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martes, 20 de septiembre de 2011

Gilda, 1946




La enfermedad dejó en blanco sus recuerdos dejando su memoria vacía e incapacitándola para rememorar que un día tuvo el mundo a sus pies, que fue una de las estrellas más importantes de su época y la primera princesa de Hollywood.
Este mes, concretamente mañana día 21, se celebra el Día Mundial del Alzheimer, y no quisiera pasar por alto tal fecha.





Hoy os traigo uno de los grandes clásicos del cine y una de las mejores películas que jamás he visto. Gilda tiene un montón de imágenes que han quedado plasmadas en nuestra retina para siempre.

"Jamás ha habido una mujer como Gilda" decían los carteles promocionales, a lo que yo añado: jamás habrá una película como Gilda y una actriz como Rita Hayworth.

¿Qué decir de esta película? Favorita de millones de cinéfil@s a lo largo y ancho del planeta, hoy intentaré desgranar los entresijos de este maravilloso film noir.
¿Cómo definirla? Simple: esto es Hollywood.


Ladies and gentlemen, welcome to Gilda's universe.






Jonnhy Farrell (Glenn Ford), un tramposo de poca monta, llega a Buenos Aires y allí conoce a Ballin Mundson (George Macready), propietario de un casino que pronto acaba contratándolo y convirtiéndose así en su mano derecha. Tras una ausencia no muy dilatada, Ballin llega de nuevo a la capital argentina acompañado por su recién estrenada esposa, Gilda (Rita Hayworth) que a su vez también formó parte de la vida de Farrell en el pasado.
Los reproches y la tensión sexual irán en aumento, llegando a su punto álgido a partir de la desaparición de Ballin Mudson...





Rodada entre los meses de septiembre y diciembre de 1945, y estrenada en febrero del 46, el guión aún no estaba acabado cuando comenzó a trabajarse en la película y a medida que se rodaba fueron surgiendo nuevas ideas, es más, la famosísima escena del "desguante" con la canción "Put the blame on mame" se añadió ya casi al final de todo el rodaje. El otro número musical "Amado mio" también fue incluido a instancia de Harry Cohn, cabeza visible de la Columbia Pictures.

Y es que Rita Hayworth era una actriz conocida sobre todo por sus interpretaciones en el ámbito musical, y sus películas junto a Fred Astaire (quien dijo que había sido su mejor pareja de baile y que cuando llegó a la Columbia lo primero que hizo fue preguntar por ella) y Gene Kelly, por tanto era obligatorio que ella bailara y cantara (a pesar de que la voz era de Anita Ellis), así, se contrató a Jack Cole para que coreografiara las dos actuaciones musicales.

El vestuario, ideado por Jean Louis, destaca sobretodo por ese maravilloso vestido negro en palabra de honor con un lazo a la altura de la cintura y una espectacular raja hasta el muslo (y que hace unos años la firma de modas Calvin Klein sacó uno parecido en color blanco para que la actriz Eva Mendes lo luciera en los Golden Globes, y otra firma norteamericana para la actriz Jessica Biel en la gala de los Oscar del año 2009, evidentemente sin el mismo encanto) y que fue subastado en alrededor de 50.000 dólares; los guantes; las pieles y sobre todo el zapato, el zapato "Gilda", nombre con el que se bautizó al tipo de calzado que lleva Rita Hayworth cuando canta "Put the blame on mame".

La fotografía, de Rudolph Maté exalta la belleza y química de los protagonistas (en especial el hipnótico magnetismo de la actriz) apoyándose en los primeros planos.





La química entre Glenn Ford y Rita Hayworth es desbordante. Ellos coincidieron por primera vez en 1940 en La dama en cuestión , también de Charles Vidor, y esa química alcanza su punto álgido en el momento en el que Johnny Farrell le da la bofetada más famosa del cine a Gilda, en respuesta a la que ella le da unos instantes antes. Más tarde volverían a reunirse en 1948 (Los amores de Carmen) y 1952 (La dama de la Trinidad).








