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jueves, 11 de octubre de 2012

Medusa - Ricardo Menéndez Salmón

Uno. A menudo nos preguntamos, cuando vemos imágenes violentas en la televisión, si es necesario que nos muestren los cadáveres ensangrentados del último tiroteo de cualquier ciudad del mundo. Si realmente es de recibo ver un cuerpo descuartizado cuando nos comunican que ha estallado un coche bomba, o que alguien se ha inmolado. Es cierto aquello de que una imagen vale más que mil palabras (hasta un límite), pero no es menos cierto que basta con mostrarnos el caos reinante en la zona para saber que allí ha habido una catástrofe.

Dos. Hay una foto tomada por Kevin Carter que causó un gran revuelo cuando fue tomada allá por el año 1993. Es la famosa instantánea en la que un niño parece aturdido mientras que un buitre permanece al acecho. El fotógrafo recibió fuertes críticas por no hacer nada, por ser un "aprovechado" de la situación, hacer su foto y ganar el Pulitzer con ella. Meses después, Carter se suicidó y nació toda una serie de mitología en torno a que la razón principal de su sicidio era la foto de marras. En más de una ocasión se han desmentido estas teorías, pero, sin embargo, sí que podemos leer en su nota de suicidio que: "estoy atormentado por los recuerdos vividos de los asesinatos y los cadáveres y la ira y el dolor (...) del morir del hambre o los niños heridos", lo que cabe suponer que, por mucho que sea un oficio y estés acostumbrado a ello, mostrar el Horror tiene que agotar mentalmente.

Estas dos cuestiones giran en torno al último libro de Ricardo Menéndez Salmón: enmascarado en forma de biografía de la vida y obra de Karl Gustav Friederich Prohaska, fotógrafo, pintor y cineasta, Menéndez Salmón nos propone un recorrido por la Europa del siglo XX, desde los estrertores de la I Guerra Mundial hasta las bombas de Hiroshima y Nagasaki, pasando por el nacimiento y auge del nazismo. Prohaska dejará plasmado, a través de sus obras, todo este vendabal de sinsentido, muerte, odio y destrucción. Y todo ello, sin plantearse en ningún momento si lo que está ocurriendo delante de sus ojos lo podría haber evitado, si podría hacer algo para invertir esa situación. Sin preguntarse qué consecuencias puede tener esas acciones para el futuro de la Humanidad.

Pues bien, este ensayo, que presentado en forma de novela le permite a Salmón un cierto acercamiento para con el lector, no es otra cosa que la biografía de todos y cada uno de nosotros. Al igual que el Prohaska biografiado en el libro, estamos hartos de ver imágenes duras a través de los medios de comunicación, vemos como el mundo se tambalea a nuestro alrededor y como pensamos que no podemos hacer nada para remediarlo, así que mejor me quedo como estoy. Salmón plantea hasta qué punto no somos responsables, con nuestro inmovilismo, de todo lo que está sucediendo.

jueves, 22 de marzo de 2012

Aire de Dylan - Enrique Vila-Matas

A Enrique Vila-Matas le debo, entre otras cosas, ser fuente inagotable de recomendaciones literarias. A él le debo el descubrimiento de Robert Walser, de Laurence Sterne o de Emmanuel Bove (recuerdo haber quedado fascinado al leer Mis amigos), entre otros. No sé muy bien cómo llegué hasta él la primera vez (aunque imagino que sería con Bartleby y compañía), pero desde entonces me acompaña. Hubo una época en que me indigesté, me parecía que perdía fuerza, que se repetía, o que a mí, al menos, ya no lograba sorprenderme como había hecho anteriormente. Aun y todo, siempre me he mantenido fiel. Y para mi suerte, ese escritor que consiguió hacerme creer que en literatura no es todo sota, caballo y rey, ha vuelto. Y curiosamente creo que lo hace con una de sus novelas menos vilamatianas.

Y es que, al menos en las dos primeras partes de la novela, esta última obra de Vila-Matas es menos Vila-Matas que en otras ocasiones. Principalmente por dos motivos: porque es mucho más narrativa y menos ensayística, y por la mesura al introducir culturalismos, dos rasgos inconfundibles en la escritura del catalán. Y, a pesar de este alejamiento de sí mismo (creo que esta frase le gustaría al propio Vila-Matas), los temas son los propios de su amplia obra: la superación de la realidad a través de la literatura, la no acción (los Bartlebys, Oblomovs, o infraleves como en este libro), el juego de máscaras, los heterónimos, etc., forman parte del universo creador del autor.

