La soledad del corredor de fondo no es solo la del chico del reformatorio que pierde adrede una carrera porque es la única forma que tiene de protestar contra los carceleros y, por extensión, contra la sociedad. La soledad del corredor de fondo también es la de Ernest, un tipo que invita a unas niñas a comer todos los días aunque no tenga para él, con tal de que le hagan compañía en el pub (Tío Ernest). Pero la soledad del corredor de fondo también es la del profesor Raynor, que fantasea con unas dependientas al otro lado del cristal de su clase donde intenta impartir disciplina a un grupo de preadolescentes rebeldes (El señor Raynor, maestro de escuela). Y también, porque no, la soledad del corredor de fondo es la que padece ese matrimonio que, tras diez años separados, se reencuentran cada jueves en la casa de él para contarse nada durante seis años más (El cuadro de la lancha pesquera).
Los protagonistas de estos cuentos pertenecen a la clase baja de la Inglaterra de los cincuenta. Viven en barrios marginales y trabajan, los que pueden, en fábricas humeantes durante horas, de manera mecánica. Son perdedores, sin un mínimo de oportunidades. De esta manera, asistimos a un suicidio (algo grotesco) en Sábado por la tarde; descubrimos lo que puede agriar el carácter cuando pierde tu equipo en El partido de fútbol; o asistimos a los recuerdos que el narrador tiene de un chico de su infancia algo especial en Ocaso y hundimiento de Frankie Buller.
Completan estos nueve cuentos El tiovivo, donde un par de chavales gastan lo poco que consiguen en las atracciones de la feria; y La desgracia de Jim Scarfedale, donde se nos da cuenta de las relaciones de una madre y un hijo.
Aunque es cierto que el relato que da título al libro es el más potente y conocido, en parte debido a la adaptación al cine de Tony Richardson, lo cierto es que el resto de cuentos no desmerecen, más bien al contrario: refuerzan, si bien son completamente independientes, la idea del primer cuento.
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jueves, 6 de octubre de 2011
jueves, 25 de agosto de 2011
Sábado por la noche y domingo por la mañana - Alan Sillitoe
Allan Sillitoe perteneció a la generación de los Jóvenes airados: un grupo de escritores británicos de los años 50 que denunciaba la precariedad de las clases bajas y el despotismo y la indiferencia de la clase media y alta.
El protagonista de esta novela es Arthur Seaton, un veinteañero que vive con su familia y trabaja en un puesto monótono en una fábrica de bicicletas. Vive única y exclusivamente para la llegada del fin de semana, donde se gasta gran parte de su sueldo en pintas, se acuesta con una mujer casada y se pelea con todo aquel que esté dispuesto. Arthur está descontento con todo lo que le rodea, no tiene aspiraciones y los fines de semana se siente libre. Podríamos estar hablando de algún chico del 2011, pero la acción transcurre en la Inglaterra de los años cincuenta, en uno de esos humildes barrios obreros que todos tenemos en nuestro imaginario colectivo.
La obra está dividida en dos partes. La primera lleva por título Sábado por la noche, y en ella se nos da a conocer al protagonista, su entorno, su familia, su trabajo en la fábrica, y sus noches en los pubs. Ocupa tres cuartas partes del libro, y es la etapa de la borrachera, de la diversión y de la despreocupación.
A raíz de un hecho que no desvelaré para no estropear nada al lector, entramos en la segunda parte de la novela, Domingo por la mañana. Después de toda borrachera, llega el domingo de resaca, en el que pagas los excesos del día anterior, juras que no vas a volver a beber, y te llenas de buenos propósitos. Más o menos es lo que le ocurre al protagonista en esta última parte: parece que va a sentar la cabeza.
Este autor tiene un libro de cuentos muy conocido (y que aún no he leído) La soledad del corredor de fondo.
El protagonista de esta novela es Arthur Seaton, un veinteañero que vive con su familia y trabaja en un puesto monótono en una fábrica de bicicletas. Vive única y exclusivamente para la llegada del fin de semana, donde se gasta gran parte de su sueldo en pintas, se acuesta con una mujer casada y se pelea con todo aquel que esté dispuesto. Arthur está descontento con todo lo que le rodea, no tiene aspiraciones y los fines de semana se siente libre. Podríamos estar hablando de algún chico del 2011, pero la acción transcurre en la Inglaterra de los años cincuenta, en uno de esos humildes barrios obreros que todos tenemos en nuestro imaginario colectivo.
La obra está dividida en dos partes. La primera lleva por título Sábado por la noche, y en ella se nos da a conocer al protagonista, su entorno, su familia, su trabajo en la fábrica, y sus noches en los pubs. Ocupa tres cuartas partes del libro, y es la etapa de la borrachera, de la diversión y de la despreocupación.
A raíz de un hecho que no desvelaré para no estropear nada al lector, entramos en la segunda parte de la novela, Domingo por la mañana. Después de toda borrachera, llega el domingo de resaca, en el que pagas los excesos del día anterior, juras que no vas a volver a beber, y te llenas de buenos propósitos. Más o menos es lo que le ocurre al protagonista en esta última parte: parece que va a sentar la cabeza.
Este autor tiene un libro de cuentos muy conocido (y que aún no he leído) La soledad del corredor de fondo.
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