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jueves, 10 de abril de 2014

Noticia: Concha García y Basilio Sánchez en la revista Turia

El último número de la Revista Turia (109-110) contiene destacados dos poemas de nuestros autores, Concha García y Basilio Sánchez entre sus páginas.

3 POEMAS
Concha García


Antes pasear era una medida
de tiempo y te cruzabas
con edificios o parejas
en tríos, no había
avalanchas de gente
que parece feliz
a toda hora.

¿Regresará algo
de lo que perdimos?
Se mueven las hojas
el aire me obliga
a pensar que soy parte.

No querer cambiar
el plano de la casa
cada ángulo estaba
dibujado sobre su propia
sombra. Por eso
amar no es contenido
ni razón, ni proyecto,
ni recuerdo.


SEMILLAS PARA PÁJAROS 
[Fragmentos]
Basilio Sánchez 

Después de varias horas escribiendo, uno sale a la calle como si abandonase una caverna: con las manos manchadas, deslumbrado, frotándose los ojos en la luz primitiva.


*** 

La poesía es un mensaje en la pared de una gruta, una nota a propósito para los que se pierden en la noche, para los que no tienen un lugar como propio. A solas, casi a oscuras, rodeados de pinturas rupestres, miramos a lo alto, medimos nuestras fuerzas con los constructores de catedrales. 

*** 

El hombre es una marca dibujada con sangre en el dintel del universo. Con los ojos acostumbrados a la oscuridad, lo que nos sorprende de la noche es el relámpago, esa línea quebrada que une en algún momento de la vida la imagen con el ojo, lo visible con el centro expectante del poema.




Concha García ha publicado con Calambur El día anterior al momento de quererle.
Basilio Sánchez ha publicado con Calambur Los bosques de la mirada.

jueves, 7 de febrero de 2013

Reseña: Los bosques de la mirada, de Basilio Sánchez, en Revista de literaturas ibéricas

Los bosques de la mirada, de Basilio Sánchez
Álvaro Valverde
Revista de literaturas ibéricas, nº 2, 2012
 
 
La poesía reunida

Lo primero que un lector agradece es un libro bonito y bien impreso, de sobria y elegante factura, correctamente maquetado y sin erratas. Es el caso de Los bosques de la mirada. Poesía reunida (1984-2009), de Basilio Sánchez (Cáceres, 1958). Calambur, que va a más, ha puesto en nuestras manos un continente a la altura de su contenido. Casi quinientas páginas de versos que dan cuenta de veinticinco años de ejercicio poético. Una vez leídos —o, mejor, releídos— uno, que no es crítico, llega a distintas conclusiones.
 

Aunque coincido con el prologuista, Miguel Ángel Lama, en que esos cinco lustros pueden dividirse, a efectos literarios, en dos partes: doce de un lado, doce de otro y un año en medio, o lo que es lo mismo: el extenso libro Los bosques interiores  y todo lo demás, la primera conclusión sería que estamos ante una obra unitaria, ante “el mismo libro”, al decir de Trapiello, que se lee de principio a fin sin que, en lo sustancial, la voz o el tono varíen. Sí, es a partir de La mirada apacible cuando asienta definitivamente su modo de decir, ya propio e intransferible, pero, sobre todo tras la revisión de su segundo libro (el primero de su poesía reunida) en 2002, todo lo aquí agrupado puede entenderse como variaciones en torno a unos pocos temas: las escasas y eternas obsesiones de la poesía: la muerte, el amor, el paso del tiempo, la fugacidad de la vida, la memoria y el olvido… “Estas manos que han sido sedentarias, / hechas a la rutina de un único poema”, ha escrito.
 

¿A qué voz, a qué tono aludo? Al que ha adoptado como suyo buena parte de la mejor poesía contemporánea: el de la conversación, el de la confidencia, el que toma aquel que se dirige al otro —su semejante, su hermano—, mirándole a los ojos o hablándole al oído. Un tono, en este caso, sobrio, sereno, de dicción elegante, contenido, lento, sosegado, natural… apacible. Lleno de palabras, sí, pero también de silencios, esos que marcan los espacios en blanco entre versos tan frecuentes en sus libros, donde el lector respira lo que no se dice pero se intuye o se vislumbra.
 

Ante una voz así, no puede uno por menos que sorprenderse cuando piensa que, como él mismo ha contado, fue una persona balbuciente.
 

Como buena parte de la de sus compañeros de generación, en especial los extremeños, esta poesía ha sido, y con razón, incluida en una corriente central de la poesía española del siglo XX y lo que llevamos de XXI. Me refiero a la “poesía meditativa” o “de la meditación”, así denominada por Unamuno (el mismo de “siente el pensamiento, piensa el sentimiento”), que fijó en un ensayo memorable José Ángel Valente. Allí se nombraba a Manrique y al Quevedo metafísico, a místicos como San Juan de la Cruz y sabios como fray Luis de León y, ya más cerca, al mencionado Unamuno y a Cernuda que es quien acaso más y mejor dejó atada esa tradición de tradiciones en los contemporáneo. Digo “tradición de tradiciones” porque esta poesía meditativa, que aúna como digo sentimiento y pensamiento, emoción y reflexión, es deudora de la poesía romántica tanto inglesa como alemana, de poetas tan singulares como Leopardi y de un largo y extenso etcétera que hacen de ella todo lo contrario de la típica escuela donde los poetas han de sujetarse a la tiranía de determinadas normas. Como el resto de poetas extremeños de su edad y época, Basilio Sánchez escapó al canto de sirena de la tendencia dominante, la “de la experiencia”, y, en consecuencia, su poesía, ajena a esa o cualquier otra moda, campea aún a sus anchas, con la frescura necesaria, por el panorama literario patrio.
 