En cuanto al argumento de la obra, la trama se dispara en múltiples direcciones. El eje central gira en torno a la relación entre un padre, que ya ha fallecido, y su hijo. El hijo siente que su padre se ha adentrado en su pensamiento y que trata de decirle algo. Descubre que su madre tenía un amante y que, entre ambos, han podido matar a su padre. Prepara un pequeño teatro junto a la amante de su padre, ahora amante del hijo, para insinuar el posible asesinato. Tenemos, pues, una revisitación y puesta al día de Hamlet. De esta primera trama se desmadeja el resto de los acontecimientos: el escritor que quiere dejar de escribir porque se arrepiente de gran parte de su obra (y que es el narrador de esta novela); un viaje a Hollywood para comprobar si la frase "Cuando oscurece siempre necesitamos a alguien" es de Scott Fitzgerald; o el capítulo titulado Under the mango tree, que sorprende porque no parece escrito por la misma pluma, pero que tiene coherencia y es verosímil en el relato. Todo ello escrito con mucha ironía, fino humor y ciertas dosis de cinismo.

No se me ocurre ningún autor español que se merezca más el Nobel que Vila-Matas.

martes, 21 de febrero de 2012

El jardín colgante - Javier Calvo

Último Premio Biblioteca Breve, he de reconocer que apenas me había leído nada, más allá de algún cuento suelto en diversas antologías, de Javier Calvo. Sin embargo, en la red se comentaba mucho su obra. Tanto para bien como para mal. Ya digo que he leído poco de Javier Calvo pero lo que llevo hasta ahora me demuestra que es un gran narrador.

El jardín colgante se sitúa en la España de la Transición, pero es una España simbólica, metafórica. Un meteorito ha caído en Catalunya y está cambiando el panorama de España. Al principio todo se llena de ceniza; luego se suceden grandes lluvias que provocan inundaciones; por último, el calor aprieta desde mayo, alcanzando temperaturas ilógicas para la fecha. Además, la caída del meteorito ha provocado que la flora y la fauna del territorio sufra consecuencias inesperadas: riesgo de desertización y de extinción de diversas especies. En realidad, este aparente Apocalipsis sirve de marco para desarrollar la acción y para manifestar que algo en España cambió durante la Transición.

La verdadera sinopsis del libro gira en torno a los servicios secretos del Gobierno enfrentados a la organización terrorista TOD, perteneciente al Partido Comunista Auténtico. Como en toda buena novela de género policíaco hay infiltrados, agentes dobles, mentiras, pactos. La construcción de la novela no se deja ni un hilo suelto; Javier Calvo lo tiene todo atado y bien atado. Tiene su mundo bien definido y es el que plasma en la novela. Este mundo está en una órbita cercana a la de Murakami en algunos aspectos, como en la construcción de unos personajes sólidos y algo esperpénticos (Arístides Lao es, en ese sentido, un personaje inolvidable) o en la aparición de causas sobrenaturales que explican, de alguna manera, lo que está pasando.

En principio, se supone que esta es la obra con la que se da a conocer al gran público, esto es, la más accesible. Desconozco como de personal o de inteligible es el resto de su obra, pero a mí particularmente sí que me apetece conocerla.

viernes, 23 de septiembre de 2011

La mano invisible - Isaac Rosa

La mano invisible comienza muy bien: un albañil realiza su trabajó en una nave industrial reconvertida casi en plató de televisión, donde un grupo de espectadores observa como construye un muro y, una vez que lo ha acabado, coge una maza, destruye la pared bajo la atenta mirada y posterior ovación de los presentes, y vuelve a empezar. 48 páginas, un gran cuento donde ya está toda la tesis de Rosa en esta novela: el trabajo manual, la monotonía, la alienación, la crítica social, el Gran Hermano que todo lo vigila (encarnados en un principio por el público). El resto, las 330 páginas de la novela sobran, por la sencilla razón de que es más de lo mismo. Donde hay un albañil, ponga ahora un carnicero, una administrativa, una teleoperadora, un mecánico... todos y cada uno de ellos realizando trabajos monótonos automatizados tras años y años haciendo lo mismo. Todos ellos descontentos con sus vidas. Todos ellos son las copias del albañil; entonces, ¿Para qué alargar la novela innecesariamente? Es una pregunta retórica, la verdad es que no tengo la respuesta.

La novela de Rosa es buena, en algunos momentos muy buena, en cuanto al estilo narrativo; no es fácil desmenuzar el trabajo de diferentes profesiones sin caer en el aburrimiento y en el tedio de sus páginas. Las pinceladas que dan los personajes de sí mismos a través de sus pensamientos son aceptables, a pesar de que no en pocas ocasiones recurre al cliché. En ese sentido, los personajes que nos presentan son algo planos y desdibujados; quizás también esa sea su intención, puesto que al fin y al cabo se trata de mostrarnos la deshumanización del trabajador.

Sin embargo siempre he creído en el valor de la brevedad. Al tratarse de una crítica social, la novela de Rosa hubiera tenido mucha más fuerza acotando la acción a un solo trabajador, en este caso el albañil, pero que es representante de todos los trabajadores manuales.