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22 marzo 2026

BKS IYENGAR. En sus comienzos

 El Paradigma del Yoga Moderno y su Arquitecto Principal

El desarrollo del yoga postural contemporáneo es un fenómeno sociológico, clínico y cultural cuya arquitectura técnica y filosófica debe gran parte de su rigor a una figura central: Bellur Krishnamachar Sundararaja Iyengar (1918-2014). A través de un enfoque empírico basado en la precisión anatómica, la alineación biomecánica minuciosa y el uso innovador de soportes estructurales (props), la metodología de Iyengar transformó una disciplina esotérica, históricamente reservada para ascetas y monjes, en una ciencia terapéutica accesible para cualquier individuo, independientemente de su condición física, patologías previas, edad o procedencia geográfica.   


El análisis exhaustivo de la vida de B.K.S. Iyengar resulta inseparable de sus primeros años de formación formativa junto a su cuñado y gurú, Sri Tirumalai Krishnamacharya, a menudo denominado por los historiadores como el "padre del yoga moderno". La compleja interacción entre estos dos maestros en el entorno del Palacio de Mysore dictó tanto la base técnica inicial de Iyengar como su posterior, y radical, divergencia metodológica. Este informe de investigación examina de manera pormenorizada la biografía de B.K.S. Iyengar, la dinámica pedagógica y psicológica con su maestro, la influencia de la cultura física del siglo XX, y el proceso evolutivo mediante el cual deconstruyó la tradición para forjar su propio paradigma, conocido globalmente como Yoga Iyengar.   

Los Primeros Años: La Morbilidad como Base de la Exploración (1918-1934)

La trayectoria de Iyengar hacia la maestría física es notablemente paradójica, ya que comenzó desde una posición de extrema vulnerabilidad fisiológica. Nacido el 14 de diciembre de 1918 en la pequeña aldea de Bellur, en el distrito de Kolar, estado de Karnataka, su llegada al mundo coincidió directamente con el apogeo de la devastadora pandemia mundial de gripe (influenza) de 1918. Su madre, Sheshamma, contrajo la enfermedad durante el embarazo, lo que resultó en que el joven Iyengar naciera con una salud profundamente precaria, debilidad sistémica y una severa falta de vitalidad.   

Como el décimo primero de trece hermanos (de los cuales solo sobrevivieron diez) en el seno de una familia pobre perteneciente a la casta brahmán Sri Vaishnava, la infancia de Iyengar estuvo marcada por la adversidad económica y la tragedia. Su padre, Sri Krishnamachar, un maestro de escuela, falleció a causa de una apendicitis cuando Iyengar tenía apenas nueve años, sumiendo a la familia en una mayor precariedad. Durante su infancia y adolescencia, el cuerpo de Iyengar fue asediado por una sucesión de enfermedades infecciosas severas, incluyendo ataques recurrentes de malaria, fiebre tifoidea, desnutrición crónica y, de manera más crítica, tuberculosis pulmonar. Los pronósticos médicos de la época eran sombríos, sugiriendo que el joven no superaría los veinte años de vida debido a la debilidad de su sistema inmunológico.   

A los quince años, su complexión era descrita por él mismo como un "anti-anuncio para el yoga": esquelético, con un abdomen prominente debido a la malnutrición, extremidades frágiles, una cabeza pesada que apenas podía sostener y una rigidez articular tan extrema que, al intentar flexionar el tronco hacia adelante en posturas básicas, sus manos apenas lograban superar la línea de sus rodillas.   

Esta profunda limitación física es un factor etiológico fundamental para comprender su posterior metodología. Mientras que la gimnasia tradicional india y los primeros métodos de posturales modernos se acercaron a la disciplina desde la fortaleza, el vigor y la agilidad heroica, la entrada de Iyengar al yoga fue un estricto imperativo de supervivencia. Su propio cuerpo enfermo se convertiría, décadas más tarde, en el laboratorio principal donde descifraría la biomecánica de la sanación, buscando formas de adaptar las posturas milenarias a anatomías limitadas por la enfermedad y el dolor. La filosofía oriental describe tres gunas o cualidades de la naturaleza: Tamas (inercia, pesadez), Rajas (actividad, pasión) y Sattva (luz, equilibrio). La juventud de Iyengar representa el estado absoluto de Tamas, un infierno de letargo y enfermedad que requería una intervención drástica para despertar el prana (energía vital).   

El Crisol de Mysore: Patronazgo Real y Cultura Física (1934-1937)

El destino de B.K.S. Iyengar dio un giro definitivo en abril de 1934, cuando su cuñado, Tirumalai Krishnamacharya, le ofreció la oportunidad de trasladarse a la ciudad de Mysore. Krishnamacharya, un formidable erudito con títulos en las seis darshanas (filosofías indias), experto en sánscrito y sanador ayurvédico, había sido invitado por el Maharajá de Mysore para enseñar en el palacio. Este traslado tenía como objetivo principal mejorar la frágil salud del adolescente mediante la práctica de asanas.   

El Contexto Sociopolítico: El Maharajá Krishnaraja Wadiyar IV

Para entender el tipo de yoga que Iyengar aprendió inicialmente, es imperativo analizar el entorno en el que se gestó. El patrocinador de Krishnamacharya, el Maharajá Krishnaraja Wadiyar IV (1884-1940), era un gobernante ilustrado, descrito a menudo como un rey-filósofo y un visionario que convirtió a Mysore en un estado modelo en términos de educación e infraestructura. En un contexto donde la India colonial buscaba fortalecer la vitalidad de su población como parte del creciente movimiento nacionalista indio frente al dominio británico, el Maharajá promovió activamente la cultura física.   

Krishnamacharya fue puesto a cargo de la Yogashala (escuela de yoga) ubicada en un ala del Palacio de Jaganmohan en 1933. Sin embargo, el espacio asignado no era un templo o un ashram monástico, sino el antiguo gimnasio del palacio, equipado con cuerdas de pared, anillas y otros aparatos importados de la tradición gimnástica europea. El yoga, en la década de 1930, aún era visto con escepticismo o desprecio por la juventud india, asociado a menudo con faquires, contorsionistas callejeros o ascetas mentalmente inestables. Los jóvenes de Mysore preferían el gimnasio de culturismo adyacente, dirigido por el famoso K.V. Iyer.   

Para competir con el atractivo teatral de la gimnasia y el culturismo, y cumpliendo el mandato del Maharajá de promover el yoga, Krishnamacharya desarrolló un sistema híbrido. Investigadores como Norman Sjoman y Mark Singleton han documentado cómo el yoga enseñado en el Palacio de Mysore sintetizó posturas descritas en el Sritattvanidhi (un compendio del siglo XIX comisionado por un Maharajá anterior que ilustraba 122 asanas físicas) con ejercicios de lucha libre india y gimnasia occidental (como el sistema danés de Niels Bukh). El resultado fue un estilo vigoroso, dinámico y aeróbico, diseñado para construir cuerpos fuertes y ágiles. Este era el yoga que el frágil Iyengar estaba a punto de enfrentar.   

La Dinámica del Parampara: El Trauma y la Instrucción bajo Krishnamacharya

La relación pedagógica entre el joven Iyengar y su exigente gurú, Krishnamacharya, estuvo marcada por la severidad, el castigo físico, el miedo y, paradójicamente, una profunda negligencia inicial. Krishnamacharya era un maestro de carácter fiero, impredecible y temido por sus alumnos. Inicialmente, no consideraba que el esquelético y enfermizo Iyengar tuviera el potencial anatómico o la fuerza vital necesaria para triunfar en la disciplina del yoga, por lo que lo relegó a tareas domésticas.   

Durante sus primeros dos años en Mysore, Krishnamacharya apenas le dedicó atención directa. Los registros biográficos, y las propias declaraciones retrospectivas de Iyengar, señalan la asombrosa realidad de que recibió instrucción formal de su maestro durante no más de cuarenta días en total. No recibió explicaciones sobre los principios filosóficos, ni se le mostró cómo aliviar los dolores agudos que la práctica generaba en su cuerpo rígido.   

El Incidente de Keshavamurthy y la Demostración de Hanumanasana

El punto de inflexión en la instrucción de Iyengar ocurrió debido a una crisis institucional. El alumno estrella de Krishnamacharya, un joven atlético llamado Keshavamurthy, se fugó repentinamente del palacio días antes de una importante demostración de yoga programada ante el Maharajá y dignatarios visitantes de la YMCA (Young Men's Christian Association). Ante la imperiosa necesidad de exhibir el éxito de su escuela, Krishnamacharya recurrió a Iyengar, que entonces tenía unos dieciséis años, y le ordenó dominar una serie de asanas extremadamente avanzadas en cuestión de semanas, sin proporcionarle una progresión metodológica ni adaptaciones de seguridad.   

La pedagogía de Krishnamacharya se basaba en la autoridad absoluta y la obediencia incondicional. En un incidente infame que definiría la perspectiva futura de Iyengar sobre los límites del cuerpo y la ética en la enseñanza, Krishnamacharya le ordenó ejecutar Hanumanasana (el spagat o apertura longitudinal completa de piernas). Iyengar protestó asustado, argumentando que nunca había intentado la postura y que, además, sus pantalones cortos eran demasiado ajustados para permitir tal extensión. Lejos de reconsiderar, el gurú hizo que uno de sus alumnos mayores cortara los laterales de los pantalones de Iyengar con unas tijeras y le gritó: "¡Hazlo!". Aterrorizado, Iyengar se forzó en la postura, sufriendo un desgarro masivo en los tendones isquiotibiales que lo dejó incapacitado para caminar durante un largo periodo y cuyo tejido cicatricial le causó dolor durante los dos años siguientes.   

Este evento traumático tuvo un impacto profundo y bidireccional en la psique y el desarrollo técnico de Iyengar. Por un lado, evidenció la extrema dureza del modelo tradicional de aprendizaje en la India de la época y la total falta de consideración por la limitación anatómica individual en aras del rendimiento. Por otro, plantó la semilla fundacional de la futura obsesión de Iyengar por la alineación geométrica precisa, la seguridad biomecánica y el diseño metódico de posturas preparatorias. Iyengar resolvería más tarde que ningún estudiante bajo su tutela debía sufrir lesiones por la ignorancia anatómica del profesor o por la imposición del ego. A pesar de que sus propios alumnos describirían a Iyengar años después como un profesor de carácter fuerte que a veces gritaba, él racionalizó su rigor como una exigencia de altos estándares, asegurando que su técnica escondía una profunda compasión para evitar el dolor físico, algo de lo que consideraba carecía su maestro.   


