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viernes, 16 de agosto de 2013

LOS AMANTES PASAJEROS, de Pedro Almodóvar


Ha sido la película que más he deseado ver desde que estoy en Bolivia. Se estrenó en España en el mes de marzo, pero aquí todavía no ha llegado a las salas. Sin embargo, el otro día, por casualidad, la encontré en DVD en un puestecito y no dudé en comprármela por cinco bolivianos (algo más de cincuenta céntimos). Un día, si queréis, os cuento cómo funciona el mercado de DVDs en Bolivia. 

Ya sabía que no me iba a encontrar al mejor Almodóvar. No había querido leer demasiadas reseñas sobre esta película, pero los comentarios que me llegaban no eran demasiado alentadores. Debo decir, efectivamente, que está lejos de las obras maestras y maravillosas películas que lleva haciendo durante más de una década. Desde Todo sobre mi madre hasta La piel que habito, Almodóvar ha demostrado que es el mejor creador español en activo, tanto por sus guiones, como por su dirección de actores como por la belleza visual que hay en cada uno de sus filmes. Y Los amantes pasajeros está muy, muy lejos de esa calidad.

Nos cuenta la historia de un trayecto en avión desde España hasta México, truncado por una avería en uno de los trenes de aterrizaje (a modo de anécdota, os diré que cuando yo volvía de México hubo una avería en uno de los trenes de aterrizaje y que, por suerte, no tuvimos que hacer un aterrizaje de emergencia). Una película coral en la que cuenta las pequeñas miserias de los pasajeros: uno de los azafatos tiene un lío con el piloto, que está casado y tiene dos hijos; una de las pasajeras, con poderes para ver el futuro, es virgen y presiente que va a perder la virginidad durante el vuelo; el estafador de un banco huyendo después de haber arruinado a muchas familias; una conocida sodomizadora que revela sin pudor el nombre de sus clientes, y un sinfín de historias breves para las que Almodóvar ha contado con todos sus intérpretes fetiches: Cecilia Roth, Jávier Cámara, Lola Dueñas y hasta Antonio Banderas y Penélope Cruz tienen una breve aparición al comienzo. El reparto lo completan Carlos Areces, Raúl Arévalo, Antonio de la Torre, Hugo Silva, Guillermo Toledo, Miguel Ángel Silvestre, Blanca Suárez, Paz Vega y Carmen Machi, entre otros. Todos son pequeños papeles sin demasiado margen de actuación, pero entre los que más brillan quiero destacar al trío de azafatos (Cámara, Arévalo y Areces) que nos regalan una actuación musical de I'm so excited, que forma parte ya de los momentos históricos del cine español; y también destacar a Lola Dueñas, tan efectiva como siempre.

Los amantes pasajeros es una película cómica y disparatada que me ha hecho reír, lo que era, sin duda, el propósito del manchego, aunque queda lejos de sus mejores comedias como Mujeres al borde de un ataque de nervios, que cada vez que la veo me hace mearme de la risa. Y aunque en tono de humor, Almodóvar hace un retrato fiel de la putrefacta sociedad española, con sus perversiones, sus estafadores inmunes a la justicia o sus aeropuertos fantasma. 

Lejos de sus obras maestras, creo que Los amantes pasajeros constituye el balón de oxígeno que Pedro Almodóvar necesitaba antes de entrar en la que será su última gran etapa creadora. Es una película divertida, sin pretensiones, de la muchos dirán que no merece su firma, pero, ante todo, es la película que él quería hacer, y dada su trayectoria, puede permitirse tales licencias. Por eso la recomiendo, a pesar de todo, porque es una alegría siempre poder reírse durante un rato, sin cuestionarse nada después, buscando solamente la risa gratuita, obscena y disparatada.

martes, 13 de septiembre de 2011

Obras maestras #3#: TODO SOBRE MI MADRE, de Pedro Almodóvar


Para escribir esta entrada en CAJÓN DE HISTORIAS, he visto, por tercera vez, esta película, que supuso un antes y un después en la filmografía de Pedro Alomodóvar. Y he redescubierto matices de esta obra maestra del cine universal. 

Todo sobre mi madre comienza cuando Esteban (Eloy Azorín) fallece el día de su cumpleaños, intentando conseguir un autógrafo de Huma Rojo, su actriz favorita (Marisa Paredes). Tras ese fatídico suceso, su madre, Manuela (Cecilia Roth), iniciará un viaje que le llevará a Barcelona, una ciudad que dejó atrás cuando se quedó embarazada de Lola, un travesti (Toni Cantó), pero a la que regresa para enfrentarse con su pasado, para teñir su presente de nuevos colores y para asumir con firmeza su futuro. Un viaje en el que se reencontrará con Agrado (Antonia San Juan) y en el conocerá y entablará una estrecha relación con la hermana Rosa (Penélope Cruz).

La película es un drama lleno de luz, de color, en el que el dolor está presente de principio a fin, pero canalizado mediante las pequeñas risas cotidianas, mediante los abrazos de amigas del pasado, canalizado con besos sonoros y lágrimas, mitad dulces, mitad amargas, que nos muestran lo perra que es la vida. Todo un espectáculo cinematográfico, con un guión sublime que impide apartar los ojos, con la sensibilidad a flor de piel, en el que todas las mujeres de esta historia están naturales y espléndidas, desde Cecilia Roth, en el mejor papel de su carrera. Ella representa la vida, la fuerza y la superación en una película en la que el dolor no deja de estar presente. Ella tiene todo el peso del film, pero no hubiera hecho una interpretación tan grande si no fuera por el magnífico apoyo del resto del reparto.

Marisa Paredes, en otro papel de gran dama, de hierro por fuera y rota por dentro, increíble. Penélope Cruz, que se ve tan joven, tan inocente, demuestra ya su conexión con el maestro Almodóvar, que sabe sacar lo mejor de ella. Penélope que tiene un papel pequeño, pero cargado de ingenuidad y de drama y de brillantez. Está espléndida. Y Antonia San Juan, fantástica en el extremismo, en lo radical, rozando lo absurdo y despertando risas incontenibles y sanas. Tras ellas, Candela Peña, que interpreta a la amante drogadicta de Huma Rojo, un papel que le viene como anillo al dedo, brusca. Peña obtuvo una nominación al Goya, pero no logro entender por qué Marisa Paredes y Penélope Cruz, mucho más brillantes en este film, no consiguieron optar a ese premio que merecían con creces. Los académicos, ya saben ustedes...

En definitiva, una película imprescindible, una obra maestra de Almodóvar, un drama contado con una lucidez y un pulso firme, con un ritmo adecuado y una luz, y una música, y una fotografía que no hacen más que engrandecer la historia de esta madre rota por la vida, de esta madre que consiguió lamerse las heridas sin dejar de ver nunca las cicatrices pegadas a su piel. Un drama en estado puro que se te mete en el alma, que te toca el corazón y lo pellizca. Una auténtica maravilla.