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miércoles, 5 de octubre de 2011

Desayuno con diamantes (Breakfast at Tiffany's) 1961



Gracias al blog Plumas de Caballo supe que este mes, y concretamente hoy día 5, se celebran los 50 años del estreno de Breakfast at Tiffany's y decidí retomar esta entrada que comencé a escribir hace ya varios meses pero que dejé solamente con un párrafo. Así pues, ¿qué mejor ocasión para escribir una entrada dedicada a esta película que para conmemorar el 50 aniversario de una las cintas más míticas del cine?


Y solo tengo una forma de empezar esta entrada y es haciendo una confesión: le debo esta entrada a Audrey Hepburn. En algunos comentarios de diversas entradas anteriores he dicho que este mito del cine no está entre mis actrices favoritas. Es cierto. Pero no con ello quiero decir que sea mala intérprete. Aunque también es cierto que como icono de modas me fascina (y en esta película aún más) quiero hacer esta entrada, la de su película más emblemática (y pese a que mis preferencias por otras actrices) para recalcar lo gran actriz que fue.





Holly Golightly (Audrey Hepburn) es una guapa, simpática y extravagante neoyorkina que lleva una vida llena de fiestas, saraos y por supuesto, hombres. Un día, se muda a su bloque de pisos un apuesto y guapo joven, Paul Varjak (George Peppard), escritor sin demasiado éxito, pero que mientras tanto vive de "prestar sus servicios" a una madura, atractiva y adinerada mujer (Patricia Neal). Sin embargo, entre ambos surge un flechazo casi al instante. Pero no lo tendrán fácil para acabar juntos, sobre todo cuando Holly conozca a un rico heredero brasileño (interpretado por el español José Luis de Villalonga).





La película está basada en la novela, o más bien un relato corto, de Truman Capote de mismo título, y del que pronto tanto Richard Shepherd como Martin Jurow compraron los derechos para llevarlo a la gran pantalla. El primer estudio al que se dirigieron fue Paramount Pictures, que enseguida dio luz verde. En esos momentos Audrey Hepburn estaba bajo contrato de ese estudio y los productores siempre la tuvieron en mente para interpretar el papel protagónico. En Paramount no estaban muy convencidos sobre si era oportuno o no que una dama angelical y dulce interpretara a una mujer a la que le daban 50 dólares por "ir al tocador"... Finalmente Audrey accedió a hacer el papel pero le puso una y mil pegas: para empezar, el personaje sería mucho más ingenuo y simpático que el del libro, cualquier atisbo de bisexualidad sería eliminado y nada de referencias explícitas a la prostitución. Esas fueron las principales exigencias de la actriz. Aunque a decir verdad, el director, Blake Edwards, tampoco quería la Holly del libro de Capote.

Pero, ¿estaba de acuerdo el autor del libro con los productores y el director? En principio no. Él quería a Marylin Monroe para el papel protagonista. Sencillo: pensaba que la rubia platino sí que interpretaría a la Holly del libro. Es más, cuando Capote se enteró de que la elegida había sido Audrey Hepburn dijo: "Paramount me ha traicionado en todos los sentidos."







Hablemos ahora del actor principal, George Peppard (que a pesar de estar muy bueno su presencia queda eclipsada por el destello de Audrey). Él también tenía un punto de ingenuidad que hacía que ambos formase una pareja de lo más angelical, casi divina. En un principio el director no lo vio adecuado, le caía bien, pero creía que no era apto para ese papel, y menos para dar la réplica a Audrey. Al final, lo contrató pues vio que hacían muy buena pareja. Y le vino de perlas, porque en cine poco más tiene que merezca la pena destacar (ni en TV tampoco, pues el Equipo A no podemos considerarlo como un producto de calidad...)

¿Y el resto del reparto?

Para el papel de la mujer madura querían a alguien con una sexualidad latente y con un fuerte carácter, y no hubo duda: Patricia Neal era la única opción.

