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sábado, 21 de julio de 2012

En el patio - Malcom Braly

Malcom Braly fue un ladrón que pasó, entre unas cosas y otras, más de tres lustros entre rejas; ninguna por delito de sangre. Por lo tanto, conocía bien el ambiente carcelario de los Estados Unidos de los años sesenta. Entre otras, pasó por la famosa cárcel de San Quintín. Es precisamente en esta cinéfila prisión donde se desarrolla la acción de En el patio. Aunque más que acción, cabría hablar de trama. En el patio de una penitenciaria no suele haber mucha acción por más que muchos blockbuster hollywodienses pretendan mostrar lo contrario. Los motines no son algo habitual ni tampoco los asesinatos; si bien de vez en cuando ocurren, no aparece un cadáver por día. En el patio de una cárcel más bien se contempla la vida pasar, experimentando un vacío y una monotonía que cada uno sobrelleva como mejor puede.

En el patio entra y sale de la mente de varios de sus residentes habituales. Nos da pequeñas pinceladas de algunos presos, más que suficientes para hacernos una idea de su personalidad, y se centra un poco más en otros, como en Hielo Willy, el que más influencias y contactos tiene; Juleson, el burgués que entra en prisión por un acto impulsivo, pero que es improbable que vuelva a recaer, o, por contra, Nunn y Sociedad Rojo, los secuaces de Hielo Willy que tienen en su haber varias salidas y entradas en prisión. A través del microcosmos que simboliza la cárcel, Braly nos da una visión de la América de los sesenta.

La frase que abre la novela es de Los hermanos Karamazov: "Por regla general, la gente, incluso los malvados, son mucho más cándidos y simples de lo que imaginamos". Esta frase resumiría bastante bien la novela; Braly nos muestra un retablo de gente corriente que ha cometido algún tipo de delito y que por ello se encuentra privada de libertad pero que, en realidad, solo en eso se distingue de la gente de fuera.

* Tirón de orejas para Sajalín por la cantidad de errores ortotipográficos que pueblan el libro. Especialmente la ausencia de preposiciones.

martes, 22 de mayo de 2012

Fante. Un legado de escritura, alcohol y supervivencia - Dan Fante

Uno de los temas recurrentes de la literatura universal es el de Escribir salva. Así, aparece en El guardián entre el centeno o en el Retrato del artista adolescente. Sin embargo, nunca había estado tan claro este tema como en este libro. A Dan Fante, literalmente, escribir le salvó la vida.

En esta autobiografía, que corre paralela junto a la de su padre, el mítico John Fante, Dan vive una auténtica montaña rusa de sensaciones y situaciones límites. Tan pronto amanece meado y vomitado en una habitación barata de motel, como que se encierra en otra durante días para superar su alcoholismo; consigue mucho dinero en diversos negocios, como que se ve arruinado y durmiendo en sofás de amigos; tiene una pareja medianamente estable, o acaba pagando a putas y chaperos de diversa índole para obtener sexo.

Dos son, pues, los pilares en los que se basa el libro: el alcohol y la relación con su padre. Del primero podemos decir que, durante muchos años, fue el mejor amigo de Fante, lo que le llevó a sufrir numerosos blackout (pérdidas de memoria), constantes cambios de humor, irritabilidad, depresiones, autolesiones y no pocos enfrentamientos personales con otras personas.

Del segundo, de su relación con John Fante, hay una dicotomía amor-odio. Desde los primeros años padre e hijo no se llevan bien, aunque finalmente acaban respetándose e, incluso, Dan llega a afirmar que: "John Fante era mi héroe".

En cuanto al estilo, es directo, sin contemplaciones ni florituras. A lo largo del libro aparecen tres frases que definen a la perfección la escritura de Dan Fante. Las dos primeras son de Franz Kafka: "un buen libro nos despierta como un mazazo en el cráneo"; "un libro tiene que ser un hacha que rompa el mar de hielo que llevamos dentro". La tercera es un consejo que le dio su padre: "nunca pierdas el tiempo con algo en lo que tú no creas".

