maldígote, deus
sí, maldígote
¡meu filliño!
él tiña soños, ¿sabes?
este ano habiamos de comprarlle unha trompeta
de segunda man, claro
pero a él dáballe o mesmo
estaba tolo por aprender a tocala
e agora, mírao…
¡estarás contento, oh!
ódiote
¡meu neniño!
non volvas chamarme máis,
maldito Deus,
nin con con gaitas, nin con lerias
nin coa música das campás da igrexa
desde hoxe, deus,
co meu meniño,
morres ti tamén
- Xoana, xa é a hora
- Mira que branquiño está, Manuel
- Falas por boca da pena, muller. Anda vai coa tua irmá.
- Xa vou. Deixa que o aperte por última vez.
Lamento de madre
Te maldigo, dios. Sí, te maldigo. ¡Mi hijiño! Él tenía sueños, ¿sabes? Este año íbamos a comprarle una trompeta, de segunda mano, claro, pero a él no le importaba, estaba loco por aprender a tocarla. Y ahora, míralo… ¡Estarás contento! Te odio. ¡Mi hijiño! No vuelvas a llamarme más, maldito dios, ni con gaitas, ni con engaños, ni con la música de las campanas de la iglesia. Desde hoy, dios, con mi hijiño, mueres tú también.
- Juana, ya es la hora.
- Mira que pálido está, Manuel.
- Hablas por boca de la pena, mujer. Anda, ve con tu hermana.
- Ya voy. Deja que lo abrace por última vez.
Este poema lo escribí hace algunos años.
Pensé en rescatarlo hoy pensando en todas esas personas de Japón que en estos días están sufriendo tanto… tanto que es impensable siquiera imaginar tanto DOLOR.