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viernes, 16 de noviembre de 2012

El diablo a todas horas - Donald Ray Pollock

Decía Chejov que si un clavo aparece al comienzo de un cuento, el protagonista tiene que acabar colgándose de él. Otras versiones afirman que si una pistola aparece al comienzo de un cuento, finalmente debe dispararse. Yo particularmente prefiero esta versión por ser más contundente; además lo de colgarse de un clavo no lo veo tan claro. En cualquier caso se refería a no utilizar elementos que no sean importantes. En este segundo libro de Pollock (primera novela), la sentencia chejoviana se da de manera literal: William Russell entrega a su hijo Arvin una Luger del ejército alemán de la II Guerra Mundial, de donde viene Russell algo tocado tras ver a un soldado crucificado y desollado vivo por los japoneses. Esta semiautomática se dispara en más de una ocasión a lo largo del libro. Pero también otras balas salen del tambor; las 38 milímetros del revólver de Carl Y Sandy, dos tarados que se dedican a recorrer las carreteras en busca de autoestopistas a quienes asesinar; o las del Sheriff Lee Bodecker, quien se saca un sobresueldo haciendo pequeños trabajos de "limpieza" para el matón de turno.

Igual de atormentados están Roy, predicador capaz de echarse por encima un bidón lleno de arañas en medio de la iglesia mientras pronuncia su discurso, o de creer que es capaz de resucitar a los muertos e intentar llevarlo a la práctica. En su viaje alucinatorio lo acompaña Theodore, paralítico homosexual y pedófilo medio enamorado de Roy. Otro personaje señalado por la marca del diablo es Preston Teagardin, también predicador, que se dedica a desvirgar y amaestrar a jóvenes para que, con solo chasquear los dedos, cumplan sus deseos sexuales más oscuros.

Pollock es capaz de hacer literatura con todos estos despojos humanos e, incluso, darle un tono de lirismo a la brutalidad más gratuita y despiadada. Si bien es cierto que en Knockemstiff  se apreciaba mayor belleza en la prosa (no en lo que te contaba que, por contra, era más brutal) la capacidad de impacto sigue siendo la misma. Cuando Pollock escribe parece que el diablo esté con él a todas horas.

jueves, 23 de agosto de 2012

La contabilidad privada de Christie Malry - B.S. Johnson

De nuevo, un descubrimiento. Una "pequeña" obra, de poco más de doscientas páginas, iconoclasta con las reglas literarias, heredera del mejor humor británico, avalada por Samuel Beckett. Tres razones más que suficientes para leer la novela. Pero hay más.


Christie Malry es un joven que anhela tener dinero. Nada más. Esto le lleva a trabajar en un banco pero, al descubrir que no está ni por asomo cerca del dinero, cambia de trabajo: es contratado como contable en una empresa de pastelería. Este nuevo empleo tampoco le proporciona la cercanía al capital, pero descubre la contabilidad por partida doble, el debe y el haber. Christie, asqueado con el mundo que le rodea, sintiéndose víctima del sistema, de la gran masa que son Ellos (todos, cualquiera menos él), decide poner en práctica este método en su vida cotidiana. Así, si se siente agraviado por algún motivo, lo apunta en su cuenta del debe y, al cobrarse la revancha, pasa al haber. Lo que empieza como algo tímido en su cuenta del haber poco a poco va aumentando en su búsqueda del equilibrio hasta desembocar en algo totalmente desbordante y surrealista.

El argumento del libro es bueno y quizás valdría para una novela, pero lo verdaderamente interesante, como casi siempre ocurre en la Literatura, es cómo está contado. B.S. Johnson juega con el lector, interactúa con él y con sus personajes. Constantemente nos saca de la narración, aquí el narrador no es un personaje, es el autor porque Johnson está escribiendo una historia, y esto tiene que quedar claro: "CHRISTIE: No había más tiempo. Estamos en una novela muy corta" (pág. 48). Y un poco más adelante: "Debería hacerse ahora un intento de caracterizar la apariencia de Christie. Si en efecto lo hago es tímidamente, en el conocimiento de que en una novela las descripciones físicas rara vez sirven de algo." (pág. 59).

