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lunes, 1 de septiembre de 2014

Barbarismos - Andrés Neuman

EL ALQUIMISTA DE LAS PALABRAS

Al igual que el Diccionario del diablo, de Ambrose Bierce, o el Diccionario de lugares comunes, del francés Gustave Flaubert, en las páginas culturales del ABC Andrés Neuman glosó hace unos tres años una serie de palabras creando un nuevo diccionario heterodoxo que él mismo bautizó como Barbarismos. Ahora, Páginas de espuma rescata aquellas definiciones revisadas y ampliadas por el propio autor para la ocasión.

Las entradas están ordenadas por un riguroso orden alfabético. Y esta es la única semejanza que encontrará el lector con un diccionario al uso. Así, mientras en este las definiciones son rigidas y herméticas, las diferentes acepciones del nuevo diccionario de Andrés Neuman son de todo menos inflexibles. Metáforas, juegos de palabras, ironía, oxímoron, son solo algunas de las figuras literarias que utiliza el autor hispanoargentino para configurar su enciclopedia particular.

El libro se puede estructurar de manera interna en, al menos, tres bloques claramente diferenciados:

1. Aquellas entradas que hablan de la actualidad política y social en la que nos encontramos inmersos. Así, define aborto como “decisión que una mujer toma sobre su cuerpo, como si fuera suyo”; la política es la “campaña electoral ocasionalmente interrumpida por la acción del gobierno; o el empleo es la “interrupción accidental del desempleo”.

2. Las definiciones que versan sobre el mundo de las artes, especialmente con la escritura (escritor: individuo que fracasa en el intento de ser exclusivamente lector) y la música (jazz: asimetría rigurosa).

3. Las entradas que hablan del amor y otros menesteres. Pareja: dúo impar. Beso: palabra articulada simultáneamente entre dos hablantes.

Neuman, capacitado con un don especial para el aforismo y la paradoja, sorprende con este nuevo libro lleno de afiladas y certeras definiciones en las que homenajea el volumen del que precisamente se distancia, el diccionario. Como un alumno aventajado que consigue replantear la tesis de su maestro, el escritor redefine más de mil voces dotándolas de una verosimilitud perfectamente plausible. No creo que sea casual el hecho de que José María Merino, escritor y miembro de la RAE, sea el autor del prólogo. Ni que la portada, con ese dardo (como el de la palabra, de Lázaro Carrter) sumergido solo deje asomar una pequeña parte, como el iceberg de Hemingway, porque la realidad es mucho más poliédrica, porque las palabras no son simples números y sus diferentes combinaciones dan diferentes resultados. Es más, una sola combinación, dan distintos resultados. Así, una misma palabra bajo una distinta mirada, da como resultado una nueva definición.

Solo una persona que conoce a fondo el significado de las palabras y domina el lenguaje es capaz de llevar a cabo este diccionario, muchas de cuyas entradas me parecen más acertadas que las de un diccionario clásico; al menos, mucho más sugerentes y evocadoras, dotando a la realidad más abycta de un nuevo prisma bajo el que mirar nuestro día a día. Algunas de las definiciones propuestas en este libro me las quedo para mí, olvidándome de la definición estricta.

Siempre preocupado por la sintaxis, autor de todo tipo de libros, desde el aforismo a novelas de carácter decimonónico, pasando por libros de relatos y de poesía, se podría decir que esta nueva obra de Neuman es, de alguna manera, la summa literaria del autor, si no fuera porque aún no ha llegado a los cuarenta años y le queda, esperemos que por el bien de la literatura, muchas obras que ofrecer a sus cada vez más numerosos lectores. Nos regocija saber que ha fracasado en su intento de ser exclusivamente lector.

Reseña aparecida en el número 370 de la revista Quimera


jueves, 27 de febrero de 2014

Técnicas de iluminación - Eloy Tizón

LA IMPORTANCIA DE LA MIRADA

Siete años después, Eloy Tizón ha vuelto. Nunca se fue, siempre es nombrado en esta conversación, en aquel artículo, en la otra conferencia. Porque hablar de la escritura de Eloy Tizón es hablar de alta literatura, de metáforas imposibles, de imágenes plásticas de alta belleza donde todos los sentidos se agudizan para no perder detalle. Libros de lectura y relectura, las tres novelas y los dos libros de relatos publicados hasta ahora nos tenían más que satisfechos, pero queríamos más. El ser humano siempre es insaciable y quiere más. Y querer más dosis de Eloy Tizón, de su personalísimo estilo, es bueno para la literatura. Es bueno para la vida.