A pesar de las lesiones y el trato rudo, Iyengar demostró una resiliencia inquebrantable. En 1935, ejecutó con éxito las asanas en la convención mundial de delegados de la YMCA en Mysore, recibiendo un prestigioso premio de 50 rupias directamente de manos del Maharajá de Mysore.   

19 julio 2016

AWAKE. LA VIDA DE YOGANANDA

AWAKE.

La película‑documental sobre la vida de Yogananda me ha fascinado. 
Fue una persona adelantada muchos años a su época. Aprendió yoga de manera tradicional gurú‑alumno. Su enseñanza se basa en un cambio de consciencia, una visión de Amor hacia todo y hacia todos, y de manera activa, viajando, dando charlas, haciendo reuniones, ofreciendo aquello con lo que contaba para sus fines.
Sus ojos penetrantes, su energía, sus palabras...todo en él hacía que no pasara desapercibido.



Paramahansa Yogananda nació en India en el 1893. Su nombre real era Mukunda Lal Ghosh. Durante su infancia y adolescencia tuvo continuas visiones y revelaciones de hechos futuros.
Conoció a su gurú, Yukteswar Giri, a través de sus visiones mucho antes de encontrárselo en una calle de Benarés.
Él le enseñó Kriya yoga, Yoga procedente de los Himalayas de un avatar llamado Mahavatar Babaji. Son prácticas de posturas y ejercicios energéticos, meditación y cambios sobre el pensamiento.

Mahavatar Babaji


Yogananda sentía la necesidad de enseñar los principios del Yoga lejos de India. Así que embarcó rumbo a Estados Unidos en 1920. Casi no sabía nada de inglés, pero en poco tiempo se dio a conocer dando charlas y conferencias por diferentes puntos del país.
Se estableció en Los Angeles donde creó una sede sobre su enseñanza.
No fue el primer yogui en ir a América, porque antes lo hizo Swami Vivekananda, pero sí fue el que más tiempo estuvo allí, y el que más hizo por crear una sociedad de paz, amor, respeto y benevolencia.
Sus palabras en aquella época no eran totalmente comprensibles.
Decía que todo lo que nos rodea y nosotros mismos somos energía, y que Dios recorre nuestra espina dorsal para dotarnos de vida. Hablaba también sobre la plasticidad cerebral, término y concepto de uso moderno hoy, pero que en esa época (principios del siglo XX) no se empleaba y definió como un “disco de vinilo” a nuestro cerebro, y que los surcos se podían transformar a través de los pensamientos.

La meditación era la herramienta que utilizaba para conectarse con esa fuerza divina que él llamaba Dios (energía omnipresente que se encuentra en cada uno de nosotros y en todas las cosas).
Enseñaba que el universo entero es una película de Dios, y que los individuos son simplemente actores en este drama divino, cambiando de papel en cada reencarnación. Enseñó que el sufrimiento profundo de la humanidad viene de identificarse demasiado con el cuerpo y el lugar de nacimiento actual, en vez de identificarse con el productor de la película, Dios.

Decía que cuando tú decides cambiar algunas de tus conductas, pensamientos, hábitos, costumbres... te das cuenta de que todo cambia a tu alrededor porque todo se ve sometido a la influencia de la energía vibracional que tú estás moviendo a través de ese cambio que decides experimentar.
Sentía gran devoción hacia su gurú y hacia Jesús del que decía que era un yogui.
Tuvo amistades importantes (políticos, músicos, actrices…) que le seguían a todas partes y aprendían todo aquello que él enseñaba.
Amaba a todas las personas, incluso a sus enemigos, porque todos son una manifestación de Dios, aunque pudieran tener creencias equivocadas.
Escribió diversos libros, entre los cuales destaca “Autobiografía de un yogui”. En algunas escuelas de yoga se ha convertido en libro de culto. El propio Steve Jobs siempre lo llevaba consigo en su ipad.
Desde la muerte de su gurú Yogananda cambió a un estado meditativo casi absoluto.

Predijo su propia muerte para el día de su última conferencia en 1952, donde remarcó la idea de ser amables y bondadosos.

Terminó su discurso leyendo un poema de su autoría: “Mi India”, que concluye con estas palabras:
«Donde el Ganges, los bosques, las cuevas del Himalaya y los hombres sueñan con Dios, he sido bendecido; mi cuerpo pisó esta tierra».
Al pronunciar estas palabras, levantó los ojos y cayó al suelo.

Algunas de sus frases quedaron para la posteridad:

“Somos aquello que pensamos ser. La tendencia habitual de nuestros pensamientos determina nuestros talentos y habilidades, así como también nuestra personalidad. Por ejemplo, algunos piensan que son escritores o artistas, hacendosos u holgazanes, y así sucesivamente. ¿Qué ocurriría si quisieras ser distinto a lo que piensas que actualmente eres? Puede que argumentes que otros nacieron con un talento especial que tú no tienes, pero desearías tener, lo cual es cierto. Sin embargo, ellos tuvieron que formar el hábito de esa habilidad alguna vez, ya sea en su vida presente o en una vida anterior. Así pues, no importa lo que desees ser, comienza desde ahora a cultivar el hábito de serlo. Puedes implantar de inmediato en tu conciencia cualquier tendencia, siempre y cuando imprimas en tu mente un potente pensamiento. Entonces tus acciones y todo tu ser obedecerán a ese pensamiento”

"Nunca se debe perder la esperanza de mejorar. Una persona es vieja sólo cuando rehúsa esforzarse a cambiar. Ese estancamiento es la única “vejez” que yo reconozco. Cuando alguien me dice una y otra vez: “No puedo cambiar, ésa es mi manera de ser”, no me resta más que decirle: “Muy bien, continúe de esa manera, ya que ha decidió ser así”."

***

"Cualquiera que sea su condición actual, el ser humano puede mejorar mediante el autocontrol, la disciplina, la adopción de una dieta adecuada y la observancia de las leyes de la salud. ¿Por qué piensas que no puedes cambiar? La pereza mental es la causa de todas las flaquezas."

***

"Todos tienen idiosincrasias autolimitativas, pero éstas no fueron colocadas en tu naturaleza por Dios sino creadas por ti mismo. Son esas idiosincrasias las que debes cambiar, teniendo presente que estos hábitos, peculiares de tu naturaleza, no son más que manifestaciones de tus propios pensamientos."

***

"En esencia, todas las cosas están hechas de conciencia pura, y su apariencia finita no es sino el resultado de la relatividad de la conciencia. Por lo tanto, si deseas cambiar algún aspecto tuyo, debes cambiar el proceso mental que causa la materialización de la conciencia en diferentes formas de materia y acciones. Éste es el modo, el único modo, de remodelar tu
vida."

***
"Afortunadamente podemos empezar a practicar en —cualquier momento y lugar— aquellas buenas cualidades de que carecemos, si nos concentramos en cultivarlas. Si nos falta fuerza de voluntad, por ejemplo, concentrémonos en esta cualidad y, mediante la realización de un esfuerzo consciente, seremos capaces de crear en nosotros una poderosa fuerza de voluntad. Si deseamos liberarnos del miedo, debemos meditar en el valor, y a su debido tiempo quedaremos libres de las cadenas del miedo."

***

"Simplemente, aquello que debes hacer es desechar los pensamientos que deseas eliminar, reemplazándolos por pensamientos constructivos. Ésta es la llave que abrirá las puertas del cielo, la tienes en tus manos.”

***

"Si quieres estar triste, nadie en el mundo podrá conseguir que seas feliz. Pero si decides ser feliz, no habrá nadie en la Tierra que pueda arrebatarte esa Felicidad. La Felicidad es una elección."

Paramahansa Yogananda




Texto: José Gelices (Camino del Yoga libre). Ilustraciones: C. Peralto (Vida sana y creativa). 

01 noviembre 2015

INDRA DEVI

Mataji (Madre como gustan llamarla quienes estuvieron a su lado) , conocida en las Américas como la Primera Dama del Yoga, nació en Rusia el 12 de Mayo de 1899.

Su madre pertenecía a la nobleza rusa y su padre era de origen sueco. Desde muy joven, Eugenie Peterson (nombre con el que fue bautizada), se sintió atraída por la India, su cultura y su espiritualidad.

En 1920, en plena guerra civil, ella y su madre, salieron de Rusia para establecerse en Alemania, donde Eugenie entró a formar parte de un famoso teatro ruso. En calidad de estrella del mismo, visitó la mayoría de las capitales europeas.

Su gran sueño de viajar a la India, pudo concretarse en 1927. Allí vivió durante doce años; primero como simple turista, luego como esposa de un diplomático extranjero y finalmente como estudiante de yoga. Indra Devi, comenzó con sus estudios poco después de haber sido curada de una dolencia cardíaca que, le había aquejado durante cuatro años, por medio de métodos propios de esta milenaria disciplina.

Durante su estadía en la India, la entonces Señora Strakaty hizo muchas cosas no convencionales para la época, como protagonizar una película india o mantener estrecha amistad con Pandit Nehru y otros luchadores por la libertad de la India.

También conoció, entre otros, a Mahatma Gandhi, y al gran poeta Rabindranath Tagore; su forma de ser la llevó a relacionarse tanto con un Maharajá como con la gente humilde del pueblo.

Cuando su marido fue transferido a China y, estando ya en Shangai, Indra Devi siguiendo el deseo de su maestro Sri Krishnamacharya, y en febrero de 1939, abrió la primera escuela de yoga que existió en China.

A raíz de recitales que daba en el teatro, Indra Devi también adquirió fama como intérprete de danzas de los templos hindúes que había aprendido en Bombay.

Una vez concluída la Segunda Guerra Mundial, volvió a la India para completar su perfeccionamiento de yoga en los montes Himalaya. Allí, en el palacio de montaña del Maharajá de Theri, ella escribió su primer libro: “Yoga, la técnica de llegar a tener salud y felicidad”, con prólogo del Dr.G.V.Deshmukh, publicado en 1946. Muy pronto comenzó a dar clases y conferencias, llegando a ser conocida como la primera mujer occidental que enseñaba yoga en la India.