En otro momento del libro, el autor, al más puro estilo unamuniano habla con su creación: "-Christie -le previne-. Me parece que esta novela no se puede extender mucho más. Lo siento." (pág. 183). Y así podría continuar con más ejemplos.

La comparación que se ha hecho de esta novela con el Tristam Shandy me parece obvia, pero no por ello no merecida, la novela de Sterne es una obra maestra y un monumento a la inteligencia. Esta de B.S. Johnson, no se queda atrás.

martes, 12 de junio de 2012

Sobre una tierra ardiente - Der Níster

Reconozco que antes de que en las redes sociales y en los medios de comunicación clásicos se hicieran eco de La familia Máshber, (novelón de más de ochocientas páginas que muy posiblemente me lea en el verano, tan propicio para este tipo de novelas) no había oído hablar de este autor. Esto cada vez me escandaliza menos. Cada vez son más las pequeñas editoriales que sacan de la manga a grandes autores que, o bien no han gozado de la distribución ni atención necesaria en nuestro país cuando se han editado, o bien directamente no estaban traducidos. Este es el caso de Der Nister, traducido directamente del Yiddish. Nister tuvo problemas por su condición de judio, no solo del lado alemán, si no también del soviético, donde fue arrestado y llevado al Gulag para su posterior fusilamiento. Finalmente este no llegaría ya que Nister murió antes debido a las duras condiciones a las que eran sometidos.

Sobre una tierra ardiente es un altavoz para todos aquellos que se quedaron sin voz durante la II Guerra Mundial.

Narrados desde un distanciamiento casi periodístico, Der Nister nos presenta detallada y morosamente a los protagonistas. Nos cuenta qué hacían con sus vidas (casi todos son personajes que pertecenen a la clase social intelectual del pueblo judío) antes de que ocurriera la catástrofa. En un momento de la narración, esta da un giro; la tierra es ocupada y comienza el horror. La suerte final de sus protagonistas es siempre la misma, aunque esta se lleva a cabo de diferentes maneras. Si no fuera por la maestría de Der Nister narrando, estos cuentos serían un puñado más a añadir a la larga lista de novelas, cuentos, películas, documentales y cualquier material que se les ocurra sobre el Holocausto. Y, sin embargo, ahí están, dispuestos a quedarse en el imaginario colectivo para todo aquel que se acerque a estos cuentos.

viernes, 24 de febrero de 2012

Compañía K - William March

Algunas imágenes que aparecen en este libro son:

- Unos soldados revolcándose desnudos por la nieve.

- Dos soldados compartiendo un pan ensangrentado.

- Un soldado que llora de alegría en el hospital porque, a pesar de que ha perdido una pierna, sabe que por fin está a salvo.

- Un niño regordete alemán cortando el cuello a un soldado.

- Ese mismo niño alemán recibiendo bayonetazos y un culatazo en la cabeza.

- Soldados de distintos bandos compartiendo río para bañarse y lavar la ropa.

- Un poeta metido a soldado que avanza solo y en mitad de la noche hacia el bando enemigo mientras recita sus poemas porque no soporta el aislamiento espiritual.

- Un soldado poniendo sus botas de clavos en la cara de otro soldado para intentar sacar la bayoneta que se ha quedado clavada desde la barbilla hasta el cerebro.

La compañía K está compuesta por 113 marines norteamericanos que luchan en Francia durante la primera Guerra Mundial. Cada uno de los miembros de esta compañía tiene voz en la novela. Así, se nos narran las atrocidades, pero también relatos en apariencia nimios, de la contienda, del día a día en las trincheras, de como unos buscan refugio en las fotografías; otros en la religión; otros, por más que buscan, no ven salvación alguna.

