Mostrando las entradas con la etiqueta Mirella Muià. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Mirella Muià. Mostrar todas las entradas

viernes, diciembre 23, 2016

Mirella Muià / Discurso del mortero















El mortero de mármol ha hecho un largo viaje:
alguien lo ha extraído del cuerpo de la loma—
alguien lo ha separado de la piedra materna—
alguien lo ha recogido de un cúmulo de trozos dispersos—
alguien lo ha transportado de la cantera al taller del tornero,
y éste le ha dado forma,
y para hacerlo lo ha excavado adentro y lo ha pulido afuera,
y con otro fragmento hizo la mano del mortero—
alguien lo ha puesto en venta a los maestros de íconos
para transformar en polvo fino a los colores más refractarios—
alguien lo ha comprado y lo ha traído a mí,
y ahora está conmigo, aquí, y me interroga: “¿Quién eres?
No creas ser como este mazo
tan sólo porque tengas el vigor
y ves lo que a tus ojos no es correcto
y te anima ese celo de justicia…
Pero si quieres, si puedes decir que has hecho un viaje como el mío,
si de verdad caíste de la montaña al golpe de los picos,
si has sido recogido, excavado por dentro y pulido por fuera,
y luego te han vendido y te han comprado—
si reconoces que este viaje hiciste,
tú, piedra de mármol más dura que yo,
sabe entonces que podrás ser como yo:
lugar donde se muele,
lugar donde moler y lugar que es molido
con la materia a transformar en polvo fino.
El color es molido, pero a los golpes debes recibirlos tú,
acogerlos tú, llevarlos tú.
Si aceptas esto,
puedes ser como yo bajo la mano de Quien tiene la mano del mortero.”
Esto me dijo el mortero.

[Enero 2014. Inédito]

Mirella Muià (Siderno, Calabria, Italia, 1947), Versión de Pablo Anadón, Córdoba, noviembre 2016


DISCORSO DEL MORTAIO

Il mortaio di marmo ha fatto un lungo viaggio:
qualcuno l’ha staccato dal corpo del monte—
qualcuno lo ha separato dalla pietra madre-
qualcuno lo ha raccolto da un cumulo di pezzi dispersi—
qualcuno lo ha portato dalla cava alla bottega del tornitore,
e questi gli ha dato una forma,
e per farlo lo ha scavato dentro e levigato fuori,
e da un altro resto ha formato il pestello—
qualcuno lo ha messo in vendita ai maestri di icone
per ridurre in polvere fine i colori più refrattari—
qualcuno lo ha comprato e lo ha portato da me,
e ora è qui con me, e mi interroga: “Chi sei tu?
Non credere di essere come questo pestello
solo perché hai forza e vigore 
e vedi quel che è scorretto ai tuoi occhi
e sei animato da zelo per la  giustizia…
Ma se vuoi, se puoi dire di aver fatto un viaggio come il mio,
se sei davvero caduto sotto le picconate dalla montagna,
se sei stato raccolto, scavato dentro e levigato fuori,
e poi messo in vendita e comprato—
se riconosci d’aver fatto questo viaggio,
tu pietra di marmo più dura di me,
allora sappi che puoi diventare come me:
luogo in cui si pesta,
luogo in cui pestare e luogo che è pestato
 insieme con la materia da ridurre in polvere fine.
Il colore viene pestato, ma i colpi li devi prendere tu,
accoglierli tu,  portarli tu.
Se accetti questo,
puoi essere come me sotto la mano di Chi tiene il pestello”
Così mi ha detto il mortaio.

[Gennaio 2014. Inedito]

Foto Conchiglie/Maria Franco/Giuseppe Laganà

jueves, mayo 07, 2015

Mirella Muià / La madre (I)










Cuando nací
ya existía ese sordo rumor:
alguien tejía,
no supe nunca quién
(¿tal vez una vecina,
una mujer de negro
olvidada?).
No importaba - era siempre
ese sordo sonido
que iba y venía
en un cuarto lejano.
Lo he oído por años.
Cuando nació mi hija
todas estaban
a mi alrededor:
yo buscaba
qué era lo que faltaba
- era ese sordo ruido.
Alejé entonces con mis propias manos
el paño fresco de la frente
y dije a las mujeres que una de ellas
fuera a un cuarto lejano
y se sentara al telar.
Fue así que volví a oírlo,
y hubo de nuevo aquel
escandido silencio.
Mi hija nació en ese silencio.

[La tela, 1986]

Mirella Muià (Siderno, Calabria, Italia, 1947), El astro disperso. Últimas transformaciones de la poesía en Italia, Editorial Brujas, Córdoba, 2015
Traducción de Pablo Anadón


La Madre (I)

quando nacqui
c’era già quel tonfo sordo:
qualcuno tesseva
non seppi mai chi
(una vicina forse
o una donna in nero
dimenticata?)
Ma non importava —
era sempre lo stesso sordo rumore
che andava e veniva
in una stanza lontana
Per anni l’ho udito
Quando nacque mia figlia
erano tutte attorno a me
Ma cercavo
che cosa mancasse:
era quel rumore sordo
Allora respinsi con le mani
il panno fresco sulla fronte
e dissi alle donne
che una andasse in una stanza lontana
e si mettesse al telaio
Così l’udii ancora
e fu di nuovo quel silenzio scandito
Mia figlia nacque
in quel silenzio.