Tizón tuvo la desgracia de debutar con Velocidad de los jardines, libro de cabecera que se fue haciendo hueco sin alharacas, con buenas críticas pero sin fuegos artificiales de por medio, y con un boca a oreja que hoy, veintiún años después, todavía funciona. Por algo será. Y digo que tuvo la desgracia porque parece que a cada libro que fue saliendo se lo fue comparando con el primero. Así, los lectores que solo busquen las semejanzas se perderán el registro de voces y el juego de matrioskas que es Labia; el mismísimo diablo como metáfora de los miedos de Gabriel Endel (del Hombre, en general) en La voz cantante; o su poética representada en el cuento Teoría del hueco, de su anterior libro de relatos, Parpadeos. Son solo unos ejemplos.

En esta nueva recopilación de cuentos editados, esta vez por Páginas de espuma (una dupla que los incondicionales del relato esperábamos con ansia), Eloy Tizón sitúa a sus personajes al filo del abismo. Los va empujando poco a poco, hasta situarlos justo en el borde, para ver qué hacen, cómo se desenvuelven. “Dicen que hay suicidas que se tiran al mar y nadan hasta un punto tan alejado de la costa que saben que ya no podrán regresar. No tendrán fuerzas para alcanzar la orilla. Exhaustos, morirán en el mar. Ese punto. Ese instante de iluminación. Ese momento preciso en el que uno decide dar una brazada más, la definitiva, la que le llevará a un lugar sin vuelta atrás. Ese gesto último” (Pág. 57). Por ese “instante de iluminación” caminan los personajes. No hay posibilidad de retroceder. Solo hay un cuento en el que los personajes no caminan por el borde del precipicio. No todavía. No en el cuento. No dentro del cuento. Después, quién sabe. Ese cuento es Alrededor de la boda, donde todo es optimismo, vitalidad, felicidad pese a. Pese al resto de los cuentos, pese al resto de nuestras vidas. Porque el conjunto de relatos de Técnicas de iluminación es una vida, donde siempre hay momentos, dichosos momentos, de alegría a pesar de las facturas y las listas de la compra y la monotonía diaria. Porque Alrededor de la boda es la luz del amanecer de un domingo lleno de buenos propósitos que, poco a poco, va derivando hacía la melancolía de los atardeceres dominicales. Y hasta aquí el cuento más tradicional. Casi con su planteamiento-nudo-desenlace. El resto, los otros nueve, son puros poemas visuales.

Como si jugara al binomio fantástico de Rodari o bailara con la máquina de coser y el paraguas en la famosa comparación del Conde de Lautréamont, Eloy Tizón esculpe las palabras precisas en cada momento, bucea entre las múltiples voces posibles para dar con la adecuada, la que mejor suena musicalmente para lo que nos quiere relatar, desde un paseo físico pero sobre todo mental de la mano de Robert Walser en Fotosíntesis, hasta el contenido de una caja misteriosa en Ciudad dormitorio, o las tribulaciones de una pareja en Los horarios cambiados o Manchas solares. Tramas apenas esbozadas, apenas sugeridas, que existen pero que poco importan en este conjunto de relatos. Lo importante no es la trama. Lo importante es la Literatura.

Reseña aparecida en la Revista Quimera número 363 Febrero 2014

martes, 25 de septiembre de 2012

Trastornos literarios - Flavia Company

Este libro de cuentos de la escritora argentina Flavia Company podría quedarse en un mero juego literario, en un artefacto simplón, en un pequeño divertimento. Y sin embargo, y pese a lo complicado de la empresa (cerca de 150 microrrelatos), Company ha completado un gran libro.

Lo dicho anteriormente se debe a que el libro está construido en tres apartados: "Trastornos literarios" donde escribe un cuento basado en algún tropo literario; "Frases (muy) hechas", donde hace literal la frase hecha en cuestión; y "La vida en prosa" en la que, partiendo de la base de titulares reales aparecidos en prensa, imagina una posible historia. Al autoimponerse un círculo tan cerrado, el libro podría haber caído en el maniqueísmo y la simpleza. Pero no es así. No diremos que todos los cuentos son brillantes, pues nos estaríamos engañando (y porque si Flavia Company hubiera escrito 150 cuentos maestros no solo podría dejar de escribir, si no que podría reclamar para sí y de manera exclusiva la eternidad literaria). Sin embargo, cualquier relato de este libro podría estudiar en un seminario dedicado al microrrelato.