Esta película marcaría para siempre la carrera y la vida de su actriz principal, Rita Hayworth, que no sólo ha mantenido su sobrenatural embrujo sobre los/as espectadores/as, también ha sido el eje central de, por ejemplo películas hechas y libros escritos posteriormente, como Cadena perpetua (basada en el libro Rita Hayworth y la redención de Shawshank, de Stephen King) en los que la película Gilda y la imagen de Rita Hayworth (más presente en la novela que en el film) son clave y elemento central para el desarrollo de la trama. Además la imagen de la Hayworth en esta película fue impresa en la bomba que sirvió para hacer pruebas militares en las Islas Bikini ("Ese asunto me daba dolor de estómago", dijo años más tarde la actriz).

Todo ello son detalles que ayudan a la compresión del fenómeno social que fue esta mujer a finales de los 40, llegando a convertirse en el sex symbol indiscutible de la década y en la mujer más famosa de Estados Unidos, llegando a superar a estrellas tan rutilantes como Bette Davis, Joan Crawford, Ava Gardner o Barbara Stanwyck.
Parte de ello se debe a la profunda admiración que por ella sentía Charles Vidor, y que sin duda alguna, le ayudó a convertirse en una de las reinas de Hollywood.

También Harry Cohn supo ver en ella un diamante en bruto, y la exhibía como si fuese un trofeo en las fiestas y demás pompas que Columbia Pictures celebraba. El maganate era muy listo: sabía que era ella quien reportaba al estudio los mayores ingresos, tanto es así que en la década de los 50 este estudio ya no era considerado de segunda, estando al mismo nivel que MGM, Paramount o Warner: "Rita Hayworth ha sido y siempre será Columbia Pictures. Tal vez el estudio la haya convertido en estrella, pero recuerden que ha sido ella quien ha dado categoría al estudio", Frank Sinatra.





Además de Margarita Cansino, esta película está protagonizada por otras tres mujeres: Virginia Van Upp (una de las productoras favoritas de Harry Cohn), Marion Parsonnet y Jo Eisinger (a cargo del guión, junto al también guionista E.A Ellington). Quizá sea por ello por lo que el personaje central es un personaje libre, una mujer libre. Y busca una cosa por encima de todo, el amor: primero se casa con un hombre que no la ama y que apenas la toca, y el hombre al que ella ama, parece estar más preocupado por se jefe que por otra cosa. Sin embargo ella se rebela contra todo eso y muestra a una MUJER (efectivamente, con mayúscula), creo que es la primera vez que vemos una mujer en el cine que muestra que tiene un enorme poder sobre los hombres pero al tiempo es despreciada por ellos, y también por primera vez vemos a una mujer que muestra de una forma de los más natural posible que tiene apetencia sexual (que fue eso lo que más miedo daba a los grupo más conservadores) sin fines "malignos" (quiero decir con esto que no usaba el sexo para conseguir nada a cambio ni para manipular a los hombres).





Los personajes realmente raros, oscuros y siniestros son realmente los personajes masculinos que constantemente castigan a la pobre Gilda, cuando Mundson "se marcha" y ella cree que será feliz junto a Farrell, éste vuelve a despreciarla colocándole un cuadro en la sala de la casa de tal modo que cada vez que entre por la puerta recuerde a su primer esposo, una especie de castigo por las infidelidades de la pelirroja. Él está resentido, se casa con ella y la tortura encerrándola en una cárcel de oro.





