Doppelgänger es una voz alemana que se utiliza para designar al doble de una persona. Mucho se ha escrito en literatura sobre la figura del doble (los editores de este libro hacen un recorrido sumario apuntando algunos ejemplos en la introducción por lo que no voy a volver a repetir lo que allí se dice). Pero también en cine, pintura y, prácticamente, en cualquier arte, así como en otras disciplinas como la psicología o la sociología el doble se ha manifestado de una u otra forma. Y eso es lo que ocurre en esta colección de relatos donde ocho autores, que son diez, plasman su particular visión sobre el "otro".
Y digo que son diez porque aparte de ocho cuentos, tenemos un bonus track en forma de cómic de la mano de Álvaro Ortiz, y la ilustración de la portada (más el Doppelgänger recortable) corre a cargo de la ilustradora Arantxa Recio.
Por el libro pululan, pues, diferentes dobles entre los que destacan Koen de Knoop, que tiene el mismo nombre que su hermano fallecido. El cuento, que se titula El nudo de Koen y lo firma Sergi Bellver, tiene un gran final. En Doctor X, Juan Carlos Márquez rinde homenaje a la película de culto Invasion of the body snatchers. La espina de pescado, de Francisco Nixon, es también un gran cuento, aunque con algo de trampa ya que utiliza el doble de manera metaliteraria, aunque es otra forma totalmente válida de abordarlo.
Completan la colección la escritura alienada de el/los protagonistas de Prólogo a centauros extirpados de Rubén Martín Giráldez; el niño que se inventa a un amigo invisible en Interferencias de Brian McCabe; el muy interesante juego de personajes-personas de Javier Moreno en Una idea moderna; El doble como elemento de un yo reconstruido en Quartet, el relato de Miguel Ángel Ortiz Albero; y el relato circular de los gemelos de Media res de Miguel Serrano Larraz.
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miércoles, 2 de noviembre de 2011
viernes, 21 de octubre de 2011
Mi madre es un pez - Varios autores (Edición: Sergi Bellver y Juan Soto Ivars)
En una antología donde se dan cita 33 escritores y cuyo único nexo es la temática (inabarcable e infinita) de la familia lo lógico es que haya una gran disparidad de calidad. Si a ello le sumamos la combinación de autores consagrados con otros prácticamente inéditos, las diferencias se acentúan más. No por la mala calidad de los noveles, sino por la demostrada solvencia de los veteranos. En este sentido estoy bastante de acuerdo con el crítico Ricardo Senabre que destaca dos autores por encima del resto: Jon Bilbao y Mercedes Cebrián. (Podéis leer la crítica aquí). El cuento del primero se centra en una historia sencilla y aparentemente idílica para mostrarnos finalmente la cara menos amable. En cuanto al segundo, muy en su línea, Cebrián construye un relato lleno de ironía y con una fuerte crítica al consumismo (leed su impagable Cul-de-sac).
Otros relatos a destacar: el de Berta Marsé, que se nota demasiado que es por encargo y sin embargo es un buen relato que funciona; el de Fernando Clemot, sobre una pareja rota que guardan las apariencias; o el relato de terror de Jordi Soler. Esto en cuanto a los autores más conocidos.
Entre los autores desconocidos, al menos para mí, destacaría el cuento de Sergio Lifante sobre una familia virtual; o el de Andrea Jeftanovic, que en una temática muy cercana a Zambra o Pron en sus últimas obras habla de los hijos de las dictaduras sudamericanas.
Este me parece el mayor acierto de los antólogos: el darnos a conocer nuevas voces, en intentar vislumbrar el posible camino que tomarán las letras en lengua española en un futuro. Otra cosa es que luego realmente sea así. Solo el tiempo lo dirá.
Otros relatos a destacar: el de Berta Marsé, que se nota demasiado que es por encargo y sin embargo es un buen relato que funciona; el de Fernando Clemot, sobre una pareja rota que guardan las apariencias; o el relato de terror de Jordi Soler. Esto en cuanto a los autores más conocidos.
Entre los autores desconocidos, al menos para mí, destacaría el cuento de Sergio Lifante sobre una familia virtual; o el de Andrea Jeftanovic, que en una temática muy cercana a Zambra o Pron en sus últimas obras habla de los hijos de las dictaduras sudamericanas.