A fines del 46, fue llamada a Shangai para disponer de sus bienes debido a que su esposo había regresado a Europa, donde falleció al poco tiempo. Después de resolver dichos temas; Indra Devi, en lugar de regresar a la India como había planeado, optó por viajar a California, donde arribó en enero de 1947.

Pronto comenzó a dar clases y conferencias sobre yoga en Hollywood, contando entre sus estudiantes a Ramón Navarro, Jennifer Jones, Greta Garbo, Robert Ryan y Gloria Swanson, a quien dedicó su libro “Yoga for americans” (Editado aquí como “Yoga para todos”).

Otros dos libros, “Por siempre joven, por siempre sano”, y “Renueve su vida practicando yoga” fueron también publicados por Prentice Hall en Nueva York. Todos llegaron muy pronto a ser best sellers y se vendieron en 29 países siendo traducidos a 10 idiomas diferentes.

En 1953 se casó con el Dr.Sigfrid Knauer, un distinguido médico y humanista, quien cooperó con ella durante años mientras Mataji daba clases, conferencias y frecuentaba programas de televisión y de radio en Estados Unidos y México difundiendo el yoga.
Al obtener la ciudadanía americana, oficializó el nombre de Indra Devi; más tarde viajó a la India donde sus libro traducidos al hindú llegaron a tener una gran difusión.

Mataji apareció en los grandes titulares internacionales en 1960 al dar una conferencia sobre el yoga y sus beneficios a los funcionarios del Kremlin, en Moscú, convirtiéndose en la responsable del levantamiento de la prohibición que pesaba sobre este verdadero “arte y ciencia de vida”.

Al año siguiente compró una hermosa propiedad en Tecate, México, cerca de la frontera con California. Allí inauguró una sede de la Fundación Indra Devi, donde implementó el programa de Entrenamiento de Profesores de Yoga.

En 1966 viajó nuevamente a la India y a Vietnam con el fin de conducir meditaciones sobre la luz. Durante esta estadía en su patria espiritual, conoció a Sathya Sai Baba, adorado por millones de personas en todo el mundo como avatar de esta era.

Viviendo en Tecate, efectuó 24 viajes a la India. Hasta que, con su esposo el doctor Knauer muy enfermo, decide en 1977 mudarse a una casa cercana al Ashram de Sai Baba. Por aquel tiempo, el gobierno del Salvador, la invitó a introducir el yoga en las escuelas del país. Es importante destacar que es la primera vez que un gobierno comprende el inmenso aporte que esta disciplina puede aportar a la formación completa, total e integral de la juventud.

Mataji Indra Devi conoció la Argentina en 1982. Como se “enamoró” de nuestro país, en 1985, poco después del fallecimiento de su marido, se radica definitivamente en la Argentina. Haciendo centro en Buenos Aires, comienza una amplia tarea de difusión del yoga clásico dando conferencias y seminarios en distintas ciudades de la República, y en otros países de América como Brasil, Uruguay, Paraguay, Chile, México, sin dejar de lado sus viajes por Europa.

Fue invitada en noviembre de 1987, al Primer Congreso Latinoamericano de Yoga realizado en Montevideo, Uruguay; donde se la nombró Presidenta Honoraria de la Confederación Latinoamericana de Federaciones Nacionales de Yoga.

En junio de 1988 creó, junto a Iana y David Lifar, sus discípulos más directos en nuestro país, la “Fundación Indra Devi, Yoga, Arte y Ciencia de Vida”; dedicada a la enseñanza y difusión del yoga.

Mataji Indra Devi asistió como invitada especial al Congreso de Zinal, durante los años 88, 89 y 90 organizados por la Unión Europea de Federaciones Nacionales de yoga; su concurrencia contó con el auspicio del Ministerio de Relaciones Exteriores y Culto de la República Argentina.

En octubre de 1988 participó en el Congreso Mundial realizado en Uruguay y organizado por la Confederación y Unión Latinoamericana de Federaciones Nacionales de Yoga (C.U.L.F.N.Y). En julio de 1989 fue nombrada Presidenta Honorífica del Congreso Mundial realizado en San Pablo, Brasil, organizado por C.U.L.F.N.Y. En agosto dicta seminarios y conferencias en Alemania (Franckfurt Nüemule y Munich); en septiembre visita España para el lanzamiento en ese país de sus libros editados por Javier Vergara.

Con motivo de cumplir en 1999 los 100 años, su maestro Sri Krishnamacharya viajó a la India. En febrero, asistió al Congreso de Unity in Yoga Murrieta Hots Springs en California, en abril visitó Mendoza (Argentina) dictando cursos y charlas, siendo declarada Huésped de Honor, en mayo viajó a Rusia visitando Riga y Moscú. Durante los restantes meses, viajó por México, distintas ciudades de Estados Unidos de Norteamérica, Paraguay,Brasil, Alemania y Bruselas, dando conferencias y clases públicas.

Su intensa actividad, continuó en 1991, año en que realizó seminarios en Los Ángeles, Santa Mónica y Curacao; en abril, se lanzó al mercado editorial su libro “Sai Yoga”, considerado la sorpresa de la Feria del Libro por encabezar la lista de los más vendidos.
Siguiendo con sus seminarios y conferencias por Argentina y el resto del mundo. Vale la pena resaltar que en el mes de julio fue invitada por la Universidad por la Paz, organismo dependiente de las Naciones Unidas a brindar sus charlas por Costa Rica. En estas ocasiones, como en tantas otras, era acompañada por el doctor Lifar, quien se fue convirtiendo, poco a poco, en su mano derecha.

En 1992 siguió con sus cursos, conferencias y seminarios por Argentina y el resto del mundo. Junto con Iana y David Lifar, viajó a Rusia en mayo invitada por el Comité Olímpico de ese país para realizar distintas actividades. En Junio, se presentó su Biografia,”Indra Devi, una Vida un Siglo”, escrita por Natalia Apostolli, con singular éxito, obra que fue editada por Javier Vergara. El día 17 de ese mismo mes, durante un viaje que realizó a los Estados Unidos de Norteamérica, participó en un programa especial organizado por las Naciones Unidas.

Durante 1993, siguió con la realización de cursos y charlas con gran reperusión en Argentina, Uruguay, Estados Unidos de Norteamérica y Alemania También volvió a su querida patria espiritual: la India.

No bajó su ritmo de vida en 1994; en enero condujo un seminario que se realizó a bordo de un barco, que recorría el Golfo de Mexico. En febreo, volvió a la India brindando charlas en los Ashrams de los Swamis Premananda y Dayananda. En abril participó de numerosos programas de televisión, radio y realizó reportajes en medios de prensa. El 20 de mayo, partió para Rusia invitada por el Embajador Argentino en dicho país, el doctor. Juan Carlos O’Lima, para dar charlas y conferencias. Recibió una Mención Especial para la Acción Comunitaria otorgado por el Rotary Club del Distrito 4890 de la ciudad de Buenos Aires. Más tarde, volvió a brindar charlas y conferencias en América del Norte. Como Embajadora del Yoga en el Mundo, también recibió ese año, el Obelisco de Oro en el Centro Cultural San Martín.

Su dilatada tarea siguió en 1995, con inagotable energía y profundo amor, transmitiendo el yoga, como único método para el desarrollo integral y armónico que le permite al ser humano tener una vida sana y feliz, sin enfermedades, tensiones, estrés ni miedo tanto a la vida como a la muerte. En el mes de enero, participó del Congreso de Yoga para la Paz en Medio Oriente, realizado en Jerusalén. Poco después publicó “Respirar bien para vivir mejor” y los fascículos “Yoga y Salud”, reunidos más adelante en tres volúmenes. “Palabras del corazón” fue otro título aparecido en 1996.Ese mismo año comenzó a dictar clases, junto al Dr. David Lifar, en la cárcel de hombres (Unidad Nº 2 de Devoto) y en la de mujeres (Unidad Nº 3 de Ezeiza). A raíz del creciente cariño de la gente, fue incluída en la foto de la revista Gente con los personajes del año 95 y el suplemento Clarín Mujer la eligió como una de las mujeres más importantes de 1998.
También, por aquellos años, la Fundación Indra Devi, organizó y llevó a cabo las Convenciones Nacionales de Yoga, en las que participaban instructores y alumnos del todo el país, en las cuales ella daba charlas y guiaba meditaciones grupales.

El 8 de marzo de 1999, Día Internacional de la Mujer, en el Salón de los Pasos Perdidos del Congreso de la Nación, se le rindió un homenaje por ser ella un verdadero ejemplo de vida. En abril apareció el libro de David Lifar, discípulo directo y actual Director de la Fundación que lleva su nombre:”Enseñanzas de Indra Devi”. El 12 de mayo de ese año, se festejaron sus juveniles cien años en el mini-estadio del Club Ferrocarril Oeste, donde más de 3500 personas se hicieron presentes.

Durante el año 2000 aparecieron “Sai Baba y Yo” y “Una Mujer de Tres Siglos”, publicados ambos por Editorial Sudamericana.

A partir del año 2001 fue reduciendo su actividad pública, limtándola a reunirse alumnos y público en general, sólo en pequeños grupos. Siguió así con su tarea, casi hasta a los 103 años. Mataji Indra Devi abandonó su cuerpo físico el 25 de abril de 2002 a las 2:15 de la mañana. Su respiración se fue apagando muy suavemente, cerró sus chispeantes ojos celestes grisados que tanto ayudaron a iluminar la vida de cuanta persona se acercó a ella sin distinción de condición social, política o religiosa. Lo que pregonó con su pensamiento y palabra lo practicó con creces a lo largo de su vida, sin buscar generar dependencia sino, muy por el contrario, tratando de despertar las fuerzas que yacen latentes en cada uno de nosotros. Ella, buscando preparanos para ese momento, durante años nos habló de lo hermoso de la vida, pero también nos repetía alegremente, casi como una niña, lo lindo que de dejar este plano… Nos decía: “En ese momento, me reuniré con mis seres queridos, será el fin de los límites que me impone esta envoltura, podré estar donde y con quien quiero” Y, nosotros la escuchábamos atónitos, la gente se asombraba, pero nuestra querida maestra nos continuaba explicando: “Es como sacarse un guante, uno se siente totalmente libre…”

También, nos pidió que, por favor, no nos olvidáramos de tres cosas fundamentales en ese momento TRANSCENDENTES. La primera, que la veláramos durante tres días porque, de acuerdo a sus palabras, ese es el tiempo que necesita el alma para desprenderse totalmente del cuerpo. Lo segundo, que su cuerpo fuera cremado, ya que lo queda es una cáscara sin vida, un traje gastado, algo que ya no sirve para nada. Y por último, que no la llorásemos, ni que no estuviéramos tristes, sino que la recordáramos con alegría, porque esa era la manera ella iba a poder despegarse sin sufrir ya que, cuando las personas cercanas lloran, gritan, sufren y niegan la nueva realidad, le impiden al que tiene que zarpar, que logre su liberación total. “No lloren por mí, tan sólo observen como el gusano se libera de su cuerpo tosco y pesado para convertirse en una ágil y sutil mariposa, así estaré yo observándolos libre y con gracia”.