Nos quedan el español José Luis de Villalonga, Buddy Ebsen y Mickey Rooney, el entrañable (y sufrido) vecino de Holly, y del que Blake Edwards confesó años más tarde que no hubiese deseado contratarlo, a pesar de la amistad, la admiración y el cariño que les unía, pero el director hubiese deseado contratar a un actor japonés.





"Oye aquí hay mucha gente, pero el director soy yo. Puede que no sea el mejor, pero es lo que hay", fue lo que le dijo un día Blake Edwards a Audrey Hepburn en pleno rodaje, pues a pesar de que ambos ensayaban las escenas por la noche, a la actriz le daba consejos todo el mundo y hacía caso de todos ellos menos de los del director. Desde entonces su actitud cambió, y confió en él en todo momento.

"Era fácil visualizar lo que hacía... era una dama espectacular", Blake Edwards sobre Audrey Hepburn.

El guión, adaptado por George Axelrod, fue del agrado del director y de todos los actores en todo momento. Y tanto él como el propio Blake Edwards fueron improvisando escenas sobre la marcha, concretamente la divertida fiesta que da Holly en su apartamento. Los extras confesaron años más tarde que sobre la marcha se les iba diciendo lo que tenía que hacer, los actores principales o bien obedecían órdenes o bien seguían el juego a los extras, por lo que la sensación de "desfase" es estupenda.




Retomemos el personaje de Mickey Rooney, personaje controvertido donde los haya, pues encarnaba todos los estereotipos que la sociedad norteamericana tenía de los asiáticos; e incluso a partir de la década de los 90, numerosos grupos de defensa de los Derechos Civiles han protestado una y otra vez por este personaje, considerando que nos es más que una caricatura con tintes racistas.

El propio actor confesó que, aunque se divirtió mucho encarando a este personaje, de saber que se habría ofendido tanta gente, jamás lo habría hecho.




Por una de las cosas que más destaca la película es por la maravillosa canción Moon river de Henri Mancini y aquí canta con mucha gracia Audrey Hepburn (aunque permitidme decir que prefiera la canción original). De hecho, de las cinco nominaciones (entre ellas Mejor actriz principal, Mejor dirección artística y Mejor guión adaptado)que obtuvo el film, los dos únicos en los que resultó vencedora fue en los de Mejor Banda Sonora (para una película no musical) y Mejor canción.

"Cuando vi la película por primera vez con público, estábamos en un pre-estreno y el director de la empresa dijo: 'Le diré algo: podemos deshacernos de esa canción. Por suerte, Audrey se levantó y dijo: 'Por encima de mi cadáver'", Blake Edwards.







Otro de los protagonistas de la película es sin duda alguna el gato, que por lo visto la famosa canción de Phoebe Buffay "Smelly cat" debió estar inspirada en él, porque según cuenta el director de la película el olor que desprendía el animal era insufrible, y ese hedor llegó a su punto álgido durante la famosa escena final, con la lluvia. "No entiendo como Audrey podía acercarse el animal a la nariz para abrazarlo", confesó el director.





"Audrey Hepburn tenía una belleza y una chispa que la hacían realmente encantadora, y parte de la magia de la película se debe a su protagonista y a que ya no se hacen películas como esta", una extra de la fiesta en el apartamento de Holly.




Hablemos ahora de una de las cosas que más brillan en esta película y que en mi opinión han ayudado a que Audrey Hepburn se convierta en un símbolo de sofisticación, elegancia y glamour: el vestuario. La actriz no se caracteriza por tener (lo siento por sus fans) un tipazo ni mucho menos, tiene pinta de muchachito, pero muy femenina, lo que supuso un contrapunto a actrices como Elizabeth Taylor, Grace Kelly, Ava Gardner, Rita Hayworth o Marylin Monroe, mujeres con una feminidad mucho más evidente. Es más, uno de los productores de Desayuno con diamantes la definió como "guapa, aunque sin una belleza evidente".