Las fotografías de la familia Fante completan el libro.

martes, 6 de marzo de 2012

Parte de guerra - Edlef Köppen

A pesar de que las comparaciones son odiosas no me resisto a comparar, al menos una parte de la reseña, este libro con aquel otro que me leí hace algunos días y que me maravilló: Compañía K. Lo primero porque es curioso que dos editoriales independientes publicaran en el mismo mes sendos libros sobre la I Guerra Mundial. Y lo segundo porque sean tan distintos entre ellos.

Mientras que en Compañía K el punto de vista lo componía la compañía de marines estadounidenses que hacían la guerra en Francia, aquí el punto de vista se centra en el bando enemigo, en la artillería alemana principalmente, y en la figura de Adolf Reisiger, estudiante que se alista voluntariamente y que es enviado al frente desde el mismo comienzo de la guerra. Si en la obra de William March se nos narraban acciones cotidianas dentro de un marco bélico, en esta de Köppen nos encontramos en las trincheras en su mayor parte. Las balas silban a nuestro alrededor, el barro se mezcla con la sangre y las vísceras de los combatientes y, en muchos pasajes del libro, tenemos la sensación de que en esa batalla que estamos librando no salimos con vida. Y a pesar de estar siempre encogido con la nariz tocando el lodo para que una bala perdida no te lleve por delante, uno de los momentos más atroces es cuando el soldado Reisiger obtiene un permiso de diez días y vuelve a Alemania. Allí, los veteranos de guerra le dicen que eso no es una guerra, que guerra la que hacían ellos; los familiares le preguntan y cuando Reisiger contesta no le creen del todo. "No será para tanto", parecen decirle. Y nosotros que hemos estado en la primera línea del frente no podemos sino resignarnos y mordernos la lengua.

Por último, otro rasgo en común, es el carácter antibélico de ambos libros. Edlef Köppen nos muestra pasajes que demuestran lo absurdo de las guerras como cuando los artilleros disparan sin ver al enemigo, por el simple hecho de disparar; o en la campaña rusa, cuando recorren kilómetros y kilómetros en busca de un enemigo que no está. Pero el mayor alegato son las palabras de Reisiger en una carta que escribe a sus padres tras un armisticio: "La sensación de que los enemigos se han convertido de repente en seres humanos porque algunos de los augustos señores así lo ha deseado". Una simple frase sirve para desmontar cualquier legitimidad, si es que existe, de que se produzca una guerra. Durante este armisticio los soldados de ambos bandos intercambian cigarrillos y charlan amistosamente sin tener en cuenta que hace unas horas se estaban matando.

Aunque de casualidad, ha sido una suerte leer ambos libros casi seguidos porque son perfectamente complementarios e indispensables.

lunes, 23 de mayo de 2011

Indigno de ser humano - Osamu Dazai

De nuevo, una pequeña editorial independiente, sin grandes campañas de publicidad en los medios, simplemente dedicándose a publicar obras de alto contenido literario y basando parte de su éxito en bucear por esos textos inéditos en castellano para traducirlos, da al mercado una gran novela. La editorial de la que hablo es Sajalín; el libro: Indigno de ser humano.


En esta pequeña novela (por extensión) de apenas 100 páginas, realizamos un viaje a los infiernos de la mano de su protagonista, y alter ego del autor, Yozo. Con una prosa pulcra, limpia y sin aspavientos, el protagonista desmenuza su vida en tres cuadernos o etapas de su vida: desde su infancia, en la que decide ser un bufón para protegerse de la sociedad, hasta su madurez, siendo adicto a la morfina y malviviendo gracias a la creación de tiras cómicas eróticas y a la manutención de diferentes mujeres.

Yozo es indigno de ser humano porque no está a la altura de lo que la sociedad demanda de él; no se siente capacitado para responder a esas altas expectativas que se dan en la sociedad japonesa con respecto al yo, ese yo que tiene que pasar desapercibido y formar parte de un todo llamado Japón.

En definitiva una pequeña obra de arte que no deberíamos dejar escapar.