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jueves, abril 24, 2025

Margaret Atwood / Poema nocturno



No hay nada que temer,
es solo el viento
que cambia hacia el este, son solo
tu padre el trueno
tu madre la lluvia

en este país de agua
con su luna marrón, húmeda como un hongo,
con sus ramas ahogadas y sus aves esbeltas
que nadan, donde crece el musgo
cubriendo los árboles,
y tu sombra no es tu sombra
sino tu reflejo,

tus padres verdaderos desaparecen
cuando la cortina oculta tu puerta.
Somos los otros,
los de abajo del lago
quienes permanecemos silenciosos junto a tu cama
con nuestras cabezas de tinieblas.
Vinimos a cubrirte
con lana roja,
con nuestras lágrimas y suspiros lejanos.

En brazos de la lluvia meces
el arca helada de tu sueño,
mientras nosotros esperamos, tu padre
y tu madre nocturnos,
con nuestras manos frías y una linterna muerta,
sabiendo que somos
las vacilantes sombras que una vela arroja,
en este eco
que escucharás veinte años después.

 Margaret Atwood (Ottawa, Canadá, 1939Zoon ZoomPhonantaVersiones de poetas de lengua inglesa por Isaías Garde

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NIght Poem



There is nothing to be afraid of,
it is only the wind
changing to the east, it is only
your father the thunder
your mother the rain

In this country of water
with its beige moon damp as a mushroom,
its drowned stumps and long birds
that swim, where the moss grows
on all sides of the trees
and your shadow is not your shadow
but your reflection,

your true parents disappear
when the curtain covers your door.
We are the others,
the ones from under the lake
who stand silently beside your bed
with our heads of darkness.
We have come to cover you
with red wool,
with our tears and distant whipers.

You rock in the rain's arms
the chilly ark of your sleep

foto: Margaret Atwood, a en la inauguración de Collision 2022 en el Enercare Centre de Toronto, CanadáPiaras/Mídheach/Collision Sportsfile/Wikimedia Commons







   
   
   
   
   
   
   
   
   
   
   
   
   
   
   
   
   
   
   
   

miércoles, febrero 12, 2020

Margaret Atwood / Comenzás












Comenzás así:
esta es tu mano,
este es tu ojo,
esto es un pez, liso y azul
sobre el papel, casi
la forma de un ojo.
Esta es tu boca, esto es una O,
o la luna, lo que
prefieras. Esto es amarillo.

Al otro lado de la ventana
está la lluvia, verde
porque es verano, y más atrás
árboles y después el mundo,
que es redondo y tiene apenas
los colores de estos nueve crayones.

Este es el mundo, más completo
y difícil de aprender que lo que acabo de decir.
Tenés razón en borronearlo así
con rojo y arriba
naranja: el mundo se está incendiando.

Cuando te hayas aprendido estas palabras
aprenderás que hay más
palabras que las que podés aprender.
La palabra mano flota encima de tu mano
como una nubecita sobre un lago.
La palabra mano ancla
tu mano a esta mesa,
tu mano es una piedra cálida
que sostengo entre dos palabras.

Esta es tu mano, estas son mis manos, este es el mundo,
que es redondo en vez de plano y tiene más colores
que los que podemos ver.

Comienza, tiene un fin,
eso es a lo que vas
a regresar, esta es tu mano.

Margaret Atwood (Ottawa, Canadá, 1939), Two-Headed Poems, Houghton Mifflin Harcourt, Boston, 1978
Versión de Mariángel Mauri

Margaret Atwood - Otra Iglesia Es Imposible - De Sibilas y Pitias - El Placard - Círculo de Poesía - NES

Foto: Margaret Atwood, Los Angeles, 2018 Jordan Strauss/Invision/AP/El País

You Begin

You begin this way:
this is your hand,
this is your eye,
that is a fish, blue and flat
on the paper, almost
the shape of an eye.
This is your mouth, this is an O
or a moon, whichever
you like. This is yellow.
Outside the window
is the rain, green
because it is summer, and beyond that
the trees and then the world,
which is round and has only
the colors of these nine crayons.
This is the world, which is fuller
and more difficult to learn than I have said.
You are right to smudge it that way
with the red and then
the orange: the world burns.
Once you have learned these words
you will learn that there are more
words than you can ever learn.
The word hand floats above your hand
like a small cloud over a lake.
The word hand anchors
your hand to this table,
your hand is a warm stone
I hold between two words.
This is your hand, these are my hands, this is the world,
which is round but not flat and has more colors
than we can see.
It begins, it has an end,
this is what you will
come back to, this is your hand.