Aunque eso sí, Audrey estaba al tanto de lo que hacían en París los modistos franceses y conoció entonces a un joven diseñador que comenzaba a despuntar y del que ya no se separaría jamás: Hubert de Givenchy. Una anécdota muy conocida por todos, es esa en que la secretaria del diseñador le dijo "Miss Hepburn, le espera fuera" y él, muy decido, salió esperando encontrarse a Katharine Hepburn... y se encontró con una flacucha muchachita que no conocía y que le solicitaba unos vestidos. Givenchy, un poco decepcionado, le dijo que no disponía de tiempo para atenderla; "No le molestaré, quiero ver vestidos de la temporada pasada". Esos vestidos (tres en concreto) los luce en la película Sabrina

A partir de entonces, la actriz sólo confiaría en él, quien a su vez la convertiría en su musa.

"Esa ropa era mucho más que moda. Era una especie de armadura de amor. Algo que le permitía ir bien vestida" Sean Ferrer (hijo de Audrey); "Siempre me gusta decir que era un paquete de perfectas imperfecciones: se veía con un chichón en la nariz, muy delgada, unos pies enormes para su talla... pero creo que la auténtica definición de su belleza es saber que no eres perfecta ni especial" Sean Ferrer.

Mi defnición de la belleza de Audrey es simple: una chica muy mona con mucho ángel.

Siempre se compraba los zapatos medio número más grande del suyo, pues pensaba que así le durarían más, cosa que nunca imaginaríamos de un icono de modas, pero en ella se ve bien, porque la accesibilidad de su belleza (tipo vecina de al lado) es lo que atrae de ella. Era práctica, y esa practicidad es lo que ha hecho que su imagen funcione.

Por partes, la imagen de Audrey Hepburn fumando un cigarrillo en el palito ese largo es una de las más icónicas del s.XX y ese espectacular vestido negro que lleva al inicio de la película fue subastado en aproximadamente 950.000 dólares (siete veces por encima de su precio de salida).




Sin embargo, y aunque en sus películas la veamos llevar unas creaciones dignas de una diosa, lo que a ella más le gustaba era ir en vaqueros y un simple polo, y colores tipo beige, marrón, negro, azul, blanco... colores y formas sencillas (odiaba los estampados grandes). Un icono de la sencillez, pero a la vez icono de la fidelidad a un estilo.



Para el 150 aniversario de la firma, Tiffany&CO, pidió a la actriz que escribiera una carta en la que expresara sus sentimientos hacia la firma, como prefacio para un libro que se editaría sobre la compañía. Reza así:

"Querido Tiffany, algo bello es una alegría eterna, por eso el brillo de las obras de Tiffany's permanece inalterado. Durante 150 años tu nombre ha sido sinónimo de belleza, estilo, sofisticación, calidad y constancia. Nos has iluminado con tus joyas, iluminando nuestras casas con tus lámparas y nuestras mesas con tu plata, dando distinción a nuestras vidas... y sin duda me la diste a mi al invitarme a desayunar, ¿cuántos pueden decir que han tomado café y croissants en Tiffany's?

Feliz cumpleaños, querido T., con cariño pero también con envidia, porque tras 150 años no tienes arrugas, pero es que la clase no tiene edad.

Tu devota amiga, Audrey Heburn."





Hasta la próxima entrada corazones.

sábado, 23 de abril de 2011

Ariane (Love In The Afternoon) 1957


Ariane es una de esas peliculas que la mayoría de la gente ha catalogado como un "Wilder menor". Sin embargo, Wilder estaba muy orgulloso de ésta pelicula y, sobre todo, del grupo de músicos zíngaros que él mismo encontró en una taberna y contrató para la misma.


