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jueves, julio 05, 2012

Matías Moscardi / de "Bruma"




Miércoles

(Fragmento)

Nubes que desfondan sobre la línea de flotación pero no alcanzan a formar la imagen de una llovizna en alta mar. Apenas el dentelleo de un aserrín traslúcido mezclado con vinílico que se escurre por el cielo con una motricidad espesa. Lo que alcanzo a ver es algo quieto: algo que todavía no pasó.


Arena enteramente cubierta por caracoles que crujen y se quiebran con cada paso que doy, por más cuidadoso y delicado que sea.


En la línea donde entran las primeras olas, asoma la última punta del buque que durante un temporal, en los noventa, se desamarró de las banquinas del sur y fue arrastrado por la tormenta hasta las playas del norte, donde finalmente encalló. Años atrás, todavía se podía ver la proa herrumbrada, con sus escamas de herrumbre y sus mástiles oxidados. Ahora queda apenas un borde visible que se recorta entre las olas, arremolinando agua para sus adentros.


El sonido que hace el oleaje en la orilla forrada de caracoles es idéntico al sonido de una persona que ahueca los labios, retrae la lengua contra el paladar y suelta una leve exhalación, pidiendo silencio.

Matías Moscardi (Mar del Plata, 1983), Bruma, inédito

Ilustración: Red Head, Blue Body, 1936, Meret Oppenheim MoMA

jueves, abril 12, 2007

El surfer rosa










***
El Surfer Rosa espera la tanda para entrar al agua. Es la mañana y las cosas están heladas
(no es necesario tocarlas para saberlo). El sol brilla y los pájaros heavy metal cantan. En los
videos de surf, los chicos rubios entran en los tubos, salen de los tubos, giran, cortan las olas
para abajo, cortan las olas para arriba, y saltan por el aire, para caer del otro lado y esperar la
siguiente serie. En La Flecha las cosas son distintas. Los bodyboarders no pueden deslizarse
a través de las olas conquistadas por los jóvenes surfers. Los jóvenes surfers no pueden
interferir en el camino fluvial de los surfers viejos. Los surfers viejos no pueden, pero igual te
cortan con la quilla si no te metés bien abajo del agua, lo más abajo que puedas. Y de vez en
cuando aparece algún lobo marino. No hacen nada, pero dan miedo. La piel del Surfer Rosa
parece mexicana. Helada su mente, que nada y filtra a contrapelo la espuma verdosa, y su
madera se pierde sola entre las olas pequeñas.

***

Matías Moscardi, Mar del Plata, 1983



  • En La infancia del procedimiento