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jueves, marzo 09, 2023

Muriel Rukeyser / Phaneron




Cualquier cosa que vaga en el aire viaja
sobre estos dolores, estas guerras y este bien.
Cualquier cosa que grita y cambia, vive y llega
más allá del umbral de los sentidos; conozco el nombre que traspasa;
en mi silencio, en el frío, avanza el grito del parto.
La sal de estas lágrimas blanquea mis pestañas. 

Cualquier cosa que surca el cuerpo se transforma en comida:
delante de mi rostro, flores, color que es forma.
Gritos surcan el mar y el aire, se convierten en nacimientos
sobre la tierra sembrada de gente, florida de gente.
Un año se vuelve en su crisis. En su sueño. 

Cualquier cosa que surca nuestros sueños es nuestra para darla:
el umbral surge y cambia.
Yo doy, yo percibo:
aquí están los dones del día que por fin se eleva;
sangre del deseo, surgimiento de la fe
más allá de nuestra furia y nuestros silencios.

Muriel Rukeyser (Nueva York, 1913-1980), Alberto Girri, 15 poetas norteamericanos. Segunda serie, Editorial Bibliográfica Omeba, Buenos Aires, 1969 


Foto: Muriel Rukeyser, festival de poesía en el Royal Court Theatre, Londres, julio de 1963 Tony Evans/Poetry Foundation/Getty Images

lunes, agosto 11, 2014

Muriel Rukeyser / Esfuerzo por entablar un diálogo


Habla. Tómame la mano. ¿Qué eres tú ahora?
Te diré todo. No ocultaré nada.
Cuando yo tenía tres años, un niñito leyó la historia de un conejo
que moría, en la historia, y yo me oculté debajo de una silla:
un conejo rosado: era mi cumpleaños, y la llama de una vela
me quemó dolorosamente en un dedo, y me dijeron que fuera feliz.

Oh, trata de conocerme. No soy feliz. Seré sincera:
ahora pienso en velas blancas contra un cielo como música,
como alegres cuernos de caza, y pájaros levantando vuelo y un brazo rodeándome.
Hubo alguien a quien amé, que quería vivir navegando.

Habla. Tómame la mano. ¿Qué eres tú ahora?
A los nueve años fui gozosamente sentimental,
fluida: y mi tía viuda tocaba Chopin,
y yo inclinaba mi cabeza sobre la madera trabajada y pintada, y flotaba.
Ahora quisiera estar a tu lado. Me gustaría
unir de algún modo los minutos de mis días con tus días.
No soy feliz. Seré sincera.
He amado los focos de las esquinas del atardecer, y calmos poemas.
Ha habido temor en mi vida. Algunas veces medito
sobre qué tragedia fue mi vida, realmente.
Tómame la mano. Aprieta mi mente en el puño de tu mano. ¿Qué eres tú ahora?
A los catorce años tenía sueños suicidas,
y me estaba junto a una alta ventana, al atardecer, esperando la muerte:
si la luz no hubiera disuelto nubes y llanuras en belleza,
si la luz no hubiese transformado ese día, hubiera dado el salto.

Soy desdichada. Estoy sola. Háblame.

Seré sincera. Creo que él nunca me amó:
amaba las playas luminosas, los labios de espuma
sobre las pequeñas olas, amaba el vuelo de las gaviotas:
alegremente decía: Te amo. Trata de conocerme.

¿Qué eres tú ahora? Si pudiéramos tocarnos,
si estas nuestras separadas entidades pudieran estrecharse,
compenetrarse como las piezas de un rompecabezas chino... ayer
me encontré en una calle atestada, viva de gente,
y nadie decía una palabra, y la mañana brillaba.
Todos en silencio, en movimiento...Tómame la mano. Háblame.

Muriel Rukeyser (Nueva York, 1913-1980), Alberto Girri, 15 poetas norteamericanos. Segunda serie, Editorial Bibliográfica Omeba, Buenos Aires, 1969 

Foto: En la portada de Selected Poems, Adrienne Rich ed. Library of America, EE.UU., 2013

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