La historia se sitúa en París y la pelicula comienza con una voz en off, recurso que a Wilder le gustaba mucho pues explicaba que una voz en off era el recurso perfecto para ahorrar tiempo en explicaciones. Evidentemente no es lo mismo explicar una historia teniendo que utilizar varias escenas que el que una voz en off te haga un resumen en un par de minutos (recurso que fue especialmente útil en el comienzo de El Crepúsculo de los Dioses). Esta voz en off pertenece al detective parisino Claude Chavasse (Maurice Chevalier) y nos explica, mientras vemos como las parejas parisinas se besan en cualquier sitio, como se gana la vida investigando los asuntos de adulterio de las esposas parisinas. Prácticamente la totalidad de estos adulterios los comenten con el playboy trasnochado Frank Flannagan (Gary Cooper). Tanto es así que hay una escena en la que Flannagan llama a la puerta de Chavasse y cuando éste se sorprende de ver a Flannagan, Flannagan le pregunta "¿me conoce?" y Chavasse contesta "¿conocen a Shakespeare los estudiantes de literatura"?.

Chavasse vive con su hija, Ariane (Audrey Hepburn) una inocente estudiante de cello a la que le gusta urgar en los archivos de su padre.
Cuando ve la foto de Flannagan se siente fascinada por el maduro galán.


Al prematuro envejecimiento de Gary Cooper, que aparentaba más años de los que realmente tenía (55) no ayuda el hecho de que Audrey Hepburn aparentase mucho menos de los que tenía (27 realmente, 19 en la película). Este aspecto de la pelicula sigue siendo objeto de asombro y muchos achacan a este hecho el que la película, en su opinión, no les sea creíble. En mi opinión, todo depende del contexto.

En la pelicula Una Cara con Ángel se me hace imposible creer que haya un romance entre una también jovencísima Audrey Hepburn (la película es del mismo año) y un Fred Astaire de 57. Pero aquí la relación era totalmente diferente. Mientras que en Una Cara con Ángel no se atisba el más mínimo atismo de deseo sexual o erotismo (tal cual como en una pelicula de la factoría Disney), en Ariane, hay una cierta tensión sexual.





En su momento, la crítica se cebó con que un Cooper de 55 años intentara seducir a una Audrey Hepburn de 27. Pero yo creo que si no es por eso, no hay historia, porque la historia trata de una joven inexperimentada que se enamora de un hombre maduro y de vuelta de todo. Si cambiamos la edad de los personajes no hay historia, y tampoco creo que sea algo tan imposible ni extraordinario.


El papel de Frank Flannagan fue ofrecido primero a Cary Grant, que lo rechazó, al igual que rechazaría tres veces hacer una película con Billy Wilder, y no porque no quisiera trabajar con Wilder, ya que de hecho, eran amigos, sino porque le daba miedo que un personaje que se saliese un poco de lo que solía hacer arruinara su carrera.

Wilder definió a Cary Grant como "oro puro" y arremetía contra la Academia (en la que no creía en absoluto) por no haberle premiado jamás una interpretación. Explicaba, cosa en la que estoy totalmente de acuerdo, que la Academia sólo premia a los actores cuando interpretan personajes desquiciados, atormentados o disfrazados (apéndices postizos) pero que cuando un tipo hace que parezca fácil, como Cary Grant, no se le premia. Ponía el ejemplo de Jack Lemmon, premiado por Días de Vino y Rosas pero no por El Apartamento.


El segundo ofrecimiento del papel de Flannagan fue para Gary Cooper. Billy Wilder le ofreció el papel de seductor porque le conocía personalmente y afirmaba que jamás había conocido a nadie que sedujera a las mujeres con tanta facilidad. Pero lo cierto es que Cooper ya sólo era la sombra de lo que fue y para que en la pantalla no apareciese tan avenjentado, Wilder utilizó la sombra en casi todos sus planos.


Su interpretación parece cansada y forzada. Incluso se nota en ésta foto con Wilder, Hepburn y Chevalier.


Maurice Chevalier está fantástico. Es el aspecto alegre de la película, el que siempre saca la sonrisa al espectador de la manera más natural, sin exageraciones ni sobreactuaciones. Es en él donde se ve más claramente el humor mordaz de Wilder. De lo mejor de la pelicula.




