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sábado, junio 29, 2019

Attilio Bertolucci / Pequeña oda a Roma













                                                               

                                                                          a P.P. Pasolini

Te he visto una mañana de noviembre, ciudad,
despertarte, aprestarte otro día a vivir,
tenaces humos que brillan a los perezosos márgenes orientales
recorridos por la luz tierna como una flor,
un plateado de nubes, más arriba, espesas en el azul
ofuscándose por breves instantes que suscitan temblores
y refulgiendo largo tiempo, luego que el buen clima ha vuelto
y durará, si es nieve aquel violeta lejano
más allá de los bultos que ríen de burgos indiferentes.
Las mortificaciones de la sombra, luego que el sol vence o vencerá.
Tú estabas viva a las nueve de la mañana,
como un hombre o mujer o muchacho que trabajan
y no duermen tarde, tienen los ojos
frescos y atentos al trabajo asignado
en el olor de madera mojada y de hojas quemadas
o en aquel amargo de los árboles siempre verdes
que crecen a tus flancos y se ven desde lo alto,
por lo cual desciendo embriagado a los puentes
llenos de gente en tránsito, aquí silenciosos y blancos
como alas de pájaro que cabalgan en el agua amarilla.

Yo pienso en aquellos que vivieron en esta llaga meridional
calentando en tus inviernos los huesos ateridos de hielo
sin fin, en infancias frías y vivaces,
a Virgilio, a Catulo que alimentó un clima ya templado
pero educó una raza menos complaciente que la tuya,
y por eso sufrió, sufrió, la vida pasó veloz para él,
pasa veloz para mí ahora y no me duele como cuando
las acacias morían un poco para volver a florecer
el nuevo año, porque aquí un año es como otro,
una estación igual a otra, una persona a otra igual,

El amor una riqueza que ofende, un privilegio indefendible.

Attilio Bertolucci (San Lazzaro, Parma, italia. 1911-Roma, 2000), Viaggio d'inverno, Garzanti, Milán, 1971
Versión de Angel Faretta, inédita

Más poemas de Attilio Bertolucci en Otra Iglesia Es Imposible


PICCOLA ODE A ROMA
                                                                       a P.P. Pasolini

Ti ho veduta una mattina di novembre, città,
svegliarti, apprestarti un altro giorno a vivere,
alacri fumi luccicando ai pigri margini orientali
percossi dalla luce tenera come un fiore,
argenti di nuvole più sopra infitti nell’azzurro
offuscandosi per brevissimi istanti, suscitatori di tremiti,
e risfolgorando a lungo, poi che il bel tempo è tornato
e durerà, se è neve quel viola lontano
oltre i colli che ridono di borghi noncuranti
le mortificazioni dell’ombra, poi che il sole ha vinto, o vincerà.
Tu eri viva alle nove della mattina,
come un uomo o una donna o un ragazzo che lavorano
e non dormono tardi, hanno gli occhi
freschi attenti all’opera assegnata,
nell’odore di legno bagnato e di foglie bruciate
o in quello amarognolo degli alberi sempre verdi
che crescono sui tuoi fianchi e si vedono dall’altura
per cui io scendo inebriato ai ponti
fitti di gente in transito, da qui silenziosi e bianchi
come ali d’uccello a pelo dell’acqua giallina.
Io penso a coloro che vissero in questa plaga meridionale
scaldando ai tuoi inverni le ossa legate da geli
senza fine in infanzie intirizzite e vivaci,
a Virgilio, a Catullo che allevò un clima già mite
ma educò una razza meno arrendevole della tua
e perciò soffrì, soffrì, la vita passò presto per lui,
passa presto per me ormai e non mi duole come quando
le gaggìe morivano a poco a poco per rifiorire
il nuovo anno, perché qui un anno è come un altro,
una stagione uguale all’altra, una persona all’altra uguale,

l’amore una ricchezza che offende, un privilegio indifendibile.
---

domingo, febrero 26, 2012

Attilio Bertolucci / D'après Rubens



D'après Rubens
(Filemón y Baucis)