Dos cosa hay que me gustan especialmente de este libro: la capacidad de fabulación de Company y el riesgo literario que asume. En una literatura cada vez más trillada y en la narración corta donde, y a pesar de que se arriesga más que con las grandes distancias, se está dando un ligero anquilosamiento en los últimos años (esa es la sensación que tengo al menos), descubrir nuevas propuestas, nuevas formas de decir lo mismo (ya dijo aquel que los temas en literatura son cuatro) siempre es agradable ver como hay unos pocos (en realidad no tan pocos) que resisten.


lunes, 10 de septiembre de 2012

Los ensimismados - Paul Viejo

Ha escrito Paul Viejo un libro muy personal y muy arriesgado. Una colección de relatos, o no-relatos, insinuantes y enigmáticos, a la par que magníficos. En ellos, la trama apenas velada no nos conduce a ningún sitio. Son cuentos estáticos donde no hay acción. Todo son detalles. Cosas no dichas.

Prácticamente todo el libro es una especie de teoría sobre el cuento, pero podemos acercarnos de manera más significativa a su poética en Cada noche y, en menor medida, Un cuento es un cuento es. Así, en el primero de ellos leemos: "los cuentos que yo podría contarle no son los que ella espera, salvo que quiera que le cuente cuentos sin apenas historia, tan quietos, en los que no pasa nada" (pág. 88) Y un poco más adelante: "más difícil es contar un cuento, como los míos, que casi son ventanas rotas, fotos rotas, juegos incompletos, rompecabezas a los que a veces le faltan fichas y donde tan importante es lo que se cuenta en el cuento como lo que no se quiere o no se sabe o no se debe contar" (pág. 90).

Así, Viejo interactúa con el lector, se posiciona como escritor, habla con los personajes, los saca del papel (de manera literal) en el que están construidos y se pasean por la mesa de su propio escritorio. Pirandello, Unamuno, Vila-Matas, deconstrucción, son palabras que me vienen a la cabeza para designar los textos de Paul Viejo.

Un libro en el que no empatizas con lo que te están contando, y sin embargo no hace falta. Con el que no te sientes del todo cómodo leyéndolo, ni falta que le hace. En el que sabes que estás leyendo cuentos, en un papel, escritos por Paul Viejo, donde casi te obliga a que reflexiones sobre ello; nada de sentir lo mismo que los personajes, evadirte y dejarte llevar por la historia. No. La Literatura es más que eso. La Literatura es para los valientes. En la Literatura participan dos partes: autor y lector y ambos se tienen que dejar la piel en ello o no habrá merecido la pena el trayecto.

miércoles, 13 de junio de 2012

Papel carbón - Fernando Iwasaki

Dos son los libros que componen este Papel Carbón: Tres noches de corbata, que data de 1987 y fue publicado en Lima; y A Troya, Helena, fechado en 1993 y publicado en Bilbao. Es decir, nos encontramos ante los dos primeros libros de cuentos del autor peruano (por ponerle una nacionalidad).

Lo primero que me viene a la cabeza cuando acabo el libro es preguntarme si es de Fernando Iwasaki. He leído casi todos los libros de cuentos de Iwasaki (en cualquier caso todos desde Ajuar funerario) y, salvo este, que es una colección magistral de microrrelatos de terror (nunca me cansaré de recomendarlo), los otros dos, Helarte de amar y España, aparta de mí estos premios, están escritos, fundamentalmente, con un sentido del humor muy fino y con constantes juegos de palabras. En esta colección no he tenido esa sensación. Esto no lo digo como algo negativo sino más bien al contrario: he descubierto a un autor que en sus inicios escribía sobre otros temas y con otro estilo. He descubierto a otro autor que se llama Fernando Iwasaki y que publicó en los años ochenta y noventa del siglo pasado.

