Cuando Bill Sienkiewicz inició su carrera en 1978, los dibujantes de comic-book estaban estandarizados en cinco estilos, a saber: Kirby, Dikto, Buscema, Adams o Byrne. Él se adscribió al estilo de Neal Adams sin siquiera dudarlo. No es que tuviera un ‘aire de familia’ en relación a su arquetipo, es que era un autentico clon.
Su primer trabajo importante (‘Moon Knight’ para ‘Hulk Magazine’) podía haber sido firmado sin ningún rubor por el propio Adams, así que sus fans pudieron ver a su ídolo redivivo precisamente cuando este empezaba a dibujar cada vez menos.
Pero al bueno de Bill no solo le interesaban los superhéroes con capa o sin ella. Le interesaba y mucho la pintura, la ilustración, el cine, la política, el periodismo gráfico y lo que se hacía por Europa. ¡Eso fue su perdición!, y nos tememos que lo sigue siendo.
Si hay una obra que refleja su meteórico avance en lo gráfico es sin duda ‘Los Nuevos Mutantes’. Después de una año sabático (1983) y todavía lejos de sus posteriores experimentaciones con el color, empezó a desarrollar cambios imparables en lo estrictamente gráfico.
Con ‘Los Nuevos Mutantes’ el público de la Marvel generó fuertes resistencias y empezaron a llover cartas de rechazo a la editorial. Pero ya muchos sabían en ‘el mundillo’ que estábamos ante un autor sin duda importante. La polarización se había producido.
‘Sienki’ no se rajó, y continuó con una premisa que pensaba desarrollar hasta sus últimas consecuencias, aun a riesgo de que le echaran. No solo narrar de forma vulgar, también transmitir sensaciones. Y si era necesario deformar, pues se deformaba. El lector ‘normal’ de ‘tebeos’ empezó a pensar que a este tío, que al principio le caía bien, se le había ‘ido la pinza’.
La crítica de EEUU en ese momento aplaudía y poco después lo haría hasta romperse las manos con ‘Elektra’, pero el público generalista lo rechazaba. En todo caso hay que reconocer que a Sienkiewicz le preocupó todo ello muy poco y continuaría con su desarrollo grafico durante algunos años sin importarle demasiado si ‘moros’ o ‘cristianos’.
La mayor parte de los grandes autores, independientemente de los años que dibujen, suelen tener diez años (aproximadamente) de autentica esplendor en sus obras. Antes, están demasiado crudos y después se estandarizan en demasía y pierden la frescura creativa. Sienkiewicz tuvo esos años al principio de su carrera, justo después de realizar esta obra de encargo.
En los años siguientes explotaría en dos trabajos más para la Marvel (‘Dare Devil’ -1985- y ‘Elektra Asesina’-1986-). Después, una buena versión mercenaria de ‘La sombra’ (1986), una obra difícil con guión propio: ‘Stray Toasters’ (1988), una excelente versión de ‘Moby Dick’ (1989), sus trabajos fallidos con Alan Moore a principio de los 90 y una última obra que merece la pena reseñar, la biografía gráfica de Jimmy Hendix -1995- (con CD incluido).
El por qué eclipsara tan pronto es un asunto misterioso que tiene que ver con la estructura de mercado del cómic norteamericano (ha pasado a tinta dibujantes infinitamente peores que él), su abierta postura crítica con el sistema (Brogth to ligth) y una intoxicación que tuvo por los productos químicos que utilizaba para su obra (la mayor parte de los terminados en color los hacía con aerógrafo) y que estuvo a punto de costarle la vida (Frank Frazetta tuvo un problema similar).
Dentro de lo que ha sido el paso de este autor por el mundo de las viñetas su trabajo para ‘Los Nuevos Mutantes’ supuso un punto y aparte. Logró corporizar los guiones de Chris Claremont con un grafismo novedoso vibrante y fresco.
Ofrecemos las estupendas portadas, así como dos páginas de cada uno de los números realizados por Sienkiewicz, con el objeto de que nuestros visitantes puedan calibrar el tipo de trabajo realizado al inicio de su carrera por este magnífico dibujante.
Para terminar decir que la huella que ha dejado Bill Sienkiewicz es profunda, pero dispar. En el viejo continente todavía le seguimos echándo de menos, todo lo contrario que en EEUU, donde ha quedado marginado y reducido a trabajos de muy poca monta, derivando hacia el galerismo.





Alguna vez hablaremos de sus trabajos para Europa, de sus colaboraciones tempestuosas y su ruptura con Alan Moore, que darían al traste con ‘Bigs numbers’, una obra que hubiera podido ser muy interesante. Lo haremos, porque Sienkiewicz nos parece un autor muy interesante, pero no hoy.
En el número 33 de "Nuevos Mutantes" la portada no fue realizada por Sienkiewicz, que sien cambio la realizaría en el crusower de "Secret Wars II", número 34. El contenido, en dibujo y guión, era idéntico.