Tras leer de nuevo los siete libros que componen esta poesía reunida, me encuentro con un puñado de paradojas que me gustaría comentar. Así, sin que esta poesía se pueda calificar de religiosa, la presencia de ese término, en su sentido etimológico (y no sólo), es consustancial a casi todo lo escrito por él. Quiero decir que lo moral y lo espiritual están presentes, si no siempre de forma explícita —y menos aún como creencia concreta u ortodoxa—, sí como sustrato poético. Quizá le convengan mejor otros términos tales como mítico o bíblico, pero lo cierto es que, a partir de las enseñanzas de maestros espirituales como Lanza del Vasto (en especial su libro Umbral de la vida interior), esta poesía respira “fervor”, por decirlo con una palabra rescatada para la poesía por un poeta que, me consta, Basilio Sánchez admira, el polaco Adam Zagajewski. Puede que todo pueda resumirse con otro conocido término, más amplio y preciso, que otro polaco, Czesław Miłosz, reivindicó para la poesía: el humanismo. En todo caso palabras como piedad, consuelo o perseverancia nos vienen sin querer a la boca cuando leemos esta poesía cargada de símbolos cristianos. También aquel verso de Lanza, casi un lema: “Mantente erguido y sonríe”. Acaso por eso esta poesía, esencialmente melancólica (“la costumbre / de darme a la tristeza”), nunca conduzca a la melancolía.
 

Y ya que seguimos con las paradojas, vayamos a por otra. Siendo de su tiempo —nadie puede escaparse a lo que sucede en la época que le ha tocado vivir—, esta poesía, que nos ayuda a soportar con entereza, ya digo, estos tiempos de desasosiego  y tribulación, se me antoja intemporal, intempestiva incluso, como fuera de una cronología determinada, como si lo que sucediera pudiera haber ocurrido en cualquier edad y período, del más tardío al más moderno. Puede que esto enlace con esa apariencia mítica a la que hice antes alusión. Y relacionada con ésta, otra aparente contradicción: leo estos versos y me sitúo a duras penas en un espacio concreto. Es decir, a pesar de que Basilio Sánchez, como sus compañeros de promoción literaria, no ha renunciado a vivir y a nombrar a su Extremadura natal, una vez dejados atrás los viejos complejos, no logro localizar ningún sitio determinado, excepción hecha del libro El cielo de las cosas, que transcurre en Los Pedroches cordobeses, o los poemas del ciclo inédito Cerca de aquí, cacereños por los cuatro costados. Esta virtud de lo ilocalizado e ilocalizable consigue que el lector se mueva con mayor libertad y mezcle sin temor y total imaginación los lugares descritos y lo que esos paisajes del alma anuncian o sugieren. Ya sean, supongamos, de alguna playa del Sur, de la Sierra de Gata o de los aledaños de su casa, en la calle Comarca de Gata. Paisajes, cabe añadir, donde hay un perfecto equilibrio entre campo y ciudad, entre naturaleza (nunca salvaje) y urbe.
 

No se acaban aquí las paradojas. Dije antes, y lo mantengo, que esta poesía era personal e intransferible por cuanto su voz y su tono eran suyos y sólo suyos. Sin embargo, nada más lejos de lo confesional, de ese intimismo mal entendido del que, por suerte, buena parte de la poesía española se deshizo hace mucho. Quien habla aquí es, aproximadamente, Basilio Sánchez. Su carácter: su máscara, que, como en aquel cuento chino que inventó Ferlosio, viene a coincidir exactamente con su propio rostro. Quiero decir que el protagonista poemático no es un personaje, al modo “experiencial”. Siguiendo, pongo por caso, el ejemplo de uno de sus maestros, Antonio Gamoneda, quien habla aquí es él, sin más desdoblamiento que el imprescindible cuando de poesía se trata. “Alguien”, que es como, a debida distancia, le gusta nombrar a Basilio Sánchez a ese ser al que le sucede lo que pasa en los poemas. Un “alguien” abstracto en el sentido de que es uno y es todos. Es frecuente que se hable en estos poemas de “los hombres” y “las mujeres”, de nadie en concreto. También es común el “nosotros” como persona verbal, un “nosotros” que no pocas veces coincide con un nosotros de dos (“A Maribel, siempre”, reza una dedicatoria tan bella como temeraria). Sí, he aquí otra paradoja: sin ser esta una poesía amorosa al tópico modo, rezuma amor por todas partes.
 

Esto no significa que lo interior, las “palabras de la privacidad”, como ha escrito el poeta, no estén presentes. Al revés. Lama ha utilizado la feliz metáfora de la casa para referirse a esta poesía. En algunos versos, ha hecho alusión a la pintura holandesa, de interiores luminosos, con esa luz tamizada y melancólica tan característica de los maestros de Flandes. La comparación está muy bien traída. Esta es, sin duda, una poesía habitable que nos lleva hacia dentro del mismo modo que nos traslada hacia fuera. De la memoria, podríamos decir, a la mirada, que son los conceptos inseparables de su manera de comprender el mundo. De las habitaciones a la naturaleza. O, como matiza Lama, del cuarto iluminado por la lámpara, donde suele situarse quien escribe, al jardín, que se ve a través de la ventana. No es baladí la aclaración. Que nadie se llame a engaño: estamos ante una poesía para entendidos. Para lectores, quiero decir. Muy civilizada, como el jardín frente al bosque. Que oculta, con la precisa cortesía, múltiples lecturas. Que se desenvuelve con aparente naturalidad entre un vocabulario de palabras gastadas, que diría Gil de Biedma, pero que no es ni superficial ni simple ni siquiera sencilla. Las frecuentes reflexiones sobre la propia escritura dan buena cuenta de ese afán metapoético que no deja de ahondar en el sorprendente misterio de la creación. “Soy un hombre que escribe”, dice, “alguien” que “mira / por el ojo de la cerradura del poema”. Que mira el mundo desde ahí, podemos aclarar. Alguien que sabe que lo que puede salvarle es precisamente la escritura. Alguien, en fin, que venera a las palabras, que ha elegido pensar a través suyo, que “sin quererlo, se ha ido acostumbrando a las palabras, a la idea de sobrevivir”, por decirlo con otro verso suyo.
 