Foto del set de rodaje:


Audrey Hepburn era una de las actrices favoritas de Wilder, para la que el director tuvo entre otras, las siguientes palabras:

"Audrey Hepburn era una cosa caída del cielo." o a la pregunta de si era buena bailarina respondió "Era buena en todo y todo le resultaba fácil".

Cuando Cameron Crow le preguntó para su libro Conversaciones con Billy Wilder sobre el baile de Sabrina dijo:

"Se me olvidó que le estaba enseñando a hacerlo porque ella lo hacía muy bien por su cuenta. Me guiaba ella a mí, en vez de guiarla yo a ella. Y pensé que estaba en el baile, que estaba en un restaurante bailando con ella... Me despisté por completo, y de pronto pensé: "¡Dios mío, la cámara! ¿Dónde está la cámara?"

Cuando Cameron le preguntó por la muerte de Audrey, aparecieron lágrimas en los ojos de Billy Wilder.

Y... éstas cosas, hacen que mi amor platónico por Audrey crezca y crezca...ays...



Exquisita como siempre, gran actriz, siempre lo diré, Audrey interpreta a la chica que, aunque tímida, le da mil vueltas al playboy de Flannagan. Le engaña de tal manera que le hace enloquecer. Aunque está claro que si juegas con fuego tienes la posibilidad de quemarte.

La escena en la que Flannagan se emborracha escuchando una y otra vez la lista de amantes que ella le ha dejado grabada mientras los zíngaros tocan una y otra vez, es fantástica. Al final, los zíngaros también terminan borrachos y tirados por el suelo.

Para los que no habeis visto la película, Cooper, borracho les lanza champán y bebidas alcohílicas en una mesilla con ruedas al grupo de zíngaros. Wilder dijo que hizo la escena atando las copas a la mesa y que tenía a seis personas con pajitas bebiéndose el champán. Sería curioso de ver.

El grupo de músicos zíngaros no eran actores, eran músicos que Wilder encontró en un bar.

La música está muy presente en ésta película. Desde la música que toca el cuarteto de zíngaros que está compuesta por Franz Waxman empezando por "La ardiente Paprika" o la pegadiza "Fascination" hasta música de Wagner o Liszt.



Billy Wilder tenía en su despacho una placa en la que aparecía la inscripción "¿Cómo lo haría Lubitsch?" Para Wilder, el toque Lubitsch consistía en que el espectador captara el chiste sin tener que explicarlo. Wilder lo explicaba diciendo que antes de Lubitsch los directores de comedia para explicar el chiste decían 2+2=4 y que Lubitsch sólo decía 2+2. Y de ese toque Lubitsch está plagado Ariane. Me encanta la escena en la que Ariane le dice a su padre que Flannagan se parece a Abraham Lincoln y éste mientras guarda los archivos en una caja fuerte le pregunta si sabe como acabó Lincoln y cierra la puerta de la caja fuerte con un portazo que suena como un disparo y la cara de susto/sorpresa/extrañeza de Audrey.

Me recordó a la escena de Ninotchka (dirigida por Lubitsch pero con guión de Brackett, Wilder y Reisch) en la que Greta Garbo tiene los ojos vendados y cuando Melvyn Douglas descorcha la botella de champán ella cae al suelo como muerta. Escena que se me ha quedado grabada.

Este guión fue la primera colaboración de Wilder con I.A.L Diamond, uno de sus dos factotums, junto con Brackett.


Y aunque, a algunos os pueda parecer una comedia romántica más bien tonta, yo la recomiendo para pasar un rato agradable. En los 130 minutos que dura la pelicula no miré la hora en ningún momento, no se me hizo larga. Es una pelicula agradable con geniales toques de humor y un final grandioso. A mi parecer, aunque no es una de las mejores peliculas de Wilder, es uno de los mejores finales que ha hecho, eso sí, para verla en versión original.

Saludos.

domingo, 5 de septiembre de 2010

Strike a pose. Vogue, vogue, vogue.



