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jueves, 26 de febrero de 2015

La línea Plimsoll - Juan Gracia Armendáriz

En naútica, la línea plimsoll es una línea imaginaria que determina el peso máximo de carga que puede soportar una embarcación sin hundirse. Esa línea imaginaria es la que está a punto de rebasar, si es que no lo ha hecho ya, el protagonista de esta novela, Gabriel Ariz. Ha perdido a su hija Laura en un accidente de tráfico, se está separando de su mujer y le acaban de diagnosticar una insuficiencia renal por lo que se tiene que presentar tres veces por semana en el hospital y aguantar maratonianas sesiones de hemodiálisis. Este es el argumento del primer libro de la llamada Trilogía de la enfermedad que se completa con Diario del hombre pálido y Piel roja, y que le valió el Premio Tiflos de Novela allá por el año 2008. Llevaba el libro años dando vueltas por casa y a raíz de la noticia de que el próximo mes de abril publicará con Demipage su última novela La pecera (por cierto que en La línea Plimsoll ya se habla un par de veces de esta pecera) ha sido que me he decidido, por fin, a leer la obra.

Si en los otros dos libros de la trilogía la voz del narrador estaba en primera y a modo de diario, en este primer título la voz escogida es la tercera, si bien es cierto que es igual de intimista que las dos posteriores. Asistimos a la narración de una depresión, con su protagonista aislado en una casa en mitad de un bosque tupido que le protege. Si hay algo que caracteriza a la narración es el silencio. Apenas hay "ruido" en la novela, todo se desmorona alrededor de Gabriel, que apenas puede boquear como un pez dando vueltas en la pecera (creo que por ahí va la nueva publicación). Novela existencial, cruda, desgarradora y, a la vez, inmensamente bella, sensitiva.

Poco más que decir, siempre que un libro me impacta sobremanera no puedo más que indicar que se vaya a la fuente, a la lectura.

sábado, 9 de febrero de 2013

Ceremonias de interior - Ignacio Ferrando

Con este libro obtuvo Ignacio Ferrando el XVI Premio Tiflos de Cuento que otorga la ONCE. Corría el año 2006 y era el segundo libros del autor, aunque ya había consechado diferentes premios por relatos sueltos.

Como quiera que he leído los libros de cuentos de Ignacio desde el más reciente La piel de los extraños, después su libro anterior, Sicilia, invierno, para llegar ahora a este libro, con el que se dio a conocer de manera más general (si omitimos su primer libro, Historia de la mediocridad, libro descatalogado que no descarto hacerme con él por puro fetichismo y por ver dar los primeros pasos de un gran escritor del que si sigue en esa línea ascendente se seguirá hablando de él en quince años), es curioso el efecto que se produce al ver a un autor desde el presente y hacia el pasado.

Lo primero porque pisamos en terreno ya conocido. Sabemos que sus últimos trabajos son buenos, con voz propia aunque algo herméticos. Así, aunque descubramos que en sus primeros textos, al menos en este libro, el autor parece andar sobre seguro, arriesgarse poco y construir de manera sólida y fiable, no podemos reprocharle nada porque ya ha superado esa etapa. No es como cuando te encuentras con un autor novel y esperas a que saque otro libro para ver si ha pulido sus fallos y si se ha convertido en el escritor que apuntaba ser o fue todo fruto de algo más casual. Aqui ya lo sabemos, Ignacio Ferrando es un gran cuentista y ponerle como pega que no deja más margen de libertad al cuento y que este está un poco comprimido, me parece el mejor defecto que te pueden sacar. De hecho si se da la vuelta es un acierto: Ignacio Ferrando sabe cómo construir un relato, lo tiene todo atado y no deja ningún cabo suelto. Si a esto le sumamos que tiene una voz personal asentada en la realidad (que no en el realismo) con ecos cortazarianos, ya es convertir esa pequeña tara en uno de los mejores elogios que te pueden decir como narrador.

En cuanto a la docena de cuentos, cabe destacar Bañera, por la delicadeza de la historia; Yardbird, por la composición del personaje protagonista; o Doble pirueta, por el tempo del relato. También son grandes cuentos La mirada del tuerto, aunque es un cuento de metáfora sencilla e historia clásica; por no hablar de los guiños a la literatura como en Incapaz de verla morir, donde Anna Karenina cobra vida, u Otro artista del hambre, donde Franz Kafka se pasea por la feria del libro de Madrid y tiene diálogos muy divertidos con el protagonista del relato.

En definitiva, grandes relatos que ya dejaban entrever al gran escritor. La piel de los extraños es uno de los mejores libros del año (2012) y, posiblemente esté entre los mejores del 2013.