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jueves, marzo 19, 2020

Olga Orozco / De "Yo, Claudia"













¿Deslumbramiento o vocación?
Mi mayor vocación es ser cantante de temas modernos y actriz de cine o TV; pero mis
padres se oponen a que siga esta carrera, no porque carezca de condiciones, pues tengo
una voz potente y agradable y dulce, además de talento para actuar, sino porque piensan
que el ambiente no es conveniente. ¿Qué debo hacer? ¿Resignarme a no ser nadie?
Mirta (Capital)

En primer lugar lo que debes hacer es mejorar tu letra y tu ortografía; en segundo lugar,
preguntarte a fondo si quieres ser actriz o cantante, o sólo te deslumbran los brillos de las
luces y los resplandores del éxito (el hecho de que elijas los triunfos más fáciles y
circunstanciales alimenta el búho de mi desconfianza); en tercer lugar, averigua si tienes
realmente condiciones. Una vez acreditadas tu seriedad y tus condiciones, tus padres te
convencerán de que los peligros del escenario son menores que los del jardín zoológico o
los de los parques de diversiones. Si la respuesta a todos los planteos que te hago son
negativas, quédate en tu casa. No tengas ningún temor; no se puede ser nadie, ni siquiera
tal vez antes de nacer. Tu voz potente te servirá para mantener el orden en el hogar que
crees; tu voz dulce te será muy útil para persuadir y cautivar; tu talento para actuar no
resultará superfluo en ninguna circunstancia, ni aun en las más privadas.


Salchicha solitaria
N.º 125, octubre de 1967
Hace cuatro años nos regalaron una perrita, a la cual queremos cruzar, pero nos hallamos
ante el problema de hallarle compañero, puesto que su raza es muy poco conocida. Es
una salchicha de pelo largo, cuyo nombre en alemán no podría traducir. No ha faltado
gente que nos detuviera por la calle por un problema similar, pero como también tenían
hembritas, seguimos sin solucionar la cuestión.
I. G. I. M. (Capital)

Han demostrado ustedes mucho tacto y decoro al no permitir acercamientos entre
animales del mismo género. Consulten en el Kennel Club, Florida 671, o busquen en la
parte amarilla de la guía telefónica la sección “Veterinarios”; figuran institutos y criaderos
especializados que tal vez cuenten con una “agencia matrimonial” entre sus
dependencias. Si no encuentran solución publiquen un aviso en algún diario: en el alemán
dejen el nombre sin traducir; en los otros, transcriban la descripción que me envían. Si a
pesar de todo el problema permanece, háganla depilar. Convertida en una salchicha
común puede tener más chance.

Quiero ser espía internacional
N.º 145, junio de 1969
Mi problema es que deseo seguir la carrera de espía internacional y desearía saber dónde
debo dirigirme. Curso estudios secundarios y tengo 17 años cumplidos.
F. F., ciudad de Mendoza

Para seguir esa carrera se necesita una vasta cultura, psicología, don de gentes, dominio
total de idiomas (para la zona occidental, por lo menos inglés, alemán, francés, ruso,
italiano y portugués). Aprender lenguas muertas primero ayudaría mucho en ese sentido.
También necesita conocimientos de mecánica, para arreglar motores en caso de apuro. Y
saber tiro al blanco, esgrima, box, yudo y karate. Como ve, son largos años de estudio
previo. En cuanto al lugar donde se dictan cursos de espionaje, lo ignoro completamente.
Pero no importa. Una de las condiciones esenciales de esa "profesión" es la astucia.
Cuando haya estudiado todo lo que le dije, valiéndose de su propia astucia descubrirá
adónde tiene que dirigirse.

Olga Orozco (Toay, La Pampa, Argentina-1920-Buenos Aires, 1999)

Yo, Claudia *,
Ediciones en Danza,
Buenos Aires, 2012

* Se trata de una recopilación de los artículos periodísticos publicados en la revista Claudia, de Buenos Aires, entre 1964 y 1974. En este caso, de un correo de lectores que administraba la autora, bajo el seudónimo de Valeria Guzmán. El trabajo de investigación y selección fue realizado por Marisa Negri. (Nota del Ad.)