La crítica francesa escribió: "Esta es una historia de amor entre dos hombres", es decir, que la película es un romance soterrado entre Farrell y Mundson y que Gilda es solamente la cabeza de turco. Esta afirmación se basa fundamentalmente en que no se sabe muy bien por qué rompieron Jonnhy y Gilda en el pasado. Los celos juegan un papel importante en la película, y está claro que los celos de ella van encaminados hacia él, ya que poco caso le hace, pero, ¿y los celos de él? ¿siente celos por Gilda o por Mundson? A todos esos elementos habría que unirle el hecho de que cuando Glenn Ford entra por la puerta al dormitorio por primera vez mira, de forma muy sutil, hacia la cama...
La relación amorosa entre Gilda y Ballin no es muy pasional que digamos: no duermen en la misma habitación, sino en una contigua.

Sin menospreciar a los críticos franceses de la época y su profundo análisis, tengo que reconocer que yo no he visto tal homosexualidad entre los dos personajes masculinos.

Sea como fuere, lo cierto que aquí la única que ama de verdad es ella, pues aunque va de hombre en hombre, y tras esa apariencia de femme fatale, es siempre usada como un simple florero.




Gilda es una película explosiva y eléctrica, y como prueba de ello tenemos dos escenas que lo destacan profundamente:

- La primera, cuando se reúnen los tres en el bar del casino: Jonnhy tiene una cara de pícaro y un brillo en los ojos frente a la frialdad de Mundson y el desconcierto de ella, pues está entre dos hombres fríos, esquemáticos y poco a poco le están destrozando la vida.

- La otra, la escena del baile de disfraces, cuando Ford y Hayworth están bailando y ella le pide que le descubra la cabeza, él al principio se resiste pero finalmente cede y deja que veamos esa espléndida melena rojiza...

El personaje de ella está veinte años por delante de la época en la que se estrenó, y las que escribieron e idearon la película y el personaje de Gilda plasmaron una mujer en pantalla absolutamente real, y aunque la veamos como una femme fatal, al final termina siendo la más buena y sensible de todos, inteligente y con ansias de libertad, una mujer que ama; una mujer sexy, independiente, pero que además es guapa, agradable y simpática.

El de ella es un personaje limpio y puro; este personaje femenino va mucho más allá de lo que viene siendo una femme fatale al uso dentro del film noir. Y desde aquí quiero romper una lanza (una, dos, o treinta y seis) a favor de Rita Hayworth, pues creo firmemente que es una de las mejores actrices del cine, aunque se la encasillara dentro de este rol.





Cuando esta película llegó a España, la Falange y el Opus Dei no podían soportar que la población viera esto, era lo contrario a lo que imponían sus valores. En Estados Unidos, los grupos ultracatólicos y más de derecha, y de defensa de yo no se qué moral decían que la imagen de ella no era la apropiada, que era ese tipo de mujer con la que un hombre no quiere casarse: la de toda una bomba sexual (años más tarde ocurriría lo mismo con Marilyn Monroe): que si hacía un streap-tease (y eso que sólo se quita un guante, y para nada resulta ordinario, sino algo totalmente sensual y eróticamente perfecto), esto, lo otro, lo de más alla...






Pese a todo, las mujeres querían ser Gilda, y no solamente por el vestuario, la moda y los peinados, sino porque veían en ella a alguien pasional que buscaba su propia satisfacción: tenía empuje, fuerza, erotismo, carisma y belleza. Y al tiempo es una mujer convencional, pues lo que más desea es que Farrell se enamore de ella y formar una familia.





Hasta Gilda Rita Hayworth tenía un estatus de actriz de comedia ligera y musical (a excepción de su primera película importante, Sólo los ángeles tiene alas, y la película que la encumbró Sangre y arena) y gracias a este film y a Charles Vidor se convirtió en un mito del cine, atención ¡a los 28 años!

A Orson Welles le molestó el éxito de Rita Hayworth, él la menospreciaba, la consideraba inferior (aunque como buen ególatra, en realidad él menospreciaba a todo el mundo). Al genio maldito lo que primero le gustó de la pelirroja, evidentemente, fueron sus curvas y su belleza, pero pronto se dio cuenta de que en la intimidad ella no era para nada una diva, era alguien totalmente hogareño y familiar, sin ansias de fama ni llamar la atención, por lo que pronto se puso a un nivel superior, contando apenas con ella. Gilda hizo que ella dijera "aquí estoy yo".