Desde los inicios del Séptimo Arte, las estrellas de cine han constituido una de las mayores fuentes de influencia en los cánones de estética y moda. Con ellas aprendimos a vestirnos, a peinarnos, a sonreír, a posar, a fumar... y a enamorarnos de cualquiera de los muchos tipos de belleza exportados durante décadas desde la gran pantalla.

En la imagen, Audrey Hepburn en la película de Billy Wilder Sabrina, ¿no os recuerda este maravilloso vestido a otro visto no hace mucho?






Exacto, el vestido de Balmain que Penélope Cruz (la nueva musa de la elegancia y el glamour en Hollywood) lució en la gala de los Oscars hace dos años. Personalmente prefiero este vestido al de Audrey, porque, permítanme la licencia, la única palabra para describirlo es orgásmico.


Gloria Swanson, con un maravilloso vestido de escote atelier. Ella fue una de las actrices más estilosas, sobre todo, en los años 20.


"Para la década de los 30, ya Hollywood estaba tan profundamente envuelto en la promoción de modas, complementos y cosméticos, que se había convertido en la mayor influencia de estética femenina del mundo. Las fans copiaban los estilos de vestido y maquillaje de sus estrellas favoritas, bien de las fotografías de las revistas, o bien directamente de las películas." (Richard Maltby e Ian Craven, Hollywood Cinema).


Audrey Hepburn recogiendo su Oscar por Vacaciones en Roma. Este Givenchy, es considerado por muchos el mejor vestido que ha pisado una alfombra roja.


El texto anterior define a la perfección el poder y la influencia que siempre han caracterizado a la meca del cine a la hora de imponer sus cánones de belleza y moda a los espectadores de todo el mundo.
La lista de ejemplos es numerosísima y conocidísima: el peinado de Verónica Lake en los años 40; la moda Bonnie tras el estreno en 1967 de la película Bonnie&Clyde; el corte de pelo a lo garçon de Mia Farrow en La semilla del diablo (1968); y las camisas amplias y chalecos de Diane Keaton en Annie Hall (1976). Los varones también han dejado huella: el estilo de "chico malo" de James Dean en Rebelde sin causa; o Clark Gable, que hizo bajar la venta de camisetas en Estados Unidos cuando mostró su pecho desnudo en Sucedió una noche, y Marlon Brando, que provocó el efecto contrario cuando embutió en una de ellas sus perfectos músculos en Un tranvía llamado deseo.

Esta influencia no deja de ser curiosa si tenemos en cuenta que surgió, en cierta manera, contra corriente. Porque en su inicio, las actrices y actores de cine no tenían "nombre": cuando los primeros productores comenzaron a crear cintas en serie destinadas al consumo masivo, no consideraron necesario incluir en ellas los nombres de los protagonistas. A fin de cuentas, la de actor era una profesión desprestigiada, y los intérpretes de cine, perfectos desconocidos a sueldo de cada estudio a los que, llegado su caso, se podía despedir o sustituir sin problemas.
O eso es lo que creían.


(Nicole Kidman, de Gucci, recogiendo su Oscar por su interpretación en Las horas)


Los magnates no habían previsto que el público comenzara a fijarse en determinados actores y actrices y a escribirles cartas de admiración, que llegaban a los estudios dirigidas a "el mayordomo con bigote o la chica rubia de pelo rizado" según recordaba William Goldman. "En 1910, la actriz más popular de América era conocida como La chica de la Biograph... la Biograph era la compañía con la que la chica tenía contrato". Pero ese mismo año, Carl Laemmle, dueño de IMP (más tarde Universal) se llevó a esa chica a su estudio con un contrato muy jugoso y se encargó de publicitar su nombre por todo el país: Florence Lawrence, acababa de nacer la primera estrella del cine.