Donde, a mi modo de leer, mejor ha expresado su poética es en el poema “Apenas nada” (no por nada dedicado a Miguel Ángel Lama). Allí ha escrito:
 

“No es la milagrería de los sueños, / sino el recinto humilde de las incertidumbres / y las perplejidades, / de los aturdimientos y el consuelo: / el orden desvalido, amenazado / en su naturaleza por el simple / transcurso de las horas, de un paisaje moral”.
 

Cuentan que le preguntaron a Lezama Lima: “¿Para quién se escribe?”, y que el poeta habanero, escondido en una sonrisa, tras la columna de humo de su tabaco, respondió que en un himno atribuido a Orfeo se dice: “Sólo hablo para aquellos que están en la obligación de escucharme”. A esa necesidad se ajusta toda la poesía que de verdad aspira a serlo, consciente o inconscientemente. También ésta.
 

 “En todos estos años/ ha habido tantos muertos, / tanta desproporción, tanta memoria / condenada al fracaso”, escribió en su poema “Ruido de fondo”. Sin discutir que estos han sido, como diría otro de sus maestros, Antonio Colinas, “años tan intensos como difíciles”, la memoria que rescatan estos cinco lustros de escritura poética es  todo menos un fracaso. Esa el la primera, única y última verdad que la lectura de Los bosques de la mirada me ha deparado: el lugar central que este libro ocupan en la poesía española de su tiempo y, más aún, porque aquí somos muchos menos, en la pequeña pero significativa historia de la poesía extremeña a la que, con sus poemas, ha dignificado y enaltecido. Pocas obras, en fin, más coherentes y significativas en nuestro panorama que la de este médico poeta (o viceversa) que ha hecho de la dignidad su santo y seña. Con la discreción que le es consustancial (“Al final de la vida, la belleza / habrá estado en las cosas que supieron / pasar inadvertidas”), sin estridencias, duda a duda, paso a paso, ha sabido levantar un edificio de sonido y sentido capaz de entusiasmar a cualquier lector ávido de la humilde pero poderosa verdad que encierran las palabras.

miércoles, 23 de noviembre de 2011

Reseña: Los bosques de la mirada, de Basilio Sánchez





Basilio Sánchez
Los bosques de la mirada. 
Poesía reunida (1984-2009)
Prólogo de Miguel Ángel Lama
Calambur Poesía, 116. 480 p.
ISBN: 978 84 8359 207-6. 25,00 €.

Cuadernos Hispanoamericanos,
N.º 736, octubre de 2011
Por Ada Salas

Poesía contemplativa, meditativa, la de Basilio Sánchez. Poesía serena. No. Ninguno de esos sintagmas aciertan –no son ciertos, por tanto, o tienden a la falsedad en tanto en cuanto las verdades a medias son, al cabo, mentiras– . Yerran en la medida en que no pasan de la cáscara, una cáscara un tanto coriácea por estar tramada y trabada por el poeta con un saber hacer del que resultan poemas dibujados con el detalle y la naturalidad del más elaborado trampantojo. Poemas-trampa: serenos son su música, el ritmo pausado y pautado de su discurso, la delicada selección y sucesión de las imágenes, tan poco
violentas, por elegir un adjetivo del todo ajeno, aparentemente al menos, al universo poético de Basilio Sánchez. Poemas escritos, parece ser,  desde el punto de vista del que contempla y da cuenta de lo que contempla, y con la voz lenta del que rumia la vida y lo vivido y medita sobre ellos. Serenidad, meditación, contemplación, ardides que el propio poema despliega para huir de sí mismo: una apariencia perfectamente equilibrada, consistente, reconocible, embridada, que acoge al lector como si quisiera engañarlo. Como si quisiera. Pero poco nos importa lo que quiera el poeta o lo que el poema parece querer, poco debe importarnos. 

viernes, 15 de julio de 2011

Reseña de Los bosques de la mirada (Poesía 1984-2009), de Basilio Sánchez, en la revista Turia

Revista Turia, n.º 99, junio-octubre de 2011

La experiencia de lo íntimo

Por Javier Lostalé

La lectura de la poesía reunida de un autor nos permite mantener con él un diálogo que va mucho más allá del encuentro fortuito, o buscado, con alguno de sus libros. Para ello es necesario que en ella exista una visión del mundo coherente, donde podamos cuestionarnos nuestra propia vida a través de iluminaciones o desvelamientos y avanzar en la aventura humana de conquistar territorios sólo alcanzables mediante el pensamiento poético, que encarna cuanto toca, y esas zonas de misterio derivadas de la tensión propia del proceso creativo. Visión coherente del mundo en toda su complejidad que posee la obra de Basilio Sánchez publicada entre 1984 y 2009 y recogida en un volumen publicado por la editorial Calambur bajo el título Los bosques de la mirada, donde se incluyen siete libros y una serie de poemas inéditos. Entre esos libros se encuentran títulos memorables como Los bosques interiores, la mirada apacible, Al final de la tarde, para guardar el sueño o Las estaciones lentas.

Naturaleza, memoria y palabra creadora se entretejen en la poesía del autor extremeño hasta alumbrar un ámbito interior donde constantemente se abren esas galerías con las que el sueño mina la realidad, y donde todo está dotado de una movilidad anímica que hace necesaria la protección de un suelo firme, de "una casa como metáfora de la poesía" a la que se refiere Miguel Ángel Lama en su esclarecedor texto introductorio. Casa, refugio y a la vez atalaya desde la que acoplar la mirada a un paisaje exterior transformado, como muy bien señala Ada Salas, en visiones. Lugar también donde protegerse del frío, "signo de lo que está falto de vida o que necesita el aliento de ella", en palabras de Lama.

