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lunes, octubre 16, 2023

Mercedes Roffé / De "Composición: cristales"



El ojo sigue

y el valor
la sangre
y los perfiles

un alfil y una flecha
y un borrón

una fecha indecisa
un monte
unas ramitas

y un imponente báculo
de colores
en el que nada se afirma.

*

Ella tañe una escoba
como si fuera un laúd
-sus sones son etéreos.

Él sumerge los pies en falsas olas
colmadas de monedas.

Con la aureola puesta,
otro se agacha,

Otro ha juntado
la suma necesaria.

*

Dicen que el viejo Basho
recordando una tarde las grullas de Sotatsu
del regazo del mítico banano
se alzó
e increpó al viento:
"Anche'io sono pittore."

Mercedes Roffé (Buenos Aires, 1954),

Composición: cristales
,
Salta el Pez,
Buenos Aires, 2021










sábado, julio 24, 2021

Mercedes Roffé / De "Diario ínfimo"


 

27 de noviembre
COLOR-WRITING, 1 

ZA ZA ZA ZA ZA UMMMM
za za za za za ummmm

grita
balbucea
la mistérica
glándula
pineal

inserta como un blanco la palabra 
justo 
en el descentro
de ese trono del alma
o Ajna
o punto
ciego
órgano
del temblor

sanguinolento avatar
iluminado y necio
el ojo
celestial
un poco estrábico un poco
hermano 
de aquel sonriente pólipo
de Redon
que mira absorto
siempre 
al infinito
y aun sonriendo un poco
siempre
un poco
como la muerte

3 de diciembre
COLOR-WRITING, 2

anotar en la tela

luego

un azul clásico noche 
—cielo de luna llena—
un naranja de cadmio claro, 
intenso

irregularidades

palabras gris-grafito
deslizándose

círculo 
contenedor y dudosa 
flecha
adoctrinando

—He de morir de estas cosas —dijo, 
pensando 
en la antigua sombra
de una flor que declina

17 de diciembre
COLOR-WRITING, 3

en cambio aquí hay estudio

un tiempo
de meditar y medir
las consecuencias

un círculo arrebolado o
casi
y otro círculo dentro
y otro adentro
y otro

solo esa aguja fija, excéntrica
nos alerta
como queriendo
dar la ilusión
de un nuevo orden
más lábil
más perfecto

Mercedes Roffé (Buenos Aires, 1954),  Diario ínfimo, La Isla de Siltolá, Sevilla, 2016
 
Los poemas titulados Color-Writing 1, 2 y 3 se basan en tres obras de la pintora rusa Olga Rozanova.
(N. de la A.)


Foto: Mercedes Roffé en el Festival Internacional de Poesía Voix Vives de Toledo, España, 8 de septiembre de 2019, por Demian OrtizMercedes Roffé/Facebook

lunes, diciembre 05, 2016

Mercedes Roffé / La prosperidad del alma




IX

la prosperidad del alma
acontece
como acontecen las torres

o esos buques cargados de olvido
que atraviesan
la ronca estepa de la noche

ahhh, la nieve
y las góndolas deslizándose
bajo antorchas de laurel y saúco
embalsamando el aire
(¿quién no habría de cantar?)

chisporroteo + estrellas +
tintinábulos

entretanto
como una cinta
de raso y plata
se devana
un nombre en el cielo

Mercedes Roffé (Buenos Aires, 1954), Carcaj: Vislumbres, Vaso Roto, Madrid, 2014

viernes, junio 07, 2013

Poemas elegidos, 12


Mercedes Roffé
(Buenos Aires, 1954)

Nocturno III, de José Asunción Silva
Debía de tener 17 años cuando leí este poema por primera vez -y por segunda, y por tercera. Decir que el deslumbramiento fue instantáneo no le haría honor. Más bien diría que el deslumbramiento fue para siempre. ¿Quién podría creer tanta belleza? Esa mañana, en la clase no se habló de silvas ni de alejandrinos, sino de la respiración entrecortada, asmática, de aquel que se debate y lucha con un dolor profundo y penetrante.
Ese poema nos enseñaba a un tiempo la noche del amor y de la muerte. Nos revelaba el trémulo enlazarse de las almas que a veces se deriva del amoroso enlazarse de los cuerpos. Nos hacía sospechar la enormidad del pecado y de inmediato nos garantizaba su segura redención por la belleza. Nos develaba, antes bien, que la noche y la luna no son tópicos, sino esa particular cualidad que cobra el aire en aquellos -pocos- momentos en que el ser se vuelve hacia lo más hondo de sí.
Si las églogas de Garcilaso, los monólogos de Calderón, los sonetos de Sor Juana, habían iniciado a esa joven que era yo por entonces en lo que la poesía había sido, el "Nocturno" de José Asunción Silva me reveló, más que nada, lo que la poesía podía llegar a ser. Es el poema que hizo para mí posible un camino, como años más tarde volverían a revelar otros caminos posibles los poemas de Pizarnik, los de Girondo, los de Artaud…
Allí, en el "Nocturno", estaba la esencia del verso libre, es decir, la esencia del único instrumento con que habríamos de contar, a fines del siglo xx, para devenir los poetas que somos. Allí estaba el ritmo y su modulación, la repetición y su encantamiento, el rigor y la flexibilidad. Allí se iniciaba de algún modo ese diálogo radical que se abriría por entonces entre la letra y los blancos -es decir, entre el poema y el silencio que entraña. Allí estaba el corte del verso, caprichoso y justísimo, y estaba la sangría anticipando, tenue pero firmemente, el inminente golpe de dados.
No será hasta fines de los años 90 que me inscriba -en lo que atañe al menos a dos de mis libros: La ópera fantasma (2005) y Las linternas flotantes (2009)- en algo que no dudaría en llamar una poética marcadamente neo-simbolista. Una estética que comparto con otros varios poetas de Latinoamérica aun si nunca hemos acordado reuninos bajo tal consigna. Bocklin, Redon, Moreau, Puvis de Chavannes, Khnoff, Schwabe, Nerval, Rodenbach, Verhaeren, Wilde, Poe, Wagner, Lautréamont… podrían decirse nuestros referentes, nuestros maestros. Una fiesta nocturna -una fiesta en la oscuridad habría dicho otro neo-simbolista, el español Diego Jesús Jiménez- a la que el joven Silva habría sido el primer invitado.
                                   