De las cosas que más rabia me da es de la escasa información que existe sobre Charles Vidor, que a pesar de haber creado un CLÁSICO parece haber pasado sin pena ni gloria por el mundo del Séptimo Arte.

El húngaro trabajó casi toda su carrera como director en la MGM primero y en Columbia Pictures después. Tras sus primeros pasos en la UFA, llega a Hollywood para convertirse en la mano derecha nada más y nada menos que de Alexander Korda, posteriormente como montador y guionista.
Falleció mientras rodaba Sueño de amor de un ataque al corazón. George Cukor finalizó la película, quien se negó a que su nombre apareciera en los créditos.



Charles Vidor.




A grosso modo la relación de este triángulo amoroso es más o menos así: un buscavidas y una bailarina de poca monta se conocen, tienen una relación que se rompe de una forma, por lo que se puede leer entre líneas, no muy amistosa, era una relación tortuosa. Pasan los años, Jonnhy conoce a Ballin y se hacen amigos, poco tiempo después este último llega con Gilda, su esposa, y el primero le dice: "¿No decías que el juego y las mujeres son incompatibles?", aquí es donde los críticos franceses ven también una presunta homosexualidad, ya que el tono con el que le lanza esa pregunta es de reproche y sorpresa. Aunque insisto en que yo no veo tal homosexualidad.





De esta película cambiaría una cosa: el final. Creo que es demasiado "happy end" para lo turbio del resto del metraje.





"Si yo fuera un rancho me llamaría tierra de nadie" Gilda.






"¿Te intereso saber lo mucho que te odio, Johnny? Te odio de tal modo que buscaría mi perdición para destruirte conmigo" Gilda.





"Los hombres se acuestan Gilda, pero se levantan conmigo" Rita Hayworth.





Cuatro fueron las mujeres que formaron este maravilloso arquetipo de mujer y que cimentaron un estereotipo cinematográfico, Gilda: un mito elegantemente erótico de tal magnitud que no se ha vuelto a repetir, pero que al tiempo ha quedado grabado a fuego en la historia del cine: Rita Hayworth era la maestra de ceremonias, pues es ella quien mueve toda la acción.





Como final un par de reflexiones: la película Gilda se ha mantenido con el paso del tiempo y no ha perdido ni un sólo ápice de aquello que le hizo triunfar. Con ella, Rita Hayworth se convirtió en una actriz de tal fama que eclipsó a toda actriz y todo actor nombrable, una estrella indiscutible del cine; una mujer que además de bella era buena actriz y poseía un gran instinto para la interpretación, y que como dijo George Cukor, tenía una personalidad y una profundidad que trascendió su trabajo, haciendo que sus fans se interesasen más por ella que por sus personajes.



Rita Hayworth y George Macready.

Cuando Glenn Ford recibió en 1987 el premio Donosti del Festival de Cine de San Sebastián en honor a toda su trayectoria, de entre todas sus películas eligió esta para el homenaje, no pudiendo contener las lágrimas cada vez que Rita Hayworth aparecía en la pantalla.



P.D: Tanto Bruja Truca como yo quisiéramos agradecer de todo corazón al compañero DeWitt de soyconfeso.blogspot.com el premio por nuestro Buen hacer que desde su blog nos ha concedido: mil gracias.





Hasta la próxima entrada corazones.

domingo, 5 de septiembre de 2010

Strike a pose. Vogue, vogue, vogue.



Desde los inicios del Séptimo Arte, las estrellas de cine han constituido una de las mayores fuentes de influencia en los cánones de estética y moda. Con ellas aprendimos a vestirnos, a peinarnos, a sonreír, a posar, a fumar... y a enamorarnos de cualquiera de los muchos tipos de belleza exportados durante décadas desde la gran pantalla.