El primer libro me ha recordado en muchos aspectos a aquellos libros que tuve que leer durante la carrera en literatura hispanoamericana I: a las Crónicas de Indias; a Bernal Díaz del Castillo, Hernán Cortés o, incluso, Bartolomé de las Casas. Pero también (claro) a las Tradiciones peruanas de Ricardo Palma. Así, Mar del sur, Mal negro es el Congo, o, de alguna manera, Taki Ongoy y El tiempo del mito, tienen ese aire colombino. De esta tanda de cuentos, me quedo con La otra batalla de Ayacucho, por su enorme emotividad y choque generacional; y Tres noches de corbata, por el terror in crescendo de un pobre niño atormentado por su aya.

En el otro volumen que contiene Papel Carbón, A Troya, Helena, sí es más sencillo rastrear los rasgos más característicos de la obra de Iwasaki: el cuidado lenguaje (esto también está contenido en Tres noches de corbata) en cuentos como en En los adentros del toro, donde se reproduce el habla andaluza, sevillana concretamente; el erotismo en Hawai, cinco y media o Erde; o el fino sentido del humor que comentaba antes en Arroz a la polaca o Un milagro informal, por no mencionar el desopilante Rock in the Andes.

En definitiva, una ocasión única para redescubrir a un gran autor y verle dar, veinticinco años después, sus primeros pasos en esto de la Literatura.

jueves, 5 de enero de 2012

Distorsiones - David Roas

Último ganador del Premio Setenil al mejor libro de relatos, las veintinueve piezas que componen este volumen tienen en común la cotidianidad interrumpida por algún tipo de elemento extraño. Además, Roas construye la mayoría de sus narraciones a base del humor, la ironía o el descreimiento, según el caso.

Estructuralmente se divide en dos apartados: Espejismo, donde se reúnen veinte cuentos; y Asimetrías, compuesto por nueve microrrelatos.

Hace unos cuantos días que terminé de leer los relatos y no me había atrevido a manifestar mi opinión porque no estaba seguro de ella. Por un lado, reconozco la capacidad de construir historias de David Roas pero, precisamente por eso, no sé hasta qué punto todas las historias son cuentos. Con esto quiero decir que en alguna ocasión me ha parecido más bien una primera versión de un futuro cuento que nunca aparecerá, o un esbozo a mata caballo apuntado en un cuaderno de ideas para su posterior desarrollo. Otras narraciones carecen de pulso narrativo y siento que se van desinchando las historías hasta llegar a un final desinflado o precipitado.

Luego está el asunto de los clichés; en estas narraciones se hace uso y abuso de ellos y, si bien es cierto que la gran mayoría de las veces David Roas da un giro a la narración por medio de una frase, ese darle la vuelta al cliché no deja de ser otro cliché desde hace ya tiempo: esto es, por poner un ejemplo, el miedo a los fantasmas desde el punto de vista del fantasma.

No obstante, solo es un acercamiento a su obra. Si un autor me provoca dudas con su escritura, lo que consigue es que me interese más por otras obras suyas para poder opinar de manera más consecuente.

jueves, 22 de diciembre de 2011

La familia del aire - Miguel Ángel Muñoz


Todo amante del cuento sabe que existe un blog de referencia desde hace más de cinco años. Me estoy refiriendo a El síndrome Chéjov, claro, cuyo autor es Miguel Ángel Muñoz, también cuentista. Pero no es el momento de hablar del Miguel Ángel Muñoz escritor, sino del Miguel Ángel Muñoz blogger. En su bitácora da cuenta de todo lo relacionado con el relato, amén de incursiones en otros campos. Una de las secciones que le granjearon más visitas fue la dedicada a entrevistar a cuentistas españoles, desde los más consagrados como puede ser el caso de José María Merino o Cristina Fernández Cubas, a otros autores más desconocidos como Sara Mesa, pasando por referentes de los últimos años, como son el caso de Eloy Tizón o Ángel Zapata.

Desde que empezaron a publicarse estas entrevistas tuve el deseo de que alguna vez vieran la luz en forma de libro. En más de una ocasión estuve tentado de imprimirlas y encuadernarlas, pero me parecía un poco sacrílego unir todas esas preguntas y respuestas en un canutillo negro, así que prefería ir a su fuente original para releerlas. Ahora, la editorial Páginas de Espuma las reúne como se merecen: con una portada impresionante a cargo de Fernando Vicente; un prólogo muy interesante del propio Miguel Ángel Muñoz; y estructuradas en diversos capítulos, desde los decanos del género hasta los nuevos nadadores, en homenaje a uno de los grandes del género, John Cheever.

