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domingo, 25 de septiembre de 2011

LA FLOR DEL NORTE, de Espido Freire


La novelista española Espido Freire nos trae la historia de la princesa Kristina de Noruega, convertida en Infanta de Castilla "gracias" a su matrimonio con Felipe, hermano del rey Alfonso X El Sabio. Y entrecomillo "gracias" porque realmente ella no amaba a ese hombre, sino que tuvo que desposarle a la fuerza, debido más a intereses políticos de la época. 

Freire comienza esta novela histórica, fácil de leer, haciendo un repaso por la vida de los familiares de Kristina. El inicio me resultó denso y carente de interés, puesto que, sinceramente, la familia real noruega del siglo XIII no me importa mucho y al principio, más que una novela histórica, tenía la impresión de estar leyendo una obra de Historia novelada. Pero después da un giro de 360º, cuando la obligan a hacer un largo viaje desde las tierras noruegas hasta Castilla para elegir un esposo entre los hermanos del rey, ella elige al más guapo de entre ellos e intenta quererle, a pesar de que su matrimonio fue desdichado.

Freire comienza a penetrar entonces en el perfil psicológico de la princesa, llegando a conocer su carácter y su desgracia. La desgracia de esta flor del norte a la que terminaron llamando "La pobre Doña Cristina", de la que poco sabíamos, que ha quedado relegada al olvido de la Historia española, a pesar de que en Covarrubias, en la provincia de Burgos, una estatua suya nos informaba de su existencia, y su sepulcro se encuentra en la Colegiata de San Cosme y San Damián de dicha localidad burgalesa, y cuenta la leyenda que las doncellas solteras que quieran encontrar el amor tienen que acudir hasta allí y Kristina les ayudará a encontrar un amor más dichoso del que ella tuvo en su vida. 

Al final descubres que no era ingenua, que no era tan sumisa y que, a pesar de verse denigrada a lo recio del carácter castellano, gozaba de una gran inteligencia y era toda una heroína del siglo XIII, que dicen que murió de melancolía, de melancolía de su tierra norteña, que murió porque no supo aprender a vivir con el calor de Sevilla, donde fijó su residencia con el Infante Felipe, pero Espido Freire da una vuelta de tuerca a ese final y saca a la imagen más ficticia y mágica para regalarnos una novela que merece la pena leer. 

La novela tiene un increíble crescendo, va de menos a más de forma fulgurante, tanto que termina dejando un buen sabor de boca en el lector, que termina por comprender, admirar y compadecerse de estar mujer esclava de su destino.