Por qué no aceptar este tiempo lluvioso
que anticipa el otoño lleva al perro mimoso
a olfatear los zapatos del forastero en tránsito
y misión con la expedita salud

del médico o del veterinario de primera
asignación sobre nudos y franjas
podridas de gencianas hasta que
un camino abandonado y solitario le ofrece

su meditativo recorrido y allí
se adentra los ojos negros reconocen la señal
de un paso reciente en el ansia
del mediodía estival la blanca ceniza

viuda sobre la piedra oscurecida de humedad
mientras en la suspensión del corazón y la mente
en una vuelta rapaz de frutos vueltos silvestres
sucede la dulce ruina en la extensión delante

de la casa escogida pero si los esposos
viejos se han ido y la puerta está trancada
¿a quién mostrará él posando sobre el umbral
desgastado el pie ligero de la juventud

el arcoíris que se extiende sobre el Apenino vertiginoso?

Attilio Bertolucci (San Lazzaro, Parma, 1911-Roma, 2000), "Viaggio d'inverno", 1971, Opere, Mondadori, Milán, 1997
Versión de J. Aulicino

Ovidio en Metamorfosis narra el mito de Filemón y Baucis. Júpiter y Mercurio, con apariencia de mortales, sólo hallaron posada en la casa de dos pobres ancianos en toda la región de Frigia. Júpiter arrojó el diluvio sobre Frigia y salvó sólo a los ancianos, quienes con el tiempo se metamorfosearon en árbol: "Vio Baucis que a Filemón le iban saliendo hojas y Filemón vio que le salían a Baucis". Los árboles, o uno, con troncos gemelos, se convirtieron en santuario. (N. del T.)


D'après Rubens
(Filemone e Bauci)

Perché non accettare questo tempo piovoso
che anticipa l'autunno porta il cane amoroso
a fiutare le scarpe del forestiero in transito
e missione con la spedita salute

del medico o del veterinario di prima
nomina su per groppi e per balze
fradici di genziane sino a che
una strada in abbandono e solitudine gli offre

il suo meditativo percorso e egli
vi si immette gli occhi neri riconoscono il segno
di un passaggio recente nell'ansia
del mezzogiorno estivo la bianca cenere

vedova sula pietra brunita d'umidità
mentre alla sospensione del cuore e della mente
d'una svolta grifagna di frutti inselvatichiti
succede la dolce rovina dello spiazzo antistante

la casa prescelta ma se gli sposi
vecchi se ne sono andati e la porta è sprangata
a chi mostrerà egli posando sulla soglia
consunta il piede leggero della gioventù

l'arcobaleno che si tende sull'Appenino vertiginoso?
---
Ilustración: Filemón y Baucis, c.1620, Pedro Pablo Rubens

lunes, febrero 20, 2012

Attilio Bertolucci / Las gaviotas



Las gaviotas

Nunca había visto gaviotas sobre las orillas del Tíber
cambiantes este fin de invierno las plumas y las aguas.

Me he apoyado en el granito como hacen aquellos
que velan sobre su propia vida o muerte dotados

de una atenta paciencia pero mis ojos distraídos
seguían los planeos rapaces de los pájaros plúmbeo-plateados

hasta que fueron saciados los vientres ahusados los picos
resplandeciendo sobre otras olas en un sol distinto

por el transcurso inevitable del tiempo mis
pupilas cansadas y aún voraces no se volvieron

sobre el emporio móvil de las populosas calles de Roma
en búsqueda desesperada a la hora de la hipoglucemia

de un alimento imprevisto sólo para mí notorio
en una revelación gozosa y estéril en la sombra-luz

sanguínea de los áticos y cornisas meridianos
humeando sobre las colinas las ramas verdes de la poda

hasta oscurecer el cielo piadoso del retorno.

Attilio Bertolucci (San Lazzaro, Parma, 1911-Roma, 2000), "Viaggio d'inverno", 1971, Opere, Mondadori, Milán, 1997
Versión de J. Aulicino


I gabbiani

Non avevo mai visto gabbiani sulle rive del Tevere
cangianti in questa fine d'inverno le penne e le acque.

