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17 enero 2011

Mona Lisa

Mona Lisa. Dibujo al pastel

Hacía tiempo que quería hacer un trabajo sobre fondo negro. No lo he hecho muchas veces y tengo que perfeccionar la técnica, así que espero sepáis perdonar los múltiples fallos. Está realizado con pasteles Faber-Castell sobre papel Rembrandt de 130 g/m2.


Os dejo también un artículo que he escrito para la revista "Agitadoras" en la que a veces colaboro.


Besos! :-)

.... o ....

Sobre ella se ha escrito tanto que todo lo que añadimos huele a sobrante desde antes de apoyar el dedo en la tecla. La Gioconda, la Mona Lisa, la bella extraña de Leonardo, ha sido y es motivo de despilfarro de tinta e imaginación desde hace unos cuantos siglos. Se ha dicho de todo sobre ella: que era una vecina secretamente enamorada del artista, que era sólo una fémina imaginaria que habitaba en la humeante fantasía de Da Vinci, que era el mismo Leonardo, pero con más pelo en la cabeza y menos en la cara. Ha sido protagonista de mil y un relatos, de libros interesantes y bien documentados y de otros infumables e indigestos pero que nacieron ya marcados con la inefable suerte del tonto y se convirtieron en best-sellers para mayor gloria del mal gusto y la frenopatía. De todo tiene que haber en la biblioteca del Señor.

Supongo que, a pesar de su merecida fama de visionario, Da Vinci jamás “visionó” que este delicioso cuadrito de poco más de 70 x 50 cm. se convertiría varios siglos después de su muerte en un icono de la cultura universal, el referente por excelencia del Arte atemporal, la diosa callada y burlona hacia cuyo santuario francés peregrinan miles de devotos cada año, quizás con el íntimo anhelo de entrever un nuevo misterio en su sonrisa púdica y vaginal, en sus manos silentes, en el torbellino vertical de sus pupilas.




A mí siempre me ha gustado, la verdad, y no sólo por lo que la historia del Arte nos descubre sobre su creación y creador, sobre sus enigmas, robos y demás accidentes sino, también, porque siendo como es representante de la Belleza absoluta, la señora Lisa Gherardini estaba, reconozcámoslo, entradita en carnes… Dado el opresivo canon de belleza raquítica que se nos ha impuesto a fuerza y a sangre en los últimos treinta años, no me negaréis que la cosa tiene su gracia. En el mundo del Arte, el ideal de la Belleza sublime está capitaneada por una dama sin cejas que, según los expertos, debía medir 1’68 y pesar 63 kilos…. ¿Cómo? ¿63? ¡Horror! La Gioconda estaba – casi tiemblo al escribirlo- ¡¡gorda!!... “Claro”, pensará alguna voraz depredadora del Cosmopolitan “seguro que mezclaba hidratos de carbono con proteínas”. Pues sí, seguro. Y seguro que no hacía pilates ni jogging ni footing ni spinning ni memuerodehambring, que es lo más barato. No, la señora de don Francesco del Giocondo no era una de esas comerrábanos que ejercen un control férreo y enfermizo sobre su consumo diario de calorías como si en ello les fuera su prestigio, su honor y hasta su vida, una de esas señoras a las que la autoinanición les ha agriado el carácter que tenemos que sufrir los y las que no disociamos la manduca y aguantamos su mal humor anémico mientras nos papeamos el filete con patatas del mediodía. Sí, la bella sobre las bellas estaba gorda, y por eso la adoro :-)

Pero, ay, qué poco duran las alegrías en la casa del pobre… No hace mucho, uno de esos “expertos” metiches y aguasueños que tanto abundan enarboló en todas las televisiones su teoría sobre la posible enfermedad de doña Lisa, una enfermedad de nombre impronunciable que le causó “inflamación en las mejillas, párpados y manos…” Mi gozo en un pozo. Al mismo tiempo que las voraces depredadoras del Cosmopolitan suspiraban de alivio, yo me hundía en la miseria. Doña Lisa no estaba gorda, estaba mala. De esta forma el canon opresivo de belleza raquítica salvaba el trasero. Mantenemos, pues, que es absolutamente obligatorio estar delgado, que es justo y necesario y que si la diosa leonardina no lo estaba no era porque el maestro florentino pretendiera reivindicar un modelo de belleza inadmisible, sino porque la mala salud de la modelo no le permitía rendir el culto debido a la talla 38.