Dura. Visual. Antibelicista. Lúcida. Clara. Simplemente brillante.

martes, 17 de enero de 2012

Dog Soldiers - Robert Stone

El plan es sencillo: Converse, un escritor mediocre, decide viajar a la guerra de Vietnam para inspirarse. Una vez allí le convencen para que pase un alijo de tres kilos de heroína pura a Estados Unidos. Converse se la enviará a su mujer Marge para que esta la coloque a los distribuidores. Para que llegue la droga al destino cuenta con la colaboración de un ex marine y antiguo compañero, Hicks, que llevará el paquete a los Estados Unidos unos días antes de la llegada de Converse. Pero, hete aquí, que cuando este llega descubre que Marge y Hicks han desaparecido. Comienza así una road novel donde unos agentes federales corruptos y sin escrúpulos intentarán dar caza a Converse primero, y a Marge y Hicks después.

Mucho se ha escrito y filmado sobre la guerra de Vietnam, sin embargo cuando lo hizo Stone corría el año 1974, por lo que el autor  estadounidense se adelantaba a grandes hitos como Apocalypse Now, de 1979 (por poner solo un ejemplo; hay muchos más: El cazador, La chaqueta metálica, etc.). Además, Stone no se centra en la guerra en sí; en Saigón solo transcurre un tercio de libro, y más como mera introducción que como centro de la acción. Si bien es cierto que el cuadro de la novela se da gracias a esta guerra.

Por un lado, la época hippie del amor, la paz y la psicodelia está dando sus últimos coletazos; por otro, la sociedad estadounidense se muestra disconforme con una guerra que, por primera vez, van a perder. Además, el estado se encuentra mermado tanto económica como políticamante. Todos estos factores hace que los ciudadanos se replanteen esa actitud de defensa a ultranza de su país que les ha caracterizado hasta esos momentos.

Con una fuerza narrativa basada en gran parte en los magníficos diálogos en los que se sustenta la novela, nos encontramos ante una gran obra incomprensiblemente inédita en castellano hasta la fecha (2010 es el año de su primera edición).

viernes, 21 de octubre de 2011

Mi madre es un pez - Varios autores (Edición: Sergi Bellver y Juan Soto Ivars)

En una antología donde se dan cita 33 escritores y cuyo único nexo es la temática (inabarcable e infinita) de la familia lo lógico es que haya una gran disparidad de calidad. Si a ello le sumamos la combinación de autores consagrados con otros prácticamente inéditos, las diferencias se acentúan más. No por la mala calidad de los noveles, sino por la demostrada solvencia de los veteranos. En este sentido estoy bastante de acuerdo con el crítico Ricardo Senabre que destaca dos autores por encima del resto: Jon Bilbao y Mercedes Cebrián. (Podéis leer la crítica aquí). El cuento del primero se centra en una historia sencilla y aparentemente idílica para mostrarnos finalmente la cara menos amable. En cuanto al segundo, muy en su línea, Cebrián construye un relato lleno de  ironía y con una fuerte crítica al consumismo (leed su impagable Cul-de-sac).

Otros relatos a destacar: el de Berta Marsé, que se nota demasiado que es por encargo y sin embargo es un buen relato que funciona; el de Fernando Clemot, sobre una pareja rota que guardan las apariencias; o el relato de terror de Jordi Soler. Esto en cuanto a los autores más conocidos.

Entre los autores desconocidos, al menos para mí, destacaría el cuento de Sergio Lifante sobre una familia virtual; o el de Andrea Jeftanovic, que en una temática muy cercana a Zambra o Pron en sus últimas obras habla de los hijos de las dictaduras sudamericanas.

Este me parece el mayor acierto de los antólogos: el darnos a conocer nuevas voces, en intentar vislumbrar el posible camino que tomarán las letras en lengua española en un futuro. Otra cosa es que luego realmente sea así. Solo el tiempo lo dirá.