Otra Iglesia Es Imposible - Ediciones en Danza - Soy de Toay -  A Media Voz - La Nación - Clarín - Los Andes - Infobae - El Litoral - El País

Foto: s/d Los Andes

viernes, febrero 06, 2015

Olga Orozco / Catecismo animal













Somos duros fragmentos arrancados del reverso del cielo,
trozos como cascotes insolubles
vueltos hacia este muro donde se inscribe el vuelo de la realidad,
la mordedura blanca del destierro hasta el escalofrío.
Suspendidos en medio del derrumbe por obra del error,
enfrentamos de pie las inclemencias, la miserable condición del rehén,
expuestos del costado que se desgasta al roce de la arena y al
   /golpe del azar,
bajo el precario sol que quizás hoy se apague, que no salga mañana.
No tenemos marca ni predestinación ni vestigios de las primeras luces;
ni siquiera sabemos qué soplo nos expulsa y nos aspira.
Apenas si el sabor de la sed, si la manera de traspasar la niebla,
si esta vertiginosa sustancia en busca de salida,
hablan de alguna parte donde las mutiladas visiones se completan,
donde se cumple Dios.
Ah descubrir la imagen oculta e impensable del reflejo,
la palabra secreta, el bien perdido,
la otra mitad que siempre fue una nuble inalcanzable desde la
   /soledad
es toda la belleza que nos ciñe en su trama y nos rehace,
una mirada eterna como un lago para sumergir el amor en su versión
   /insomne,
en su asombro dorado.
Pero no hay quien divise el centelleo de una sola fisura para
   /poder pasar.
Nunca con esta vida que no alcanza para ir y volver,
que reduce las horas y oscila contra el viento,
que se retrae y vibra como una llama aterida cuando asoma la
   /muerte.
Nunca con este cuerpo donde siempre tropieza el universo.
Él quedará incrustado en este muro.
Él será más opaco que un pedrusco roído por la lluvia hasta el
   /juicio final.
¿Y servirá este cuerpo más allá para sobrevivir,
el inepto monarca, el destronado, el frágil desertor obligatorio,
rescatado otra vez desde su nadie, desde las entrañas de un escorial
   /de brumas?
¿O será simplemente como escombro que se arroja y se olvida?
No, este cuerpo no puede ser tan solo para entrar y salir.
Yo reclamo los ojos que guardaron el Etna bajo las ascuas de otros
   /ojos;
pido por esta piel con la que caigo al fondo de cada precipicio;
abogo por las manos que buscaron, por los pies que perdieron;
apelo hasta por el luto de mi sangre y el hielo de mis huesos.
Aunque no haya descanso, ni permanencia, ni sabiduría,
defiendo mi lugar:
esta humilde morada donde el alma insondable se repliega,
donde inmola sus sombras
y se va.

Olga Orozco (Toay, 1920-Buenos Aires, 1999), "En el revés del cielo", 1987, Relámpagos de lo invisible. Antología, selección y prólogo de Horacio Zabaljáuregui, Fondo de Cultura Económica, segunda edición, Buenos Aires, 2009

domingo, junio 23, 2013

Poemas elegidos, 43


Horacio Zabaljáuregui
(América, Provincia de Buenos Aires, 1955)

Señora tomando sopa, de Olga Orozco
Es un poema de Con esta boca, en este mundo, el último libro publicado de Olga Orozco en el que hay un recuento de lo vivido, la evocación de lo perdido a través de su residencia terrestre. Me conmueve porque la hechicera de espléndidos talismanes, la hilandera de encantamientos se transforma en "la solitaria comensal del olvido", esa "señora tomando sopa" que vuelve, una vez más, lúcida y suntuosa, a la infancia siempre presente.