De las treinta y seis entrevistas no voy a hablar, es ridículo. De hecho, el propio intento de realizar una reseña de este libro es poco menos que innecesario. Las conversaciones que mantiene Miguel Ángel Muñoz con sus iguales me parece que hablan por sí solas. Muñoz compagina con gran habilidad e inteligencia preguntas relacionadas con el análisis de las obras de los autores entrevistados, con otras de carácter más general como pueden ser sus autores preferidos o un cuento que les sorprendiera en su momento. Los entrevistados se entregan en cada una de las respuestas. Al final, uno tiene la sensación de estar asistiendo a una charla entre dos amigos.

Alguno echará en falta algún nombre clave del cuento actual, y el propio autor reconoce la tara: “sin embargo, acabé por entender que el que pudiera publicarse un libro con ausencias incontestables era también una demostración de la riqueza y el vigor del cuento español de los últimos años”. Podríamos aplicar aquello de que no están todos los que son, pero son todos los que están.

Lo que sí me parece interesante es subrayar la necesidad de leer este libro con un lápiz a mano o, si sois muy puristas, con una libreta y un bolígrafo porque este libro es imprescindible a la hora de conocer por dónde camina el cuento español en estas dos últimas décadas.


Publicado en Culturamas el 21 de didiembre de 2011

viernes, 4 de noviembre de 2011

El mundo de los Cabezas Vacías - Pedro Ugarte

Tienen estos doce relatos a un mismo narrador en primera persona, Jorge. Bueno, en realidad, son once, en Estación en la tierra el narrador protagonista es un marciano. Pero en el resto, es Jorge. Aunque este Jorge no siempre es el mismo. A veces es un hombre mayor y solitario que solo mantiene un mínimo contacto con la vecina (Una comedia romántica). Otras veces, es un hombre que descubre que no es bueno ser siempre sincero (El olor de la verdad). O puede ser un joven que no sabe ni cambiar la rueda del coche (El invento de la rueda).

Lo que tienen en común estos narradores es la mirada atenta de los hechos cotidianos en el mundo laboral, sentimental, y familiar, principalmente. Y esa mirada, atravesada por un prisma irónico y afilado, llega donde otras miradas no llegan, esto es, al borde casi del esperpento.

Así, por ejemplo, asistimos a las cenas de navidad que Jorge celebra con sus excompañeros, incluso después de que ya no quede en la fábrica ningún conocido (Amigos para siempre); Paseamos de la mano de dos culturetas de provincias autocomplacientes (Habitantes del limbo); o presenciamos, con los ojos como platos, cómo las mujeres de la vida de Jorge, su madre y su novia, visten al muchacho en cada ocasión (Azul marino o gris marengo).

Y mientras que leemos estos cuentos nos vamos avergonzando poco a poco, encogiéndonos en la silla, porque nos damos cuenta de que también pertenecemos a esa secta de los Cabezas Vacías.

miércoles, 5 de octubre de 2011

Hacerse el muerto - Andrés Neuman

Lo primero que hice después de leerme el último libro de cuentos de Neuman es volver a empezarlo. Por dos motivos:

El primero por su cierta complejidad. Muchos de los relatos aquí recogidos exigen cierto compromiso por parte del lector, así que la mejor manera de atenderlos es volviendo sobre ellos, descubriendo nuevos matices, nuevas fisuras. Ni que decir tiene que algunos de ellos los he leído tres, cuatro, cinco veces. En voz baja, en voz alta, declamándolos...

En segundo lugar, por su variedad, tanto temática como estilística. Lo mismo nos reímos con un cuento absurdo y desopilante, que nos quedamos encogidos en la silla con la congoja apoderándose de nosotros.

Estructuralmente, en este libro se recogen treinta cuentos divididos en seis apartados, más un último apartado donde recoge sus ya famosos dodecálogos. En esta ocasíón, el tercer y el cuarto. Estos, se componen de aforismos sobre el arte de narrar un cuento. Como el propio autor dice: "Los Dodecálogos de un cuentista no son reglas para escribir cuentos; son pequeñas conclusiones en marcha. (...) Desean, en definitiva, ser una forma lúdica de abordar el ensayo."