Mi sono appoggiato al granito come fanno quelli
che vegliano sulla propria vita o morte usando

un'intenta pazienza ma i miei occhi distratti
seguivano le planate rapinose degli uccelli plumboargentei

sino a che furono sazi i ventri affusolati i becchi
già risplendendo su altri flutti a un sole diverso

per il procedere inevitabile del tempo le miei
pupille stanche e ancora voraci ormai volte

sull'emporio mobile delle vie popolose di Roma
alla cerca disperata nell'ora dell'ipoglicemia

d'un alimento improvviso soltanto a me noto
in una rivelazione gioiosa e sterile nell'ombra-luce

sanguigna da attici e cornicioni meridiani
fumigando sui colli i rami verdi della potatura

sino a ottenebrare il cielo pietoso del ritorno.
---
Ilustración: Le boulevard, 1911, Gino Severini

jueves, febrero 02, 2012

Attilio Bertolucci / Retrato de un hombre enfermo





Retrato de hombre enfermo

Éste que ven aquí pintado a la sanguina y en negro
y ocupa enteramente el espacioso cuadro
soy yo cuando tenía cuarenta y nueve años, envuelto
en una bata amplia que cubre la mitad de las manos

como si fuesen flores, no deja ver si el cuerpo
está sentado o acostado: como el enfermo crónico
que es puesto ante ventanas donde se enmarca el día,
un día más otorgado a los ojos que se fatigan pronto.

Si pregunto al artista, mi hijo quinceañero,
a quién quiso pintar, me dice de inmediato:
“a uno de esos poetas chinos que tú me hiciste
leer, mientras mira hacia fuera, en sus horas finales”.

Es verdad, recuerdo ahora haberle regalado ese libro
que alegra el corazón de riberas celestes
y pardas hojas otoñales; en él sabios, o falsos sabios, poetas
graciosamente dejan la vida levantando la copa.

Y yo, perteneciente a un siglo que cree
no mentir, me reconozco en aquel hombre enfermo
mintiéndome a mí mismo: y de él escribo
para exorcizar un mal en el que creo y no creo.

Attilio Bertolucci (San Lazzaro, Parma, 1911-Roma, 2000), Antología de poesía italiana contemporánea, prólogo, selección y traducción de Horacio Armani, Losada-Ediciones Unesco, 1997.

Ritratto di uomo malato

Questo che vedete qui dipinto in sanguigna e nero
e che occupa intero il quadro spazioso
sono io all'età di quarantanove anni, ravvolto
in un'ampia vestaglia che mozza a metà le mani

come fossero fiori, non lascia vedere se il corpo
sia coricato o seduto: così è degli infermi
posti davanti a finestre che incorniciano il giorno,
un altro giorno concesso agli occhi stancatisi presto.

Ma se chiedo al pittore, mio figlio quattordicenne,
chi ha voluto ritrarre, egli subito dice
"uno di quei poeti cinesi che mi hai fatto
leggere, mentre guarda fuori, una delle sue ultime ore."

E' sincero, ora ricordo d'avergli donato quel libro
che rallegra il cuore di riviere celesti
e brune foglie autunnali; in esso saggi, o finti saggi, poeti
graziosamente lasciano la vita alzando il bicchiere.

Sono io appartenente a un secolo che crede
di non mentire, a ravvisarmi in quell'uomo malato
mentendo a me stesso: e ne scrivo
per esorcizzare un male in cui credo e non credo.
---
Ilustración: Santa Francesca Romana guarisce un uomo malato ad una gamba, 1468, Antoniazzo Romano Roma Virtuale

domingo, enero 29, 2012

Attilio Bertolucci / Dos poemas



A Pasolini
(en respuesta)

¿Sobrevivencia, nuestra tierra? Pero son largos
estos crepúsculos, como de verano que nunca

llega la hora de la lámpara encedida, de aquellas
mariposas nocturnas irracionales que se estrellan,

atraídas y rechazadas por el claror que es vida
(pero era también vida el día que muere).

Sólo nos sea dado, en un tiempo incierto
de tránsito, recordar, recordar para nosotros

y para todos, la paciencia de los años
que los relámpagos de amor hirieron - y se apagaron.