Nueva York, mayo de 2013



Nocturno III

                   (a su hermana Elvira)

          Una noche,
una noche toda llena de perfumes, de murmullos y de músicas de alas,
          una noche
en que ardían en la sombra nupcial y húmeda las luciérnagas fantásticas,
a mi lado, lentamente, contra mí ceñida toda,
          muda y pálida,
como si un presentimiento de amarguras infinitas
hasta el más secreto fondo de las fibras te agitara,
por la senda que atraviesa la llanura florecida
          caminabas.
          Y la luna llena
por los cielos azulosos, infinitos y profundos esparcía su luz blanca,
          y tu sombra,
          fina y lánguida,
          y mi sombra
por los rayos de la luna proyectadas
sobre las arenas tristes
de la senda se juntaban.
          Y eran una,
          y eran una,
¡y eran una sola sombra larga!
¡Y eran una sola sombra larga!
¡Y eran una sola sombra larga!

          Esta noche,
          solo, el alma
llena de las infinitas amarguras y agonías de tu muerte,
separado de ti misma por el tiempo, por la sombra y la distancia,
          por el infinito negro
          donde nuestra voz no alcanza,
          mudo y solo
          por la senda caminaba.
Y se oían los ladridos de los perros a la luna,
          a la luna pálida,
          y el chillido
          de las ranas…
Sentí frío. Era el frío que tenían en tu alcoba
tus mejillas y tus sienes y tus manos adoradas,
          entre las blancuras níveas
          de las mortuorias sábanas.
Era el frío del sepulcro, era el frío de la muerte,
          era el frío de la nada...
          Y mi sombra,
por los rayos de la luna proyectada,
          iba sola,
          iba sola,
          iba sola por la estepa solitaria.
          Y tu sombra, esbelta y ágil,
          fina y lánguida,
como en esa noche tibia de la muerta primavera,
como en esa noche llena de murmullos de perfumes y de músicas de alas,
          se acercó y marchó con ella,
          se acercó y marchó con ella,
se acercó y marchó con ella... ¡Oh las sombras enlazadas!
¡Oh las sombras que se buscan y se juntan en las noches de negruras y de lágrimas!

José Asunción Silva (Bogotá, 1865-1896)

Foto: Mercedes Roffé por Estela Fares

jueves, diciembre 17, 2009

Mercedes Roffé / De "Las linternas flotantes"


XX

Caída no hubo.
Lo alto está aquí. Es aquí.
Adentro.

Caída no hubo.
Distracciones hay. Vientos. Fugas.
Maquinarias. Grandes, grandes.
Juego de sombra, preocupación y olvido. De sí.
Siempre los hubo...

Cada época. Cada
civilización
retratada en su propio engranaje
de humillaciones y olvido. De sí.
Robar el fuego no es robar ni es fuego.
Recordar es remontarse, preservar para sí el acceso
al resplandor custodiado por
-no sus guardianes, sino sus enemigos.
Vertedero de sombra y sangre.
Cuanto mayor probreza, más olvido.
Cuanta más prepotencia, menos luz.

En sí y fuera de sí
-todo es uno-
solo morada de pura geometría
y luz rigiendo
mansa, inexorable, generosa-
mente bañando
todo de sí.

Luz estético-ética.
Olvidada de sí -entregada.
Fórmula-Madre.

Y aún hay Algo. Algo fuera
que no se piensa,

Otro tono. Otra
modulación de la luz.

Allá en origen.

Mercedes Roffé (Buenos Aires, 1954), Las linternas flotantes, ediciones Bajo la Luna, Buenos Aires, 2009

Foto: Roffé las afinidades electivas-las elecciones afectivas