Lo simbólico entraña toda la obra de Basilio Sánchez, como enseguida deducimos del título bajo el que se ampara, Los bosques de la mirada, representación —pensamos— de lo laberíntico, de la intersección del sueño y de las lianas de la memoria. La Naturaleza, su vegetación, la respiración de los animales y la rotación de los días y estaciones son la transubstanciación de la intimidad del ser humano: "He escuchado mi nombre en las inmensas / cavidades del aire. / Soy el árbol / que nace de su sombra, / el que florece / con las últimas luces del año del deseo, la conciencia también de la existencia de los otros (…) Veo el hilo de humo blanco de las lavanderías / y el carbón subterráneo, / a la mujer que cruza con su hijo el río de los lodos / y a los hombres que pasan por los desfiladeros / con sus sacos de hojas 7 en el amanecer de las hogueras". por eso a medida que avanzamos en la lectura sentimos en su intemperie el paso del tiempo: "El tiempo es un recinto asolado / por las murmuraciones de las aves (…) Se presiente la lluvia. En las ventanas / el paso de los años ha dejado fisuras, / recodos inquietantes, humedades azules, medimos en su temperatura lo eterno y lo efímero, habitamos un silencio germinador y lo que todavía no hemos llegado ser, e incorporamos a los ausentes, a los muertos, a nuestra propia vida, hasta el punto de que sean ellos los que recuerden (…) Muchas veces he cerrado los ojos / para que nuestros muertos, a través de nosotros, pudieran recordar".

La memoria tiene un carácter basal en la creación de Basilio Sánchez, pues fundamenta lo que Luis García Jambrina denomina "proceso reflexivo sobre la condición humana y sobre su precariedad", imbricándolo en el sueño y prestándole así un horizonte que va mucho más allá del recuerdo de lo vivido: "¿Beber de la memoria, apaciguar con ella tanta sed persistente? (…) la ceguera del hombre / en el que la mirada de los signos, / de los ojos del sueño, / de todo lo sagrado que hay en la memoria (…) En el fondo, quizás / un hombre es siempre una casa cerrada / y esa casa cerrada es su memoria".

Casa cerrada, lugar donde se engendra la palabra poética, tercero de los elementos, junto a la Naturaleza y la memoria, que son pilares de Los bosques de la mirada. No se trata de hacer una metapoética, sino de amanecer la vida mediante las palabras, de nombrar el latido de las cosas, de poseer lo que albergan de resurrección, de reconciliación y de curación, y de estar a través de ellas con el otro. para todo ello la casa deberá levantarse "sobre la roca dura de la pérdida, / sobre la perfección del sueño, / de todos los deseos insatisfechos". Y el que escribe deberá recluirse en el espacio más íntimo: "Me obstino en la palabra que se dice al oído, / que empaña los cristales, / que humedece los bordes de la página". Deberá asimismo ser consciente de su ignorancia: "Sé que lo que conozco / es sólo una comarca de lo que no conozco, / que todo lo que he escrito no es, al cabo, / más que un carro de bueyes transportando /de una página a otra, / por el camino ciego del asombro, de la perplejidad, / una misma pregunta, un expectante / e idéntico silencio (…) Lo preguntas ahora. / Un poema no es nada y, sin embargo, / quizás por un momento, / alguna vez consigue redimirnos / de nuestra originaria condición de exiliados". Igualmente sabrá que de tal modo la escritura grafía la existencia que la transpira "al derramarse, / sobre la noche del poema, la otra noche del mundo". Y que a su esencia corresponde la alteración del pulso del tiempo: "Allí, junto al laurel de las bodegas, /frente a los desconchados azules de los muros, / aquello que lo salva: la escritura / que en su despojamiento, en su deliberada lentitud, / su mano hace girar como una llave / para que en este instante, / muchos años después, en otro extremo ( de la misma ciudad, / la mesa de madera en la que escribo, / y en la que intuyo a veces un confuso / deseo de trascendencia, / pueda doblarse un poco por sus goznes, / comenzar a ceder". la casa de las palabras, su espíritu enhebrador de toda la existencia, se desmoronaría sin la presencia silenciosa (en toda la poesía de Basilio Sánchez escuchamos un silencio último) de la amada: "Mientras andas descalza por la casa / sin hacer ningún ruido, como el aire / que se enreda por la verja, yo me afano / en reparar golpes, / las manchas de humedad, los desconchados / de estas cuatro paredes que los poemas necesitan".

La lectura de Los bosques de la mirada al fundir el aliento primario de la Naturaleza con lo íntimo humano y una memoria próxima a la ensoñación, nos sitúa en un espacio simbólico y visionario revelador en toda su desnudez de la condición humana. Esto sólo es posible cuando existe un poeta con potente imaginación y gran capacidad para la creación de un universo, como es el caso de Basilio Sánchez. La publicación de su obra reunida nos enriquece a todos.

lunes, 30 de mayo de 2011

Feria del Libro de Madrid 2011. Caseta 83. Primer fin de semana

Calambur vuelve a tener caseta en la Feria del Libro de Madrid. La 83 (frente al Florida Park), unida a la 82 de Editorial Casariego, amigos más que colegas.

María Gil, Cecilia Quílez e Isabel Casariego

Cecilia Quílez

Cecilia Quílez y Javier Lostalé

Javier Villán y Basilio Sánchez

Javier Villán, Emilio Torné y Basilio Sánchez

martes, 10 de mayo de 2011

Entrevista a Basilio Sánchez, Premio Avuelapluma de las Letras

Avuelapluma.es, 9 de mayo de 2011

“Cáceres es la escenografía sobre la que se construyen mis poemas”
“Los extremeños, por ciertos complejos seculares, solemos infravalorar lo propio. Por eso el reconocimiento de los tuyos es el que más se aprecia”.

¿Cómo se define? ¿Quién es Basilio Sánchez?
Alguien lo bastante normal como para ser consciente de sus limitaciones, que además de escribir está convencido de que el mayor mérito de un poeta es no parecerlo.