Y cuando alguien nos pregunta sobre la mejor manera de resumir el mensaje que Mataji nos dejó, le contestamos que podemos sintetizarlo en esta breve frase: ES FUNDAMENTAL APRENDER A DISFRUTAR.EL AQUÍ Y EL AHORA, NO PREOCUPÁNDONOS POR LO QUE YA PASÓ, NI POR LO QUE PUEDE LLEGAR A SUCEDER, SINO SUMERGIRNOS Y REGOCIJARNOS VIVIENDO PLENAMENTE EL ETERNO PRESENTE.
                                                                                                    Fuente: Fundación Indra Devi.
                                                                                                   

19 mayo 2015

DIOSES MITOLÓGICOS. HINHU

LA TRINIDAD HINHU: BRAHMA, VISHNU Y SHIVA 

Brahma es el señor de toda la creación. Está por encima de la adoración humana y tiene dedicados muy pocos templos. Se le representa con cuatro caras orientadas hacia las cuatro direcciones del espacio, porque es el creador del universo.
En sus ocho manos sujeta los Cuatro Vedas, que representan el conocimiento; un collar con forma de rosario, que significa el tiempo; un recipiente con agua, que simboliza la fertilidad, y un instrumento para los sacrificios, ya que el mundo fue creado mediante el sacrificio.
Brahma aparece sentado sobre una flor de loto que simboliza la creación y un cisne o un ganso, que son su vehículo y representan la sabiduría.
Vishnu, el preservador
Es el dios encargado de preservar la vida y a todos los seres vivos. Es el responsable del destine de los hombres. Se le representa bajo diez encarnaciones distintas -llamadas avatara-, de las cuales las dos más representativas son las de Krishna y Rama, y se le asocia con el amor altruista (lo cual induce a pensar que su culto podría derivar de otro destinado a un antiguo héroe erótico).
Con una mano sujeta un disco solar o una maza dorada, que representa los elementos de la fuerza de la naturaleza, de los que se derivan los poderes físicos y mentales. En la otra mano sostiene un caracol marino, que simboliza el sonido “om”, que es el que emerge de la creación.
Su ojo izquierdo es oscuro y simboliza la noche, mientras que el derecho es claro y representa al día. El Sol emerge de su boca, su vestido está compuesto de llamas, en su cinturón aparece el arco iris y las nubes son el cabello de su cabeza.
En su representación avatar como Krishna es de color azul, el color del infinito.
Vishnu se apoya sobre mil cabezas de serpiente, y su esposa, Lakshmi, es la diosa de la fortuna y aparece en cada una de sus diez encarnaciones bajo una forma simbólica.
Siva, el destructor
Siva, el dios de la destrucción, también es conocido como dios del tiempo. En el convergen -y en él se resuelven- todos los extremos. Se le considera responsable tanto de la destrucción como de la creación, así como de la no creación: el comienzo es el fin y el fin es un nuevo comienzo. Aparece representado danzando dentro de un círculo de fuego que significa el eterno movimiento del universo, y reconciliando las fuerzas opuestas de la oscuridad y la luz. La danza representa la destrucción de Maya, el mundo ideal.



El cuerpo de Siva aparece rodeado por tres serpientes que actúan como armas defensivas ante cualquier enemigo. De las manos del dios, una simboliza la destrucción y el renacimiento porque guarda la llama de la destrucción; a través de la otra, el redoble del tambor ("om») supone la nueva creación; el gesto intrépido de mostrar la palma de la mano ofrece al fiel protección y favor, así como refugio seguro. El pie izquierdo levantado indica liberación, mientras que bajo el pie de­recho aparece un demonio asesino sobre el que está danzando el dios.

01 enero 2015

LAS SERIES DE ASHTANGA EN TIEMPOS DE GURUJI

En conversaciones con ashtanguis que han estado practicando por veinte años o menos, a veces escucho como ellos hablan de cómo las series son; ésta es la manera correcta de hacer el vinyasa para un asana en particular, éste asana viene antes de este otro, nauli nunca se practica durante la práctica de asana, pranayama se practica varias horas después de la práctica de asana y asi.


Fueron pasando los años y Guruji fue siendo cada día mas popular y las clases fueron aumentando el número de estudiantes. Con tanta gente que atender y enseñar al mismo tiempo él no podía hacerlo al menos que las clase estuviera delineada previamente. Como lo conocí Guruji es un yogi y un terapeuta y ví como modificó las series a través de los años. Como la serie es básicamente la misma, y el hecho de que sea una secuencia que tiene que ser memorizada contribuye a la efectividad de la práctica. Una vez que es memorizada la sucesión de asanas, encontrado nuestro ritmo y descubriendo las cualidades de cada postura somos libres de suspender nuestro pensamiento a un nivel que nos permita descubrir una experiencia mas profunda. Después de todo Yoga es un método hecho para despertar. En todas las áreas de nuestras vidas nuestra responsabilidad es estar alerta, concientes y vigilantes con nuestros pensamientos, nuestras acciones y sus efectos posteriores a corto y largo plazo, física y metafísicamente.

Por muchos años solo hubo cuatro series, pero con tantas personas con tantas consideraciones, él tomó lo que era conocido como la Primera serie y la serie Intermedia y las hizo ser la Primera y Segunda serie y las serie Avanzada A Y B la convirtió en la Tercera, Cuarta, Quinta y Sexta serie. Las series en sí mismas cambiaron muy sutilmente pero el énfasis pudo haber cambiado radicalmente. Ésta es la diferencia entre una práctica fundamentalista y una práctica terapéutica, Guru Ji me ajustaba en badhakonasana de manera distinta al que estuviera al lado mío. Él vio un problema que tenía en mi columna que yo no reconocería sino hasta que los años pasaran. Cuando le enseñé padmasana a Tim Miller era el pie derecho arriba primero. Tim tiene una rara anomalía; su hígado y su bazo están cambiados. Quizás 1 en 70.100.000 personas tienen esta condición. Terapéuticamente él cambio su posición de loto, basándose en que el orden en que se ponen las piernas y los pies en ésta posición es por el hígado y el bazo. Esto esta bien, hace lo que piensa que es lo mejor, dado lo responsable que es. Mi punto es que como terapeuta, Pattabhi Jois le dijo que cambiara su loto para su alineamiento terapéutico, pero como yogi Guru Ji me dijo que siempre pusiera mi pierna derecha arriba primero, sin importar como estuvieran mis órganos ordenados. Le pregunté porqué y me dijo con lágrimas cayendo por sus mejillas que él hizo esto sin cuestionar como una práctica espiritual en honor a Dios. No estoy diciendo que una manera es mejor que otra, simplemente menciono que hay diferentes formas de practicar yoga dependiendo de tu estado de conciencia del momento.

Una vez tuve dos programas de práctica , explicando las series de maneras diferentes de cómo él me las había enseñado hasta ese momento. El profesor K.P.Jois es un profesor inspirado, investigador y yogi, desarrolló el sistema por pensar fuera del molde. Algunas situaciones requieren modificaciones de la práctica..

Creo que K.P. Manju es el sucesor y heredero directo del linaje del Yogi Krishna Pattabhi Jois y los antiguos practicantes lo siguen a él en la linea. Si quieres entender como hacer que la práctica funcione y se proyecte en el tiempo, él es con quien tienes que hablar. Manju sabe como hacer terapia; él sabe como mantener la columna fuerte. Solo míralo lo fuerte que sigue siendo.

 Muchos otros profesores mas jóvenes tiene problemas en su espalda, inestabilidad y debilidad, todo por hacer extensiones de columna avanzadas. Todos merecemos el prfesor que tenemos por el hecho evidente de que ellos son nuestros profesores. Mi sugerencia es ser cuidadoso y buscar el efecto a largo plazo de tu práctica.

He trabajado muchas veces terapéuticamente con profesores y estudiantes que en alguna parte de India se han lesionado practicando. Algunos de estos tratamientos han sido hechos en neófitos y algunos de los bien conocidos profesores de DVD o algunos de escuelas bien establecidas. Guruji me vio hacer ejercicios físicos en estudiantes y me felicitó por ello, ya que inmediatamente podía ver los beneficios. Recuerdo haberle dado a Tim Miller un poco de ayuda en una clase avanzada en la que todos estábamos participando. Tim, como la mayoría de nosotros, tenía dificultades con ciertos asanas y todos teníamos tanta compasión por los otros al estar el joven y vital Guruji haciendo cirugía yóguica con nosotros. Guruji me vio poner fuerte y pesada presión en el área de la parte baja de la espalda de Tim y luego ayudarlo de nuevo en el mismo asana, Rajakapote. Él estuvo satisfecho con la diferencia y me sonrió mientras ajustaba a Tim, luego fue mi turno!

Somos los profesores del futuro y aunque esta práctica de yoga con vinyasa y dinámica ya es un sistema profundo, siempre existirá la necesidad de modificarlo. La esencia de la práctica permanecerá igual, manteniendo su innato valor terapéutico. De todas maneras es muy importante para cualquier terapia ser específico para las necesidades individuales. Paramahansa Yogananda mencionó que la práctica de asanas era para preparar el cuerpo para sentarse lo suficientemente cómodo para meditar, para conocer a Dios en el sentido mas profundo. Sería entonces de gran valor también poder trabajar en tu jardín sin sentirte inestable al usar una pala o rastrillo.