En la imagen, Audrey Hepburn en la película de Billy Wilder Sabrina, ¿no os recuerda este maravilloso vestido a otro visto no hace mucho?






Exacto, el vestido de Balmain que Penélope Cruz (la nueva musa de la elegancia y el glamour en Hollywood) lució en la gala de los Oscars hace dos años. Personalmente prefiero este vestido al de Audrey, porque, permítanme la licencia, la única palabra para describirlo es orgásmico.


Gloria Swanson, con un maravilloso vestido de escote atelier. Ella fue una de las actrices más estilosas, sobre todo, en los años 20.


"Para la década de los 30, ya Hollywood estaba tan profundamente envuelto en la promoción de modas, complementos y cosméticos, que se había convertido en la mayor influencia de estética femenina del mundo. Las fans copiaban los estilos de vestido y maquillaje de sus estrellas favoritas, bien de las fotografías de las revistas, o bien directamente de las películas." (Richard Maltby e Ian Craven, Hollywood Cinema).


Audrey Hepburn recogiendo su Oscar por Vacaciones en Roma. Este Givenchy, es considerado por muchos el mejor vestido que ha pisado una alfombra roja.


El texto anterior define a la perfección el poder y la influencia que siempre han caracterizado a la meca del cine a la hora de imponer sus cánones de belleza y moda a los espectadores de todo el mundo.
La lista de ejemplos es numerosísima y conocidísima: el peinado de Verónica Lake en los años 40; la moda Bonnie tras el estreno en 1967 de la película Bonnie&Clyde; el corte de pelo a lo garçon de Mia Farrow en La semilla del diablo (1968); y las camisas amplias y chalecos de Diane Keaton en Annie Hall (1976). Los varones también han dejado huella: el estilo de "chico malo" de James Dean en Rebelde sin causa; o Clark Gable, que hizo bajar la venta de camisetas en Estados Unidos cuando mostró su pecho desnudo en Sucedió una noche, y Marlon Brando, que provocó el efecto contrario cuando embutió en una de ellas sus perfectos músculos en Un tranvía llamado deseo.

Esta influencia no deja de ser curiosa si tenemos en cuenta que surgió, en cierta manera, contra corriente. Porque en su inicio, las actrices y actores de cine no tenían "nombre": cuando los primeros productores comenzaron a crear cintas en serie destinadas al consumo masivo, no consideraron necesario incluir en ellas los nombres de los protagonistas. A fin de cuentas, la de actor era una profesión desprestigiada, y los intérpretes de cine, perfectos desconocidos a sueldo de cada estudio a los que, llegado su caso, se podía despedir o sustituir sin problemas.
O eso es lo que creían.


(Nicole Kidman, de Gucci, recogiendo su Oscar por su interpretación en Las horas)


Los magnates no habían previsto que el público comenzara a fijarse en determinados actores y actrices y a escribirles cartas de admiración, que llegaban a los estudios dirigidas a "el mayordomo con bigote o la chica rubia de pelo rizado" según recordaba William Goldman. "En 1910, la actriz más popular de América era conocida como La chica de la Biograph... la Biograph era la compañía con la que la chica tenía contrato". Pero ese mismo año, Carl Laemmle, dueño de IMP (más tarde Universal) se llevó a esa chica a su estudio con un contrato muy jugoso y se encargó de publicitar su nombre por todo el país: Florence Lawrence, acababa de nacer la primera estrella del cine.



Sin embargo, la estrategia de Laemmle no habría surtido efecto sin la ayuda de la invención del primer plano , que agigantaba el rostro de los actores hasta convertirlos en una presencia que apabullaba el patio de butacas.
Según explica Roman Gubern: "el primer plano, al magnificar la presencia de los intérpretes, permitió al público reconocer y familiarizarse con los actores y actrices más fotogénicos y atractivos, y no tardó en aparecer un fenómeno de identificación emocional y su consiguiente culto colectivo."