¿Cuándo y cómo empezó escribir?
Tendría 23 o 24 años cuando, un poco por azar, empecé a entrever la existencia de ese universo espiritual que los grandes escritores, pero también los grandes músicos y los grandes pintores intentan descubrir. Intuí que además de la realidad cercana en la que movía existía también el mundo de la imaginación y de lo misterioso. Un universo que el poeta Adam Zagajewski identifica con el mundo palpable y visible en el que nos movemos, pero atravesado por las sombras, por lo inmaterial y lo secreto. No sabía de qué manera estaban interrelacionados ambos reinos, pero lo imaginaba (y así lo expresé en uno de mis primeros poemas) como una ciudad dentro de otra ciudad. Una ciudad pequeña, la de la poesía, en la que yo paseaba con mis cosas a la vez que me cruzaba, sin verlos y sin que me vieran, con los habitantes de esa otra ciudad de lo real en la que vivían mis familiares, mis amigos y en la que yo mismo me preparaba las oposiciones a la especialidad o realizaba mis primeras sustituciones en los ambulatorios.

¿De qué obra de su carrera se siente más orgulloso?
Quizás de mi último volumen, Los bosques de la mirada, que recoge mi poesía escrita entre 1984 y 2009. Me siento relativamente satisfecho de cómo envejece esta en el tiempo y de cómo, con sus limitaciones y defectos, ha conseguido mantener su coherencia.

¿Qué retos le quedan por conseguir?
Uno intenta, antes que nada, ser feliz. Y en mi caso esta aspiración pasa necesariamente por la escritura y por su capacidad para intensificar la propia existencia, volverla hospitalaria. Más que un reto, me contentaría con poder seguir participando de lo que la poesía nos proporciona.

Avuelapluma le concede el premio de letras, ¿qué se siente al ser profeta en su tierra?
Los extremeños, por ciertos complejos seculares, solemos infravalorar lo propio. Por eso el reconocimiento de los tuyos es el que más se aprecia.

¿Qué le ha aportado Cáceres a su forma de escribir?
Mi escritura tiene mucho que ver con mi propia experiencia, y el mundo en el que vivo, enclavado todavía en la quietud del paisaje, es la escenografía sobre la que se construyen mis poemas. Me siento orgulloso de mi ciudad y de poder vivir en ella desarrollando mi profesión y mi actividad literaria. Aunque solo en algunos de los poemas aparece de forma explícita, es en este entorno en el que se surgen las palabras y su impronta es rastreable en todo lo que escribo.

El Premio Avuelapluma de las Letras lo tienen Sánchez Adaliz o Gonzalo Hidalgo Bayal, ¿qué le dicen estos nombres?
A los dos los conozco, aunque tengo una relación más cercana y afectiva con Gonzalo por cuestiones de afinidad literaria y amistad personal. Ambos, en sus estilos respectivos y escribiendo para lectores diferentes, son dos escritores magníficos de los que nos podemos sentir orgullosos. En una edición anterior de los premios Avuelapluma, fui el encargado de entregárselo a Sánchez Adalid; ahora lo recibo yo de manos de Gonzalo Hidalgo Bayal. La poesía, una vez más, como una cuña en medio de la prosa. Buscándose su sitio.

miércoles, 13 de abril de 2011

Reseña de Los bosques de la mirada (Poesía 1984-2009), de Basilio Sánchez, en Cuadernos del Sur (Diario de Córdoba)

Cuadernos del Sur (Diario de Córdoba), 9 de abril de 2011

Los ángulos del río
Calambur edita la obra completa de Basilio Sánchez

Por Alejandro López Andrada

Como el agua que fluye y se desliza
entre las sombras de un bosque
frondoso camino del silencio,
llevando encima el peso de la luz, es
la poesía de Basilio Sánchez. Toda su
obra lírica es el viaje de un hermoso río
de palabras sustanciosas hacia el centro
sublime de la serenidad. La poesía de este
autor tiene ángulos sublimes (serenidad,
misterio, emoción, ternura...) que la
reconocen y, al mismo tiempo, la distinguen
de la de otros autores de su generación.
No hay muchas voces poéticas tan
firmes como la de este poeta cacereño
dentro de un panorama nacional donde
con tanta frecuencia se confunden, deliberadamente
muchas veces, las verdaderas
voces con los ecos. Más de una vez los
poetas necesarios, como es el caso de Basilio
Sánchez, no son tratados como se
merecen y sus poemarios, de gran altura
lírica, suelen pasar casi desapercibidos,
cubiertos por la hojarasca insoportable
de otros poemarios anémicos y plomizos
que son valorados, no obstante, por la
crítica como obras poéticas de un altísimo
valor.

Nacido en Cáceres en 1958, Basilio Sánchez
comenzó a publicar muy joven,
cuando obtuvo un accésit del Premio
Adonais con su libro A este lado del alba
(1984); sin embargo, fue a raíz de la publicación
de su siguiente título, Los bosques
interiores (1993), cuando en su voz
poética confluyen una serie de cualidades
literarias de un gran calado misterioso
y mágico, donde la seducción de
la palabra se une a la atmósfera limpia
del poema y a una musicalidad suave,
precisa, que aletea y se adentra en el alma
del lector: “Por la tarde, / mientras
la cera arde detrás de las ventanas, /
mientras mueven los labios / sin poder
comprender tanto silencio” (pág. 55).
Todas las cualidades mencionadas se
van adensando y concentrando aún
más en el siguiente poemario de Basilio,
La mirada apacible (1996), libro de
una armonía seductora, dividido en
cinco partes, en el que destacan poemas
inolvidables y fragmentos bellísimos,
de una gran plasticidad: “La luz
bajo los árboles, aún tibia / como el pecho
de un pájaro en el límite / de su
propia existencia” (pág. 119). Luego de
este libro de versos tan armónico, el singularísimo
vate cacereño dio a la luz
uno de sus poemarios más serenos, Al final
de la tarde (1998), donde el lirismo
aún se hace más sagrado, más esencial,
íntimo y gozoso, donde, como bien
apunta el prologuista
de esta obra —Miguel
Ángel Lama— se hacen
más visibles los símbolos
de la poesía de
Basilio como son, sin
duda, la casa, el árbol
y el jardín. A partir de
este libro, el vate cacereño
consolida su voz
madura, misteriosa, y publica de nuevo
otro poemario imprescindible, Al final
de la tarde (1998), en el que destacan
poemas inolvidables como los titulados
La casa junto al río y Jardín contiguo,
donde se repiten las obsesiones líricas,
simbólicas, que identifican tanto su
poesía y a ésta le imprimen su tono singular.