Un día luego de una hora de clase en privado con Guruji, Ama nos había preparado café como era normal para nosotros en ese entonces. Subí las escaleras honestamente para estar y sentarme junto a un hombre que amo profundamente. Le pregunte demostrándole acerca de algunos asanas básicos, explicándole mis ideas sobre modificar un asana para obtener un efecto terapéutico específico. Guru Ji se levantó y me mostró el asana del que estábamos hablando, me dijo que habían miles de variaciones diferentes para cada una de las posturas. Siempre estaba lleno de vida con palabras de apoyo y ánimo en estos encuentros y siempre hacía referencia al rol de Dios en la práctica de yoga.

Nunca estoy satisfecho después de preguntar porque éste asana se hace así o de esta otra forma, ésta es la manera en que me enseñaron. Es importante rendirle honor a tus profesores confirmando las cosas por ti mismo. Si esto está fuera de tus habilidades, busca un profesor con la paciencia y posibilidad de explicártelo. Toma todas las opiniones que puedas obtener y considera cada una. Siente la que mas te resuene y se responsable con tus opciones. Si no te satisface como funciona, no te culpes, solo sigue moviéndote hacia delante.

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10 noviembre 2014

EL LEGADO DE KRISHNAMACHARYA



Quizá nunca hayas escuchado hablar de el , pero es posible que Tirumalai Krishnamacharya haya influenciado e incluso inventado tu Yoga. Ya sea que practiques las series dinámicas de Pattabhi Jois, el refinado alineamiento de B.K.S. Iyengar, las posturas clásicas de Indra Devi o el Vinyasa del ViniYoga hecho a tu medida, tu practica se origina en la misma fuente: un bramin de un metro cincuenta y cinco nacido hace mas de cien años en una ´pequeña aldea del sur de la India.
No cruzo jamás ningún océano, pero el Yoga de Krishnamacharya se ha esparcido por toda Europa, Asia y las Américas. Es difícil encontrar hoy día una tradición yoguica cuyas asanas no haya influenciado. Aun cuando aprendas de algún yogui apartado ahora de las tradiciones asociadas con Krishnamacharya, es bastante probable que tu maestro haya estudiado previamente el método Iyengar, Ashtanga, o Viniyoga antes de desarrollar su propio estilo. Rodney Yee, que aparece en numerosos y populares videos, estudio por ejemplo, con Iyengar. Richard Hittleman, un conocido yogui de la T.V. de los años 70 estudio con Devi. Otros profesores han incorporado enseñanzas de varios estilos basados en Krishnamacharya, creando a su vez métodos particulares tales como el White Lotus Yoga de Ganga White y el ISHTA Yoga de Manny Finger. La mayoría de los profesores incluso de estilos no directamente relacionados con Krishnamacharya – Sivananda y Bikram yoga, por ejemplo - han sido influenciados por algunos aspectos de las enseñanzas de Krishnamacharya.

Muchas de sus contribuciones han sido integradas de tal modo en el tejido de la tela del Yoga que, la fuente ha sido olvidada. Se dice que Krishnamacharya es responsable del moderno énfasis en Shirshasana (paro de cabeza) y Sarvangasana (equilibrio sobre los hombros). Fue pinero en el refinamiento de las posturas, en optimizar sus secuencias y en atribuir valor terapéutico a asanas especificos. Al combinar pranayama y asanas, hizo de las posturas una parte integral de la meditación, en lugar de ser un paso en el camino que a ella conduce.

En efecto, la influencia de Krishnamacharya se puede apreciar, mas nítidamente, en el énfasis en la practica de asanas, que ha llegado a ser la rubrica del Yoga de hoy. Probablemente no ha existido otro yogui que haya desarrollado tan deliberadamente las practicas físicas. En el proceso, transformo el Ata – que era un oscuro riachuelo del Yoga – en su cauce principal. El resurgimiento del Yoga en India le debe muchísimo a sus innumerables tours y demostraciones, durante los años 30 y también a sus cuatro más famosos discípulos – Jois, Iyengar, Devi y a su propio hijo T.K.V. Desikachar, que han jugado un enorme rol en la popularización del Yoga en Occidente.

Recuperando las raíces del yoga

Cuando la Revista americana, especializada en yoga Yoga Journal me pidió que escribiera sobre el legado de Krishnamacharya pensé que seria tarea fácil seguir la huella de alguien que, murió solo hace una década. Descubrí, sin embargo, que Krishnamacharya sigue siendo un misterio, incluso para su propia familia. Nunca escribió sus memorias o se atribuyo alguna de sus numerosas innovaciones. Su vida esta envuelta en mito. Aquellos que lo conocieron bien ya son demasiado ancianos. Y si perdemos sus recuerdos, corremos el riesgo de perder mucho mas que la historia de uno de los hombres mas notables del yoga, corremos el riesgo de perder la visión de la historia de esta vibrante tradicion que hemos heredado.

Es curioso ver como la evolución de la personalidad de este hombre multifacético influencia el Yoga que practicamos hoy día. Krishnamacharya comenzó su carrera como profesor perfeccionando su estricta e idealista versión del hatha yoga. Y, a medida que la corriente dela historia lo fue forzando a adaptar, se transformo en uno de los mas grandes reformadores del Yoga. Algunos de sus estudiantes lo recuerdan como un maestro riguroso y volátil, B.K.S. Iyengar me dijo que Krishnamacharya podría haber sido un santo ni no hubiese sido tan egocéntrico y tenido tan mal genio. Otros lo recuerdan como un gentil mentor que valoraba sus individualidades. Desikachar, por ejemplo, describe a su padre como una persona amable que a menudo, colocaba sobre su cabeza las sandalias de su difunto guru, en un acto de humildad.

Ambos hombres continúan siendo totalmente leales a su guru, aun cuando lo conocieron en diferentes etapas de su vida, es como si recordaran a dos personas diferentes. Es posible apreciar todavía en los tonos disonantes de las tradiciones que el inspiro, características aparentemente opuestas, algunas suaves, algunas estrictas, cada una atrayendo personalidades diferentes y agregando profundidad y variedad a nuestra practica de Yoga, todavía en desarrollo.

Emergiendo de las sombras

El mundo del yoga que Krishnamacharya heredo a su nacimiento, en 1888, era bastante diferente al de hoy. El yoga había perdido mucha fuerza debido a las presiones del régimen colonial británico. Solo un pequeño grupo de hindúes lo practicaba. Pero, a mediados del siglo diecinueve y comienzos del veinte, movimientos revitalizadores hindúes insuflaron nueva vida en la tradición india. De joven. Krishnamacharya se sumergió en el aprendizaje de diversas disciplinas clásicas hindúes, incluyendo el idioma sánscrito, rituales, leyes, medicina india básica. Con el tiempo, iba a canalizar este amplio bagaje de conocimientos hacia el estudio del Yoga, en donde sintetizaría la sabiduría hindú de estas tradiciones.

Según notas biográficas escritas por Krishnamacharya cerca del termino de su vida, su padre lo habría iniciado en el Yoga a la edad de cinco años, época en que comenzó a enseñarle los Yoga Sutras de Patanjali, y le dijo que su familia descendía de un respetado yogui del siglo IX, Nathamuni. Aun que su padre murió antes de que Krishnamacharya alcanzara la pubertad, inculco en su hijo una gran sed por el conocimiento y el sedeo especifico e estudiar Yoga. En otro manuscrito Krishnamacharya escribió, que cuando todavía era un mocoso, aprendió 24 asanas de un Swami de Sringeri Math, el mismo templo que vio nacer el linaje de Shivananda Yogananda. Luego, a la edad de 16 años, hizo un peregrinaje al santuario de Narhamuni, en Alvar Tirunagari, donde se encontró, en una extraordinaria visión, con su legendario antepasado.

Tal como siempre contó esta historia, se encontró con un anciano en la puerta del templo, quien le indico con el dedo un bosquecillo de mangos que había por ahí cerca. Krishnamacharya camino hacia el bosquecillo donde se desplomo de cansancio. Cuando volvió en si y se levanto, noto que se habían reunido a su alrededor varios yoguis. Su antepasado Nathamuni le canto versos de Yogarahasya (en sánscrito, La esencia del Yoga), un texto perdido hacia mas de mil años. Krishnamacharya lo memorizo y posteriormente lo transcribió.

Las semillas de muchas innovaciones en las enseñanzas de Krishnamacharya se pueden encontrar en este texto, disponible ahora en una versión en ingles (Yogarahasya, traducido por T.K.V. Desikachar, Krishnamacharya Yoga Mandiram, 1998). Aun cuando la historia del autor pudiese aparecer rebuscada, apunta a un importante razgo de la personalidad de Krishnamacharya: Nunca se atribuyo originalidad. En su versión, el Yoga es divino. Todas sus ideas, originales o no, se las atribuyo a los antiguos textos, o bien a su guru.

Después de su experiencia en el santuario de Nathamuni, Krishamacharya continuo la exploración de una panoplia de disciplinas clásicas indias, obteniendo diplomas en filosofía, lógica, divinidad y música. Practico Yoga a partir de los conocimientos rudimentarios, obtenidos en los textos y en alguna entrevista ocasional con algún yogui, pero siempre anhelaba estudiar mas profundamente, como le había recomendado su padre. Un profesor universitario lo vio practicando sus asanas y le recomendó que buscara un maestro llamado Shri Ramamohan Brahmachari, uno de los pocos hatha yoguis que todavía quedaban. Sabemos poco sobre Brahmachari, excepto que vivía en una remota cueva con su esposa y tres hijos. Krishnamacharya cuenta que paso siete años con su profesor memorizando los yoga Sutras de Patanjali, aprendiendo asanas y pranayama, y estudiando los aspectos terapéuticos del Yoga. Durante su aprendizaje. Krishnamacharya dice haber dominado 3000 asanas desarrollado algunos de sus mas notables talentos, como detener el pulso. A cambio de la instrucción, Brahnmachari le pidió a su leal pupilo que retornara a su ciudad a enseñar Yoga y a establecer una familia.