Primer plano de Marlon Brando (sin palabras...)


Al hablar del atractivo de las estrellas, se tiende a uniformizar como si todos ellos respondieran al mismo arquetipo físico. Algo de eso hubo, pues en la época clásica, los estudios procuraban tener en nómina a todos los posibles registros de un reparto y siempre intentando "clonar" la imagen de la estrella más taquillera en cada campo. Cuando los intérpretes se independizaron y pasaron a estar disponibles para cualquier productora, la personalidad de cada uno comenzó a valorarse más que el estereotipo estético al que pertenecían.


Claudette Colbert en Cleopatra (1934), espectacular.


Así y todo, la variedad estuvo presente desde el principio, y sin duda alguna, Mae West tiene un lugar destacado, pues irrumpiría personificando como nadie el prototipo de provocadora, con unos guiones y una actitud pública cuidadosamente seleccionados para escandalizar.


Mae west, con un vestido con transparencias.


Todos los arquetipos y categorías (o estereotipos) han ido conociendo, relevo tras relevo, nuevas caras y formas de actuar, sin que sus principio básicos se hayan alterado excesivamente.


Montgomery Clift, ¿se puede ser más guapo?


PROTOTIPOS DE BELLEZA MADE IN HOLLYWOOD.

1º La vecina de al lado.

Arquetipo iniciado por Mary Pickford, la llamada novia de américa (la primera, la original, no Julia Roberts), en su día, la estrella más popular de Hollywood. La belleza de sus integrantes se basa en una sencillez que propicia su proximidad con el espectador.
Algunos ejemplos son:

Mary Pickford.


Audrey Hepburn.



Jean Arthur


Ingrid Bergman.


Carole Lombard.


Jennifer Aniston.



En la sección masculina, Montgomery Clift.




Aunque si vemos las siguientes fotos, bien podríamos pensar que pertenece al prototipo número dos.





2º El macho.

El atractivo masculino en su vertiente más animal ha sido siempre su carta de presentación desde que Clark Gable empezó a imponerlo. La testosterona exhibida a través del vigor físico y el sudor era característica común, y los papeles de deportistas o aventureros les venían como anillo al dedo.

Clark Gable.


Steve McQueen.


John Wayne.


William Holden.


Burt Lancaster.



3º El galán clásico.

Un tipo que no ha sobrevivido hasta nuestros días, salvo quizá, como caricatura. Y es que el bigotito, el pelo engominado y el traje cruzado eran emblemas de una época anclada en el pasado casi desde el principio. Sus representantes eran caballeros de la alta sociedad y de buenas formas, y allí quedaban presos en un encasillamiento de difícil evolución.

Errol Flyn.


John Gilbert.


Tyrone Power.



Gary Cooper.



4º El galán tradicional.

Presente en todas las épocas del cine, es el arquetipo más firme y al mismo tiempo, más cambiante. El monopolio anglosajón ha ido perdiendo aquí terreno.

Rodolfo Valentino.


Cary Grant.


Rock Hudson.


Paul Newman.



Robert Taylor.



5º La bomba sexual. La mujer ardiente.

Erotismo puro y duro, no sólo reconocido sino esplotado por la industria del cine, que intentó potenciar el magnetismo sexual de estas actrices hasta los límites de lo permisible. Solían destacar por algún rasgo físico, como las curvas de Marilyn o la cabellera roja de Rita Hayworth, y frecuentemente interpretaban a mujeres provocadoras , al borde de la moralidad, llegando a eclipsar a sus coprotagonistas masculinos.
La palabra ardiente no tiene por qué significar sexo: es su temperamento fogoso lo que las caracteriza.

Rita Hayworth.



Ava Gardner.


Marilyn Monroe.