Dos años más tarde, el poeta cacereño
da a la luz uno de sus libros más enjundiosos
y míticos, El cielo de las cosas, una
especie de itinerario emocionado y espiritual
donde su voz va ascendiendo, en
un viaje panteísta, casi místico, hacia
una cumbre simbólica, un castillo físico,
la morada del alma donde el poeta:
“Mira a su alrededor: aunque no hay
nadie, le estaban esperando… Hace ya
mucho tiempo, llegaron como él y ahora
le miran. A ellos se dirige. Sabe que
ya ha encontrado la manera de hablarles”.
Hermosos y reflexivos, a la vez que
emocionados, poemas en prosa componen
este libro mágico y genuino de 23
estancias, esencial en la obra de Basilio
Sánchez, donde el escritor roza la luz
de la perfección. En él se mezclan los
pájaros y las nubes, los caminos y las
puertas, la lluvia y los arroyos conformando
un mapa trazado por el don de
la clarividencia y la esencialidad.
Finalmente, llegamos a los tres poemarios
más maduros y selectos, diremos
que imprescindibles, del autor cacereño;
estos son, por orden: Para guardar
el sueño (2003), Entre una sombra y otra
(2006) y Las estaciones lentas (2008), tres
obras cargadas de una sutil serenidad y
de un resplandor poético que sana y cura
la herida del vértigo del tiempo, la
desgarradora estela del dolor que deja
en la sangre el aura de las perdidas, la
huella febril de lo que ya no volverá:
“Luego, nuestras palabras / y el arroz de
las nubes sobre los escalones / en el oscuro
umbral de las iglesias, / la nieve
que un día vimos / caer toda la tarde /
sobre las amapolas que habrían de protegernos”
(pág. 422), fragmento de un
poema perteneciente a su libro Las estaciones
lentas, publicado, como sus dos
anteriores, en la prestigiosa editorial Visor.
En este sentido, no acertamos a
comprender como una voz tan seductora
y limpia, una de las más hondas del
panorama nacional, no sea mucho más
conocida, y reconocida por un amplio
público lector, pues estamos, sin duda,
ante un poeta imprescindible, de la estirpe
mágica de Antonio Gamoneda, a
quien se le asemeja, curiosamente, en
el tono envolvente de su discurso lírico
y en la seducción de su universo irracional,
cargado de símbolos espirituales e
imágenes límpidas que invocan la emoción.
Esperemos que ahora con esta
hermosísima edición de toda su obra
reunida en Calambur se valore por fin
la poesía imprescindible de Basilio Sánchez,
una voz serena y cálida que sobresale
por su singularidad.



miércoles, 16 de febrero de 2011

Presentación en Badajoz de Los bosques de la mirada, de Basilio Sánchez

Miércoles 16 de febrero de 2011, 20 h.

MEIAC (Museo Extremeño e Iberoamericano de Arte Contemporáneo)
C/ Virgen de Guadalupe, 7
06003 Badajoz

El autor, Basilio Sánchez, estará acompañado por Luis Sáez (director de la Editora Regional de Extremadura) y por Eduardo Achótegui.

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Basilio Sánchez
Los bosques de la mirada
(Poesía reunida 1984-2009)
Calambur Poesía, 116
ISBN: 9788483592076
480 págs. 2010
PVP: 25 €



Basilio Sánchez (Cáceres, 1958) surgió en el panorama poético con la publicación de A este lado del alba (1984), como accésit del Premio Adonais. Hasta casi diez años después no apareció el segundo, Los bosques interiores (1993), que el poeta reeditó revisado en 2002 y al que seguiríanLa mirada apacible (1996), Al final de la tarde(1998) —publicado por Calambur— El cielo de las cosas (2000), Para guardar el sueño (2003),Entre una sombra y otra (2006) y Las estaciones lentas (2008). Ha publicado también el libro de relatos El cuenco de la mano (2007). En 2007 recibió el Premio Extremadura a la Creación por su libro Entre una sombra y otra.

Los bosques de la mirada (Poesía reunida 1984-2009) recoge toda la obra poética de Basilio Sánchez, con la excepción de su primer libro, ya que el poeta ha reconocido su voz y su mundo más personales a partir de la segunda de sus obras. Este volumen contiene, pues, veinticinco años de escritura y se cierra con algunas muestras hasta el momento inéditas del presente creativo del autor. La poesía de Basilio Sánchez, avalada por algunos premios importantes, ha sido destacada por la crítica como una de las más sugerentes expresiones de poesía meditativa contemporánea, que no se queda en una contemplación ensimismada como punto de partida y de llegada, sino que muestra —sobre todo en sus últimos libros— su vocación de conquista moral en un mundo en el que los pilares éticos se ven agredidos. El lector de Los bosques de la mirada —título que recoge dos motivos simbólicos muy importantes en la poesía de Basilio Sánchez— podrá apreciar en este volumen esa fidelidad de tono que ha hecho de la escritura de este autor un lugar apacible.