La educación de Krishnamacharya le habría permitido conseguir una buena posición en cualquier prestigiosa institución, pero el renunció a esas oportunidades y prefirió honrar la promesa que le había hecho a su mentor. Y, a pesar de todo su entrenamiento, Krishnamacharya regreso a la pobreza. En los años de 1920 enseñar Yoga no era remunerativo. Los estudiantes eran pocos, y Krishnamacharya tuvo que aceptar un trabajo como capataz en una plantación de café. Pero, en sus días libres, viajaba por la provincia haciendo discursos y demostraciones de Yoga. Krishnamacharya hizo uso de los siddhis, las capacidades sobrenaturales del cuerpo yoguico, para popularizar el Yoga. Estas demostraciones – destinadas a despertar el interés de una tradición moribunda- incluían el suspender el pulso, detener vehículos con sus manos, el hacer posturas inverosímiles y levantar objetos pesados con sus dientes. Pensó que para enseñar Yoga, primero tenia que atraer la atención del publico.

Por medio de un matrimonio arreglado, Krishnamacharya honro la segunda petición de su guru. Los antiguos yoguis eran ascetas que vivían en el bosque sin hogar ni familia. Pero el guru de Krishnamacharya quería que el aprendiera la vida de familia y que enseñara Yoga que sirviera al ciudadano común. Al comienzo esto resulto ser mas difícil de lo imaginado. La pareja vivía en tal pobreza que Krishnamacharya solo tenia un taparrabos, un retazo de genero del sari de su esposa. Mas tarde recordaría este periodo como el mas duro de su vida, pero las dificultades solo lograron endurecer aun mas su inquebrantable resolución de enseñar Yoga. 
El desarrollo del Vinyasa Yoga


La fortuna de Krishnamacharya mejoro cuando en 1931 recibió una invitación para enseñar en el Sanskrit College de Mysore. Allí recibió un buen salario y la posibilidad de dedicarse por completo a la enseñanza del Yoga. La familia gobernante de Mysore, por mucho tiempo, había promovido todas las formas de arte autóctono, apoyando e inyectando nuevo vigor a la cultura india. Por mas de un siglo ya había patrocinado el Hatha Yoga y la biblioteca contenía las mas antiguas compilaciones ilustradas de asanas que ahora son conocidas: Sritattvanidhi (traducidas al ingles por el erudito en sánscrito Mormas E. Sjoman en The Yoga Tradition of the Mysore Palace, Adhinav Publications, New Delhi, 1999).

Durante las dos décadas siguientes el Maharajá de Mysore ayudo a Krishnamacharya a promover el Yoga a través de la india, financiando demostraciones y publicaciones. Siendo diabético el Maharajá sintió fuertemente la relación entre yoga y la recuperación de la salud, y Krishnamacharya dedico mucho tiempo a desarrollar esta conexión. El puesto de Krishnamacharya en el Sanskrit College no duro mucho. Era demasiado estricto y sus alumnos se quejaron. Como al Maharajá le gustaba Krishnamacharya y no quería perder su amistad y consejo, le propuso una solución: le ofrecio la sala de gimasia del palacio para que iniciara su propia escuela de Yoga, Yogashala.

Así empezó uno de los periodos mas fértiles de Krishnamacharya. Durante este tiempo desarrollo lo que hoy se conoce como Ashtanga Vinyasa Yoga. Como los pupilos de Krishnamacharya eran en su gran mayoría jóvenes activos, adapto técnicas de Yoga, gimnasia y lucha india, para desarrollar las secuencias dinámicas de asanas cuyo propósito era conseguir un insuperable estado físico. Este estilo de Vinyasa utiliza los movimientos de Surya Namaskar (saludo al sol) para entrar y salir de cada asana. Cada movimiento se coordina con una forma especial de respirar y drishti, o enfoque de los ojos en ciertos puntos, lo que ayuda a la concentración meditativa. Con el tempo Krishnamacharya estandarizo las secuencias de posturas en tres series: primarias, intermedias y avanzadas. Los estudiantes eran agrupados de acuerdo a su experiencia y habilidad, teniendo que memorizar cada secuencia antes de avanzar a la siguiente.

Aun cuando Krishnamacharya desarrollo esta forma de practicar Yoga durante la década de 1930, permaneció prácticamente desconocida en occidente por casi 40 años. Recientemente se ha transformado en una de las formas de Yoga mas populares, gracias al trabajo de uno de sus mas leales y famosos discípulos: K. Pattabhi Jois.

Pattabhi Jois conoció a Krishnamacharya en sus tiempos difíciles, antes de los años en el palacio de Mysore. Era un robusto niño de 12 años cuando asistió a una de las charlas de Krishnamacharya. Intrigado por la demostración de asanas le pidio a Krishnamacharya que le enseñara Yoga. Las lecciones empezaron al día siguiente, horas antes de que sonara la campana de la escuela y continuaron cada mañana por tres años hasta que Jois tuvo que abandonar su hogar para entrar en el Sanskrit College. Cuando Krishnamacharya acepto el puesto de profesor en ese College, dos años mas tarde, Pattabhi Jois, desbordando de alegría reanudo sus lecciones de Yoga.

Jois conservo una inmensa cantidad de recuerdos de los años que estudio con Krishnamacharya. Durante décadas ha mantenido el trabajo que le dejo Krishamacharya con gran devoción, refinando las secuencias de asanas sin inflingirles modificaciones sustanciales, tal como un violinista clásico pudiera matizar la melodía de un concierto de Mozart, sin cambiar una nota. Jois, a menudo ha dicho que el concepto de vinyasa se origino en un antiguo texto llamado Yoga Kuruntha. Desgraciadamente, el texto desapareció, nunca nadie lo ha visto. Existen tantas historias sobre su descubrimiento y contenido – he escuchado por lo menos cinco de ellas que se contradicen – que uno se cuestiona su autenticidad. Cuando le pregunte a Jois si el había alguna vez leído el texto, respondió: “ No, solo Krishnamacharya”. Enseguida le resto importancia a la escritura, indicando varios otros textos que, también dieron forma al Yoga que aprendió de Krishnamacharya, incluyendo el Hatha Yoga Pradipika, los Yoga Sutras, el Baghavad Gita.

Cualquiera fuesen las raíces del Ashtanga Vinyasa Yoga, hoy es uno de los mas influyentes componentes del legado de Krishnamacharya. Quizás, este método, originalmente diseñado para los jóvenes, nos muestra un camino mas amigable hacia una espiritualidad mas profunda en una cultura que valora la energía y lo externo mas que lo interno. En las ultimas tres décadas un numero creciente de yoguis se ha sentido atraído a su precisión e intensidad. Muchos de ellos han hecho el peregrinaje a Mysore, donde Jois todavía enseña.

Rompiendo una tradición

Aunque, Krisnamacharya le enseño a niños y jóvenes e el palacio de Mysore, sus demostraciones publicas atrajeron a diversas congregaciones. Disfrutaba del desafío de presentar el Yoga a públicos con diferente formación y educación. En sus frecuentes tours, que él llamaba viajes propagandísticos, introdujo el yoga entre los soldados británicos, los Maharajas musulmanes y los indios de todas las religiones credos. Krishnamacharya siempre enfatizaba que el Yoga era para todos, y adecuaba sus enseñanzas para asi respetar las creencias de sus estudiantes. Pero mientras pasaba por alto las diferencias culturales, religiosas y de clases, siempre mantuvo una actitud patriarcal hacia las mujeres. El destino sin embargo, le hizo una jugada: El primer estudiante que llevó su Yoga al escenario mundial pidió ser admitida vistiendo un sari... ¡ Y además era occidental!

La mujer, que llego a ser conocida como Indra Devi (nacida en Zhenia Labunskaia, en la Latvia pre-soviética) era amiga de la familia real de Mysore. Después de ver una de las demostraciones de Krishnamacharya, pidió ser admitida como estudiante. Al comienzo ni extranjeros ni mujeres. Pero Devi insistió, persuadiendo al Maharajá que intercediera en su favor con este bramin. De mala gana Krishnamacharya inicio las clases, sometiéndola a una estricta dieta y a un difícil régimen de enseñanza destinado a quebrar su voluntad. Ella paso cada desafió impuesto por Krishnamacharya, llegando a ser amiga de el y ejemplar estudiante.

Después de un año de aprendizaje, Krishnamacharya le pidió que enseñara Yoga. Le pidió que atrajera a las clases un cuaderno y paso con ella varios días dictándole sus conocimientos sobre como enseñar el Yoga, sobre dieta y pranayama. Inspirada en estas enseñanzas, escribió mas tarde el libro best seller sobre Ata yoga, Forever Young, Forever Healthy (Prentice Hall, Inc., 1953). Años después de haber estudiado con Krishnamacharya, Devi fundó la primera escuela de Yoga en Shangai, China, donde Madame Chiang Kai-shek fue una de sus alumnas. Posteriormente logro convencer a los lideres soviéticas de que el yoga no era una religión y asi pudo abrir las puertas de la Unión Soviética al Yoga, donde hasta entonces era ilegal. En 1947 se traslado a Estados Unidos. Viviendo en Hollywood llego a ser conocida como La primera Dama del yoga, atrayendo a estudiantes como Marilyn Monroe, Elizabeth Arden, Greta Garbo y Gloria Swanson. Gracias a Devi, Krishnamacharya pudo disfrutar de su primera exposición internacional.

Aunque estudio con Krishnamacharya durante el periodo de Mysore, el Yoga que enseño Indra Devi tiene poco en comun con el ashtanga vinyasa de Jois. Como queriendo anunciar ya el altamente personalizado estilo de

Devi siempre ha mantenido en sus enseñanzas este estilo suave. Aunque su estilo no utiliza Vinyasa, usa el principio de las secuencias de Krishnamacharya de manera que sus clases recorren un camino – empezando con posturas de pie, progresando hacia un asana central seguido de posturas complementarias y terminando con relajación. De la misma forma que ocurrio con Jois, Krishnamacharya le enseño a combinar pranayama y asanas. Los estudiantes de su linaje todavía practican, cada postura con una forma determinada de respirar.

Devi agrego, además, un aspecto devocional a su trabajo que llamo Sai yoga. La postura principal de cada clase incluye una invocación de manera que el fulcro de cada practica contiene una meditación en la forma de una oración ecuménica. Aunque ella misma desarrollo este concepto, pudo ya haber estado presente en forma embrionica, en las enseñanzas que recibió de Krishnamachara. En sus últimos años, Krishnamacharya también recomendó cantos devocionales dentro de la practica de asanas.