Eliot a los doce años
(en una fotografía)

Hoy un viento cálido recorre la tierra,
no árido ni seco como será más tarde;
arrastrando hojas de cobre con un sonido
que imita el infierno, prepara el purgatorio

y su somnolencia otoñal. Esto
es marzo con el sol que te hace
estrechar los ojos hondos, oscuras violetas
sobre las que se fruncen los cabellos desordenados

cuanto permite, o exige, la etiqueta de la
Nueva Inglaterra exiliada en las riveras
meridionales: y tú jamás de frente
querrías combatirla. Vencerla -

si hoy la amarga boca adolescente tal
propósito y empeño significa, mientras
contra la pared de ladrillos el fotógrafo
finge tu ejecución y las rodillas

languidecen culpablemente en la tibieza
de la estación y de la edad - y vencida
abandonarla vacía sobre las orillas del tiempo,
reluciente, querrá decir vivir y escribir

hasta el enero inclemente, el invierno de los huesos.

Attilio Bertolucci (San Lazzaro, Parma, 1911-Roma, 2000), "Viaggio d'inverno", 1971, Opere, Mondadori, Milán, 1997
Versiones de J. Aulicino


A Pasolini
(in risposta)

Sopravvivenza, la nostra terra? Ma durano a lungo
questi crepuscoli, come d'estate che mai, mai

viene l'ora della lampada accesa, di quelle
falene irragionevoli che vi sbattono contro,

attrate e respinte del chiarore che è vita
(eppure vita era anche il giorno che muore).

Soltanto ci sia dato, in tun tempo incerto
di trapasso, ricordare, ricordare per noi

e per tutti, la pazienza degli anni
che i lampi dell'amore ferirono - e si spensero. 



Eliot a dodici anni
(da una fotografia)

Oggi un vento caldo corre la terra,
non arido non secco come sarà più tardi,
trascinando foglie di rame in un suono
che imita l'inferno prepara il purgatorio

e su sonnolenza autunnale. Questo
è marzo con il sole che ti fa
stringere gli occhi fondi, brune violette
su cui s'aggrondano i capelli scomposti

quanto permete, o esige, l'etichetta della
Nuova Inghilterra esule su rive
meriodinali: e tu mai di petto
vorrai combatterla. Vincerla -

se oggi l'amara bocca adolescente tale
proposito e impegno significa mentre
contro il muro di mattoni il fotografo
finge la tua esecuzione e i ginocchi

illanguidiscono colpevolmente al tepore
della stagione e dell'età - e vinta
abbandonarla vuota sulle rive del tempo,
e lucente, vorrà dire vivere e scrivere

sino al gennaio inclemente, all'inverno delle ossa.
---

sábado, enero 28, 2012

Attilio Bertolucci / Restauración de un techo




Restauración de un techo

Este regreso nuestro, y estadía, aquí en setiembre avanzado,
con sol que quema y mariposas amarillas en el aire,
flores perdidamente coloridas desbordando la red metálica
de los huertos en su última maduración y despojamiento, esta

contratación tuya de finos artesanos ancianos, en desguace,
para hacerles aguzar la vista, extremar los músculos en la
restauración difícil del techo de pizarra, acróbatas
tranquilos, las canas mojadas de azul, músicos

intermitentes a los que hacen eco los valles, tanto
es el silencio de las horas pasado el meridiano -
pero persevera el oro en los ojos enamorados aún,
de modo que la obra sea cumplida en el tiempo previsto

y alejado el horror de lo oscuro se acumule
en los senderos para impedir las fugas, aunque sin esperanza,
ya que los puentes están todos en ruinas
bajo estrellas benignas e inflexibles -

y mi dócil aceptación de una tan confiada
laboriosidad, de una tan activa utilización
de los márgenes diurnos en los confines de la noche, no serían tal vez...
Pero no es, no es la contradicción de la poesía
en progreso, su denegación llameante
dura, y prolonga el verano mientras prepara
el otoño, y con él lluvias, enfermedades, recuperaciones,
con humos en cielos que clarean en los agujeros del oeste.