Señora tomando sopa

Detrás del vaho blanco está la orden, la invitación o el ruego,
cada uno encendiendo sus señales,
centellando a lo lejos con las joyas de la tentación o el rayo del peligro.
Era una gran ventaja trocar un sorbo hirviente por un reino,
por una pluma azul, por la belleza, por una historia llena de luciérnagas.
Pero la niña terca no quiere traficar con su horrible alimento:
rechaza los sobornos del potaje apretando los dientes.
Desde el fondo del plato asciende en remolinos oscuros la condena:
se quedará sin fiesta, sin amor, sin abrigo,
y sola en los más negro de algún bosque invernal donde aúllan los lobos
y donde no es posible encontrar la salida.

Ahora que no hay nadie,
pienso que las cucharas quizá se hicieron remos para llegar muy lejos.
Se llevaron a todos, tal vez, uno por uno,
hasta el último invierno, hasta la otra orilla.
Acaso estén reunidos viendo a la solitaria comensal del olvido,
la que traga este fuego,
esta sopa de arena, esta sopa de abrojos, esta sopa de hormigas,
nada más que por puro acatamiento,
para que cada sorbo la proteja con los rigores de la penitencia,
como si fuera tiempo todavía,
como si atrás del humo estuviera la orden, la invitación, el ruego.

Olga Orozco (Toay, 1920-Buenos Aires, 1999)

Foto: Horacio Zabaljáuregui en Editorial Bajo la Luna

domingo, octubre 18, 2009

Olga Orozco / Sopa


Señora tomando sopa

Detrás del vaho blanco está la orden, la invitación o el ruego,
cada uno encendiendo sus señales,
centellando a lo lejos con las joyas de la tentación o el rayo del peligro.
Era una gran ventaja trocar un sorbo hirviente por un reino,
por una pluma azul, por la belleza, por una historia llena de luciérnagas.
Pero la niña terca no quiere traficar con su horrible alimento:
rechaza los sobornos del potaje apretando los dientes.
Desde el fondo del plato asciende en remolinos oscuros la condena:
se quedará sin fiesta, sin amor, sin abrigo,
y sola en los más negro de algún bosque invernal donde aúllan los lobos
y donde no es posible encontrar la salida.

Ahora que no hay nadie,
pienso que las cucharas quizá se hicieron remos para llegar muy lejos.
Se llevaron a todos, tal vez, uno por uno,
hasta el último invierno, hasta la otra orilla.
Acaso estén reunidos viendo a la solitaria comensal del olvido,
la que traga este fuego,
esta sopa de arena, esta sopa de abrojos, esta sopa de hormigas,
nada más que por puro acatamiento,
para que cada sorbo la proteja con los rigores de la penitencia,
como si fuera tiempo todavía,
como si atrás del humo estuviera la orden, la invitación, el ruego.

Olga Orozco (Toay, 1920-Buenos Aires, 1999), "Con esta boca, en este mundo", 1994, El jardín posible. Selección y prólogo de Marisa Negri, Ediciones en Danza, Buenos Aires, 2009

Ilustración: Portada de la antología de Ediciones en Danza. Olga Orozco, La Alhambra, 1961; retrato de la autora procesado por Pablo Runa.

Otros poemas de Orozco en este blog:
Mujer en su ventana
Para hacer un talismán / Quiero pensar que no eras la cría repudiada...

