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sábado, 18 de febrero de 2012

Niños en su cumpleaños - Truman Capote

La colección mini lecturas de Nórdica Libros te da la oportunidad de leer un cuento de un gran escritor por ocho euros. Supongo que mucha gente pensará que por dos euros más se compra los cuentos completos de ese autor en ebook y que ocho euros es muy caro para 50 o 70 páginas. Supongo que esa misma gente no piensa que una copa en un bar te cuesta, mínimo, esos ocho euros. Esto no viene a cuento de nada, solo que me hace gracia cuando los lectores miden cantidad con calidad. Prefieren pagar 24 euros o más por Ken Follet o Ruiz Zafón que 20 por una edición especial de La metamorfosis, que tiene poco más de 100 páginas. No estoy diciendo nada nuevo, pero me parece ridículo el planteamiento que utilizan.

Dicho lo cual, diré que la colección que nos ocupa recoge, al menos hasta la fecha, uno de los mejores relatos del escritor en cuestión. Nada de un cuento menor en su trayectoria o un inédito que aparece por arte de birlibirloque de un cuaderno que el autor guardaba en su casa materna. El caso de Paul, La autopista del sur o La buena gente del campo, son algunos de los títulos que nos propone la editorial.

En el cuento de Capote, que es del que quiero hablar hoy, este alcohólico, este drogadicto, este homosexual, este genio (parafraseando su famosa frase de Música para camaleones) construye a uno de sus personajes inolvidables, a Miss Bobbit, una niña de diez años que viene de la ciudad a revolucionar la vida de un pequeño pueblo sureño de los Estados Unidos; altera especialmente a  Billy Bob y Preacher, dos amigos inseparables que se enamoran de Miss Bobbit. El relato tiene una fuerza increíble y sus protagonistas son esos que nos acompañan más allá de las páginas de la historia, esos que tanto agradecemos a los que nos gusta esta cosa menor que es la Literatura. El único pero que pongo es que la niña me parece demasiado independiente para tener tan solo diez años, aunque el cuento está ambientado en la mitad del siglo pasado y, entonces, los niños maduraban mucho antes.

domingo, 23 de octubre de 2011

La saga de Eirík el Rojo - Anónimo

La saga de Eirík el Rojo es un epopeya en prosa sobre una de las sagas islandesas más importantes. En ella nos encontramos con valientes vikingos, viajes y aventuras, tan propios de este tipo de narraciones. Siempre que leo este tipo de obras interiormente la voz del narrador sale graveTambién fluctuamos, al igual que ocurre en la Biblia, por ejemplo, entre los descendientes de los diferentes personajes del libro. Así, el comienzo es el siguiente:

"Óláf se llamaba un señor de guerra que era apodado Óláf el blanco. Era hijo del rey Ingjald Helgason, y este hijo de Óláf, y este hijo de Gudröd, y este de Háfdan hueso blanco, rey de Uppland"

Con este comienzo uno piensa que no va a entender nada de lo que le digan durante el resto de las páginas; sin embargo esta enumeración de parientes solo se da en determinados capítulos y suelen ir al principio de los mismos. Tampoco pasa nada porque no entendamos todo al pie de la letra. El propio traductor, Enrique Bernández, así nos lo da a entender en una nota al final del libro:

"La historia (...) debe leerse por sí misma y no hace ninguna falta intentar que todo encaje en un sistema estable, definitivo".

Lo mejor es dejarse llevar. Adentrarse en las naves de estos aventureros y llegar hasta Groenlandia. Posteriormente, hasta Vinlandia; esto demuestra que antes que Colón, los vikingos descubrieron América.

Esta vez las ilustraciones corren a cargo de Fernando Vicente. Son sobrias, de carácter impresionista. Muy en la línea del relato. Sin embargo creo que hay un error, que en cualquier caso en nada empaña la labor tanto de editor como de ilustrador: ¿Por qué el dibujo de la página 36 y el de la 57 es el mismo?

sábado, 30 de julio de 2011

Vi - Nikolai Gogol


Aquí llega Gogol de nuevo para dejarnos un libro y decir: “Mirad ignorantes, así se escribe”. Y transforma una leyenda ucraniana, la del jefe de los gnomos, Vi, que tiene unos párpados que le cuelgan hasta el suelo, en un cuento de terror impecable, que juega con la oralidad, que mezcla hechos cotidianos con un mundo fantástico y que si tienes huevos te lo lees por la noche en tu casa, sentado en mitad de un cuarto y como única iluminación la débil luz de una lámpara de escritorio. Luego me contáis.

Las ilustraciones de Luis Scafati, inquietantes y angustiosas, le vienen que ni pintado al relato.