La primera de esta división se intitula, precisamente: Hacerse el muerto. En estos relatos, sus protagonistas son personajes no muertos, quiero decir, que podrían estar muertos, han rondado la muerte, pero no lo están.  Quizás el último, Después de Elena, cojea un poco por la temática. Sin embargo, en el final, y en la relectura, si que me parece vislumbrar ese "coqueteo" con la muerte, aunque de manera más velada y ambigua.

El segundo conjunto de relatos, Una silla para alguien, es el más íntimo, el más personal. Los cinco cuentos de este grupo giran en torno a la figura de la madre. Tienen un tono más lírico, más evocador. El cuento que da título a este grupo, sobre la ausencia, es sobrecogedor.

En Sinopsis del hogar, la temática está relacionada, en menor o mayor medida, con la familia, en un sentido amplio del término: el paso del niño de la infancia a la adolescencia, un vislumbre de incesto, el primer amor, etc.

Bésame, Platón, recoge algunos de los cuentos más divertidos y surrealistas, como la disertación filosófica que mantienen dos hombres en unos baños en Conversación en los urinarios, o la sed de sexo de Sor Juana en El infierno de Sor Juana.


Monólogos y monstruos, se compone precisamente de eso, de cinco monólogos de cinco personajes dispares.

Por último, en Breve alegato contra el naturalismo, podríamos decir que Neuman juega con las disciplinas artísticas para construir relatos. Así, en Teoría de las cuerdas, se basa en este concepto físico para que el narrador reconstruya la vida de sus vecinos por medio de la ropa que tienden en las cuerdas del patio. En Policial cubista asistimos a un asesinato como si se hubiera producido dentro de un cuadro de Juan Gris.

Nos encontramos, pues, ante un buen puñado de cuentos de diversa índole, con distintos registros, de gran variedad temática. Al fin y al cabo: "la extrema libertad de un libro de cuentos radica en la posibilidad de empezar de cero en cada pieza. Exigirle unidad sería ponerle un candado al laboratorio". Palabra de Neuman.

viernes, 29 de julio de 2011

El final del amor - Marcos Giralt Torrente


Creo que ya he dicho en más de una ocasión que Tiempo de vida es una de las obras que más me ha aportado en los últimos meses. Uno tiene ya una edad y unas lecturas a la espalda y es difícil que algo le sorprenda, así que cuando aparecen estas pequeñas joyas se congratula con el mundo de nuevo y hace que merezca la pena seguir leyendo. Seguir buscando.

Ganador del II Premio Internacional de Narrativa Breve Ribera del Duero, imponiéndose a autores como Marcelo Lillo o Pablo Gutiérrez (espero ver pronto ambos libros en las librerías), El final del amor reúne cuatro cuentos de extensión larga que giran precisamente en torno a la pérdida de la llama que decía Murakami en unos de sus libros. Y lo aborda de manera realista, cotidiana. ¿Desamor y realismo, no será una ristra de situaciones tópicas? Os preguntaréis. Pues no, porque Marcos Giralt Torrente no cae en el romanticismo, en el dolor de la ruptura, ni en ningún otro cliché. Porque el amor también se va, forma parte de la vida, es una circunstancia más de la condición humana.

Como decía, El libro se compone de cuatro cuentos, todos ellos escritos desde la primera persona.

En Nos rodeaban palmeras una pareja se da cuenta de la rutina en la que viven gracias a un viaje que realizan con otra pareja muy distinta a ellos. Cautivos narra la historia de una pareja que, a pesar de que no pueden vivir juntos, les es imposible alejarse. Última gota fría va también un poco en esa línea. Por último, en Joanna asistimos al primer amor de adolescencia, aquel que te marca y que recuerdas toda tu vida.

El tempo utilizado en las cuatro narraciones es pausado, moroso; deshilvana poco a poco el ovillo de las diferentes parejas, sabiendo que el final se acerca, pero no por ello hay que correr, la ruptura va a llegar, todo a su tiempo. Además, no vamos a saber todas las causas y los pormenores, ya no existe el narrador en tercera omnisciente, aquí se narra desde un yo que a veces no es ni parte de la pareja, si no que está fuera, él sabe cosas, pero otras no. En ocasiones sólo puede especular, realizar hipótesis. Cosa que el lector inteligente agradece.