Sin embargo, la estrategia de Laemmle no habría surtido efecto sin la ayuda de la invención del primer plano , que agigantaba el rostro de los actores hasta convertirlos en una presencia que apabullaba el patio de butacas.
Según explica Roman Gubern: "el primer plano, al magnificar la presencia de los intérpretes, permitió al público reconocer y familiarizarse con los actores y actrices más fotogénicos y atractivos, y no tardó en aparecer un fenómeno de identificación emocional y su consiguiente culto colectivo."


Primer plano de Marlon Brando (sin palabras...)


Al hablar del atractivo de las estrellas, se tiende a uniformizar como si todos ellos respondieran al mismo arquetipo físico. Algo de eso hubo, pues en la época clásica, los estudios procuraban tener en nómina a todos los posibles registros de un reparto y siempre intentando "clonar" la imagen de la estrella más taquillera en cada campo. Cuando los intérpretes se independizaron y pasaron a estar disponibles para cualquier productora, la personalidad de cada uno comenzó a valorarse más que el estereotipo estético al que pertenecían.


Claudette Colbert en Cleopatra (1934), espectacular.


Así y todo, la variedad estuvo presente desde el principio, y sin duda alguna, Mae West tiene un lugar destacado, pues irrumpiría personificando como nadie el prototipo de provocadora, con unos guiones y una actitud pública cuidadosamente seleccionados para escandalizar.


Mae west, con un vestido con transparencias.


Todos los arquetipos y categorías (o estereotipos) han ido conociendo, relevo tras relevo, nuevas caras y formas de actuar, sin que sus principio básicos se hayan alterado excesivamente.


Montgomery Clift, ¿se puede ser más guapo?


PROTOTIPOS DE BELLEZA MADE IN HOLLYWOOD.

1º La vecina de al lado.

Arquetipo iniciado por Mary Pickford, la llamada novia de américa (la primera, la original, no Julia Roberts), en su día, la estrella más popular de Hollywood. La belleza de sus integrantes se basa en una sencillez que propicia su proximidad con el espectador.
Algunos ejemplos son:

Mary Pickford.


Audrey Hepburn.



Jean Arthur


Ingrid Bergman.


Carole Lombard.


Jennifer Aniston.



En la sección masculina, Montgomery Clift.




Aunque si vemos las siguientes fotos, bien podríamos pensar que pertenece al prototipo número dos.





2º El macho.

El atractivo masculino en su vertiente más animal ha sido siempre su carta de presentación desde que Clark Gable empezó a imponerlo. La testosterona exhibida a través del vigor físico y el sudor era característica común, y los papeles de deportistas o aventureros les venían como anillo al dedo.

Clark Gable.


Steve McQueen.


John Wayne.


William Holden.


Burt Lancaster.



3º El galán clásico.

Un tipo que no ha sobrevivido hasta nuestros días, salvo quizá, como caricatura. Y es que el bigotito, el pelo engominado y el traje cruzado eran emblemas de una época anclada en el pasado casi desde el principio. Sus representantes eran caballeros de la alta sociedad y de buenas formas, y allí quedaban presos en un encasillamiento de difícil evolución.

Errol Flyn.


John Gilbert.


Tyrone Power.



Gary Cooper.



4º El galán tradicional.

Presente en todas las épocas del cine, es el arquetipo más firme y al mismo tiempo, más cambiante. El monopolio anglosajón ha ido perdiendo aquí terreno.

Rodolfo Valentino.


Cary Grant.


Rock Hudson.


Paul Newman.



Robert Taylor.



5º La bomba sexual. La mujer ardiente.

Erotismo puro y duro, no sólo reconocido sino esplotado por la industria del cine, que intentó potenciar el magnetismo sexual de estas actrices hasta los límites de lo permisible. Solían destacar por algún rasgo físico, como las curvas de Marilyn o la cabellera roja de Rita Hayworth, y frecuentemente interpretaban a mujeres provocadoras , al borde de la moralidad, llegando a eclipsar a sus coprotagonistas masculinos.
La palabra ardiente no tiene por qué significar sexo: es su temperamento fogoso lo que las caracteriza.