En la actualidad, acercándose a los 103 años, Devi recibe cada tarde estudiantes en uno de sus seis centros de Buenos Aires, Argentina. Y hasta hace tres años atrás, todavía enseñaba posturas. Bien entrada en sus noventa años, continuo viajando por el mundo, llevando la influencia de Krishnamacharya a mucha gente en Norte y Sudamérica. Su impacto en los Estados Unidos se diluyo cuando ella se traslado a vivir a Buenos Aires, en 1985, pero su prestigio en Latinoamérica se extiende mucho mas allá de la comunidad argentina del Yoga.

Tendrás dificultades en encontrar a alguien en Buenos Aires que no haya escuchado hablar de ella. Se contacto con todos los estratos de la sociedad latina: El taxista que me llevo a la entrevista con ella, la describió como una mujer muy sabia, al día siguiente de mi entrevista, el ex presidente de Argentina, Carlos Menem la visito para pedirle su bendición y consejos. Las seis escuelas de Yoga de Devi, imparten 15 clases de asanas el día y los graduados de su curso de formación de profesores, que dura cuatro años, reciben un certificado internacionalmente reconocido que equivale a un grado pre-universitario.

Instruyendo a Iyengar

Durante el periodo en que Krishnamacharya les enseñaba a Devi y a Jois, brevemente también le enseño a un niño llamado B.K.S. Iyengar, quien creció para jugar, probablemente, el rol más significativo, en introducir el Ata yoga en Occidente. Es difícil imaginar como habría sido el Yoga que practicamos hoy día si la contribución de Iyengar, en especial su detallada, precisa y sistemática ejecución de cada asana, su investigación sobre las aplicaciones terapéuticas y su diferenciación por niveles, el riguroso sistema de entrenamiento que ha producido tantos profesores influyentes.

También es difícil saber cuanto influencio su desarrollo posterior el entrenamiento que recibió de Krishnamacharya. Aunque intenso, el tiempo que paso junto a su maestro, fue corto: solo un año. Además de inculcar en Iyengar devoción por el Yoga, quizá, planto también las semillas que mas tarde germinarian en el yoga de Iyengar. (Algunas de las características por las cuales es conocido hoy día particularmente las modificaciones a las posturas y sus usos terapéuticos son muy similares a las que Krishnamacharya desarrollo en su trabajo de los últimos años). Posiblemente cualquier investigación profunda en el Ata yoga produce resultados similares. De cualquier modo, Iyengar siempre ha idolatradao el guru de su niñez. Todavía dice: “ Soy solo un pequeño modelo en Yoga, mi guru fue un gran hombre”.

Al comienzo, el porvenir de Iyengar no era claro. Cuando Krishnamacharya lo invito a vivir en su hogar - la esposa de Krishnamacharya hermana de Iyengar –predijo que el poco flexible adolescente no tenia futuro en el yoga. De hecho, lo que cuenta Iyengar de su vida con Krishnamacharya suena como una novela de Dickens. Krishnamacharya podía ser un profesor estrictísimo. Al comienzo casi no se tomo la molestia de enseñarle a Iyengar, quien se pasaba la mayor parte del tiempo regando el jardín y haciendo todo tipo de tareas menores. El único amigo que tenia era su compañero de habitación, un niño llamado Keshavamurty, que era el favorito de Krishnamacharya. Una extraña jugada del destino hizo que un día desapareciera Keshavamurthy para nunca mas volver. Solo faltaban días para una importante demostración en el Yogashala y Krishamacharya, naturalmente, confiaba en su pupilo estrella para que demostrara los asanas. Enfrentando a esta crisis, Krishnamacharya rápidamente comenzó a entrenar a Iyengar en una serie de complicadas posturas.

Iyengar practico, en forma diligente, y el día de la demostración sorprendió a Krishnamacharya con una excepcional actuación. Después de esto, Krishnamacharya comenzó la instrucción de su pupilo con renovado vigor. Iyengar progreso rápidamente y empezó también a asistir a Krishnamacharya en sus clases en el yogashala y a acompañarlo en tours. Krishnamacharya continuo sin embargo su autoritario estilo de instrucción. En una oportunidad cuando Krishnamacharya le ordeno que hiciera hanumamanasana, (apertura completa de piernas, split), Iyengar se quejo de que nunca había hecho es postura antes. ¡Hazlo! Le grito Krishnamacharya. Iyengar lo hizo desgarrándose los músculos de la corva.

Su corto aprendizaje termino abruptamente. Después de una demostración de Yoga en el norte de la provincia de Karnataka, un grupo de mujeres le pidió a Krishnamacharya que les enseñara. Krishnamacharya eligió a Iyengar, su estudiante mas joven, para que impartiera esa clase. En esa época las clases eran segregadas, es decir, las mujeres estudiaban separadamente de los hombres. Iyengar impresiono a las mujeres con su forma de enseñar. Y, a pedido de ellas, Krishnamacharya designo a Iyengar como su instructor.

Enseñar fue una promoción para Iyengar, pero no contribuyo mayormente a mejorar su situación. Enseñar yoga era todavía una profesión marginal. A veces, recuerda Iyengar, comía solo un plato de arroz cada tres días, sustentándose solamente con agua. Pero se entrego en cuerpo y alma al yoga. De hecho, Iyengar dice que era tal su obsesión por el yoga que, algunos vecinos y miembros de la familia creyeron que había enloquecido. Practicaba durante horas, usaba pesadas piedras para forzar sus piernas en Baddha Konasana (sentado con las plantas de los pies juntas) o bien doblándose hacia atrás sobre un rodillo compactador de cemento para mejorar su Urdhva Dhanurasana (la araña). Preocupado por su bienestar, el hermano de Iyengar arreglo su matrimonio con una joven de 16 años llamada Ramamani. Afortunadamente, Ramamani respetaba su trabajo y llego a ser una compañera muy importante en su investigación de asanas.

Varios ciento de millas alejado de su guru, la unica forma que tenia Iyengar de aprender mas sobre asanas, era explorar con su propio cuerpo y analizar los efectos. Con la ayuda de Ramamani, Iyengar refino y mejoro las asanas que aprendió de Krishnamacharya.

Al igual que krishnamacharya, a medida que Iyengar ganaba estudiantes, iba adaptando y modificando las posturas para satisfacer sus necesidades. Y también, al igual que Krishnamacharya, Iyengar nunca dudo cuando tuvo que innovar. En gran medida, abandono el estilo Vinyasa de su mentor. En cambio, al desarrollar cada postura, constantemente investigo la naturaleza del alineamiento interno, considerando los efectos de cada parte del cuerpo, incluso la piel. Debido a que muchos de los estudiantes que vinieron a el estaban en peores condiciones físicas que los jóvenes estudiantes de Krishnamacharya, Iyengar tuvo que aprender a desarrollar elementos especiales (props: elementos de ayuda como bloques de madera, cinturones de algodón, la pared) para ayudarles. Y , como alguno de sus estudiantes estaban enfermos, Iyengar empezó a desarrollar asanas como herramienta de curación, creando programas terapéuticos específicos. Adicionalmente, Iyengar empezó a ver el cuerpo como si fuera un templo y las asanas, como las oraciones. El énfasis de Iyengar en los asanas no siempre gusto a su maestro.

Aunque en las celebraciones de los 60 años de Iyengar, Krishnamacharya elogio las aptitudes de Iyengar en la practica de asanas, le sugirió que ya era tiempo que se enfocara mas hacia la meditación.

A través de las decadas de los años 30, 40 y 50, la reputación de Iyengar como maestro y como terapeuta continuo creciendo. Obtuvo estudiantes famosos y respetados, tales como el filosofo Jiddhu Krishnamurti y el violinista Yehudi Menuhin, quienes lo ayudaron a atraer estudiantes occidentales. En los años 60 el Yoga estaba formando parte de la cultura mundial, e Iyengar estaba siendo reconocido como uno de sus principales embajadores.

Sobreviviendo los años difíciles.

Aun cuando sus estudiantes prosperaban y difundían su evangelio yoguico, Krishnamacharya volvió a encontrarse con tiempos difíciles. Ya en 1947 el numero de alumnos había bajado, considerablemente, en el Yogashala. Según Jois, solo quedaban tres alumnos. El patrocinio gubernamental también se había terminado, India había obtenido su independencia los políticos que reemplazaron a la familia real de Mysore tenían poco enteres en el Yoga. Krishnamacharya lucho por mantener viva la escuela, pero en 1950 tuvo que cerrar. Un krishnamacharya de 60 años se vio en la situación de tener que empezar todo de nuevo.

A diferencia de algunos de sus protegidos, Krishnamacharya no tuvo la fortuna de disfrutar de los beneficios de la creciente popularidad del Yoga. Continuo estudiando, enseñando y desarrollando su Yoga en casi total oscuridad. Iyengar estima que este periodo solitario , cambio la disposición de Krishnamacharya. Según Iyengar, Krishnamacharya podía permanecer distante bajo la protección del Maharajá de Mysore. Pero entregado a si mismo, obligado a conseguir sus propios estudiantes, tuvo mas motivación para adaptarse a la sociedad y desarrollar mayor compasión.

Asi fue como, en 1950, cuando Krishnamacharya luchaba por conseguir trabajo, debió aceptar un puesto de profesor en Mysore, en el Vivekananda College de Chennai. Nuevos estudiantes aparecieron, incluyendo gente de diferentes profesiones, estratos sociales y en variadas condiciones de salud. Krishnamacharya tuvo que ingeniárselas para inventar nuevos métodos de enseñanza. Y, a medida que iban apareciendo estudiantes con menos aptitudes físicas algunos incluso con incapacidades, Krishnamacharya debió adaptar las posturas para satisfacer las necesidades de cada uno.