El experto metiche se quedó tan ancho, las comerrábanos siguieron pasando hambre sin un atisbo de culpa, la tierra siguió girando y el universo siguió en su sitio. Tranquilos, todo está bien.

A veces pienso que esta época nuestra con todas sus paradojas, su espiral de absurdo creciente, sus luchas innecesarias, su obsesión por lo accesorio, por la corrección política, por lo secundario, por el continente sobre el contenido, esta época de realities, histerismos huecos y petardeo insufrible pasará a la Historia con el nombre de “La era de la Tontería”. Y todo seguirá estando bien.

Y ya os dejo, que me cierran el gimnasio.



02 agosto 2009

The rest is silence

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Es también viejo. El dibujo, "Laberinto", técnica mixta



“So tell him, with the occurents, more and less,

which have solicited. The rest is silence.”

Shakespeare (Hamlet)

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Podemos chapotear en las glorias temporales,

mentirnos al decir que los colores no mueren,

que es inmarcesible el amor, la pasión, la garganta,

el vocablo que, creemos, no fallece una vez sembrado.

Podemos alentar la ilusión de que vivimos más

que las estatuas,

que no nos supera el sol con su violento desvarío.

Podemos suponer y suponemos que no nos doblegará

la tragedia (esa que golpea la puerta del otro).

Podemos vestirnos, casarnos, creer que caminamos,

esperar los trenes como si fueran puntuales,

ponernos flores en el pelo y desear que no se marchiten

sin nuestro permiso.

Podemos imaginar que nuestra ropa nunca será más

que nuestro cuerpo.

Lo podemos todo y nada sabemos.

Estamos tan perdidos como el ave que busca salidas

bajo el ala.

Podemos todo lo que queráis, pero seguiremos siendo humo

destrenzándose en el viento.

Creced, lograd, medrad,

consideraos los artífices de las constelaciones,

afanaos en vuestros quehaceres y ajetreos,

en la ansiedad que os crece entre las máquinas

y los escritorios.

Creced, lograd, medrad,

que no hay nada más frágil que un hombre

que al final, contra todas las paredes,

dueño del destino y la sonrisa,

el silencio dirá la última palabra.

03 mayo 2009

La belleza oscura





“... Y la belleza oscura

de la noche es un túnel

que promete milagros

aunque nunca los cumpla”.

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Mario Benedetti


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Cuando la noche se alía con la clorofila

asalta mi alféizar un acento vivaz de albahaca

en tránsito hacia mi pecho.

Verde la hoja diminuta, casi blanca

de tanta luna, luciérnaga o astro,

la brisa invita a los visillos

a marcarse un vals inconcreto,

sinfonía vegetal para ventana y orquesta.

La bombilla parpadea

su éxtasis torpemente eléctrico

mientras me zurzo con tres hilos

la terca cicatriz de la memoria.

“Todo llega”, me susurra la voz del jazmín

enredada en lo oculto,

y pienso que hay comienzos que aguardan, pacientes,

ver partir el tren de ciertos desenlaces

para hacer acto de presencia.

Y al final llegó el principio....

Demasiados ojos tengo para la súbita nitidez de esta oscuridad.

Demasiado alta la sonrisa,

demasiado entera la esperanza,

para hacer frente con armas tan pobres al complot nocturno

de la clorofila,

de la memoria,

de la luna

y la albahaca.



De "Obituario de horas"

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