and gravels,
"On our plains there is room for armies to drill; rivers
     Wait to be tamed and slaves to construct you a tomb
In the grand manner: soft as the earth is mankind and both
     Need to be altered." (Intendant Caesars rose and
Left, slamming the door.) But the really reckless were fetched
     By an older colder voice, the oceanic whisper:
"I am the solitude that asks and promises nothing;
     That is how I shall set you free. There is no love;
There are only the various envies, all of them sad."

     They were right, my dear, all those voices were right
And still are; this land is not the sweet home that it looks,
     Nor its peace the historical calm of a site
Where something was settled once and for all: A back ward
     And dilapidated province, connected
To the big busy world by a tunnel, with a certain
     Seedy appeal, is that all it is now? Not quite:
It has a worldy duty which in spite of itself
     It does not neglect, but calls into question
All the Great Powers assume; it disturbs our rights. The poet,
     Admired for his earnest habit of calling
The sun the sun, his mind Puzzle, is made uneasy
     By these marble statues which so obviously doubt
His antimythological myth; and these gamins,
     Pursuing the scientist down the tiled colonnade
With such lively offers, rebuke his concern for Nature's
     Remotest aspects: I, too, am reproached, for what
And how much you know. Not to lose time, not to get caught,
     Not to be left behind, not, please! to resemble
The beasts who repeat themselves, or a thing like water
     Or stone whose conduct can be predicted, these
Are our common prayer, whose greatest comfort is music
     Which can be made anywhere, is invisible,
And does not smell. In so far as we have to look forward
     To death as a fact, no doubt we are right: But if
Sins can be forgiven, if bodies rise from the dead,
     These modifications of matter into
Innocent athletes and gesticulating fountains,
     Made solely for pleasure, make a further point:
The blessed will not care what angle they are regarded from,
     Having nothing to hide. Dear, I know nothing of
Either, but when I try to imagine a faultless love
     Or the life to come, what I hear is the murmur
Of underground streams, what I see is a limestone landscape.
                                                                                  May 1948
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Ilustración: Sources Rievaulx Abbey, Yorkshire, c. 1825, J.M.W. Turner