"Basilio Sánchez utiliza la palabra poética para metamorfosear la realidad y, al hacerlo, enriquecerla o desen trañarla".
Antonio Colinas, sobre La mirada apacible, 1996

"He aquí la expresión de un universo breve, cuya pureza es un aceite con que aliviar las rozaduras de la existencia".
Ángel L. Prieto de Paula, Babelia, El País, 7-08-2004

"Sus poemas construyen la figura de quien vive en ellos, las cosas de su entorno, y la trama de este conjunto funciona como honda manera de pensar".
Miguel Casado, ABC Cultural, 3-09-1998

"Lenguaje poético claro, elemental y natural, pero bajo su misteriosa transparencia, late una honda reflexión sobre la condición humana y sobre la precariedad de la existencia, siempre necesitada de refugio".
Luis García Jambrina, ABC Cultural, 26-06-2004

"Su poética acoge una de las dicciones más intensas de la poesía española contemporánea, configurada en una obra que no responde tanto a una deliberación literaria como a un estrecho acompasamiento entre existencia y poesía".
T. Sánchez Santiago, Árrago, Diario Hoy, 28-03-2001

"Escritura de lo doble o doble escritura, por medio de la cual vida y escritura se anudan, se corresponden".
Túa Blesa. El Cultural, 25-05-2006

"Exacto sin hipérbole, metafórico sin desafuero, habla a media voz, a veces casi susurra, convencido de que el exceso en el decir perjudica la verosimilitud de lo dicho".
Eduardo Moga, Turia, n.º 88, 2009

lunes, 7 de febrero de 2011

Presentación en Madrid de Los bosques de la mirada (Poesía 1984-2009), de Basilio Sánchez

LA EDITORIAL CALAMBUR
tiene el gusto de invitarle a la presentación del libro
Los bosques de la mirada
(Poesía 1984-2009)
de Basilio Sánchez

Intervendrán, además del autor:
Ada Salas, poeta
Emilio Torné, editor

Viernes, 11 de febrero de 2011, a las 20,00 h.

Librería-café LA MARABUNTA
c/ Torrecilla del Leal, 32 (esq. c/ Buenavista)
28012 MADRID
Lavapiés





jueves, 3 de febrero de 2011

Revista Leer: Reseña de Los bosques de la mirada (Poesía 1984-2009), de Basilio Sánchez, y de Ocupación de la ciudad prohibida, de Jorge Urrutia

Revista Leer, n.º 219, febrero de 2011

Flechas de Calambur

Por Agustín Delgado

La editorial Calambur, vocacionada desde siempre preferentemente hacia la poesía, ha dado en los últimos tiempos muestras de gran vitalidad y en cierto de un salto hacia delante nutriendo su catálogo con iniciativas múltiples: la presentación de autores como José María Millares Sall, Antonio Pereira, Crémer, etcétera; la publicación de antologías muy novedosas y sólidas (para celebrar el número 100 de la colección ahí está Las moradas del verbo. Poetas españoles de la democracia, que fue elaborada y prologada por el catedrático Ángel L. Prieto de Paula) y la edición de poemarios de la más fresca y atractiva "contemporaneidad", y que han obtenido el reconocimiento de los expertos en poesía y el favor de los lectores. Para muestra, el que de algún modo fue aguja de proa de este nuevo hacer, incluso en su atractiva artegráfica: La casa roja, de Juan Carlos Mestre, Premio Nacional de Poesía.

Ejemplo de esta última tendencia de la editorial lo constituye el poemario Ocupación de la ciudad prohibida. Contrariamente a la mayor parte de los poetas de la Generación del 68 español del pasado siglo, Jorge Urrutia (Madrid, 1945) ha sido uno de los primeros introductores de la reflexión semiótica en España y, con esa visión, ha llevado a cabo ya desde joven estudios no únicamente sobre textos literarios, sino también sobre cine, teatro y cultura. Catedrático de universidad (actualmente en la Universidad Carlos III de Madrid, donde dirige el Máster de Herencia Cultural), tiene en su bagaje curricular académico amplia cosecha en edición de clásicos, y es autor de una importante antología de poesía española del siglo XIX precedida de un amplísimo estudio. Y también fue director académico del Instituto Cervantes de 2004 a 2009.

Esa dedicación suya a la reflexión semiótica no en vano se ha ido proyectando en su obra poética, y ya aparece en poemarios tales como El grado fiero de la escritura, de 1977. Pero tomará carta de naturaleza a través de un nuevo simbolismo que inicia en 1991 con Invención del enigma y continúa en Cabeza de lobo para un pasavante (1996), Una pronunciación desconocida (2001) y El mar o la impostura (2004).

Y es precisamente en la editorial Calambur donde ahora se ofrece al lector ocupación de la ciudad prohibida, el último adentramiento en el misterio del símbolo iniciado en libros anteriores de Jorge Urrutia.

Tal como con muy atinada apreciación se escribe en la contrasolapa, "la trabazón orgánica del libro, dividido en siete 'Tramos', marca los pasos del itinerario poético y f¡deriva de un ritmo conceptual que liga, ordena y dota significado como invisible hilo rojo del viaje hacia el núcleo de un simbolismo interior impreso gracias a la transustanciación de la experiencia".

Ocupación de la ciudad prohibida recoge textos fechados entre los años 2004 y 2008, y lleva en su frontispicio una frase aforística de E. M. Cioran que no deja lugar a dudas, pues se instala en el más allá de la certeza: "¿Qué sentido tiene escribir para decir?". Jorge urrutia arranca su primer tramo, su 'Poética I', con el texto "Previsión de los orígenes": "El mundo siempre acoge y ofrece su vacío. Aquello es un lugar para la vida. Como Guillermo Owen lo escribiera: Y acaso estás aquí, de pronto inmóvil,/ tierra que me acogió de noche náufrago/ y que al alba descubre isla desierta y árida".

