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domingo, febrero 06, 2022

Matías Heer / Titicaca




(Fragmento)

olas
de un lago
a 3800 metros
de altura

olas
v, w tamaño11
avenir next lt pro,
minúsculas,
persiguiéndose
unas a otras,
sismo a sismo,
sin alcanzarse,
cansadas,
más que a la orilla
de la mente
cuando ya
no existen;
el objetivo:
disolverse
y volver
a entrar;
convulsas
arañan la arena,

el esfuerzo
de haberse formado,
de su explosión,
tan sólo
para espejarse

en los ojos
ancestrales

neutros
de las piedras,

chapoteo
de electrones:
colores,

como fermiones y bosones
gases aleatorios
se manifiestan en viento que no veo,

como destrenza
las grelas
de la chola
que mea al caminar,

como desmenuza
el meo
de la chola
caminante

en los ojos
de algún burro
inexplicable,

llegará el burro
a emocionarse
por ese
movimiento
pacífico

construcción
destrucción
regeneración

llegará a por ese
persistirse
insistirse
vivirse

llegará el burro
a emocionarse
de la oreja
boliviana
en el Perú
del Eloy

que menea la estatura
al viento grandioso
que aflora olitas

entre el meneo
de los botes,
al timbal de las olas
y un par de tardes luego:

botes
expuestos
al mismo balanceo
constante,
anclados
a un gomón
relleno de piedras
encallado en la orilla,
un pez
campanea sin eco
en una piedra
con crin
al sol

que
seca

los cueros
de los chanchos

mordiéndose
en la orilla,

las plumas
de las gaviotas
impertinentes,
la lluvia habida,

los dedos
del fumador
cuando decide
si tirar o no
la colilla,
si pronunciar o no
un buen día

y las olas
que nunca deciden
nunca cesan;

una melodía
sin demasiada espuma,

como el que pasa silbando
seco bajo el sol que seca

una melodía
que recuerda
sin saber
de dónde,
que silbó
su padre
sin saber
de dónde,
ni hace
cuánto;

(...)

Zipme, slimbook, 2020

Matías Heer (Buenos Aires, 1984), Op. Cit., noviembre 28, 2021


sábado, junio 20, 2009

Matías Heer / Apollinario





Apollinario
Apollinario


Miro a mis pies en el pasto donde
un movimiento miscroscópico me relaja:
el detritus de presentes y sinapsis
da cuenta de que el cadáver se propagó.
Ahora, cada una de las partículas
se mueve para reunirse o continuar disociándose.
Por lo tanto, la literatura ya fue. Fue el misterio, fue el patero
y fue el chating love. Pero la palabra que sigue en uso
destellando lo que no existe y, como 'perfección',
antologa lo que no se puede ver, y quizás
en esa antítesis se dé una existencia prematura
como un organismo táctil ideal prodría muscular
la trama que se extiende por detrás de lo que el juego
de pulseada china con el clítoris deja ver.

El juego está en nombrar las posibilidades
para realizarlas, batacazo monolipiteto excluviente sortmás.

El batacazo de la noche me halla monolipiteto
excluviente a la música y el mate, después de una siesta
sortmás.

Barracuda! Barracuda!

Refulge el porno horse por la cam.

Y la muerte, de ser una palabra mal significada
se volverá un adverbio de la difusión y propagación
de partículas más específicas e inagotables en sus perspectivas
que en su flujo componen el movimiento silábico
infinito en degradaciones prismáticas, onda
unas cristalizaciones que chispean
en las comisuras de las plantas arrastradas
por una oruga... y aun así... en la obsesión
por la vida del otro nos volvemos
un animal de baba que descompone
su intimidad.

Pasan
aviones vacíos y el viento que agita a más
trompeando el pasto que traga la luz de las colinas
mientras la reposera imantada al suelo
imita una calma veraniega en sus líneas amarillas

y al sentarme

no me interpreta.

Matías Heer (Buenos Aires, 1984), De irrisoria complexión, Colección Chapita, Buenos Aires, 2008

Foto: Heer (derecha) con Daniel Durand Clara Muschietti / Una tarea imposible