Sofía Loren.


Kim Basinger.


Penélope Cruz.



6º El "feo" interesante.

Este prototipo se da cuando comenzaron a ocupar primeros papeles actores cuyo físico no se corresponde con el atractivo al uso. Conquistaron la pantalla gracias a unos rasgos muy particulares que les conferían una personalidad única.


Orson Welles.


James Stewart.


Robert de Niro.


Al Pacino.


Dustin Hoffman.


Jack Nicholson.



7º El rebelde.

Su clave es mantener una imagen de inconformista, tanto dentro como fuera de la pantalla. Camisetas sucias, rostros sin afeitar y una permanente actitud antisistema, fueron el arma con los que James Dean o Marlon Brando deslumbraron al público.







8º La mujer de hielo.

La mujer aparentemente fría, que esconde una sensualidad desaforada tras sus facciones de porcelana; cuanto más enigmática, más fascinaba al público.

Greta Garbo.


Grace Kelly.


Catherine Deneuve.


9º La mujer fatal.

La perdición de los hombres tiene nombre de mujer, pues para ellas los varones no eran más que simples muñecos con los que jugar antes de arrastrarles al suicidio, la cárcel o la ruina... en definitiva, papeles femeninos que de ningún modo puede acabar con final feliz.

Marlene Dietrich.


Lana Turner.




10º El canalla.

Con ellos no se está seguro. Eso es lo que les hace tan interesantes. Chulería, sonrisa de medio lado y todos los indicios de un pasado poco recomendable, a años luz de lo políticamente correcto. También podemos llamarlos antihéroes (sobre todo en el caso de Mitchum).

Robert Mitchum.


Kirk Douglas.



Pequeño apunte sobre el glamour.
Al igual que la belleza, el galmour no es uniforme, hay distintas clases. Y el cine nos las muestra a la perfección: desde el físico y el estilismo perfectamente estudiado, donde encontramos a Marlene Dietrich, que además, sabía esconder muy bien sus defectos y realzar aún mejor sus virtudes (aquí también podemos incluir a Grace Kelly); pasamos a Greta Garbo, de aspecto lánguido, cansado y andares desgarbados; y Audrey hepburn, que encarna la sencillez, la naturalidad.

Hace poco, determinadas personalidades del mundo de la moda (diseñadores, cool-hanters, estilistas y periodistas) hicieron un ranking sobre la influencia de las famosas en el mundo de la moda: en los años 20, Gloria Swanson; en los 30 y los 40, Marlene Dietrich; en los 50, Audrey, en los 60 Grace Kelly; en los 70 Jaqueline Kennedy (Brigitte Bardot estaría presente en los dos décadas); en los 80 Madonna; y los 90, es la década de las tops (Naomi Campbell, Claudia Shiffer Linda Evangelista, Eva Herzigova, etc.)


Audrey hepburn dando un paseo en bici con su mascota.


Grace Kelly el día de su boda, momento en el que pasó a convertirse en princesa.


Marlene Dietrich, cuando su hija la hizo abuela, la prensa de la época le puso el apelativo de la abuela más glamourosa del mundo. El español Cristóbal Balenciaga dijo que estaba orgullso de ser uno de los modistos favoritos de la actriz.


Greta Garbo. ¿Qué puedo decir de ella que no haya dicho ya?

Fotos curiosas.


Audrey Hepburn y Grace Kelly en el backstage de la gala de los Oscars, ¿es posible que haya más glamour en un espacio tan pequeño?


Marilyn Monroe caracterizada de Marlene Dietrich en la película que la catapultó a la fama El Ángel Azul (1930). Aunque en realidad, el ídolo de la Monroe siempre fue Jean Harlow.



Jean Harlow.


En la foto de abajo, y para despedirme, os dejo a Bette Davis, Marlon Brando y Grace Kelly en los Oscars de 1954.



Hasta la próxima entrada corazones.