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sábado, noviembre 26, 2016

La lira argentina, ¿cómo suena?, 17


Miguel Angel Morelli

Hace mucho, muchísimo, que ni un solo poeta me obliga a revisar mi mirada del mundo, que es para lo que yo entiendo que tiene servir la poesía. Hay voces muy interesantes, lo sé,  especialmente entre los que ya tienen un buen recorrido, pero ninguna ha logrado quitarme el aliento como lo hicieron Juanele, Juarroz o Giannuzzi en su momento. Desde luego, no puedo culpar a nadie. Sin duda he perdido capacidad de asombro. O se me habrán secado los ojos, vaya a saber.









Miguel Angel Morelli (Coronel Suárez, provincia de Buenos Aires, 1955). Periodista. "Llevo publicados algunos libros".

miércoles, junio 26, 2013

Poemas elegidos, 50


Miguel Angel Morelli
(Coronel Suárez, 1955)

Poema conjetural, de Jorge Luis Borges
Tengo para mí que el “Poema conjetural” (El otro, el mismo, 1943) es, de todos los suyos, el poema más íntimo de Borges. Y aunque resulte también el más analizado por la crítica, se me hace que pocos han advertido que detrás de su tono dramático existe, escondido en sus pliegues, un júbilo secreto por ese encuentro con lo que cree inevitablemente sudamericano: una muerte violenta. Borges sabe que perecer a mano de los bárbaros es la única manera de pasar a formar parte de la historia de un continente hecho de barbarie. Como Mármol a Rosas, como Sarmiento a Facundo, nuestro poeta le envidia ese destino a Laprida, su ilustre antepasado. Por eso, cuando le hace decir “esta noche alcanzo mi insospechado rostro eterno”, está delatando su obsesión más oculta: ser el otro, ser el que vence.
Cada tanto necesito regresar a “Poema conjetural”. Como quien vuelve al punto de partida.




Poema conjetural 

El doctor Francisco Laprida, asesinado el día 22 de setiembre de 1829 
por los montoneros de Aldao, piensa antes de morir:

Zumban las balas en la tarde última.
Hay viento y hay cenizas en el viento,
se dispersan el día y la batalla
deforme, y la victoria es de los otros.
Vencen los bárbaros, los gauchos vencen.
Yo, que estudié las leyes y los cánones,
yo, Francisco Narciso de Laprida,
cuya voz declaró la independencia
de estas crueles provincias, derrotado,
de sangre y de sudor manchado el rostro,
sin esperanza ni temor, perdido,
huyo hacia el Sur por arrabales últimos.
Como aquel capitán del Purgatorio
que, huyendo a pie y ensangrentando el llano,
fue cegado y tumbado por la muerte
donde un oscuro río pierde el nombre,
así habré de caer. Hoy es el término.
La noche lateral de los pantanos
me acecha y me demora. Oigo los cascos
de mi caliente muerte que me busca
con jinetes, con belfos y con lanzas.
Yo que anhelé ser otro, ser un hombre
de sentencias, de libros, de dictámenes
a cielo abierto yaceré entre ciénagas;
pero me endiosa el pecho inexplicable
un júbilo secreto. Al fin me encuentro
con mi destino sudamericano.
A esta ruinosa tarde me llevaba
el laberinto múltiple de pasos
que mis días tejieron desde un día
de la niñez. Al fin he descubierto
la recóndita clave de mis años,
la suerte de Francisco de Laprida,
la letra que faltaba, la perfecta
forma que supo Dios desde el principio.
En el espejo de esta noche alcanzo
mi insospechado rostro eterno. El círculo
se va a cerrar. Yo aguardo que así sea.

Pisan mis pies la sombra de las lanzas
que me buscan. Las befas de mi muerte,
los jinetes, las crines, los caballos,
se ciernen sobre mí... Ya el primer golpe,
ya el duro hierro que me raja el pecho,
el íntimo cuchillo en la garganta.

Jorge Luis Borges (Buenos Aires, 1899-Ginebra, 1986)



Foto: Miguel Angel Morelli en FB

miércoles, marzo 10, 2010

Miguel Angel Morelli / Poemas


1

mi madre creía en dios y hablaba con él en voz alta
mientras lavaba la ropa y la colgaba de la soga

sentado en un rincón del patio / después de la escuela
yo la escuchaba hablar sola y pensaba que mi madre estaba loca

¿cómo no iba a pensarlo? / yo tenía apenas doce años
la edad del mundo / la edad de todas las verdades de este mundo

pero un día llegué y ella no estaba
y fue como volver a nacer / aunque del lado de la desesperanza

eso pasó hace mucho tiempo, es cierto, pero de tarde en tarde
cuando el olvido me acorrala / me siento en el rincón de pensarla
y vuelvo a ser entonces ese niño al que la muerte le mordía los labios


2

y me pregunto qué va a ser de mí / con esta lluvia
con tanta agua corriendo calle abajo y esos despojos
que van a la deriva / si hoy el mundo es una boca de tormenta

hay que llegar / me digo / a la otra orilla
mientras trato de recordar cómo era que rezaba
aquel hombre que no salía de su casa sin paraguas


3

la armonía entre pensamiento y realidad,
como todo lo metafísico,
hay que buscarla en la gramática del lenguaje

ludwig wittgenstein, tractatus logico-philosophicus


cuando ya nada puede ser dicho y el silencio impone su agonía /
¿calla el decir o el pensamiento?
si calla el decir, son las palabras las que nos han abandonado
en el límite exacto de nuestro propio lenguaje /
si calla el pensamiento / en cambio
es el lenguaje el que nos roba cualquier promesa de mundo

silencio sobre silencio / cuando todo es intemperie
lo inexplicable que emerge del poema
nos devuelve del vacío y da consuelo /

pero esa luz ya no es nuestra


Miguel Angel Morelli (Coronel Suárez, Pcia. de Buenos Aires, 1955)


Foto: Morelli Analecta Literaria