viernes, febrero 07, 2020

Margaret Atwood / La mujer hace las paces con su corazón defectuoso












No era tu ritmo contrahecho
lo que no te podía perdonar, ni esa cabeza roja
de buitre despellejado

sino todo lo que ocultaste:
cinco palabras y el anillo de oro
que perdí, y la taza azul tan linda
que dijiste que se había roto,
esa pila de caras, grises
y dobladas, que asegurabas
que los dos habíamos olvidado,
los otros corazones que te comiste,
y todo ese tiempo tirado que me ocultaste
diciendo que nunca pasó.

Eso, y que no te dejaras
atrapar,
hábil pájaro desplumado, oronda ave rapaz
con esa canción ronca y desinflada,
tus garras y ese ojo ávido
al acecho en lo alto, en el cielo encendido
del atardecer, bajo la tela de mi pecho izquierdo
para saltarle encima a los extraños.

¿Cuántas veces te lo dije?
El mundo civilizado es un zoológico,
no una jungla, quedate en tu jaula.
Y después los gritos
de sangre, la furia al arrojarte
contra mis costillas.

Por mi parte, contenta te habría
estrangulado con ambas manos,
te habría estrujado hasta cerrarte, con
tus aullidos de alegría y todo.
La vida es más tranquila sin corazón,
sin ese emblema haragán,
ese león pulguiento, urraca, águila
caníbal, escorpión lleno de trucos metálicos
de odio, esa magia vulgar,
ese órgano del tamaño y color
de una rata escaldada,
ese fénix chamuscado.

Pero me empujaste hasta acá,
viejo bobo, y estamos atados
el uno al otro como conspiradores, que es
lo que somos, e igual de desconfiados.
Los dos sabemos que, salvo imprevistos,
a la larga uno
traicionará al otro; cuando eso pase,
a mí me toca la urna, a vos un frasco.
Hasta entonces, esta es una frágil tregua
de honor entre criminales.

Margaret Atwood (Ottawa, Canadá, 1939), Two-Headed Poems, Houghton Mifflin Harcourt, Boston, 1978
Versión de Mariángel Mauri

Margaret Atwood - Otra Iglesia Es Imposible -La Nación - El Placard - Círculo de Poesía - Aires de Libertad - Nalgas y Libros - Idiomas Olvidados

Foto: Jean Malek/The Times


The Woman Makes Peace With Her Faulty Heart

It wasn’t your crippled rhythm
I could not forgive, or your dark red
skinless head of a vulture
ur dark red
skinless head of a vulture

but the things you hid:
five words and my lost
gold ring, and the fine blue cup
you said was broken,
that stack of faces, gray
and folded, you claimed
we’d both forgotten,
the other hearts you ate,
and all that discarded time you hid
from me, saying it never happened.

There was that, and the way
you would not be captured,
sly featherless bird, fat raptor
singing your raucous punctured song
with your talons and your greedy eye
lurking high in the molten sunset
sky behind my left cloth breast
to pounce on strangers.

How many times have I told you:
the civilized world is a zoo,
not a jungle, stay in your cage.
And then the shouts
of blood, the rage as you threw yourself
against my ribs.

As for me, I would have strangled you
gladly with both hands,
squeezed you closed, also
your yelps of joy.
Life goes more smoothly without a heart,
without that shiftless emblem,
that flyblown lion, magpie, cannibal
eagle, scorpion with its metallic tricks
of hate, that vulgar magic,
that organ the size and color
of a scalded rat,
that singed phoenix.

But you’ve shoved me this far,
old pump, and we’re hooked
together like conspirators, which
we are, and just as distrustful.
We know that, barring accidents,
one of us will finally
betray the other; when that happens,
it’s me for the urn, you for the jar.
Until then, it’s an uneasy truce,
and honor between criminals.