viernes, julio 24, 2009

Olga Orozco / Ventana


Mujer en su ventana

Ella está sumergida en su ventana
contemplando las brasas del anochecer, posible todavía.
Todo fue consumado en su destino, definitivamente inalterable desde ahora
como el mar en un cuadro,
y sin embargo el cielo continúa pasando con sus angelicales procesiones.
Ningún pato salvaje interrumpió su vuelo hacia el oeste;
allá lejos seguirán floreciendo los ciruelos, blancos, como si nada,
y alguien en cualquier parte levantará su casa
sobre el humo y el polvo de otra casa.
Inhóspito este mundo.
Aspero este lugar de nunca más.
Por una fisura del corazón sale un pájaro negro y es la noche
-¿o acaso será un dios que cae agonizando sobre el mundo?-,
pero nadie lo ha visto, nadie sabe,
ni el que se va creyendo que de los lazos rotos nacen preciosas alas,
los instantáneos nudos del azar, la inmortal aventura,
aunque cada pisada clausure con un sello todos los paraísos prometidos.
Ella oyó en cada paso la condena.
Y ahora ya no es más que una remota, inmóvil mujer en su ventana,
la simple arquitectura de la sombra asilada en su piel,
como si alguna vez una frontera, un muro, un silencio, un adiós,
hubieran sido el verdadero límite,
el abismo final entre una mujer y un hombre.

Olga Orozco (Toay, 1920-Buenos Aires, 1999), "Con esta boca en este mundo", 1994, Relámpagos de lo invisible. Antología, selección y prólogo de Horacio Zabaljáuregui, Fondo de Cultura Económica, segunda edición, Buenos Aires, 2009

Foto: Orozco, 1997 Graciela García Romero / Fondo de Cultura Económica

De Olga Orozco en este blog:
Para hacer un talismán / Quiero pensar que no eras la cría repudiada...

viernes, septiembre 05, 2008

Se necesita sólo tu corazón


Para hacer un talismán

Se necesita sólo tu corazón
hecho a la viva imagen de tu demonio o de tu dios.
Un corazón apenas, como un crisol de brasas para la idolatría.
Nada más que un indefenso corazón enamorado.
Déjalo a la intemperie,
donde la hierba aúlle sus endechas de nodriza loca
y no pueda dormir,
donde el viento y la lluvia dejen caer su látigo en un golpe de azul escalofrío
sin convertirlo en mármol y sin partirlo en dos,
donde la oscuridad abra sus madrigueras a todas las jaurías
y no logre olvidar.
Arrójalo después desde lo alto de su amor al hervidero de la bruma.
Ponlo luego a secar en el sordo regazo de la piedra,
y escarba, escarba en el él con una aguja fría hasta arrancar el último grano de esperanza.
Deja que lo sofoquen las fiebres y la ortiga,
que lo sacuda el trote ritual de la alimaña,
que lo envuelva la injuria hecha con los jirones de sus antiguas glorias.
Y cuando un día un año lo aprisione con la garra de un siglo,
antes que sea tarde,
antes que se convierta en momia deslumbrante,
abre de par en par y una por una todas sus heridas:
que las exhiba al sol de la piedad, lo mismo que el mendigo,
que plaña su delirio en el desierto,
hasta que sólo el eco de un nombre crezca en él con la furia del hambre:
un incesante golpe de cuchara contra el plato vacío.

Si sobrevive aún,
si ha llegado hasta aquí hecho a la viva imagen de tu demonio o de tu dios,
he ahí un talismán más inflexible que la ley,
más fuerte que las armas y el mal del enemigo.
Guárdalo en la vigilia de tu pecho igual que un centinela.
Pero vela con él.
Puede crecer en ti como la mordedura de la lepra;
puede ser tu verdugo.
¡El inocente monstruo, el comensal de tu muerte!

De Los juegos peligrosos, 1962

III

Quiero pensar que no eras la cría repudiada,
hija de gato errante y de gata cautiva
-la pareja precaria, victoriosa en la ley de un solo acoplamiento
y sumisa al decreto de algún Malthus tardío que impera en el desván-.
Puedo creer que no eras trofeo ni residuo
arrojado al azar desde lo alto de la roca,
ni yo la tejedora que detiene con redes milagrosas el vuelo o la caída.
Algo más que piedad, que providencia y desatino
erigió nuestra carpa invulnerable entre las carcomidas fundaciones.
Algo que empezamos a saber entre un plato de leche
y huesos, sólo huesos de desapariciones, tan duros de roer.

De Cantos a Berenice, 1977

Olga Orozco (Toay, 1920 -Buenos Aires, 1999), Obra poética, Corregidor, Buenos Aires, 1979