Este me parece el mayor acierto de los antólogos: el darnos a conocer nuevas voces, en intentar vislumbrar el posible camino que tomarán las letras en lengua española en un futuro. Otra cosa es que luego realmente sea así. Solo el tiempo lo dirá.
lunes, 10 de octubre de 2011
Rusia Imaginada - Varios Autores (Edición: Care Santos)
Creo que hay varias razones para hacerse con este libro. La primera es por el propio país, por Rusia. Gran parte de los amantes de la literatura hemos crecido literariamente hablando leyendo a los clásicos del siglo XIX de aquel país que estaba tan lejos y estaba siempre nevado. Nos familiarizamos con palabras como samovar o dacha y estuvimos muy atentos para no perdernos con los nombres de los personajes que aparecían hasta de tres formas diferentes en apenas dos páginas.
La segunda razón por la que hay que hacerse con este libro es por la edición. En estos tiempos que corren en los que los más optimistas dan quince años (por poner una fecha) más de vida al libro en papel, editoriales independientes como Impedimenta, Contraseña o la propia Nevsky están realizando una labor encomiable para darle al libro el valor que se merece; el libro como objeto, como placer estético, como arte. En plena revolución digital, los grandes grupos editoriales, salvo honrosas excepciones, cada vez se preocupan menos por la labor editorial y se les ven muy dispuestos a entrar de lleno en el mundo de los ebooks, cosa que me parece legítima. De hecho, puede que para su mercado, ese sea el formato idóneo. En cualquier caso, es un tema largamente discutido que aquí no tiene cabida.
La tercera razón por la que se tienen que hacer con este libro es la más importante, por el contenido. Por los cuentos. Diez eran diez los cuentistas, que en realidad son once si contamos, y hay que hacerlo, el epílogo de Care Santos. La calidad media de las narraciones es bastante aceptable, sin embargo hay un par de cuentos que superan con creces la media. Uno es El príncipe Hamlet de Mtsenk de Óscar Esquivias; el otro, Los siluros de Prípiat de Daniel Sánchez Pardos.
El texto de Esquivias es un relato pausado, moroso, en el que se nos va desgranando poco a poco la historia: el talento para la música de Yuri; la relación de este con su padrastro; con su amigo Vania, etc. Y el final abierto para que el lector participe.
En cuanto a Los siluros de Prípat, nos encontramos con que el protagonista ha tenido un brote de locura en su trabajo. Su hermano, al que le ha abandonado su mujer, se lo lleva a pescar a Prípiat, cerca de Chernóbil. En el aeropuerto conocen a un tal Alexandr, un astrónomo que también se dirige hacia allí.
Pero hay más, la relación de las dos hermanas en el cuento de Jon Bilbao; la road movie alucinada de Esther García Llovet; o los mil y un nombres del Soldado ruso de Berta Vías Mahou.
Así que ya sabes, Товарищ, tienes que leer este libro.
La segunda razón por la que hay que hacerse con este libro es por la edición. En estos tiempos que corren en los que los más optimistas dan quince años (por poner una fecha) más de vida al libro en papel, editoriales independientes como Impedimenta, Contraseña o la propia Nevsky están realizando una labor encomiable para darle al libro el valor que se merece; el libro como objeto, como placer estético, como arte. En plena revolución digital, los grandes grupos editoriales, salvo honrosas excepciones, cada vez se preocupan menos por la labor editorial y se les ven muy dispuestos a entrar de lleno en el mundo de los ebooks, cosa que me parece legítima. De hecho, puede que para su mercado, ese sea el formato idóneo. En cualquier caso, es un tema largamente discutido que aquí no tiene cabida.
La tercera razón por la que se tienen que hacer con este libro es la más importante, por el contenido. Por los cuentos. Diez eran diez los cuentistas, que en realidad son once si contamos, y hay que hacerlo, el epílogo de Care Santos. La calidad media de las narraciones es bastante aceptable, sin embargo hay un par de cuentos que superan con creces la media. Uno es El príncipe Hamlet de Mtsenk de Óscar Esquivias; el otro, Los siluros de Prípiat de Daniel Sánchez Pardos.
El texto de Esquivias es un relato pausado, moroso, en el que se nos va desgranando poco a poco la historia: el talento para la música de Yuri; la relación de este con su padrastro; con su amigo Vania, etc. Y el final abierto para que el lector participe.
En cuanto a Los siluros de Prípat, nos encontramos con que el protagonista ha tenido un brote de locura en su trabajo. Su hermano, al que le ha abandonado su mujer, se lo lleva a pescar a Prípiat, cerca de Chernóbil. En el aeropuerto conocen a un tal Alexandr, un astrónomo que también se dirige hacia allí.
Pero hay más, la relación de las dos hermanas en el cuento de Jon Bilbao; la road movie alucinada de Esther García Llovet; o los mil y un nombres del Soldado ruso de Berta Vías Mahou.
Así que ya sabes, Товарищ, tienes que leer este libro.
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