Clod & Pebble
https://clodandpebble.wordpress.com/2012/07/29/the-woman-makes-peace-with-her-faulty-heart-by-margaret-atwood/

lunes, noviembre 04, 2019

Margaret Atwood / Morada













El matrimonio no es
una casa, ni siquiera una tienda
es antes que eso, y más frío:
la linde del bosque, el borde
del desierto
los escalones sin pintar
en la parte de atrás donde
nos sentamos en cuclillas,
fuera, comiendo palomitas de maíz
el borde del menguante glaciar
donde dolorosamente y asombrados
de haber sobrevivido
hasta ahora
aprendemos a hacer fuego.

Margaret Atwood (Ottawa, Canadá, 1939), Selected Poems 1965-1975, Houghton Mifflin, Boston, 1987
Versión de Jonio González

Margaret Atwood Web Site - Poetry Foundation - De Sibilas y Pitias - El Placard - Eterna Cadencia - Otra Iglesia Es Imposible


Foto: TIM WALKER/THE SUNDAY TIMES



HABITATION

Marriage is not
a house or even a tent
it is before that, and colder:
the edge of the forest, the edge
of the desert 
the unpainted stairs 
at the back where we squat 
outside, eating popcorn
the edge of the receding glacier
where painfully and with wonder
at having survived even
this far
we are learning to make fire

martes, agosto 21, 2018

Margaret Atwood / Los animales de aquel país














En aquel país los animales
tienen rostros de personas:

los gatos
ceremoniales toman las calles

el zorro corre
amable hacia la tierra, los cazadores
lo cercan, siguiendo
el tapiz de sus costumbres

el toro, bordado
en sangre tiene
una muerte elegante, trompetas, su nombre
impreso en la piel, una marca de heráldica
porque

(cuando se revolcó
sobre la arena, espada al corazón, los dientes
en la boca azul eran humanos)

en realidad es un hombre
como los lobos, que tienen
conversaciones sonoras en sus
bosques llenos de leyenda.

                En este país los animales
                tienen rostros de
                animales.

                Una vez sola
                sus ojos brillan frente a los faros del auto
                y desaparecen.

                No hay elegancia en su muerte.

                Tienen los rostros
                de nadie.

Margaret Atwood (Ottawa, Canadá, 1939), Hablar de Poesía n° 37, Buenos Aires, agosto de 2018
Traducción de Eleonora González Capria

Uno - Universidad Complutense de Madrid - El Placard - Letras Libres

Foto: Glimmerglass Festival


The animals in that country// In that country the animals/ have the faces of people:// the ceremonial/ cats possessing the streets// the fox run/ politely to earth, the huntsmen/ standing around him, fixed/ in their tapestry of manners// the bull, embroidered/ with blood and given/ an elegant death, trumpets, his name/ stamped on him, heraldic brand/ because// (when he rolled/ on the sand, sword in his heart, the teeth/ in his blue mouth were human)// he is really a man// even the wolves, holding resonant/ conversations in their/ forests thickened with legend.// In this country the animals/ have the faces of/ animals.// Their eyes/ flash once in car headlights/ and are gone.// Their deaths are not elegant.// They have the faces of/  no-one.

jueves, julio 13, 2017

Margaret Atwood / Canción de sirena














Esta es esa canción que todos
desean aprender: la canción
que es irresistible:

la canción que fuerza a los hombres
a saltar por la borda en escuadrones
aunque puedan ver cráneos en la arena

la canción que nadie conoce
porque cualquiera que la haya oído
está muerto, y los demás no pueden recordarla.
¿Puedo contarte un secreto,
y si lo hago, podrías sacarme
de este traje de pájaro?
No disfruto de estar aquí,
encuclillada en esta isla
viéndome pintoresca y mítica,
con estas dos maníacas emplumadas,
no disfruto cantar
este trío, fatal y valioso.

Te diré el secreto a ti,
a ti, solamente a ti.
Acércate. Esta canción

es un grito de ayuda: ¡Ayúdame!
Sólo tú, solamente tú puedes,
tú eres el único,

finalmente. Por desgracia
es una canción aburrida,
pero funciona todas las veces.

Margaret Atwood (Ottawa, Canadá, 1939), Periódico de Poesía, N° 100, Universidad Autónoma de México (UNAM), junio de 2017
Traducción de Daniela Birt

Margaret Atwood's Website


Siren Song 

This is the one song everyone
would like to learn: the song
that is irresistible:

the song that forces men
to leap overboard in squadrons
even though they see beached skulls

the song nobody knows
because anyone who had heard it
is dead, and the others can’t remember.
Shall I tell you the secret
and if I do, will you get me
out of this bird suit?
I don’t enjoy it here
squatting on this island
looking picturesque and mythical
with these two feathery maniacs,
I don’t enjoy singing
this trio, fatal and valuable.