Rita Hayworth.



Ava Gardner.


Marilyn Monroe.


Sofía Loren.


Kim Basinger.


Penélope Cruz.



6º El "feo" interesante.

Este prototipo se da cuando comenzaron a ocupar primeros papeles actores cuyo físico no se corresponde con el atractivo al uso. Conquistaron la pantalla gracias a unos rasgos muy particulares que les conferían una personalidad única.


Orson Welles.


James Stewart.


Robert de Niro.


Al Pacino.


Dustin Hoffman.


Jack Nicholson.



7º El rebelde.

Su clave es mantener una imagen de inconformista, tanto dentro como fuera de la pantalla. Camisetas sucias, rostros sin afeitar y una permanente actitud antisistema, fueron el arma con los que James Dean o Marlon Brando deslumbraron al público.







8º La mujer de hielo.

La mujer aparentemente fría, que esconde una sensualidad desaforada tras sus facciones de porcelana; cuanto más enigmática, más fascinaba al público.

Greta Garbo.


Grace Kelly.


Catherine Deneuve.


9º La mujer fatal.

La perdición de los hombres tiene nombre de mujer, pues para ellas los varones no eran más que simples muñecos con los que jugar antes de arrastrarles al suicidio, la cárcel o la ruina... en definitiva, papeles femeninos que de ningún modo puede acabar con final feliz.

Marlene Dietrich.


Lana Turner.




10º El canalla.

Con ellos no se está seguro. Eso es lo que les hace tan interesantes. Chulería, sonrisa de medio lado y todos los indicios de un pasado poco recomendable, a años luz de lo políticamente correcto. También podemos llamarlos antihéroes (sobre todo en el caso de Mitchum).

Robert Mitchum.


Kirk Douglas.



Pequeño apunte sobre el glamour.
Al igual que la belleza, el galmour no es uniforme, hay distintas clases. Y el cine nos las muestra a la perfección: desde el físico y el estilismo perfectamente estudiado, donde encontramos a Marlene Dietrich, que además, sabía esconder muy bien sus defectos y realzar aún mejor sus virtudes (aquí también podemos incluir a Grace Kelly); pasamos a Greta Garbo, de aspecto lánguido, cansado y andares desgarbados; y Audrey hepburn, que encarna la sencillez, la naturalidad.

Hace poco, determinadas personalidades del mundo de la moda (diseñadores, cool-hanters, estilistas y periodistas) hicieron un ranking sobre la influencia de las famosas en el mundo de la moda: en los años 20, Gloria Swanson; en los 30 y los 40, Marlene Dietrich; en los 50, Audrey, en los 60 Grace Kelly; en los 70 Jaqueline Kennedy (Brigitte Bardot estaría presente en los dos décadas); en los 80 Madonna; y los 90, es la década de las tops (Naomi Campbell, Claudia Shiffer Linda Evangelista, Eva Herzigova, etc.)


Audrey hepburn dando un paseo en bici con su mascota.


Grace Kelly el día de su boda, momento en el que pasó a convertirse en princesa.


Marlene Dietrich, cuando su hija la hizo abuela, la prensa de la época le puso el apelativo de la abuela más glamourosa del mundo. El español Cristóbal Balenciaga dijo que estaba orgullso de ser uno de los modistos favoritos de la actriz.


Greta Garbo. ¿Qué puedo decir de ella que no haya dicho ya?

Fotos curiosas.


Audrey Hepburn y Grace Kelly en el backstage de la gala de los Oscars, ¿es posible que haya más glamour en un espacio tan pequeño?


Marilyn Monroe caracterizada de Marlene Dietrich en la película que la catapultó a la fama El Ángel Azul (1930). Aunque en realidad, el ídolo de la Monroe siempre fue Jean Harlow.



Jean Harlow.


En la foto de abajo, y para despedirme, os dejo a Bette Davis, Marlon Brando y Grace Kelly en los Oscars de 1954.



Hasta la próxima entrada corazones.