Por ejemplo, instruía a un alumno que hiciera Paschimottanasana, (sentado con el cuerpo doblado hacia delante) con las rodillas estiradas para estirar los ligamentos de la corva, mientras que hacia hacer la misma postura a otro estudiante, pero con las rodillas dobladas. Del mismo modo, modificaba la respiración de acuerdo a las necesidades de sus alumnos, a veces reforzando el abdomen poniendo mayor énfasis en la exhalación otras, en la espalda, poniendo énfasis en la inhalación.
Krishnamacharya variaba la duración, frecuencia y las secuencias en los asanas para ayudar a los estudiantes a alcanzar metas especificas de corto plazo, como recuperarse rápidamente de una enfermedad. Y , a medida que los alumnos progresaban, los ayudaba a refinar las posturas hasta conseguir la forma ideal. En su estilo particular, Krishnmacharya ayudaba a sus estudiantes a evolucionar de un Yoga que se adaptaba a sus limitaciones individuales, a un Yoga que maximizaba sus habilidades. Este enfoque, que hoy día se conoce con el nombre de Viniyoga, se convirtió en la marca registrada de la enseñanza de Krishamacharya en sus décadas finales.


Krishnamacharya parecía siempre dispuesto a ampliar estas técnicas a casi cualquier estado de salud que presentara un desafió. En una oportunidad, un doctor le pidió que le ayudara con un paciente había tenido un infarto cerebral. Krishnamacharya manipulo los miembros sin vida del paciente poniéndolos en diferentes posturas, una especie de yogaterapia. Y como con muchos estudiantes de Krishnamacharya, la salud de esta persona mejoro, y también la fama de Krishnamacharya como terapeuta.

Fue la reputación de terapeuta la que atraería al ultimo, y uno de sus mayores discípulos. Pero en ese tiempo, nadie -y menos Krishnamacharya – sospecharía que su hijo, T.K.V. Desikachar, llegaría a ser un famoso yogui, el que traspasaría del mundo del Yoga occidental, la linea completa de las enseñanzas de su padre, en especial la de los últimos años.

Manteniendo la llama viva.

Aunque nacido en una familia de yoguis, Desikachar nunca sintió el deseo de continuar con la tradición. De niño, se alejaba de su padre cuando este le pedía que hiciera asanas. Krishnamachatya lo agarro una vez, le ato las manos y pies en Baddha Padmasana ( postura del loto con los brazos cruzados detrás de la espalda y las manos en los pies) y allí lo dejo por media hora. Este tipo de pedagogía no motivo a Desikachar a estudiar yoga, pero seguramente la inspiración llego por otros medios.

Después de obtener un titulo de ingeniero en la universidad, Desikachar vino a visitar a su familia por un corto tiempo. Iba camino a Delhi, donde le habían ofrecido un buen trabajo en una firma europea. Una mañana cuando estaba sentado en los peldaños de la entrada de la casa leyendo el periódico, vio acercarse por la estrecha calle un enorme vehículo americano que se detuvo justo en frente de la casa de Krishnamacharya. En ese preciso momento su padre salió de la casa, vistiendo solo un dhoti (tela de algodón enrollada alrededor de las caderas) y las marcas sagradas que indican una vida entera de devoción al dios Vishnu. Del asiento trasero del auto, descendió una mujer de apariencia europea, de mediana edad, gritando: “ ¡Profesor, profesor! ”. Se lanzo sobre los brazos de Krishnamacharya con un abrazo efusivo.

La sangre debe habérsele ido de la cara a Desikachar al presenciar esto, y sobretodo, cuando vio que Krishnamacharya también la abrazaba. En esos días, las mujeres occidentales y los Bramines no se abrazaban especialmente no en medio de la calle, y menos tratándose de un Bramin tan observante como Krishnamacharya. Cuando se hubo ido la mujer lo único que atino a decir Desikachar fue : ¿Por qué?.

Krishamacharya le explico que la señora habia estado estudiando yoga con el, y que gracias a su ayuda, la mujer por primera vez en 20 años había podido conciliar el sueño. Quizá, la reacción de Desikachar al escuchar esta revelación fue una suerte de providencia o karma, sin duda esta prueba del poder del yoga le sirvió como una curiosa epifanía que, cambiaria su vida para siempre. En un instante resolvió aprender lo que sabia de su padre.

Krishnamacharya no recibió, de buen grado, este repentino interés de su hijo por el yoga. Le dijo que continuara con su carrera de ingeniero y que dejara el yoga tranquilo. Desikachar se negó a escuchar. Rechazo el trabajo en Delhi, encontró trabajo en una firma local e insistió a su padre que le diera clases. Eventualmente Krishnamacharya acepto. Pero, para asegurarse de que el interés de su hijo era genuino – o para descorazonarlo- Krishnamacharya también fijo la hora de inicio de las clases a las 3:30 de la mañana cada mañana. Desikachar acepto, pero también puso su propia condición: Nada que tenga que ver con Dios. Un ingeniero pragmático como el vio la necesidad de la religión. Krishnamacharya respeto la decisión de su hijo e iniciaron las clases con asanas y recitando los Yoga Sutras de Patanjali. Y, como la familia entera vivía en una sola habitación, no les quedo mas remedio, medio dormidos, que sumarse a las clases. Las lecciones continuarían por 28 años aunque ya no tan temprano.

Durante los años que enseño a su hijo, Krihsnamacharya continuo refinando su enfoque sobre el Viniyoga, haciendo programas especiales para los enfermos, para las mujeres embarazadas, niños, y por supuesto, para aquellos en la búsqueda dela autorrealización espiritual. Llego, incluso, a dividir la practica de yoga en tres etapas, representando la juventud, la edad madura y la vejez: Primero, desarrollar fuerza muscular y flexibilidad, segundo, mantener la salud durante los años de trabajo y de sustento de la familia, y finalmente, ir mas allá de la practica física para enfocarse en Dios.

Desikacachar observo que a medida que iban progresando los estudiantes, Krishamacharya no solo comenzaba a poner énfasis en l practica de asanas mas avanzadas, sino que también, en los aspectos espirituales del yoga. Desikachar se dio cuenta de que su padre sentía que cada accion era en si misma, un acto de devoción, que cada asana debía conducir hacia la calma interior. Del mismo modo, el énfasis que ponía Krishnamacharya en la respiración tenia por objeto transmitir implicaciones espirituales, conjuntamente, con beneficios fisiológicos. De acuerdo a Desikachar, Krishnamacharya describía el ciclo respiratorio como un acto de entrega: Inhala y Dios se acerca. Mantén la respiración, y Dios permanece contigo. Exhala, y tu te acercas a Dios. Mantén la exhalación, y entrégate a Dios. 
Durante los últimos años de su vida, Krisnamacharya introdujo los cantos vedicos en la practica de yoga, siempre ajustando el numero de versos para que coincidieran con el tiempo que los alumnos debían permanecer en las posturas. Esta técnica puede ayudar a los estudiantes a mantener enfocada la mente y los prepara para la meditación.

Cuando Krishnamacharya se inclinaba hacia los aspectos espirituales del yoga, respetaba las creencias individuales. Una de sus mas antiguas estudiantes, Patricia Miller, que enseña hoy día en Washington D.C., recuerda que el dirigía las meditaciones ofreciendo alternativas. Instruía a sus alumnos que cerrara sus ojos observaran el espacio entre las cejas, y luego, decia: Piensa en Dios. Si no en Dios, en el sol. Si no en el sol, en tus padres. Explica Miller que Krishnamacharya exigía solo una condición: Que admitamos que existe un poder mas grande que nosotros mismos.

Preservando un legado.

Desikachar propaga hoy día el legado de su padre, dirigiendo el instituto Krishnamacharya Yoga Mandiram, en Chennai, India, donde se enseñan todos los diferentes enfoques que tenia Krishnamacharya sobre el yoga y sus escritos son traducidos publicados. Con el tiempo, Desikacahar abrazo toda la gama de las enseñanzas de su padre, incluyendo su veneración por Dios. Desikachar, sin embargo, comprende el escepticismo occidental y enfatiza la necesidad de despojar el yoga de sus atadura hinduistas, de manera que siga siendo un vehículo para toda la gente. La visón del mundo de Krishnamacharya estaba enraizada en la filosofía vedica, la vision del mundo occidental lo esta en la ciencia. Versado en ambas, Desikachar ve su rol como el de un traductor, llevando la antigua sabiduría de su padre a oídos modernos.
El principal propósito de Desikachar y el de su hijo Kausthub, es el compartir esta antigua sabiduría con la próxima generación. Le debemos a nuestros hijos un futuro mejor, dice. Su organización mantiene clases para niños y también para los niños incapacitados. Y, además de publicar historias y guías espirituales con un sabor contemporáneo, Kusthub también esta produciendo videos para demostrar las técnicas, para enseñarle a los jóvenes, usando los métodos inspirados en el trabajo de su abuelo en Mysore.

Aunque Desikachar paso casi tres décadas como alumno de Krishnamacharya, dice solo haber captado los fundamentos de las enseñazas de su padre. Tanto los intereses como la personalidad de Krishnamacharya semejan un calidoscopio, Yoga era solo una fracción de lo que el sabia. Krishnamacharya también estudio disciplinas como la filología, la astrología y también la música. En su propio laboratorio ayurvedico preparaba formulas en base a yerbas. En India sigue siendo as conocido como terapeuta que como yogui. También era conocido gourmet, horticulturista y un gran jugador de cartas.

Pero el conocimiento enciclopédico que, a veces, lo hacia aparecer distante, incluso arrogante en su juventud – intelectualmente intoxicado, como suavemente lo caracteriza Iyengar- con el tiempo creo la necesidad de comunicarse mejor con la gente. Krishnamacharya se di cuenta de que una parte importante del conocimiento tradicional indio que el atesoraba estaba desaparecido, y decidió abrir su gran reserva de conocimientos a cualquiera con sano interés y suficiente disciplina. Sintió que el yoga tenia que adaptarse al mundo moderno o desaparecer.

Hay un dicho indio que dice que cada tres siglos nace alguien para reenergizar una tradición. Es posible que Krishnamacharya fuera uno de esos avatares. Teniendo un gran respeto por el pasado, no dudo en experimentar e innovar. Desarrollando y refinando diferentes ángulos, hizo que el yoga fuese accesible a millones de personas. Esa difusión y facilitación del yoga a todo el mundo es su mas grande legado. Tan diversas como pueden ser las practicas nacidas del linaje de Krishnamacharya, la pasión y la fe en el yoga siguen siendo la herencia común. El mensaje tácito que proveen sus enseñanzas es que, el yoga no es una tradición estática, es un arte vivo, que respira y crece constantemente, a través de los experimentos y experiencias de cada practicante.

                                                        El Legado Yoga de T. Krishnamacharya Por: Fernando Pagés Ruiz