En la vertiente de publicaciones antológicas Calambur ofrece asimismo Los bosques de la mirada. Poesía reunida (1984-2009) (título que recoge por cierto los motivos simbólicos muy importantes de la poesía de su autor), volumen que es compendio de toda la obra poética de Basilio Sánchez (Cáceres, 1958), veinticinco años de escritura del poeta extremeño. la poesía de Basilio Sánchez ha sido destacada como una de las más sugerentes expresiones de poesía meditativa contemporánea, que no se queda en una contemplación ensimismada como punto de partida y de llegada, sino que muestra —sobre todo en sus últimos libros— su vocación de conquista moral en un mundo en el que los pilares éticos se ven agredidos. "Lenguaje poético claro, elemental y natural, pero bajo su misteriosa transparencia, late una honda reflexión sobre la condición humana y sobre la precariedad de la existencia, siempre necesitada de refugio", como lo calificara Luis García Jambrina.


lunes, 24 de enero de 2011

Reseña de Los bosques de la mirada (Poesía 1984-2009), de Basilio Sánchez, en el diario Hoy


Diario Hoy, 23 de enero de 2011


La poesía subversiva de Basilio sánchez


Por Irene Sánchez Carrión


El martes pasado, como ya anunciaba Álvaro Valverde en su blog, no fue un día cualquiera para los lectores de poesía. Por la tarde se presentaba en la biblioteca pública de Cáceres la poesía reunida de Basilio Sánchez, todo un acontecimiento editorial que pone a nuestro alcance, en un solo volumen de algo menos de quinientas páginas, la producción del poeta cacereño entre los años 1984 y 2009. Los lectores que hemos tratado de localizar, a veces con dificultad, las ediciones de sus libros a lo largo de estos 25 años celebramos como una gran noticia la recopilación de una obra de una calidad incuestionable.

Tan solo lamento que el autor, por razones de estricto carácter personal, haya decidido no rescatar su primer libro, A este lado del alba, que fue merecedor de un accésit del premio Adonáis en 1983. En su decisión han pesado motivos estéticos. Explicaba el poeta en la presentación que en esa primera obra todavía no había encontrado su voz personal y que por ello no se reconocía en aquellos textos. Ciertamente se trata de un poemario de juventud distinto al resto, pero lo considero de mucho interés puesto que ya contiene algunas de las claves de su producción posterior.
De las múltiples voces que habitan al ser humano y de los múltiples registros que un autor puede utilizar para dirigirse a sus lectores, Basilio Sánchez ha elegido uno de los más elegantes y a la vez más cercanos. Como explicaba Álvaro Valverde en la presentación del acto, estamos ante la voz de la confidencia, deudora de la mejor tradición española y europea, desde Manrique a Cernuda. Se trata de una voz que produce en el lector el efecto de estar compartiendo el hilo de los pensamientos del que escribe, sin imposturas, sin fuegos de artificio y sin estridencias.
Es la poesía de Basilio Sánchez un goce para la vista y para el pensamiento. El título de esta recopilación, Los bosques de la mirada, refleja con gran acierto la doble vertiente de la obra del poeta, la del entramado del pensamiento y la de la contemplación del mundo que nos rodea. Porque no busca su mirada mundos exóticos o alejados, ya que espacio y tiempo son variables que poco afectan a quien tiene la capacidad de observar atentamente y de reflexionar con inteligencia. Esta falta de referencia temporal y espacial ha facilitado la recepción de los textos y ha convocado a lectores de distintas generaciones y de gustos diversos en torno a unos versos construidos para ser habitados.
Quien decida adentrarse en Los bosques de la mirada pronto aceptará el código metafórico que le plantea el autor. En la introducción del libro el profesor Miguel Ángel Lama explica la utilización de una red de elementos simbólicos de la cual podríamos situar la casa como representación de la propia escritura. Se trata de una visión del quehacer poético como un lugar donde ponerse a salvo del dolor que irremediablemente trae la vida. En este sentido, la obra de Basilio Sánchez rezuma humanismo, entendido como la presentación de un ser humano formado que intenta vivir en armonía con el espacio que habita, ya sea rural o urbano, y que no persigue la exhibición de sus experiencias en el poema, como sí sucede en otras corrientes estéticas de la misma época. De esta manera, tenemos la sensación de que el hombre, la naturaleza y los objetos conviven de forma equilibrada y comparten protagonismo en cada texto.
Por todo lo dicho, considero que, para los que habitamos el primer mundo en estos inicios del siglo XXI, pocas lecturas pueden resultar tan subversivas como la poesía de Basilio Sánchez. ¿O acaso no es subversivo alguien que nos invita a pararnos a contemplar el oro de las flores, las raíces del agua o la sorpresa de la luz sobre las cosas? La voz del poeta nos lleva por las estribaciones de una tarde cualquiera y consigue que nos estremezca el roce de los párpados o el balbuceo lento de la lluvia. Sin duda, en los tiempos que vivimos, alguien que propone la lentitud o la machadiana ligereza de equipaje frente a la vorágine y el exceso de todo consigue que nos cuestionemos la realidad en la que estamos inmersos.
Precisamente por el hecho de plantear esta otra manera de estar en el mundo, que implica un fuerte compromiso ético, la poesía de Basilio Sánchez se inscribe en la línea intelectual más posmoderna de desconfianza en el supuesto progreso de la modernidad y de nostalgia del tiempo en que el hombre vivía en comunión con la naturaleza. De ahí que en sus versos asome muchas veces el rostro de alguien solitario, con el que es fácil identificarse, que recorre asombrado los espacios naturales o que, de pronto, aparece extraviado en una calle de una ciudad cualquiera y asume la incertidumbre como método de conocimiento.
Si entendemos que algo es subversivo cuando cuestiona nuestro modo de vida o nuestras convicciones, la poesía de Basilio Sánchez puede calificarse como tal. Sumérjanse en cualquiera de los montones de exceso de nuestro primer mundo en crisis y escuchen el ruido ensordecedor que nos rodea; después prueben a observar detenidamente el agua, una rama, un pétalo, o acérquense a Los bosques de la mirada, que casi es lo mismo. Comprenderán el carácter rebelde de estos pequeños gestos.