¿Y de qué va? Pues de un tipo al que le pasa una cosa muy extraña en  una posada: la posadera le embruja y lo utiliza como caballo para darse una vuelta por la estepa.


Cuando el tipo se deshace del embrujo y vuelve a la civilización, recibe la noticia de que tiene que velar el cuerpo de una chica a la que él no conoce. Sin embargo, fue voluntad de la chica que esto así fuera. 

Gogol compagina los ratos de despreocupación mientras bebe o el cuentan anécdotas los parroquianos durante el día, con las misteriosas y aterradoras noches compartiendo habitación con la difunta.

Y si no os vale con esto, decir que en una hora y media lo tenéis leído; vamos que mientras que hacéis la digestión, tumbados en una toalla, os da tiempo de sobra.

domingo, 17 de julio de 2011

El capote - Nikolai Gogol



El verano es un buen momento para releer y redescubrir a los clásicos. O eso dicen. Yo creo que cualquier momento es bueno, y que si bien durante las vacaciones estivales tienes más tiempo, si lees, lo vas a hacer siempre. ¡Qué más da leerse una novela decimonónica en marzo que en agosto! El caso es que como ser humano que soy me contradigo, y este verano lo estoy dedicando a volver a leer a Nikolai Gogol, maestro de maestros (esto suena muy bien). Además no lo digo yo, lo dice Dostoievsky: “todos venimos de El capote de Gogol (esto también suena muy bien, lo de citar a alguien. Me estoy cubriendo de gloria en este post).

El primero que he cogido de la estantería ha sido precisamente El capote. Recuerdo que la primera vez que lo leí fue en un taller literario y quedé asombrado. Me pareció tan kafkiano (antes de Kafka). Adoro a este tipo de personajes: oficinescos y grises. K., Bartleby y Akaki Akákievich son la triada perfecta.

Decir de qué va el libro a estas alturas es vergonzoso, pero como no tengo vergüenza ninguna os cuento brevemente y a mi manera, claro. Akaki Akákievich es un oficinista fruto de las bromas de sus compañeros. No tiene un duro, pero necesita un capote nuevo para pasar el duro invierno en San Petersburgo, así que pasa calumnias hasta que consigue costearse el abrigo. Pero se lo roban a las primeras de cambio. Pide audiencia a un personaje importante para que interceda por él y recupere su capote. Claro que el personaje importante es un déspota y no le hace caso. Al final, el relato adquiere tintes fantásticos.


Esa denuncia de clases, esa superioridad de unos sobre otros, la importancia de las apariencias, etc. escrito en los años cuarenta del siglo diecinueve. Eso es un Clásico, con C mayúscula (autoplagio autorizado)

viernes, 6 de mayo de 2011

Wakefield - Nathaniel Hawthorne

Edición que es una delicia a cargo de Nórdica, en su colección ilustrados. En esta ocasión, al gran cuento de Nathaniel Hawthorne le acompaña las ilustraciones de Ana Juan, que son el combinado perfecto para llenar de color (a pesar de tratarse de imágenes en blanco y negro) las palabras del relato de Hawthorne.

Wakefield es un hombre que decide marcharse un buen día de su casa durante una temporada... ¡para instalarse al final de la misma calle! A su mujer le dice que volverá a finales de semana, sin embargo su ausencia se prolonga durante veinte años hasta que  decide regresar a su hogar como si nada hubiera pasado. Mientras, se dedica a espiar a su mujer; a observar sus movimientos; a escudriñar sus pensamientos. Quiere ver cómo va evolucionando sin que él esté en casa. Al fin y al cabo, Wakefield es algo vanidoso, pero como el narrador dice en una ocasión: "¡Pobre Wakefield!¡Pero qué poco consciente eres de tu propia insignificancia en este inmenso mundo!"



domingo, 17 de abril de 2011

La buena gente del campo - Flannery O´Connor

Una de las colecciones de la editorial Nórdica libros se llama minilecturas. Por ocho euros, te puedes hacer con cuentos de Cortázar, Flaubert, o este de Flannery O´Connor, entre otros. Se trata de cuidadas ediciones, en un formato reducido (11x17) donde la idea es que, por lo que te gastas en una entrada de cine, disfrutes de alguno de los grandes autores de la literatura universal. La inversión en estos libros es un valor seguro ya que sus historias admiten, cuanto menos, una relectura.
Leer La buena gente del campo es llevarte una patada en el estómago. Cruel, despiadado, doloroso, realmente me dejó echo polvo. Son de esos relatos que cuando lo acabas te echas en la cama, mirando al techo, inmóvil, reflexionando sobre la condición humana.