Attilio Bertolucci (San Lazzaro, Parma, 1911-Roma, 2000), "Viaggio d'inverno", 1971, Opere, Mondadori, Milán, 1997
Versión de J. Aulicino


Restauro di un tetto

Questo nostro ritorno, e soggiorno, qui a settembre avanzato
con un sole che scotta e farfalle gialle nell'aria
fiori perdutamente colorati traboccanti dalla rete metallica
degli orti in ultima maturità e spoliazione, questo

tuo assoldare fini artigiani anziani, in disarmo,
e farli aguzzare la vista stremare i muscoli nel
restauro difficile del tetto d'ardesia, acrobati
quieti la canizie bagnata d'azzurro, musici

intermittenti che le valli echeggiano tanto
è il silenzio delle ore travalicato il meriggio -
ma trattienine l'oro negli occhi innamorati ancora
così che l'opera sia compiuta nel tempo previsto

e tenuto lontano l'orrore del buio ammassantesi
nei vittoli a impedire le fughe anche senza speranza
poi che i ponti sono tutti in rovina
sotto stelle benigne e irremovibili -

e la mia docile accettazione d'una così fidente
laboriosità, d'un così attivo utilizzo
dei margini diurni ai confini della notte non sarebbe forse...
Ma non è, non è la contraddizione della poesia
in progresso, il suo diniego fiammante
dura, e prolunga l'estate, insieme prepara
l'autunno e dunque piogge, malatie, riprese,
con fumi in cieli schiarentisi nei pertugi dell'ovest.
---
Ilustración: Casa con scala, c.1860, Raffaello Sernesi

jueves, enero 26, 2012

Attilio Bertolucci / Para una clínica demolida













Para una clínica demolida

Aquí donde un poeta ha llorado y delirado un mes
de su vida - un abril
de nubes,
de buen cielo sereno
acechado por grietas -
golpean las persianas abandonadas.

¿Dónde han llevado
sus drogas y plegarias,
Hijas de la Sabiduría, hijas
de la paciencia,
buenas cocineras y alegres
distribuidoras de sopas y de vino
para el gran hambre de la tarda mañana?

Aquí, otro día, ya
demolidos aquellos queridos cuartos,
ya más avanzado el año, y la fábrica
nueva ya alta, sonora
de una obra que calla
sólo cuando el mediodía divide sol y sombra,
pan y tortilla, al albañil he preguntado inútilmente:

"¿Adónde emigraron
aquellas viejas y jóvenes hermanas
que con agujas, con ampollas
derrotaban el mal, precisas
como manecillas sobre el cuadrante para usarlas
sin error, alternándolas
con plegarias cristianas?"

Que sepa dónde están, que yo sepa
que no se fueron
de la ciudad que genera en exceso
la voluptuosidad y el dolor, que yo
las sepa, en esta hora
que precede la noche y el invierno,
aún sabias y pacientes en expulsar

por mí, por todos, de la tierra el infierno.

Attilio Bertolucci (San Lazzaro, Parma, 1911-Roma, 2000), "Viaggio d'inverno", 1971, Opere, Mondadori, Milán, 1997
Versión de J. Aulicino


Per una clinica demolita

Qui dove un poeta ha pianto e delirato un mese
della sua vita -un aprile
di nuvole,
di bel cielo sereno
insidiato da crepe-
sbattono le persiane abbandonate.

Dove avete portato
le vostre droghe e preghiere,
Figlie della Sapienza, figlie
della pazienza, tanto
buone cuciniere e allegre
dispensiere di minestre e di vino
per la gran fame nel tardo mattino?

Qui un altro giorno, già
demolite quelle stanze care,
già più avanzato l'anno e la fabbrica
nuova ormai alta, sonora
d'un cantiere che tace
solo se il mezzogiorno spacca in luce e ombra
pane e frittata, al muratore ho chiesto inultimente:

"Dove sono emigrate
quelle vecchie e giovani suore
che con aghi, con fiale
sconfiggevano il male, precise
como lancette sual quadrante a usarle
senza errore, alternandole
con preghiere cristiane?"

Che io sappia dovo sono, che io sappia
ce no sono partite
della città che genera in eccesso
la voluttà e il dolore, che io
le sappia, in quest'ora
che precede la notte e l'inverno,
ancora sagge e pazienti nel fugare

per me, per tutti noi, sulla terra l'inferno.
---
Foto: Attilio Bertolucci, Roma, 1991 Edoardo Fornaciari/Getty Images