I will tell the secret to you,
to you, only to you.
Come closer. This song

is a cry for help: Help me!
Only you, only you can,
you are unique

at last. Alas
it is a boring song
but it works every time.


miércoles, noviembre 27, 2013

Margaret Atwood / Dos poemas














Hotel

Me despierto a oscuras
en una habitación extraña.

Hay una voz en el techo
con un mensaje para mí.

Repite una y otra vez
la misma ausencia de palabras,

el sonido que el amor hace
cuando alcanza la tierra,

metido a la fuerza en un cuerpo,
acorralado. Arriba hay una mujer

sin cara y con un animal
desconocido que tiembla dentro de ella.

Enseña los dientes y solloza;
la voz susurra a través de las paredes y el suelo;

ahora está suelta, libre y corriendo
cuesta abajo hacia el mar, como agua.

Examina el aire de alrededor y encuentra
espacio. Al final, me

penetra y se vuelve mía.


Grajos azules

Mientras yaces, acorralado
en este rectángulo blanco, sin apenas querer
respirar, colgado
de la vida por un fino hilo,

los grajos van y vienen, todavía comen
las semillas que dejaste,
las esparcen en la hierba entre
las peras y las manzanas mustias.

¿Quién te hizo este agujero?
Los pájaros vuelan en el aire blanco,
sus gritos cortan el espacio
congelado entre árbol y árbol,
azul penetrante, ángeles

o agujas. ¿Eras tú
esa voz que decía
que el único camino era llegar al final?
¿o era un ángel el que quería
que eligieras, que respiraras?

Pájaros de ojos rutilantes y afilado
pico, no se
disculpan al devorar
cualquier cosa que alimente
sus fugaces vidas:

tus girasoles.

El próximo verano
brotará allí algo olvidado.

Margaret Atwood (Ottawa, 1939), Historias reales, Bruguera, Barcelona, 2010
Traducción de María Pilar Somacarrera Íñigo
Envío de Jonio González

domingo, agosto 11, 2013

Margaret Atwood / Variación con la palabra dormir

Me gustaría mirarte dormir,
cosa que puede no pasar.
Me gustaría mirarte,
durmiendo. Me gustaría dormir
con vos, entrar
en tu sueño mientras su ola suave y oscura
se desliza sobre mi cabeza
y caminar con vos a través de ese bosque
vacilante, resplandeciente de hojas azuladas
con su sol de agua y sus tres lunas
hacia la cueva adonde debés descender,
hacia el peor de tus miedos
me gustaría darte la rama
plateada, la pequeña flor blanca, esa única
palabra para protegerte
de la pena en el centro
de tu sueño, de la pena en el centro. Me gustaría seguirte
por las largas escaleras
hacia arriba y volverme
el bote que te lleve remando de vuelta
con cuidado, como a una llama
entre las manos ahuecadas
hasta tu cuerpo acostado
junto al mío, y entrás
en él con la facilidad con que inspirás

me gustaría ser el aire
que te habita por un momento
sólo. Me gustaría pasar así de desapercibida
y ser así de necesaria.

Margaret Atwood (Ottawa, 1939), Selected Poems II: 1976-1986, Houghton Mifflin, 1987
Versión de Inés Garland


Variation On the Word Sleep

I would like to watch you sleeping,
which may not happen.
I would like to watch you,
sleeping. I would like to sleep
with you, to enter
your sleep as its smooth dark wave
slides over my head

and walk with you through that lucent
wavering forest of bluegreen leaves
with its watery sun & three moons
towards the cave where you must descend,
towards your worst fear

I would like to give you the silver
branch, the small white flower, the one
word that will protect you
from the grief at the center
of your dream, from the grief
at the center. I would like to follow
you up the long stairway
again & become
the boat that would row you back
carefully, a flame
in two cupped hands
to where your body lies
beside me, and you enter
it as easily as breathing in

I would like to be the air
that inhabits you for a moment
only. I would like to be that unnoticed
& that necessary.