Mostrando las entradas con la etiqueta María Mascheroni. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta María Mascheroni. Mostrar todas las entradas

domingo, diciembre 01, 2024

María Mascheroni / De "Hoy no hay tiempo para la eternidad"



Comenzó después de su muerte y dejé que sucediera. No se 
trata de recuerdos, aunque participe a pleno la memoria.
Decidí, una y otra vez, no abandonar la conversación. Sucede 
que hablo de un vínculo incorpóreo, sideral, extraterreno. 
La transformación sufrida por ambas partes es definitiva.


*

Así es que no está. Se aproxima cada día. Con sigilo intenta 
acercar la palma de su mano a mi cabeza. Yo me distraigo, 
pienso: ¿son humanos los muertos madre? ¿o las especies 
no existen en tus dominios? Y entonces, ¿qué ahora?

La ignorancia me separa de la muerte, empaña los días 
con una nostalgia protectora.

Hay días en los que no concibo su muerte como algo material 
y la atraigo hacia mí con toda la fuerza que puedo encontrar 
en las palabras descubro en mí una convicción que no 
conocía: existe un plano inmaterial donde el encuentro 
puede producirse.

*

Madre se inclina, pide por favor que me aquiete, dice que
existe enlazada a los pájaros y los caballos del cielo y encuentra 
allí cercanía con su Dios. ¿Madre, dónde te detenés, cómo, 
cómo te acercás?

Una pluma cae delicada y en tiempo real a mis pies. Y madre
se ilumina, ríe ante esa constatación de su presencia en mi mundo. 
Una permanencia sin remedio. Ese amor.

Antes de saber si ya es el día, de abrir los ojos, pensar: voy a 
salir con madre, a caminar, a mirar las nubes, los espejos de
agua salpicados de aves blancas, los tonos alterados del otoño. 
Antes, detrás de mis ojos, en la órbita. Antes madre dónde.


*

Son humanos. Los muertos. Son humanos, madre.
¿Sos ahora una suerte de animal fabuloso como en aquella
Enciclopedia de las cosas que nunca existieron? ¿Recordás?

Una mezcla, ¿una aleación? caballo, Dios, ave nocturna, 
mujer. El rostro un girasol salvaje una corona de niños 
como plumas reales.

Un motor de mil caballos avanza por ese mundo prodigioso.
Vamos a correr, levanto vuelo en el impulso. Ya no vas
a dejarme voy como las cosas que no existieron jamás. 
Firme a tu lado.

Entonces, los animales fabulosos existen y rodean nuestros
               sueños

María Mascheroni (Buenos Aires, 1958)

Hoy no hay tiempo para la eternidad
,
Hilos Editora,
Buenos Aires, 2024









---
Foto: María Mascheroni / Facebook

jueves, enero 13, 2022

María Mascheroni / De "Blues de las almas inquietas"


manos a la obra 
es esta noche   hay cosas que enmendar
camina a oscuras tanteando
haber cumplido ocho años ayuda   hará el altar
un paso el candelabro las cerillas
la imagen del santito cubierto en celofán brilla en la niebla del cuarto 
otro paso   el corazón como tambor de la tierra profunda
veloz   dicen que se lo puede llamar quedo por su nombre largo
que suena como un canto y envuelve todo el sur
dicen que ha curado mujer
un paso
la niña teme a su pie firme 
      Namuncurá Namuncurá
el otro pie avanza
pedirá
pedirá que su madre despierte y la mire cuando se zambulle 
en el peligro del dique

es ésta la noche
con sus tesoros bajo el brazo despertará a su hermana mayor
decidieron subir de la mano la noche hacia el lugar sagrado
al Pan de Azúcar
otro paso 
Namuncurá y golpea
      Namuncurá 
Namuncurá y se apoya
hay cosas que enmendar
-antes de que la noche sea tan larga y las horas de sueño predominen
y yo no pare más de beberme el peligro del río, la tentación de la 
roca más alta, mientras espero que ella se sacuda la tristeza y venga
antes que 

es esta noche
Namuncurá
alarga con cuidado su brazo roza con los dedos el hombro desnudo
susurra al oído el nombre de su hermana y despierta un grito en 
medio de la estridencia de la noche iluminada sólo por la imagen 
estridente de la noche silenciosa
Namuncurá   Ceferino   implora
tapa la boca de la hermana   susurra: Ceferino! el altar!
 
los ojos inmensos recuerdan y cierran el grito justo antes de que 
los pasos cansados de la madre alcen la voz y ¿qué pasa?
¿qué ha pasado?
la pequeña como un rayo ha simulado el sueño
la sonrisa despunta y se oculta rauda en el río
de su corazón

ahora late como un altar resplandeciente

María Mascheroni (Buenos Aires, 1958)

Blues de las almas inquietas
,
Hilos Editora,
Buenos Aires, 2021









---
Foto: María Mascheroni/Facebook

domingo, mayo 17, 2015

María Mascheroni / La tristeza de los primeros días persuadió con facilidad a las acacias


















la tristeza de los primeros días persuadió con facilidad a las acacias,
a las gargantas fatigadas y cada tarde
la conversación inadvertidamente
halló sus fuentes en aguas lánguidas y claveles del aire
gentilezas materiales a modo de recuerdos

allí se encuentran las amigas
en el muro de las palabras y la idea del amor
algo inquietas    incrédulas de madurez

preguntan por la mañana en los espejos cómo es
cómo estoy aquí
en este rostro que me mira con edad

ríen y raspan la superficie de los comentarios
desfilan con alegría bien intencionada por las habitaciones
                                                          espaciosas
como si hubiera bien o cercanía

mientras una necesidad terrible    mal trazada   se hunde
subrepticia en la zona que no se siembra
y produce pequeños desórdenes en sus tocados
pensamientos de aire confuso
arraigo    a los claveles

María Mascheroni (Buenos Aires, 1958), Buscando un dios, 5 poemas, en Vallejo & Co.
---
Foto: María Mascheroni / Facebook

lunes, octubre 10, 2011

María Mascheroni / De "El cansancio de los hijos"















padre mío...

padre mío
has quedado en tumba ajena alada y animal
así estremecidos ceremonias y usos
con la generosidad de otra especie la calma parece acercarse

empecinado fuiste y tus hijos

el cuerpo de un pájaro concentra todos tus cantos
y las patas quebradas
a esta tumba -no es altar- vuelvo a llevar mis flores tardías

conozco el lugar     con mis manos fue cavado
con las manos de todos nosotros fue cavado
es que cavamos
para tener donde hincarnos    persignar
para bajar las cabezas y quedarnos sin padre

en este suelo -por dos siglos herido- cada tumba se levanta
borde piadoso y bullente de la tierra alzada

María Mascheroni (Buenos Aires, 1958), El cansancio de los hijos, Hilos Editora, Buenos Aires, 2011
---
Foto: María Mascheroni Facebook